Esas pequeñas cosas

Todo empieza en la infancia. Son gestos, palabras escuchadas pero, sobre todo, jamás oídas. Detalles que no puedes precisar bien y que no cuentas para que no traten de resentida o exagerada. Seré yo y mi circunstancias, piensas, pero has crecido creyendo que no tienes demasiadas habilidades y que si has conseguido algo de reconocimiento ha sido por suerte. Entonces un día te da por leer artículos académicos y descubres que no existen diferencias significativas en el Coeficiente Intelectual entre hombres y mujeres, pero las mujeres tienden a subestimar sistemáticamente su propia inteligencia mientras los hombres la sobreestiman. Vaya, te dices a ti misma, entonces no soy yo, sino el entorno donde todos nos socializamos. Y comprendes a continuación que esa autopercepción negativa ha actuado como freno y que probablemente no has intentado cosas porque no te creías capaz, aunque no existieran normas o vetos externos que te lo impidieran.

Pero pese a todo has estudiado, por supuesto, y, aunque no lo piensas mucho, sabes que ha sido gracias a todas las feministas que lucharon antes de que tú nacieras, y de las que nadie se acuerda excepto para decir que ellas sí eran buenas feministas, porque querían cosas importantes de verdad, no como las de ahora, que sólo se preocupan del lenguaje y que se enfadan, ingratas, si un «caballero» pretende cederles el asiento en la guagua. Eso es lo que oyes, ojo, no es que tú lo creas, aunque reconoces que a veces se te ha pasado por la cabeza que algunas exageran y que no es para tanto porque a ti nadie te ha impedido nada, aunque recuerdas que tu hermana mayor te contó una vez que a tu padre no le hacía gracia que fuera a la universidad y tuvo que intervenir el abuelo, que se volvió moderno con la edad. Pero tú eres de otra generación y se daba por hecho que ibas a estudiar algo de ciencias y no sólo nadie te puso ninguna pega sino que además tu padre lo contaba orgulloso. Bueno, es verdad que eso de que las mujeres son peores en matemáticas era un lugar común, y también que un profesor decía en clase que las pocas chicas que había estaban buscando marido, pero era un vejestorio al que nadie tomaba en serio. Y no es menos cierto que otro llegaba a veces medio borracho y se permitía comentar tu aspecto y te miraba las tetas pero no lo comentabas mucho para que no te llamaran presumida porque «a ver si te crees que estás tan buena».

Después conseguiste un trabajo y por supuesto que cobras lo mismo que tus colegas, no se te pasa por la cabeza que pueda ser de otra manera. Claro, que te das cuenta de que hay empleos peor pagados que el tuyo, el de limpieza el peor, y sólo hay limpiadoras, no sabes muy bien por qué. En tu trabajo es distinto, ahí estás en minoría, pero te han contado que a las mujeres no les interesan los temas técnicos y te has quedado más tranquila con la explicación porque si a ti nadie te ha impedido hacer los que haces, a ellas tampoco, razonas. A veces estás incómoda, es cierto, porque sientes que tus sugerencias no se toman muy en serio. Reconoces, eso sí, que tienes muchas dudas y asumes que puedes estar equivocada. Lo raro es que has visto que la misma idea se ha aprobado cuando la ha expresado un compañero aunque a lo mejor es que no te oyen bien porque tu voz no es tan potente como la de ellos y te interrumpen en las reuniones. Un día te quejaste y te dijeron que eras demasiado educada y en el fondo lo sentiste como un elogio porque lo peor que te pude pasar es que te llamen mandona, como a tu compañera, de la que se dice que los pone a todos «derechitos como velas» porque es muy buena liderando a su equipo. De todas maneras, te da la impresión de que con frecuencia las decisiones se toman fuera porque «los muchachos» suelen irse de cañas al salir y curiosamente al día siguiente siempre están de acuerdo en todo. Nunca te piden que vayas con ellos pero cada uno es libre de pasar su tiempo de ocio con quien quiera, faltaría más, y sería el colmo del patetismo que te autoinvitases. Además, se supone que tu puedes ir con «las chicas» pero solo son dos y nunca propones nada porque sabes que a tu compañera le supondría un problema organizarse con los chiquillos para poder irse de cervezas.

Tú siempre te has creído muy moderna pero intuyes que las cosas han sido algo más difíciles para ti y, sin embargo, te cuesta precisar exactamente por qué. Para ti fue una sorpresa enterarte de que el año en que naciste aún no había igualdad legal pero sabes que ahora sí la hay. Es difícil de explicar. Son esas «pequeñas cosas».

3 Respuestas a “Esas pequeñas cosas

  1. Me ha encantado Cris. Poner en ordenadas palabras lo que muchas pensamos sin que tengamos que sentir que estamos un poco locas.

  2. Gracias, guapetona🙂

  3. La he visto razonar, cuesta trabajo creer lo anterior. No digo que no sea así…

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