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Apuntes sobre internet

Internet es vista como la biblioteca universal, como la gran panacea para la educación. Considerada por muchos como una tecnología mítica, en ocasiones se olvidan algunos hechos básicos en relación a internet. Por ejemplo:

Internet no tiene realidad etérea: tiene una infraestructura física con ordenadores, cables, fibra óptica, routers

La “nube” no es otra cosa que un montón de servidores que están en algún sitio, de modo que si guardamos datos en ellos los tendrá alguien, normalmente una  empresa, que  estará sujeta a leyes que los protejan, pero no necesariamente.

Una vez que cualquier información se haya difundido en internet es prácticamente imposible borrarla de todos los servicios online. Algunos dicen que perdemos nuestro “derecho al olvido”.

Un mundo interconectado no es necesariamente un mundo más libre o más justo.

Internet no elimina los intermediarios sino que estos pasan a ser de otra naturaleza (por ejemplo wordpress y telefónica hace de intermediario entre este blog y ustedes).  Según  Evgeny Morozov, la digitalización hará que aumente, no que disminuya, el número de mediadores en nuestra vida pública.

Los servicios de internet no son neutrales y además, independientemente de lo excelentes y eficientes que puedan ser los libros electrónicos, las redes sociales o los buscadores como suministradores de información, es un error pensar en ellos como simples herramientas con cometidos estables y coherentes (ni menos con efectos claros y fácilmente predecibles), nos recuerda de nuevo Evgeny Morozov.

El mismo potencial que convierte internet en una tecnología inherentemente democratizadora podría ser utilizado ilégitimamente para controlar la vida de los ciudadanos y monitorizar su actividad diaria.

Los contenidos de internet los crea alguien.

Lo que se publica en internet generalmente no pasa por ningún control de calidad. Por lo tanto, no todo es igual de fiable.

Los niños, en general, no son en absoluto críticos con lo que encuentran en la red. Se podría decir que se creen, literalmente, todo lo que leen en internet, como demuestra este estudio (leído en internet). Sin embargo, se les anima a que busquen información online sin haberles enseñado primero a evaluar la fiabilidad de lo que encuentran allí.

Centro de datos de Google en Council Bluffs, Iowa (imagen extraída de la galería del propio Google en www.google.co.uk/about/datacenters/gallery)

Centro de datos de Google en Council Bluffs, Iowa (imagen extraída de la galería del propio Google en http://www.google.co.uk/about/datacenters/gallery)

Saber distinguir el trigo de la paja en internet, es imprescindible para que la información recibida pueda transformarse en conocimiento. Con este objetivo, he creado una lista de verificación para la evaluación sistemática de páginas web. Se puede encontrar en mi otro blog.

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Es la educación que quieren

A veces cometo el error de conectarme a los blogs de algunos de los profesores que tuve en Magisterio. Hoy me he encontrado con este vídeo:

Esta es la educación que por lo visto quiere Fundación Telefónica: una educación subordinada al mercado en general y a Telefónica en particular.

A propósito del vídeo me hago las siguientes preguntas dos punto cero:

¿Por qué los abanderados de la educación 2.0 prefieren acudir a encuentros internacionales en lugar de comunicarse a través de la red? ¿Por qué los que más apología hacen de la red 2.0 jamás contestan a los comentario en sus blogs? ¿Qué es exactamente la escuela 2.0? ¿Por qué Telefónica en lugar de rebajar sus tarifas – que son las más altas de Europa – se dedica a patrocinar vídeos de propaganda?

A mi la red me parece una maravilla y reconozco que las (ya no tan) nuevas tecnologías ofrecen herramientas valiosísimas para la enseñanza. Pero no hay necesidad de dedicar una canción al concepto… a menos que se quiera vender algo, claro.

Post post: Hay que reconocer que la canción es pegadiza.

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La biblioteca universal

En Borges verbal, Jorge Luis Borges narra la siguiente anécdota:

Nuestra Biblioteca Nacional [de la Argentina] tiene 900.000 volúmenes. La biblioteca de Lussok, una pequeña ciudad de Texas al borde del desierto, tiene dos millones. Encontré allí libros de literatura anglosajona que no había hallado en ninguna parte. Me los regalaron. Luego me dijeron que había una sección argentina y que pidiera algunos libros. Entonces yo pedí algunos títulos fáciles (“El Facundo”, “Don Segundo Sombra”). Y me dijeron: «No, pida algo más difícil». Bueno, dije, voy a hacer la prueba. A ver, “El imperio Jesuítico”, de Lugones, del que no tenemos ejemplar en la Biblioteca Nacional. Entonces viene la bibliotecaria, una muchacha alta, rubia, texana, y dice: «Quiere la primera o la segunda edición». Tenían las dos. Quiere decir que una persona sin salir de su pueblo (que es digamos como Los Toldos) [en la provincia argentina de La Pampa] puede estudiar cualquier cosa. Tiene todas las posibilidades. Pero, en medio de todo eso, hay un sistema educativo absurdo que lo desperdicia.

¿Qué hubiera dicho de haber conocido Internet? Probablemente algo parecido.

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Esperando al Sputnik

En 1957 la Unión Soviética puso en órbita el Sputnik 1, el primer satélite artificial de la historia y primero de una serie de cuatro lanzados con éxito por los soviéticos. El segundo Sputnik, lanzado el mismo año, fue la primera nave espacial que transportó un ser vivo: la perra Laika.

Spitnik 2

Dibujo del Sputnik 2 con la perra Laika, obra de Magnus Lupus (image extraída de devianart.com).

El hito no sólo marcó el inicio de la era espacial sino que puso en evidencia la supremacía de la tecnología soviética de aquel momento. Los estadounidenses, en un ejemplar ejercicio de autocrítica, explicaron el éxito soviético como fruto de un sistema educativo mucho más eficiente en las enseñanzas científicas y técnicas, asumiendo sus propias carencias en estas cuestiones. En plena guerra fría, ver que la URSS había tomado la delantera en la carrera espacial alarmó a los políticos y a la opinión pública de tal modo que se puso en marcha una ambiciosa reforma  encaminada a mejorar la enseñanza de las ciencias. Como parte de la reforma se creó una agencia de promoción científica, la National Science Foundation (NSF) que, entre otras  cosas,  financiaba proyectos sobre didáctica de las ciencias con el objetivo final de formar más y mejores investigadores. Para facilitar la enseñanza de las ciencias experimentales se dotó masivamente a los centros de laboratorios escolares, poniendo el énfasis en la experimentación como medio para asentar los conceptos considerados básicos y no tanto en la adquisición de información. En cuanto a las matemáticas, se llevaron a las escuelas contenidos con un alto nivel de formalización, en lo que se llamó la matemática moderna.

Es difícil decir si la reforma post-Sputnik elevó el nivel de conocimientos en materia de ciencia del americano medio, pero lo que está claro es que desde entonces Estados Unidos es la mayor potencia mundial en cuanto a ciencia se refiere. En una sociedad tecnológica como la nuestra, la máxima de que el conocimiento nos hace libres cobra más sentido en lo que se refiere al  conocimiento científico: o comprendemos la naturaleza de nuestro entorno y los fundamentos de las herramientas que utilizamos, o estamos a expensas de otros.  Pero además, la formación científica puede verse como una inversión, no ya humana, sino económica.

Con más de cinco millones de desempleados, no invento nada al decir que España necesita un cambio de modelo productivo. Unos y otros hablan de un  nuevo modelo basado en el conocimiento, pero ninguno ha abordado realmente en serio el problema de la educación científica y técnica en nuestro país. Los planes de escuela 2.0, a mi juicio, simplemente forman en el uso de determinadas herramientas, no en la comprensión real de la tecnología. Y lo mismo se puede decir de muchos de los nuevos contenidos introducidos en las sucesivas  reformas de la educación secundaria. Pero si con programas como el ADO, España fue capaz de, en veinte años, pasar de la nada a convertirse en una potencia deportiva europea, no veo razón para que no pueda llegar a ser también una potencia científica y tecnológica. Quizás nos haga falta un Sputnik sociológico para reaccionar.

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La cultura del “copia-pega”

Leo en la red que la nueva tendencia (primavera-verano) para los docentes 2.0 es la de actuar como disc-jockeys de discoteca. La metáfora del DJ, la llaman. El párrafo que sigue lo he copiado de aquí:

(…) Al igual que los DJ que crean su “propia música” a partir de trozos o piezas de otros discos existentes (a partir de su  base de datos musicales o discoteca) creando una experiencia única para su audiencia en una sala de baile, el profesor debiera actuar (metafóricamente hablando) de modo similar seleccionando y mezclando piezas o unidades culturales que están distribuidas por Internet, pero que al mezclarlas en un mismo entorno digital generan una experiencia de aprendizaje específica para su grupo de alumnos. Es la cultura del remix aplicada a la educación donde el docente aparece como maestro de ceremonias o druida que mezcla adecuadamente los ingredientes culturales que habrán de ser experimentados por su alumnado.

Si de lo que se trata es de que el profesor busque contenidos y recursos de distintas fuentes para formarse si fuera preciso y elaborar materiales adaptados a los alumnos y al trabajo concreto que va a realizar, no tengo nada que objetar. De hecho, es lo deseable e imagino que es lo que los buenos profesores vienen haciendo desde mucho antes de que inventara la cosa del dos-punto-cero. La metáfora del DJ, sin embargo, no presupone necesariamente la elaboración de un discurso coherente sino que habla de mezclar piezas o ‘unidades culturales’ (sic). La diferencia no es trivial: el remix no tiene en cuenta las nociones de jerarquía y categorización. Y resulta que el conocimiento no es un puzle que se forma pegando trocitos de información deslavazada: para aprender hay que pensar y para pensar hay que ser capaz de ordenar las ideas de forma coherente. ¿De qué manera puede entonces un DJ ayudar al aprendizaje si no tiene en cuenta la propia idea de orden?

Me resulta paradójico que se hable de constructivismo y de “aprender a aprender” al mismo tiempo que se le da un valor desmesurado a la información, sobre todo si viene de Internet y se presenta en forma de fragmentos dispersos, estén o no previamente sampleados por el profesor-diyei.  Aunque en general creo que doy más importancia a los contenidos de lo que lo hace la pedagogía en boga, pienso también que uno de los objetivos más importantes de la escuela es el de ayudar a formar y ordenar ciertas estructuras mentales necesarias para pensar y asentar los aprendizajes, es decir, para entender el mundo buscando niveles profundos de significado. Y este es un objetivo que dificilmente se puede conseguir hilvanando retales de información. Por algo los griegos consideraban que la retórica, como disciplina que trata de expresar las ideas de forma coherente y ordenada, era un arte. No todas las ideas pueden ser condensadas en piezas. No necesariamente se puede tratar cualquier tema copiando y pegando fragmentos en  un “entorno digital de aprendizaje”.

Además, me parece estupendo que un profesor tenga soltura en el manejo de las TIC pero limitarse al contenido que está en la red no es sino otra forma de empobrecimiento. Normalmente los que escriben libros sobre un tema dado profundizan más y son más rigurosos que los que lo hacemos en blogs (aunque hay bitácoras muchísimo más serias que trabajos pretendidamente académicos). Buscar en google es muy cómodo pero si despreciamos los libros de toda la vida  corremos el riesgo de que ocurran estas cosas. Y por último, en todo esto del profesor DJ hay una cuestión ética que quizás se nos escapa: copiar y pegar contenidos de la red no deja de ser una forma de plagio, por mucho que lo asimilemos a un  “maestro de ceremonias” que hace un “remix“. A veces nos olvidamos de que los contenidos de Internet los crea alguien – a menos que se hayan copiado y pegando previamente en un ciclo sin fin, claro –  y lo sano es reconocer, si no la autoría, sí al menos las fuentes. Cuando lo se quiere es educar en la llamada cultura digital, más que saludable es totalmente imprescindible.

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Especial día del libro

Al circuito de la imaginación se le enseña a reaccionar ante la más pequeña de las señales. Un libro es una ordenación de menos de treinta símbolos fonéticos, diez números y unos ocho símbolos de puntuación, y la gente puede presenciar la erupción del Vesubio o la batalla de Waterloo con sólo pasar los ojos por encima. Sin embargo, los maestros y los padres ya no tienen necesidad de construir estos circuitos. Ahora hay espectáculos producidos profesionalmente con grandes actores, escenarios muy convincentes, sonidos y música. Ahora tenemos autopistas de la información. Necesitamos esos circuitos tanto como saber montar a caballo. Aquellos a los que nos construyeron circuitos de la imaginación podemos mirar a la cara de alguien y ver historias; para los demás, una cara es sólo una cara.

Kurt Vonnegut en “Un hombre sin patria

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Burbujas

En esta entrada iba a hablar de jazz pero me temo que voy a acabar yéndome por las ramas. Pensaba en alguna actividad para mostrar esta música a los niños, desde mi perspectiva, que es la de una persona a la que le encanta la música pero de nulo talento y escasa formación musical. Reflexionando sobre este tema, me he acordado de la primera vez que escuché jazz conscientemente. Fue en la radio. Mi hermana, bastante mayor que yo, andaba siempre con un transistor a cuestas y recuerdo que elaboraba – a mano – una lista con las canciones de cierta radiofórmula. También escuchaba cadenas no comerciales como una a donde fue a leer un poema con el que ganó un premio en el instituto. En una de estas emisoras escuché por primera vez a Sonny Rollins y me maravilló.  Memoricé su nombre pero no volví a saber nada de él hasta años después. Era la época anterior a Internet. Cosas de la vida, hace algo más de un año, Sonny tocó en Barcelona y pude asistir al concierto (la foto es de su actuación – ya sé que no está bien sacar la cámara en un concierto… lo siento, Sonny). Cuento esto, no por el interés de la batallita (que reconozco no es mucho) sino porque me ha llevado a hacerme la siguiente pregunta: ¿enriquece Internet nuestro universo cultural? La respuesta para mí es que no necesariamente.

Sonny Rollins (foto propia)

Internet es una maravilla, sobre todo para los que vivimos en regiones alejadas de los grandes centros culturales. Gracias a la red  podemos escuchar infinidad de música, encargar libros (o bajar e-books, pero a mí los libros me siguen gustando en papel) y ver películas y series de televisión, esto último, además, en  versión original, algo que, al menos en las ciudades pequeñas, es casi imposible por otros medios. Por no hablar del acceso instantáneo a información de todo tipo. De haber existido Internet cuando yo era pequeña, a los pocos minutos de haber escuchado a Sonny Rollins en la radio ya hubiera sabido la vida de este músico, los discos que grabó y podría haber escuchado un montón de temas suyos, por ejemplo en  Spotify (todo legal)… lo que no sé es si hubiera llegado a conocerlo. Quiero decir, que Internet es genial para buscar y profundizar sobre temas que ya conoces pero para conocer algo nuevo, creo, seguimos dependiendo del azar o de que alguien nos lo enseñe. Está bien buscar y escuchar la música que nos gusta pero hay un montón de música que no sabemos si nos gusta simplemente porque no la conocemos. Por eso, yo sigo escuchando la radio y navegando de blog en blog de vez en cuando: siempre hay perlas esperando a ser descubiertas. Pero el caso es que las aplicaciones de Internet cada vez son más inteligentes (bueno, los programadores son cada vez más hábiles) hasta el punto de que los motores de búsqueda guardan nuestras preferencias para ofrecernos solo lo que supuestamente nos interesa. Al final, corremos el riesgo de quedar atrapados en nuestra propia burbuja de intereses. Hay quien ve en esto una nueva forma de censura.

Pienso ahora en las escuelas donde los niños tienen acceso a Internet y por tanto, en teoría, acceso ilimitado a contenidos culturales de todo tipo. Hay más facilidades ahora que en ninguna época de nuestra historia sin excepción y, sin embargo, el mundo de los chicos es en general muy pobre, quizás más pobre que en épocas anteriores (y mira que no me creo eso de que toda época pasada fue mejor). Con la red, los chicos se sumergen en lo que ya conocen y aprecian, lo que suele coincidir, cuando no hay estímulos ni referentes culturales, con los  productos difundidos por los medios de masas y la publicidad para entretener a los niños y adolescentes. Al menor descuido, acaban viviendo dentro de una burbuja que, eso sí, gracias a Internet, pueden amueblar cómodamente y siempre a su gusto. Desde luego  tampoco ayuda la actual corriente pedagógica que dice que los temas tratados en la escuela tienen que ser cercanos a los intereses de los niños. Y es que no dudo que ciertos conceptos se transmitan mejor partiendo de ejemplos y situaciones próximas a su realidad pero, por otro lado, me parece que la escuela tiene la obligación de ofrecerles estímulos diferentes con los que enriquecer sus vidas. Después cada uno acaba formando su criterio, obviamente, y nadie es mejor porque le guste la ópera y no el fútbol  del mismo modo que se pueden adorar los productos Disney y ser una bella e interesantísima persona. Ahora bien, a todos los niños se les debe ofrecer la oportunidad  de ser snobs llegado el caso.  🙂

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