Archivo de la etiqueta: poesía

Lo necesario es navegar

Navegadores antigos tinham uma frase gloriosa:
“Navegar é preciso; viver não é preciso”.
Quero para mim o espírito [d]esta frase,
transformada a forma para a casar como eu sou:

Viver não é necessário; o que é necessário é criar.

Fernando Pessoa, Navegar é preciso


Antiguos navegantes tenían una frase gloriosa:
“Navegar es preciso; vivir no es preciso.”
Quiero para mí el espíritu de esta frase,
transformada la forma para casarla con lo que yo soy:

Vivir no es necesario; lo que es necesario es crear.

Fernando Pessoa, Navegar es necesario

Caetano Veloso se inspiró en estos versos de Pessoa para componer ‘Los argonautas’, aquí cantada por su hermana, Maria Bethânia:

Entradas relacionadas:

La pauta que conecta

Gregory Bateson solía enseñar a sus estudiantes un dibujo como el que muestro en la figura 1. Al preguntarles cómo describir el objeto representado, algunos,  un diez por ciento o así, decían que se trataba de una  bota. Un grupo mayor lo describían como algo que no era exactamente un rectángulo junto a algo que no era exactamente un hexágono y, entonces, una vez dividida la totalidad de esa manera, trataban de explicar las relaciones entre el rectángulo y el hexágono incompletos.

bateson-figura1

Figura 1 (extraída de unifiedtao-en.blogspot.com.es)

Finalmente, un pequeño número de estudiantes descubría que podía trazarse una línea, BH, como se muestra en la figura 2, de tal manera que quedaran definidas las proporciones del rectángulo. Esta sería la forma de proceder de los científicos: el objeto ha sido descrito mediante cierta regularidad subyacente.

bateson-figura2

Figura 2 (extraída de unifiedtao-en.blogspot.com.es)

Pero sea como sea, con ninguno de los tres métodos se está explicando realmente el objeto porque esa explicación nace siempre de una descripción, que contendrá siempre – y necesariamente – características arbitrarias. Es decir,  la división del universo percibido en partes y totalidades es conveniente y puede ser necesaria, pero ninguna necesidad determina de qué modo debe practicársela, como escribió Bateson en el segundo capítulo de su libro “Espíritu y Naturaleza“.

Una conclusión inmediata es que la especialización y fragmentación del conocimiento podrá ser conveniente, pero es arbitraria. Ya en los primeros años de escuela se nos presentan diferentes campos a tratar en compartimentos estancos a los que llamamos asignaturas. Hay razones prácticas para hacerlo, desde luego, pero creo que no somos conscientes del costo que esta división tiene en nuestra forma de entender la realidad. Vivimos en un mundo de objetos, de causas y efectos. Nuestro pensamiento es lineal y unidirecicional. Sin embargo, no tendría que ser necesariamente así. No hay ninguna razón para que sean los objetos, y no las relaciones entre fenómenos, los que configuren y describan nuestra realidad. Para Bateson existían relaciones, principios de organización en todos los fenómenos o, como él decía, pautas que los conectan. ¿Qué pauta conecta el cangrejo a la langosta, la orquídea a la prímula y todo ello a mí? ¿Y a mí contigo?, escribió.

Como recoge Fritjof Capra en su libro “Sabiduría insólita“:

Uno de los principales objetivos de Bateson, en sus estudios epistemológicos, consistía en señalar que la lógica era inadecuada para la descripción de pautas biológicas. La lógica se puede utilizar con mucha elegancia para describir sistemas lineales de causa y efecto, pero cuando las secuencias causales se convierten en circulares, como ocurre en el mundo viviente, su descripción en términos lógicos genera paradojas. Esto es cierto incluso en el caso de sistemas no vivientes, dotados de mecanismos de retroacción, y Bateson utilizaba a menudo el termostato para ilustrar dicho punto.

Cuando desciende la temperatura, el termostato conecta el sistema de calefacción; esto hace que aumente la temperatura, lo cual hace que el termostato desconecte el sistema de calefacción, causando un descenso en la temperatura, etc. La aplicación de la lógica convierte la descripción de dicho mecanismo en una paradoja: si la sala está demasiado fría, se conectará la calefacción; si la calefacción está conectada, el calor en la sala llegará a ser excesivo; si el calor en la sala es excesivo, se desconectará la calefacción, etc. En otras palabras, si el interruptor está conectado, se desconecta, y si está desconectado, se conecta. Esto, según Bateson, se debe a que la lógica es atemporal, mientras que en la causalidad interviene el tiempo. Si se introduce el tiempo, la paradoja se convierte en una oscilación. Asimismo, si se programa un ordenador para resolver una de las paradojas clásicas de la lógica aristotélica, por ejemplo, un griego dice: “los griegos siempre mienten”. ¿Dice la verdad? El ordenador responderá: SÍ-NO-SÍ-NO-SÍ-NO… Convirtiendo la paradoja en una oscilación.

Para Bateson, el lenguaje de los sistemas vivos debe basarse en la metáfora, no en la lógica, porque sólo la metáfora expresa similitudes estructurales o, mejor aún, similitudes de organización. El trabajo científico trataría pues de encontrar las metáforas de la naturaleza, la pauta que conecta los fenómenos. La metáfora es el lenguaje de los poetas pero también la lógica del mundo vivo. A esta idea andaba dándole vueltas el otro día pero sólo llegue a esbozarla con muchísima más pena que gloria  (por ejemplo aquí). Si entendemos la realidad como una compleja red de relaciones y procesos en los que nosotros también estamos inmersos,  las historias, parábolas y metáforas se muestran como expresiones esenciales del pensamiento humano. Incluso, como nuestra única forma de pensar.

Yo supe de Bateson por un documental que me prestaron hace poco, sin embargo, leyendo sobre el tema, descubrí que Pseudóodo había escrito hace tiempo dos magníficas entradas sobre este autor (aquí y aquí).

Entradas relacionadas:

Matemáticas y poesía

Decía el físico Paul Dirac que cuando trabajas en ciencia tienes que escribir sobre cosas que nadie sabe con palabras que todo el mundo es capaz de entender, mientras que al escribir poesía se debe expresar algo que todo el mundo sabe con palabras que nadie entiende. Aunque la broma está en afirmar que no hay encuentro posible entre la ciencia y la poesía, creo que Dirac hace exactamente lo contrario al reconocer que ambas se valen de la naturaleza metafórica del lenguaje y que, por tanto, están íntimamente relacionadas.

Decía el poeta Federico García Lorca (casualmente hoy se cumplen 76 años de su muerte), que poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio. Y es que un verso es como una ecuación. Como en la ecuación, todo tiene que encajar, sus términos no se pueden alterar o suprimir – a menos que se sigan ciertas reglas y siempre manteniendo el cuerpo que le da sentido -. El significado de la ecuación tiene que penetrar en las profundidades del pensamiento y permanecer en la memoria y tiene que evocar otras relaciones. Esto es precisamente un verso: una pieza del lenguaje – que forma un misterio – formulada de manera única y precisa, que tiene que ser necesariamente como lo ha concebido el poeta.

Pensemos en un verso que nos conmueva: No hay extensión más grande que mi herida“, de Miguel Hernández, por ejemplo. Estas ocho palabras forman un todo y transmiten muchísimo más que expresiones como “mi herida es muy grande” o “sufro tanto como si tuviera una herida enorme”, aunque podría parecer que la última formulación explica más claramente el estado de ánimo del autor. Ni siquiera movilizando algún recurso poético para escribir algo del tipo “ni el mar ni el universo son más grandes que mi herida” es fácil alcanzar, si quiera mínimamente, la fuerza del verso de Miguel Hernández (el mío es un verso horrible, de hecho). Al profesor que recuerdo con más cariño de mi época escolar, es al que tuve en Literatura de 2º de BUP. A estas alturas ya no me acuerdo de su nombre pero no se me borra la clase que dedicó íntegramente a comentar el verso “Tus campos rompan tristes volcanes“, otro maravilloso ejemplo del poder de la palabra: la amenaza “espero que exploten unos volcanes y acaben con todos ustedes” no sobrecoge tanto como la de la endecha popular. Y es que los poetas son capaces de formar algo así como un misterio. Es más, no es que la poesía adorne los pensamientos, es que en ocasiones es el único medio de compartirlos. Porque hay cuestiones tan complejas que no queda más remedio que apelar a la poesía, y así es frecuente que la gente responda “no tengo palabras” cuando se le pregunta por un hecho que los ha sobrecogido o emocionado especialmente. Del mismo modo, las matemáticas no adornan las teorías científicas sino que están en su misma esencia.

Hay muchos ejemplos de matemáticos poetas y viceversa. Nicanor Parra (Premio Cervantes del 2011) es físico, matemático y poeta (antipoeta, diría él). A él se debe la ecuación canónica de la poesía occidental – más bien la igualdad-, que es la siguiente: (14+8)/2 = 11 (la versión que viene en el artículo que he enlazado es incorrecta porque le falta un paréntesis). El poeta explica la expresión del siguiente modo en una entrevista: “los versos de 14 sílabas corresponden al mester de clerecía, el de Gonzalo de Berceo. Yo [el periodista] le digo que los alejandrinos también pueden contarse como dos versos de 7, pues los de 14 casi siempre tienen un cesura en el medio. Parra está de acuerdo, pero la cosa no cambia, 7 + 7 = 14. A este se le suma el octosílabo de las coplas y de los romances, el mester de juglaría, la poesía popular. La división por dos de estos dos tipos de versos canónicos da la medida intermedia, la perfecta, que no es culta ni popular: el endecasílabo. El verso típico del soneto italiano, provenzal, castellano…”

Otro poeta matemático es Raymond Queneau a quien se le ocurrió escribir 10 sonetos y reunirlos en un libro donde cada uno estaba impreso en una página recortada a su vez en 14 trozos, uno por cada verso. La idea era combinar los versos para componer diferentes nuevos sonetos. Tantos como 1014: hay 10 posibilidades para el primer verso, diez para el segundo, diez para el tercero… y así hasta catorce. Por eso tituló su libro Cent Mille Milliards de Poèmes” (“Cien mil millardos de poemas”, o lo que es lo mismo “Cien billones de poemas”). Cien billones porque un billón son un millón de millones, o sea 1012, así que 1014 hacen cien veces un billón. Recientemente la Editorial Demipage ha editado un libro, homenaje a Quenau, siguiendo el mismo procedimiento. Lo ha titulado “Cien mil millones de poemas”, no sé si por error o para que sonara parecido al original francés, porque lo cierto es que hay más de cien mil millones de poemas, como acabamos de ver. En este blog hay un par de vídeos donde se explica cómo funciona el invento.

Entradas relacionadas:

Siempre hay tiempo para la lírica

Becquer dijo a su amada “poesía eres tú”. La poesía es un arma cargada de futuro, nos recordó Gabriel Celaya. Y sin contradecir a tan ilustres poetas, yo afirmo que la poesía es también una maravillosa herramienta educativa y un poderosísimo estímulo intelectual.

En primer lugar, si hablamos de niños pequeños, aquellos que están acostumbrados a escuchar rimas y aliteraciones acaban teniendo una conciencia fonética más desarrollada y aprenden a leer con más facilidad. Entrenando las habilidades para percibir la melodía, la cadencia y el ritmo de las rimas infantiles, se mejoran también notablemente las capacidades lingüísticas de los más pequeños. No lo dice sólo el sentido común, sino que hay estudios que lo corroboran.

Por otro lado, no cabe duda de que la metáfora aparece inextricablemente unida al desarrollo del pensamiento. No sólo amplía nuestro registro expresivo sino que, probablemente, sólo metafóricamente es posible predecir y describir nuevos fenómenos. Por eso la poesía no es sólo un asunto de “letras”: la metáfora también  juega un papel imprescindible en la función creativa de la ciencia en cuanto que contribuye a entender y explicar mejor las complejidades del mundo real. Ciencias y letras comparten la naturaleza metafórica del lenguaje porque está en la base misma de todo razonamiento.

También me parece que la memorización de poemas es una actividad altamente educativa (¡achtung: anatema pedagógico!) porque a día de hoy está más que demostrado que el mero acto de recordar  modifica el cerebro – con la formación de nuevas conexiones y sus proteinas correspondientes – facilitando así el aprendizaje futuro de nuevas ideas y habilidades.

Y claro, la poesía, como todo arte, enriquece nuestra experiencia porque conmueve, emociona, despierta conciencias, evoca otros mundos y otras sensaciones, sorprende, acompaña… En resumen, como cantaba Mari Trini, ¿quién no escribió un poema huyendo de la soledad?

Esta película no es para niños… pero es maravillosamente poética.

Digresión: últimamente he pensado que la depresión que estamos padeciendo como sociedad quizás se parezca al estado de ánimo que se vivió en 1898 tras la pérdida de las últimas colonias. Ese sentimiento trágico de desamparo afectó y estimuló a una generación de poetas. ¿Será el comienzo de este siglo también rico en poesía? Y si es así, ¿cómo bautizaremos a nuestros nuevos poetas?  ¿Generación de la resaca postconsumista? ¿Generación del estado del malestar? ¿O tal vez generación del 2008, como recuerdo del año en que íbamos a reformar el capitalismo?

Entradas relacionadas:

Soneto pedagógico

He escrito un pequeño divertimento poético que dedico cariñosamente a los pedagogos que he conocido últimamente:

Pedagogo, ¡oh padre de las ciencias!,
visionario, burocrático alquimista,
que tu genio y el de Ausubel nos asista
y podamos evaluar por competencias.

El maestro no ejerce la docencia
convertido en mediador constructivista,
con las TIC fácilmente se conquista
la cumbre más alta de la sapiencia.

Si el sistema escolar fuera nocivo,
si los niños no usasen la cabeza,
y fuera un desastre el informe PISA.

Será que no seguimos con firmeza
los dictados del experto educativo:
si lo ha dicho un pedagogo, pues va a misa.

Entradas relacionadas:

Los profesores de Nicanor Parra

Nicanor Parra es poeta (¿o habría que decir antipoeta?), matemático, físico y hermano de Violeta Parra. Hace muy poco fue galardonado con el premio Cervantes por el conjunto de su obra. Confieso que solo lo conocía de nombre y  por ser el hermano de Violeta, pero navegando por las procelosas aguas de  Internet, me he topado con este poema, no sé si hermoso, pero sí muy musical. Si Machado supo plasmar como nadie ese estado intermedio entre el tedio y la melancolía en que todo escolar se ha sumergido alguna vez (mil veces ciento, cien mil/ mil veces mil, un millón), el de Nicanor Parra es un análisis racional y a la vez tremendamente pesimista del sentido de la educación. (Lo he copi-pegado de esta página):

Los profesores (de Nicanor Parra)

Los profesores nos volvieron locos
a preguntas que no venían al caso
cómo se suman números complejos
hay o no hay arañas en la luna
cómo murió la familia del zar
¿es posible cantar con la boca cerrada?
quién le pintó bigotes a la Gioconda
cómo se llaman los habitantes de Jerusalén
hay o no hay oxígeno en el aire
cuántos son los apóstoles de Cristo
cuál es el significado de la palabra consueta
cuáles fueron las palabras que dijo Cristo en la cruz
quién es el autor de Madame Bovary
dónde escribió Cervantes el Quijote
cómo mató David al gigante Goliat
etimología de la palabra filosofía
cuál es la capital de Venezuela
cuándo llegaron los españoles a Chile

Nadie dirá que nuestros maestros
eran unas enciclopedias rodantes
exactamente todo lo contrario:
unos modestos profesores primarios
o secundarios no recuerdo muy bien
—eso sí que de bastón y levita
como que estamos a comienzos de siglo—
no tenían para qué molestarse
en molestarnos de esa manera
salvo por razones inconfesables:
a qué tanta manía pedagógica
¡tanta crueldad en el vacío más negro!

Dentadura del tigre
nombre científico de la golondrina
de cuántas partes consta una misa solemne
cuál es la fórmula del anhídrido sulfúrico
cómo se suman fracciones de distinto denominador
estómago de los rumiantes
árbol genealógico de Felipe II
Maestros Cantores de Nuremberg
Evangelio según san Mateo
nombre cinco poetas finlandeses
etimología de la palabra etimología

Sigue leyendo

El árbol Garoé

Hoy vengo a hablar de un árbol. Esta entrada sobre el árbol de Santa María de Tule, que no conocía, me ha hecho recordar la historia del árbol Garoé, uno de mis árboles preferidos y me ha apetecido recuperar algo que escribí hace algún tiempo, que puede ser interesante para niños… y grandes.

En tiempos de la conquista de la isla de El Hierro (hoy presente en los medios por la erupción este octubre de un volcán submarino) no había otra fuente de agua que un árbol al que llamaban Garoé. El árbol proporcionaba agua a todos los habitantes de la isla, incluyendo el ganado, así que no de extrañar que fuera considerado una deidad por los bimbaches o antiguos pobladores de El Hierro. Esto no es una leyenda. Por ejemplo, ya se habla de la existencia del árbol sagrado en la crónica que escribió Fray Bartolomé de las Casas en su ruta hacia Ámerica. El Garoé tenía un diámetro de metro y medio aproximadamente y era un espécimen absolutamente excepcional. De hecho, hoy día no existe en la isla ningún otro árbol de esta especie con un tronco tan ancho. Se piensa que era una laurácea, más exactamente un espécimen de “Ocotea Foetens”, un laurel endémico de las Isla de Madeira y Canarias. Lo que hacía especial al Garoé era su capacidad para captar el agua de las nieblas. La explicación del fenómeno es la siguiente: los vientos alisios, de componente Noreste, afectan de forma constante a las Islas Canarias, aunque predominantemente en el verano. La capa inferior del alisio, fresca y húmeda por su recorrido sobre el mar, asciende al entrar en contacto con la orografía insular. En su ascenso, el aire se condensa dando lugar a nubes que se encuentran con la tapadera de la capa superior del alisio, más cálida y seca. Precisamente esta línea llamada de inversión térmica porque el aire está más caliente arriba – lo contrario de lo habitual – es el límite de lo que se conoce por “Mar de Nubes” o “Mar de Niebla”. Así, el encuentro de las nubes con el relieve produce ligeras lloviznas y la conocida como “lluvia horizontal” que es como se conoce al hecho de que las plantas condensen la humedad del ambiente formando gotas de agua. En la Isla de El Hierro, el Mar de Niebla sólo existe entre los 600 y 1.500 metros y el lugar donde se encontraba el árbol Garoé está a unos 1000 metros. La captación de agua por los árboles es todavía más importante cuando los especímenes están aislados o agrupados en pequeños bosquecillos porque entonces la turbulencia a su alrededor es máxima.

Representación del árbol Garoé. Lamentablemente no encuentro la fuente original; yo la he extraído de http://www.islaelhierro.com/turismo/garoe.html

Cuentan que cuando los bimbaches vieron llegar la expedición franco española de Juan de Bethencourt, decidieron en asamblea cubrir las copas del Garoé para que no fuera descubierto por los extranjeros, quienes quizás desistieran de la empresa de conquistar la isla si no encontraban agua. Todo se hizo según lo acordado no sin antes haber guardado reservas de agua suficientes para un par de semanas. El ardid surtió efecto y al poco tiempo los conquistadores comenzaron a sufrir las penalidades de la sed. Fue entonces cuando una aborigen, llamada Agarfa, se enamoró de un joven expedicionario andaluz y dejándose llevar por la pasión reveló el valioso secreto del Garoé. Los bimbaches viendo como su árbol sagrado estaba en manos extrañas decidieron secuestrar a Agarfa del campamento extranjero para ajusticiarla. Pero ya era demasiado tarde y, al final, Armiche, Rey de Hero, decidió rendir  homenaje al conquistador Juan de Bethencourt, lo que no evitó que al poco tiempo fuera cautivo, junto a sus más fieles vasallos, por los mismos a los que había prometido amistad. Existe una endecha (o romance de origen medieval) sobre Agarfa en lengua aborigen que fue compuesto por los descendiente de los bimbaches. Uno de los versos (según transcribió Torriani) dice así:

-“Mimerahaná, ziná zinuhá, ahemen aten haran hua, zu Agarfú finere nuzá.”

(¿Qué traes? ¿Qué llevas ahí? Pero ¿qué importa la leche, el agua y el pan si Agarfa no quiere mirarme?).

Porque, para colmo, la pérfida Agarfa era amada intensamente por el valiente Tincos, distinguido en las luchas contra los piratas que llegaban al Hierro para capturar isleños y venderlos como esclavos. Como ella no le correspondía, Tincos pasaba largos ratos sin comer contestando de esa manera a quienes le llevaban alimentos.

El Garoé fue arrancado de cuajo por un huracán en 1610. Los habitantes de la isla enviaron entonces una carta al rey de España (¿Felipe III?) con la esperanza de que les enviara ayuda. Desgraciadamente, como en ella hablaban de un árbol sagrado, nadie los tomó en serio por pensar que se trataba de una simple superstición. Muchos murieron de sed. En 1949 se plantó un til en el emplazamiento del Garoé original que ha ido creciendo con el paso del tiempo.

Y como bonus arbóreo, copio (de aquí) un poema de Mario Benedetti que me encanta:

De árbol a árbol (Mario Benedetti)

Seguro que los diarios
no lo preguntarán
¿los árboles serán
acaso solidarios?

¿Digamos el olivo de Jaén
con el terco quebracho de Entre Ríos?
¿O el triste sauce de Tacuarembó
con el castaño de Campos Elíseos?

¿Qué se revelarán de árbol a árbol?
¿Desde Westfalia avisará la encina
al demacrado alerce del Tirol
que administre mejor su trementina?

Seguro que los diarios
no lo preguntarán
¿los árboles serán
acaso solidarios?

¿Se sentirá el ombú en su pampa húmeda
un hermano de la ceiba antillana?
¿Los de ese bosque y los de aquel jardín
permutarán insectos y hojarasca?

¿Se dirán copa a copa que aquel muérdago
otrora tan sagrado entre los galos
usaba chupadores de corteza
como el menos cordial de los parásitos?

¿Sabrán por fin los cedros libaneses
que su voraz y sádico enemigo
no es el ébano gris de Camerún
ni el arrayán bastardo ni el morisco

ni la palma lineal de Camagüey
sino las hachas de los leñadores
la sierra de las grandes madereras
el rayo como látigo en la noche?

Entradas relacionadas: