Haber estudiado

Última hora de la tarde de un día caluroso. Barbacoa en casa con jardín. Un chiquillo corretea descalzo por el césped, con el pelo pajizo y el típico moreno de piscina privada y clases de tenis. Míralo, dice el padre, parece un niño de Las Tres Mil Viviendas. Las Tres Mil Viviendas, jiji-jaja. Al hombre la imagen le parece tan alejada de su realidad como – y probablemente a causa de eso– terriblemente hilarante. La misma conexión mental podría haberlo llevado a decir «míralo, parece un chimpancé», porque no ha pensado exactamente en un niño, no al menos en uno como el suyo. Ha pensado en el pequeño salvaje de una reserva de gente que-no-son-como-nosotros, en una criaturilla entrañable (¡quiérala antes de que crezca!) a la que revolver el pelo en el muy improbable caso de que sus vidas lleguen a cruzarse. Ellos no son como nosotros. Y nosotros somos mejores, naturalmente. Ellos quieren ser así.

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Edificios de las Tres Mil Viviendas, barriada sevillana prototipo de polígono de extrarradio, que algunos encuentran graciosa.

La gente cultivada tiene contradicciones interesantes. Un chascarrillo machista u homófobo puede suponer la ruina social en según qué ambientes (una habilidad social básica es saber dónde hay que disimular) y, sin embargo, el clasismo no solo es tolerado sino que suele ser celebrado como se celebran los gestos de reafirmación identitaria. O los goles, que viene a ser lo mismo. Esta actitud, que no es otra cosa que conciencia de clase alta, ha pasado a estar bien vista por un mecanismo sencillo pero a la vez tremendamente poderoso: lo que antes se asumía como privilegio, ahora es visto como mérito. «La gente es pobre porque es vaga, a mí nadie me ha regalado nada, yo me he ganado lo mío». ¿Significa eso que el padre de la barbacoa cree realmente que el hipotético niño de las Tres Mil Viviendas tiene las mismas oportunidades que el suyo? Es evidente que no, porque, si lo creyera, dejaría actuar a la naturaleza y no se molestaría en buscarle colegios privados o cursos de idiomas en el extranjero. ¿Acepta entonces que hay quien tiene muchas más dificultades para aspirar a buenos trabajos pero merece vivir tan dignamente como cualquiera? Pues tampoco, porque para que la economía funcione –dicen los economistas serios– los sueldos deben estar ligados a la productividad y todos sabemos que un director general de-lo-que-sea es más productivo que una cajera de supermercado. Una vez aceptado el engaño de que lo que impide prosperar a los vecinos de los polígonos y otros entornos marginales son sus propios defectos individuales, es relativamente sencillo pasar a ridiculizar sus hábitos (previamente uniformizados y parodiados): si te gusta el reaggeton te mereces limpiar casas ajenas por seiscientos euros al mes; si ves el Gran Hermano, a menos que lo comentes con un grupo de universitarios con calculada ironía y fingida indiferencia, tienes que servir mesas hasta que se haya ido el último cliente cobrando media jornada. Si no, ¿para qué estudié?, se pregunta el recién licenciado. Eso mismo digo yo, ¿para qué crees que estudiaste?

Sobre los supuestos errores que impiden a los pobres salir de la pobreza, Édouard Louis escribió: [mi madre] no se percataba de que lo que ella llamaba sus errores, encajaba en un conjunto de mecanismos completamente lógicos, casi dispuestos de antemano, implacables. No se daba cuenta de que su familia, sus padres, sus hermanos y hermanas, e incluso sus hijos, y casi todos los vecinos del pueblo, habían tenido los mismos problemas, que lo que ella llamaba errores no eran, en realidad, sino la más acabada expresión del desarrollo normal de las cosas. Para que el relato funcione es preciso negar la existencia de estos mecanismos también desde dentro, como le ocurría a la madre de Édouard. Surge así el mito del ascensor social. «Si uno del barrio pudo, yo también puedo». Un solo ejemplo inspirador – y eso el poder lo sabe bien–, es más efectivo para contener a las masas que mil antidisturbios: ante la falta de oportunidades, los problemas sociales se asumen como individuales, y aquí paz y después gloria. Y desde luego que es justo (y necesario) que existan oportunidades para llegar hasta donde la capacidad y las ganas permitan, porque todos tenemos derecho a aspirar a la felicidad y porque la sociedad en su conjunto se beneficia de ese talento. Sin embargo, nada justifica que los que, por las razones que sean, permanezcan en los pisos bajos de la pirámide social, se vean privados de sus derechos sociales más básicos.

Mientras vemos que los derechos desaparecen, las clases medias huyen hacia delante. En frenética carrera, tratan de mantenerse en los pisos de la pirámide donde siempre han estado y que perciben como propios. Niños de cinco años estudiando chino. Jóvenes encadenando un máster con otro y aceptando prácticas no remuneradas, con la esperanza de conseguir alguno de los cada vez más escasos empleos decentes. Sálvese quien pueda. Han escogido una solución individual, no colectiva. Conciben la educación, no como medio de enriquecimiento humano, sino para justificar las desigualdades. Desigualdades que se sostienen en una suerte de autoengaño que no hubiera sido posible sin cierta dosis de egoísmo y de soberbia. A todos nos gusta creer que nos hemos ganado lo que tenemos con nuestro esfuerzo, aunque no sea del todo cierto. Mientras tanto, en alguna junta de administración o consejo de ministros, alguien decidirá que debemos prescindir de algún otro derecho, al que llamará privilegio.

Haber estudiado.

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34 Respuestas a “Haber estudiado

  1. “Mientras tanto, en alguna junta de administración o consejo de ministros, alguien decidirá que debemos prescindir de algún otro derecho, al que llamará privilegio”…

    … Y el privado de ese derecho le votará luego en las urnas (o no se acercará a votar, para no perderse ‘Mujeres, hombres y viceversa’).

  2. ¿Y no será porque creen que su voto no sirve para nada porque sienten que nadie va a hacer nada por ellos? ¿No será que pocos de los que piden hoy el voto han pisado alguna vez uno de esos barrios? ¿No será porque escuchan a los representantes de casi todos los partidos referirse única y exclusivamente a la clase media?

    Y basta ya de tópicos y de mentar el programita ese. En mi barrio los chicos pasaban más tiempo sentados en la plaza que viendo la tele. De todas maneras, ¿qué más da que la gente tenga entretenimientos zafios? ¿Qué pasa, que solo están capacitados moralmente para reclamar sus derechos los espectadores habituales del programa de Dragó?

  3. Occidente está alienado. La clase media está alienada. Lo que no se puede es hacer recaer la responsabilidad de todo sobre los hombros más débiles.

  4. Hacía tiempo que no sabía de ti, te vuelvo a “ver” y veo que estás lúcida y te luces. fenomenal artículo. He sentido en todo el texto un reflejo de mi pensamiento pero escrito y bien expresado.
    Paso a compartirlo y mi facebook

  5. Muchas gracias, Artur.

  6. Feliz vuelta Cristina. Curiosamente la última entrada en mi blog toca algo de aquello sobre lo que va esta tuya. El planteamiento es diferente pero creo que merece la pena.

    Lo dicho, bienvenida de nuevo.

  7. Muchas gracias, Emilio. He leído tu entrada y la verdad es que estoy en total desacuerdo con tu tesis, pero bueno, te agradezco tus palabras y que te sigas pasando por aquí.

  8. Cristina, los mayores enemigos de la buena gente del polígono que quiere prosperar y tener una vida decente no son los Ratos o los Botines sino sus vecinos más macarras.

  9. La verdad, Nicolás, me sorprende que pienses así. ¿Has visto el nuevo post? Resulta que los chicos de pocos medios repiten tres veces más que los más pudientes, a igualdad de ccompetencias medidas por PISA. Tres veces más. ¿Crees que eso es culpa de los macarras que les quitan los libros? Otra cosa, si según tú hay más macarras en esos barrios, ¿a qué se debe? O supones una especie de falla genética o reconoces que el entorno influye negativamente. Otra cosa, no voy a idealizar a la clase baja, pero una cosa te digo: los elementos que salen en esos programas que nombras no son representativos, los eligen por el espectáculo e indirectamente refuerzan las tesis neoliberales de que lo único que existe es el talento individual. ¿De verdad crees que eliminando a esos supuestos macarras se van a acabar todas las trabas que impiden progresar a los muchachos de extrarradio? Me parecería muy sorprendente.

    • El comentario de antes es mío (Cristina). He entrado desde otra cuenta por error.

      • Buena parte de la culpa de ese fracaso escolar es una subcultura que no valora la educación, lo que genera un círculo vicioso: los chicos no estudian, fracasan en la escuela, no le dan luego importancia a la educación de sus hijos, que a su vez no estudian, fracasan en la escuela… La palabra clave para desatar el nudo es EDUCACIÓN. Pero hay otro elemento fundamental sin el cual lo anterior no puede cundir: ORDEN. A los entornos más marginales no suele llegar el Estado de Derecho (la Policía apenas entra), lo que significa que impera la ley del más fuerte (que suele ser la ley del más desalmado). Siempre que falte el poder coercitivo del Estado estará el camino abierto para psicópatas y tipejos sin escrúpulos, pero esto es igual de aplicable en las Tres Mil Viviendas y en Ciudad Juárez que en el barrio madrileño de Salamanca o en Wall Street. Estamos perdidos cuando no hay un poder estatal (el Leviatán hobbesiano, pero legitimado democráticamente) que detente eficazmente el monopolio de la violencia en un territorio e imponga la ley.

        Quien condujo a la niña discapacitada de un instituto de Madrid al suicidio no fue Rato ni Blesa ni Esperanza Aguirre ni el neoliberalismo: fue un simple macarra que imponía la ley del más fuerte. Es difícil que los chicos estudien y prosperen cuando a su alrededor hay una subcultura que desprecia la educación y algunos tipos/as de su entorno que les hacen la vida imposible: ten por cierto que esos macarras no son un problema para el barrio de Salamanca… Esto no quiere decir que no haya abusadores o potenciales matones en los colegios del barrio de Salamanca: solo que allí están mucho más vigilados y constreñidos por el Leviatán democrático. Volveré a insistir, por si acaso no me he explicado bien: yo no digo que haya más mala gente en un entorno marginal que en un barrio ‘bien’, sino que la incompleta presencia del Estado de Derecho en el entorno marginal da más oportunidades a los tipejos sin escrúpulos (que los hay en todos los ámbitos sociales) para campar a sus anchas. Lo que, a su vez, se convierte en una pesada losa para la buena gente de esas zonas que quiere estudiar, prosperar y tener una vida decente. Recordemos que las principales víctimas de la violencia en los barrios marginales son los propios habitantes de éstos (adjunto un interesante post sobre la situación en San Pedro Sula, Honduras):

        http://blog.rtve.es/pueblo-de-dios/2013/04/a-mi-hijo-le-metieron-27-balazos.html

        En el fondo de muchos análisis convencionales subyace la sandez de creer que todos los pobres son ‘buenos’ y todos los ricos son ‘malos’, que todos los pobres son solo víctimas. Cuando la verdad es que entre los “pobres” (entrecomillo, porque no es pobre un narco que vive en una chabola con mármol de Carrara) hay verdugos, que se cobran sobre todo como víctimas a los de su entorno.

  10. Vale, pues vamos a encerrarlos tras unos muros y se acabó.


    No es “subcultura”, es pobreza. Es sencillo. No todos tienen las mismas oportunidades, yo creo que eso es evidente por mucho que te empeñes en pintar los barrios de extrarradio como Mordor. Desde luego que a los Botín no van directamente a las Tres Mil Viviendas, pero ciertas políticas agravan las desigualdades. Por ejemplo, obligando a la gente a trabajar doce o catorce horas para llevar el salario mínimo a casa. Tú mismo escribiste que estabas decepcionado con la educación que estaba recibiendo tu hijo. Pues bien, tú, que eres un tipo culto y creo que con tus necesidades cubiertas, podrás compensar lo que no aprende en la escuela, podrás comprarle libros, llevarlo a conciertos, pagarle viajes de estudio al extranjero, campamentos, podrás recomendarlo a algún colega para unas prácticas, podrás llevarle información sobre un programa de becas y podrás ayudarlo a rellenar la solicitud, podrás llevarlo a museos ¿sigo? La mayoría de los niños de esos barrios de extrarradio que tú demonizas no tienen ni tendrán esas oportunidades. Algunos no cenarán por la noche, muchos no tendrán un rincón tranquilo en casa para hacer las tareas ni a nadie que los ayude, nadie les hablará de la importancia de los estudios, no los llevarán a ningún sitio más allá del centro comercial del barrio. Y los profesores pasarán del tema, porque el sistema educativo tal y como está concebido no compensa las desigualdades sino que las amplia (y hay datos objetivos para afirmar esto, mira la gráfica de arriba). O sea, que decir que no consiguen la cualificación necesaria para tener un buen trabajo porque no se esfuerzan lo suficiente, o porque están inmersos en no sé qué subcultura que los impele a hacer el macarra, es falso y es cruel. Todos igual de buenos o igual de malos, pero unos con más oportunidades que otros.

    • No pongas en mi boca cosas que yo no he dicho como que “no consiguen la cualificación necesaria para tener un buen trabajo porque no se esfuerzan lo suficiente, o porque están inmersos en no sé qué subcultura que los impele a hacer el macarra”: ¡YO NO HE DICHO NADA DE ESO! (a mi comentario anterior me remito) Solo he apuntado que “es difícil que los chicos estudien y prosperen cuando a su alrededor hay una subcultura que desprecia la educación y ALGUNOS tipos/as de su entorno (los macarras de turno) que les hacen la vida imposible”. Yo solo ‘demonizo’ a quienes, por ejemplo, exigen dinero a una discapacitada para evitar ser apalizada: en suma, a quienes implantan su ley (la del más fuerte o el más desalmado) en ausencia de la Ley.

  11. Y, francamente, el que consideres que el problema es básicamente policial y no social me hace pensar que quizás hayas visto muchas películas. Yo crecí en un polígono de extrarradio y si no entraba la policía era porque no tenían gran cosa que hacer allí (aunque en los ochenta existía el problema de la heroína que todos conocemos, pero ese es otro tema). Entre las dificultades que afrontan los niños de clase baja, que he enumerado más arriba, no hay ninguna que tenga que ver directamente con delincuencia.

  12. Vuelves a atribuirme otra cosa que no digo: lo que yo sostengo es que el problema es básicamente CULTURAL, no policial. Mientras la gente no sea consciente de que la única vía para prosperar es la EDUCACIÓN no habrá manera de desatar el nudo. Pero, claro, para enseñar y aprender en las aulas tiene que haber seguridad: dentro y fuera del colegio.

  13. No termino de entender que llames subcultura a las condiciones de vida de los entornos más desfavorecidos, ¿o no te refieres a eso? ¿La clase media también forma una “subcultura” o eso queda para los marginales?
    Tampoco creo que el factor seguridad sea importante aquí. Insisto, aun habiendo seguridad (de hecho hay muchos barrios que son muy seguros) habría desigualdades, porque las razones que las provocan seguirían estando ahí.

  14. Y creo que estás andando en círculos: las causas de los problemas educativos son educativas, parece que dices. Esto no ayuda. O yendo más allá, si según tú, las causas de los problemas económicos son solo educativas, ¿cuáles son entonces las causas de esos problemas educativos?

  15. Estoy pensando que el hecho de que me hayas remitido a un artículo sobre San Pedro Sula (¡el lugar con más muertes violentas del mundo!) ilustra bien hasta que punto han calado las campañas de criminalización de nuestros barrios. Esta es una de las cosas que yo denuncio: la ridiculización y criminalización de la clase baja. Que tú mismo estés pensando en el lugar más peligroso de Honduras, y probablemente del mundo, me deja claro que no se trata de una paranoia mía.

    Por aclarar: los tiros no son habituales en los polígonos y debe de haber más bandas organizadas en la calle Génova que en la mayoría de nuestros barrios del extrarradio.

  16. Me pregunto quién aprecia menos la educación, si los encargados de proporcionarla, que cobran por ello pero no lo hacen, o los que no tienen un modelo a mano que les sirva de ejemplo y no están en condiciones de motivarse solos.
    España, por cierto, es un país con una tasa de delincuencia violenta baja y una tasa de policía por habitante muy alta. No hay un barrio en España donde la policía no pueda imponer el orden y la seguridad en la calle con muy poco esfuerzo. Solo tienen que querer, y a lo mejor es que no tienen muchas ganas de prestar el servicio público allí, como los que no ordenan bachear sus calles o ajardinar sus descampados.
    Lo mismo que pasa con los profesores de los centros respecto al bullying: el bullying no es un asunto de clases bajas, es algo que puede pasar en todas partes y pasará más cuando los que deben vigilar y evitarlo no se molestan y miran para otro lado.

  17. Estoy totalmente de acuerdo con el comentario de Aloe.

  18. Debiera ser fácil ponerse de acuerdo en algunas cosas a la luz de los datos. En esta entrada de Politikon encontraréis un gráfico sobre el tema:

    http://politikon.es/2015/03/24/politikon-grafico-la-dualidad-en-el-sistema-educativo-espanol/

    Pero no lo es tanto por lo que observo en diferentes sitios, también aquí. España es un país fracturado socialmente, pero también en el plano educativo: en el tramo de edad entre 25 y 34 años conviven un 39% de universitarios y un 35% de gente sin la ESO. Esta es la mejor diagnosis de nuestro sistema educativo, un sistema que según sus defensores se caracterizó por su formación en valores y su equidad. Y los datos no debieran admitir duda, pero al parecer es mejor echar la culpa al viento o a un señor rico que pasaba por allí.

    O como hace Aloe, la culpa, también del bullying, es de los profesores, y sanseacabó. Ni un sistema educativo que no funciona, ni las familias, ni el entorno, ni una estúpida permisividad impuesta socialmente por quienes luego nunca estarán para responsabilizarse, nada de eso habrá de tenerse en cuenta. Pero el camino por el que vamos es el de aquella escuela americana en la que, como si de un portero de discoteca se tratase, hay un policía en la puerta para vigilar que los alumnos no entren armados.

  19. “(…) al parecer es mejor echar la culpa al viento o a un señor rico que pasaba por allí.”

    La pobreza es “un señor rico que pasaba por allí”. Ajá.

    Pues mira, Emilio, si esta en la idea que extraes del texto, desde luego que no va a ser fácil ponerse de acuerdo, a la luz de los datos, o sin ella.

    Y veo que el artículo que enlazas de politikon (muy interesante, por cierto) tampoco parece haberte iluminado mucho porque no entiendo a qué conclusión has llegado, si es que has llegado a alguna.

    “(…) ni una estúpida permisividad impuesta socialmente por quienes luego nunca estarán para responsabilizarse”.

    ¿Qué permisividad? ¿La que hace que un tercio de los estudiantes hayan repetido al menos un curso a los 15 años? ¿La permisividad que se tiene con los alumnos más desfavorecidos que los lleva a repetir tres veces más que a los más pudientes a igualdad de capacidades (demostradas)? Pues vaya permisividad esa.

  20. Mira, Emilio, en tu artículo también hablan del señor rico que pasaba por allí:

    “(…) primero, una falta de mecanismos de apoyo temprano a los alumnos más rezagados, lo cual unido a la inexplicable prevalencia de la repetición provoca un abandono muy alto al finalizar la ESO (sobre todo entre los alumnos de bajos ingresos)”.

  21. Como bien sabes Cristina no es la primera vez que hablo de educación en este blog. Mi conclusión también es clara: llevamos padeciendo un sistema educativo que no es que conduzca a la desigualdad sino que a lo que más se acerca es a la fractura social: más de un tercio (39%) con estudios superiores y también más de un tercio (35%) sin el título mínimo legal. Por medio un exiguo 26% con estudios de grado medio. Un sistema que las autoridades han venido caracterizando nada menos que de equitativo y centrado en valores. La contradicción salta a la vista.

    Una distribución tan perversa del capital educativo es la que luego está en la base de la desigualdad social tanto en el mercado laboral, como en el uso de las nuevas tecnologías y en general en la vida de los ciudadanos. Todos hemos leído informes sobre la cantidad de ellos que no son capaces de interpretar una factura o que se pierden con las ofertas del hipermercado, ya no digamos suscriben un préstamo en el que no saben a cuánto asciende el interés. Si de verdad se quiere poner arreglo a esa situación lo primero es reconocer la contundencia de esos datos y el fracaso del modelo.

    Y desde luego no vale con echarle la culpa a los profesores como hace Aloe y tu ratificas, porque aún en el supuesto de así fuese, siempre la habría de grado superior en quien los nombra y los mantiene en el puesto. Y a partir de ese reconocimiento ver donde está el fallo y cómo corregirlo. En cuanto a la permisividad algo habrán cambiado las pautas educativas en la familia y la sociedad -también hay estudios sobre eso- cuando mantener el orden en las aulas se ha convertido en tarea imposible y frente a la que la mayoría de los profesores se siente completamente desarmados. ¡Ojo! incluso muchos padres. Y eso no ha llovido del cielo.

  22. Que no, Emilio, que a quien se culpa es a los encargados de proporcionar la educación, en general, lo cual tiene mucho más sentido que culpar a los beneficiarios de esa educación, como daban a entender los comentarios de Nicolás. Decir que los problemas sociales son educativos, cuando lo que se discute son precisamente esas carencias educativas, no nos lleva a ningún sitio.

    Un sistema que para funcionar mínimamente precise de familias que no solo sean un modelo positivo, sino que participen activamente en el proceso, es un mal sistema. Y esto es lo que hemos tenido hasta ahora. Los perjudicados, obviamente, han sido (y son) los que carecen de ese modelo y de ese apoyo. Partiendo de aquí, las “soluciones” que pasan por eliminar los elementos que no tienen el entorno adecuado, ya sea desde la condescendencia (como intuyo hace Nicolás -perdóname si no es así) o desde la llamada excelencia, no son soluciones para mí. En primer lugar porque son injustas y en segundo porque no nos podemos permitir el lujo de despreciar talento.

    ¿Es complicado? Desde luego que sí. Ahora, hace tiempo que me caí del guindo y tengo claro que el primer paso es eliminar el clasismo interiorizado de muchos responsables educativos, empezando por los profesores y terminando por los que hacen las leyes.

    Te pido que dejemos el tema del acoso escolar porque es también muy complejo y bastante tenemos con un solo debate.

  23. Ejemplos de clasismo interiorizado:
    – Decirle a una niña de un polígono, de madre limpiadora, que termina la ESO con notas razonablemente buenas, que no haga el bachillerato. Jamás le hubieran dado ese consejo a la hija de un médico o un profesor. Y lo saben muy bien.
    – Hacer repetir a un niño de cuarto de primaria, con una historia personal terrible (que incluye alcoholismo materno y noches en la calle), etiquetado como “ruin” por la gente del barrio, y dejar pasar a una niña tranquilita de familia no problemática, aun teniendo el primero muchos más conocimientos. Lo sé porque les di clase a ambos. Por mí no habría repetido ninguno.

    O sea, que sí, que el sistema esto y lo otro, pero el sistema lo hacen personas y, de entre esas personas, son los profesores los que están con los niños.

  24. Un poco de modestia Cristina, dirás lo que quieras pero este párrafo es claro: “Me pregunto quién aprecia menos la educación, si los encargados de proporcionarla, que cobran por ello pero no lo hacen…” ¿Si no se está culpando a los profesores, a quién se culpa?

    Te entiendo menos porque esa viene siendo una constante de Aloe en este y otros blogs como seguramente recuerdas, pero si no fuera así, lo podrás comprobar tú misma en otras entradas sobre el tema en este tuyo.

    En cuanto a que no consideres relevante los resultados escolares para entender lo que pasa socialmente, tampoco se me hace comprensible.

    Francamente me estás sorprendiendo en esta vuelta a la bitácora. No creo que se trate de buscar un chivo expiatorio en las maestras –ya que mayoritariamente son maestras las encargadas de la educación primaria y la ESO- como Aloe y tú parecéis sugerir, sino de encontrar los elementos explicativos de una situación escolar y social que, más allá de la anécdota personal, porque de esas las hay para todos los gustos, ratifican todas las
    encuestas y análisis, sea en lo referido a la educación o al mercado de trabajo.

    • Los “encargados de proporcionar educación” son, evidentemente,
      -Los profesores
      -Los técnicos y demás funcionarios implicados, incluyendo Inspección y todo el resto.
      -Los decisores políticos, que no son solo los que hacen las leyes estatales, sino también los políticos de las Consejerías de Educación de las CCAA, que tienen las competencias.

      Esta lista es, desde luego, una obviedad. Algo que todo el mundo sabe. Excepto, al parecer, tú. Muy poco adecuado para ser profesor, digo yo.

      Ahora voy a añadir otros items menos obvios a la lista anterior, pero que también deben estar:

      -Los que permitieron y fomentaron, y siguen permitiendo y fomentando, un Magisterio de ínfimo nivel académico.
      -Los que permiten y fomentan el bajo nivel de exigencia (en habilidades y motivación) para reclutar al profesorado público, tanto en la primaria como en las secundarias.
      -Los que, en general, siguen organizando el reclutamiento de los servidores públicos (de la enseñanza y del resto de funcionarios) bajo criterios estúpidos y con exigencias inadecuadas. Y luego no se ocupan de la formación en el puesto de trabajo.

      Finalmente, voy a explicar, masticadito para que lo entiendas, lo que quería decir la frase que te molesta:
      ¿Tienen los profesores TODA la culpa de que la educación no sea lo que debiera? No, no la tienen.
      ¿Tienen una parte de la culpa? Pues tienen una parte de la culpa, sí.
      Cada individuo tendrá ninguna culpa, una poca, bastante o mucha (porque hay profesionales excelentes hasta en la organización más desastrosa y profesionales malos hasta en la mejor organización), pero esa salvedad no debe esconder el hecho de que sí, tienen una parte de la culpa.

      ¿Tienen acaso MÁS culpa los alumnos desfavorecidos que fracasan en la escuela que sus maestros y profesores?
      NO, NO LA TIENEN, a pesar de que mucha gente, incluyendo muchos profesores, SE LA ECHAN A ELLOS.
      Eso es lo indignante: por el clasismo que denota, porque es echar balones fuera de las propias responsabilidades, porque es la típica escapatoria del incompetente y el pasota -echar a otros la culpa-.
      Y eso es lo que quería decir mi comentario.

  25. Emilio, voy a dejar el debate porque en este punto creo que no hay diálogo posible. Me dices que no considero los resultados escolares (?!) cuando he puesto un documento de PISA que aparentemente no te ha interesado en absoluto. Te he dado dos ejemplos, de entre otros muchos que forman parte de mi ya algo dilatada trayectoria personal, que son anécdotas, sí, pero que encajan en el análisis mencionado, y tampoco les das importancia. Como comprenderás, hablar de un ente teórico llamado escuela, situado en el inaccesible mundo de las ideas, no tiene interés para mí. Y la verdad es que no sé qué estamos discutiendo exactamente ni por qué te ha parecido tan grave que se diga que las personas que tienen la función de enseñar son en parte responsables de los problemas del sistema educativo. Ya ves qué idea más loca. Tiene gracia, además, porque hasta antes de ayer para ti era un problema gravísimo que hubiera muchas mujeres dando clase. A ellas sí se las puede culpar, parece ser.

    En fin, te agradezco que sigas visitando el blog pero no quiero seguir con un intercambio de comentarios que no nos está llevando a nada.

  26. Por una vez estamos de acuerdo. Esto comenzaba a parecerse al teatro del absurdo. Sólo una cosa más. Si la experiencia docente cuenta como argumento te aseguro que la mía es mucho más dilatada.

  27. He encontrado este artículo muy interesante.
    (Soy Cristina desde otra cuenta).

  28. Un análisis Cristina que yo suscribo, con el único matiz de que para mi forman parte del sistema: tanto la repetición, como el bajo nivel de las escuelas de magisterio, como la ausencia de formación y evaluación del profesorado.
    En cualquier caso a mí no me consuela estar cerca de los niveles de la escuela de EE.UU, un modelo que lleva mucho tiempo considerándose fallido.
    Destacaría que no culpa a las profesores sino que los considera piezas esenciales. Todos los modelos que funcionan en cualquier parte del planeta si una característica tienen es la de contar con profesorado en los primeros niveles educativos con un nivel formativo muy alto.
    A la izquierda hay que seguir considerándola corresponsable no ya por lo que hizo, sino por lo que sigue haciendo y que no es otra cosa que negar lo que el artículo que comentamos propugna.
    Pedro Sánchez lo único que es capaz de anunciar es justamente que va a dar más recursos a la educación, como si esa fuese la prioridad y lo fundamental.
    De los demás casi mejor no decir nada porque básicamente se limitan a proclamar r que quieren un sistema como el finés, aunque luego no sepan si es importable ni que elementos son los que lo articulan y de los cuales estamos muy lejos, por ejemplo ese alto nivel de formación en las escuelas de magisterio.
    Un saludo

  29. Por lo visto la derecha no tiene nada que ver con el bajo nivel formativo del profesorado. El profesorado del Magisterio Cristiano tenía un nivel que te pasas. Los licenciados en cualquier especialidad hasta los 80 eran un modelo para el mundo. Y las oposiciones absurdas son un invento novedoso del PSOE.
    Cuando solo se tiene una idea y esta ocupa todo el cerebro, hay que ver lo que se puede llegar a decir.

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