Archivo mensual: junio 2012

Ya es definitivo

Sólo a mí se me ocurre encontrar mi vocación justo cuando hay récord de desempleo en un país donde, por otro lado, nunca ha sobrado el trabajo (¿qué pasa en España? ¿es que no hay cosas que hacer?). Claro, que peor era cuando se pasaba “más hambre que un maestro de escuela”. O cuando se firmaban estos contratos(*).

(*) El contrato en cuestión parece ser una traduccion literal de un contrato de la provincia canadiense de New Brunswick, aunque otras páginas apuntan a Estados Unidos. En cualquier caso, ni se refiere a España ni se puede decir que fuera la norma para las maestras de la época. (editado)

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La cultura del “copia-pega”

Leo en la red que la nueva tendencia (primavera-verano) para los docentes 2.0 es la de actuar como disc-jockeys de discoteca. La metáfora del DJ, la llaman. El párrafo que sigue lo he copiado de aquí:

(…) Al igual que los DJ que crean su “propia música” a partir de trozos o piezas de otros discos existentes (a partir de su  base de datos musicales o discoteca) creando una experiencia única para su audiencia en una sala de baile, el profesor debiera actuar (metafóricamente hablando) de modo similar seleccionando y mezclando piezas o unidades culturales que están distribuidas por Internet, pero que al mezclarlas en un mismo entorno digital generan una experiencia de aprendizaje específica para su grupo de alumnos. Es la cultura del remix aplicada a la educación donde el docente aparece como maestro de ceremonias o druida que mezcla adecuadamente los ingredientes culturales que habrán de ser experimentados por su alumnado.

Si de lo que se trata es de que el profesor busque contenidos y recursos de distintas fuentes para formarse si fuera preciso y elaborar materiales adaptados a los alumnos y al trabajo concreto que va a realizar, no tengo nada que objetar. De hecho, es lo deseable e imagino que es lo que los buenos profesores vienen haciendo desde mucho antes de que inventara la cosa del dos-punto-cero. La metáfora del DJ, sin embargo, no presupone necesariamente la elaboración de un discurso coherente sino que habla de mezclar piezas o ‘unidades culturales’ (sic). La diferencia no es trivial: el remix no tiene en cuenta las nociones de jerarquía y categorización. Y resulta que el conocimiento no es un puzle que se forma pegando trocitos de información deslavazada: para aprender hay que pensar y para pensar hay que ser capaz de ordenar las ideas de forma coherente. ¿De qué manera puede entonces un DJ ayudar al aprendizaje si no tiene en cuenta la propia idea de orden?

Me resulta paradójico que se hable de constructivismo y de “aprender a aprender” al mismo tiempo que se le da un valor desmesurado a la información, sobre todo si viene de Internet y se presenta en forma de fragmentos dispersos, estén o no previamente sampleados por el profesor-diyei.  Aunque en general creo que doy más importancia a los contenidos de lo que lo hace la pedagogía en boga, pienso también que uno de los objetivos más importantes de la escuela es el de ayudar a formar y ordenar ciertas estructuras mentales necesarias para pensar y asentar los aprendizajes, es decir, para entender el mundo buscando niveles profundos de significado. Y este es un objetivo que dificilmente se puede conseguir hilvanando retales de información. Por algo los griegos consideraban que la retórica, como disciplina que trata de expresar las ideas de forma coherente y ordenada, era un arte. No todas las ideas pueden ser condensadas en piezas. No necesariamente se puede tratar cualquier tema copiando y pegando fragmentos en  un “entorno digital de aprendizaje”.

Además, me parece estupendo que un profesor tenga soltura en el manejo de las TIC pero limitarse al contenido que está en la red no es sino otra forma de empobrecimiento. Normalmente los que escriben libros sobre un tema dado profundizan más y son más rigurosos que los que lo hacemos en blogs (aunque hay bitácoras muchísimo más serias que trabajos pretendidamente académicos). Buscar en google es muy cómodo pero si despreciamos los libros de toda la vida  corremos el riesgo de que ocurran estas cosas. Y por último, en todo esto del profesor DJ hay una cuestión ética que quizás se nos escapa: copiar y pegar contenidos de la red no deja de ser una forma de plagio, por mucho que lo asimilemos a un  “maestro de ceremonias” que hace un “remix“. A veces nos olvidamos de que los contenidos de Internet los crea alguien – a menos que se hayan copiado y pegando previamente en un ciclo sin fin, claro –  y lo sano es reconocer, si no la autoría, sí al menos las fuentes. Cuando lo se quiere es educar en la llamada cultura digital, más que saludable es totalmente imprescindible.

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El cielo de Canarias

Esta pequeña película – hecha por un compañero mío que es un verdadero artista – me ha encantado porque además de que las imágenes son una preciosidad sirven para ilustrar algunos fenómenos de la naturaleza curiosos, como el del rayo verde (en el segundo 26).

El rayo verde es un punto verde que se ve durante unos escasos segundos a la salida o a la puesta de sol. La luz que emite el sol cuando está cerca del horizonte viaja a través de la atmósfera terrestre que funciona como un prisma separando la luz en diferentes colores: la luz se mueve más lentamente en el aire bajo, más denso, que en el aire en capas superiores. La de alta frecuencia (verde-azul) se curva más que la de baja frecuencia (roja) y, así, el color del borde superior del sol puede verse verde o azul, dependiendo de la densidad de partículas en la atmósfera, mientras que el del borde inferior se aprecia rojo. Cuando el sol está muy bajo llega un punto en que los rayos rojos queden por debajo del horizonte mientras que los verdes aún se siguen viendo. El rayo verde es más fácil de ver cuando el horizonte no presenta obstáculos, como en el mar.

El vídeo se ha realizado con la técnica de time-lapse que consiste en tomar cientos de miles de fotos que después se pasan a gran más velocidad. Esto nos permite ver las nubes comportándose como lo que verdaderamente son: un fluido como el agua. Por algo a las masas nubosas por debajo de las montañas reciben el nombre de “mar de nubes”. Es fascinante ver como las nubes caen en cascada (minuto 2:50) o forman olas (como en el minuto 3). La formación del mar de nubes se debe a los vientos alisios que afectan de forma constante a las Islas Canarias, aunque predominantemente en el verano. La capa inferior del alisio, fresca y húmeda por su recorrido sobre el mar, asciende al entrar en contacto con la orografía insular. En su ascenso, el aire se condensa dando lugar a nubes que se encuentran con la tapadera de la capa superior del alisio, más cálida y seca. Precisamente esta línea llamada de inversión térmica porque el aire está más caliente arriba – lo contrario de lo habitual – es el límite de lo que se conoce por “mar de nubes” o “mar de niebla”.

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Esperando a Supermán

Esperando a Supermán” es un documental de 2010 sobre el sistema educativo de Estados Unidos. Se puede ver entero en youtube, aquí en versión original con subtítulos en inglés y aquí doblada al español de México. Este es el trailer:

Que una buena formación es esencial para mejorar en la vida y un sistema educativo de calidad, imprescindible para que haya movilidad social real, es algo que pocos dudan. Una sociedad sana debe aspirar a la igualdad de oportunidades. Y lo que nos muestra el documental es que tal igualdad está muy lejos de existir. La película hace un recorrido por el sistema público de Estados Unidos siguiendo los esfuerzos de varias familias de pocos recursos por encontrar escuelas adecuadas para sus hijos.  Lo que empieza como un conjunto de historias de superación personal, acaba transformándose en el retrato de un sistema ineficiente para convertirse, finalmente, en la crónica de la resignación. Con sus diferencias, muchas de las cosas que muestra el documental son extrapolables a España que, casualmente, ocupa el puesto inmediatamente superior a Estados Unidos en el ranking PISA (al menos en matemáticas).

¿Conclusiones? Yo me he reafirmado en lo que ya intuía: sin buenos profesores y sin buena gestión, no es posible construir un buen sistema educativo. Claro, que esta afirmación es redundante porque un sistema educativo es esencialmente eso. O es lo que debería ser.

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Ser y parecer

Hace unos años, cuando estudiaba Física, seguíamos un programa aparentemente exigente. Recuerdo que los estudiantes extranjeros con los que trataba se asombraban del alto nivel del libro de Mecánica Cuántica que teníamos como referencia. Pero en realidad no se nos pedía entender algo de aquel manual sino hacer unos problemas tipo – de forma repetitiva y mecánica – en el menor tiempo posible. Parecía que éramos estudiantes avanzados, que realmente dominábamos aquello, pero nuestra única habilidad era la de completar una suerte de sudokus cuyo significado y utilidad ignorábamos completamente. Es un lugar común decir que la enseñanza universitaria se ha degradado pero creo que antes tampoco podíamos presumir de nada. A mí me exigían hacer a mano problemas de forma mecánica y ahora quizás se hace más hincapié en usar determinado software. Pero ni antes ni ahora, creo, se exigía al estudiante que supiera: con que lo pareciera era suficiente.

Cuando empecé a estudiar Magisterio, se hizo habitual que me bajaran las calificaciones por no asistir a clase. “Es que hay que premiar a los que demuestran interés”, decían. Yo siempre he pensado que si el estudiante llega a los mismos resultados sin ayuda pues mejor para él, pero esta no parece ser una opinión muy popular. En un memorable debate por internet, los que eran mis compañeros consideraban que quien copiaba en un examen merecía más indulgencia que quien no asistía a clase por la razón que fuera. De nuevo, parece aceptado que lo importante es parecer y no ser.

Hay quien colecciona cursos de formación continua para promocionar en el trabajo. Todos necesitamos seguir formándonos a lo largo de nuestra vida: no hay duda de que intentar mejorar es digo de elogio. Sin embargo, siempre he tenido la impresión de que a nadie importa si esos cursos son realmente formativos. Desde el momento en el que lo que se evalúa es tener un título acreditativo y no la mejora real que tal curso posibilita, más que una impresión es un hecho. Pero, al final, las partes implicadas parecen estar conformes con el arreglo: unos ganan dinero ofreciendo un producto y otros ganan puntos para el currículum. No se aprende, pero ese no parece ser el objetivo. Yo he caído en el error de hacer algunos cursos sobre temas que me interesaban y lo único que he aprendido es que para tirar el dinero lo más práctico es apuntarse a un gimnasio, como se ha hecho de toda la vida de Dios. En el país de la apariencia, se da la paradoja de que es fundamental tener títulos, aunque se valoran de forma desigual: ¿es normal que en la fase de concurso de unas oposiciones – un concepto que hoy se me figura tan obsoleto como los videocasettes – un doctorado puntúe igual que un puñado de cursos de la entrañable Radio Ecca?

No sé dónde leí que las críticas negativas hacían parecer a una persona mucho más inteligente de lo que es. A juzgar por mi blog, yo debo de parecer una lumbrera. Pero no lo soy.

Post post: No es oficial, pero parece que ya he completado todos los créditos de la carrera. Que he terminado, vaya.

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¿Se deben enseñar matemáticas en la escuela?

(Vía “Algo más que números“)

Una vez recuperada del desmayo, me he enterado de que el vídeo es una parodia. La broma surgió a raíz de otro vídeo – este sí auténtico – donde un grupo de misses de Estados Unidos opinan sobre si la Teoría de la Evolución debe ser objeto de estudio en las escuelas. El vídeo verdadero también provoca algún que otro desmayo, aviso.

Aparte de la observación obvia sobre lo atrevida que es la ignorancia, hago las siguientes reflexiones: (1) que las opiniones de las misses deben de ser bastante comunes también entre la población general, visto que no se conoce ninguna correlación entre la belleza y la falta de neuronas y/o de información; (2) que, con todo, Estados Unidos es quizás la mayor potencia mundial en ciencia, de donde se deduce que su modelo educativo es bueno para unas cosas pero muy malo para otras; y (3) que lo que opinen o dejen de opinar las reinas de la belleza sobre cualquier tema debería ser irrelevante: se las elige por ser guapas, no listas. Juzgarlas por sus opiniones o conocimientos sería tan injusto como evaluar a una ingeniera por lo guapa que es. Cada uno con lo suyo.

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Tres catorce dieciséis

En séptimo grado estaba estudiando “pi”, una letra griega que se parecía a los monumentos de piedra de Stonehenge, en Inglaterra: dos pilares verticales con un palito en la parte superior: π. Si se mide la circunferencia del círculo, y luego se la divide por el diámetro del círculo, eso es pi. En su casa, Ellie tomó la tapa de un frasco de mayonesa, le ató un cordel alrededor, estiró luego el cordel y con una regla midió la circunferencia. Lo mismo hizo con el diámetro, y posteriormente dividió un número por el otro. Le dio 3,21. La operación le resultó sencilla.

Al día siguiente, el maestro, el señor Weisbrod, dijo que π era 22/7, aproximadamente 3,1416, pero en realidad, si se quería ser exacto, era un decimal que continuaba eternamente sin repetir un período numérico. Eternamente, pensó Ellie. Levantó entonces la mano. Era el principio del año escolar y ella no había formulado aún ninguna pregunta en esa materia.
— ¿Cómo se sabe que los decimales no tienen fin?
—Porque es así —repuso el maestro con cierta aspereza.
—Pero, ¿cómo lo sabe? ¿Cómo se pueden contar eternamente los decimales?
—Señorita Arroway —dijo él consultando la lista de alumnos—, ésa es una pregunta estúpida. No les haga perder el tiempo a sus compañeros.
Como nadie la había llamado jamás estúpida, se echó a llorar. Billy Horstman, que se sentaba a su lado, le tomó la mano con dulzura. Hacía poco tiempo que a su padre lo habían procesado por adulterar el cuentakilómetros de los autos usados que vendía, de modo que Billy estaba muy sensible a la humillación en público. Ellie huyó corriendo de la clase, sollozando.

Esta historia aparece en el libro ‘Contacto‘, de Carl Sagan, del que después se hizo una película con Jodie Foster en el papel de Ellie adulta. La he recordado porque la medida del perímetro de una circunferencia usando un frasco de mayonesa y una cuerdita es muy  ilustrativa y sin embargo normalmente en la escuelas no se hacen este tipo de experiencias. Si no me equivoco, según el currículum los niños de sexto de primaria ya deberían de conocer el número π. Sin embargo, los del colegio donde hice las prácticas, a los que pregunté sobre el tema a propósito de unas medidas para una manualidad, sólo conocían la marca de ropa deportiva. Sería muy sencillo hacer que todos los niños midieran la relación entre el perímetro y el diámetro de un círculo y, si el número de medidas es más o menos grande – algo probable gracias a la última reforma educativa -, la media tendría que parecerse bastante a π, ¿no? La experiencia serviría también para introducir el concepto de error en las medidas por lo que se matarían dos pájaros de un tiro, matemáticamente hablando.

En realidad, confieso que si he recordado esta historia de π es porque quería poner el siguiente vídeo, donde se mide el área de un círculo usando únicamente una cadena y una regla. Me ha parecido una demostración muy elegante y sencilla. Ahora la constructivista que vive dentro de mí quiere sacrificar el tapón de la bañera en pro del avance de la ciencia.

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