Archivo mensual: septiembre 2011

El hábito de lectura (y III): la experiencia de un maestro

Termino esta serie con las experiencias de Goyo Bustos, un maestro de Primaria  coautor, junto con Lucía Etxebarría, del libro “El club de las malas madres“. Me ha gustado porque nos habla de su propia experiencia en el aula, lo que se agradece después de tantas divagaciones de pedagogos que no han tratado con niños en su vida… o divagaciones mías, que tampoco es que lo haya hecho demasiado. Trasmite sentido común, entusiasmo e ilusión a raudales.

Viernes por la tarde. estoy con un grupo de alumnos (veintidós, para ser exactos) se sexto de primaria. Todos tienen entre diez y once años; a esa hora, las 16:30, toca lectura y ya falta poco para que comience el fin de semana. En el aula no se oye una mosca. Bueno, sí se oye algo: una selección de fragmentos de música clásica a un volumen muy reducido; había olvidado poner el disco como otras veces, pero Héctor me lo ha recordado rápidamente: “Profe, ¿no pones el disco ese?”. Los veintidós niños no despegan la vista de sus libros. Cada uno lee uno diferente, escogidos de la biblioteca de clase; hay de todo, desde clásicos, quizás algo complejos para la mayoría (“La isla del tesoro” de Stevenson, “La historia interminable” de Michael Ende), cuentos mucho más sencillos, las obres de Roahl que suelen dar muy buen resultado, o colecciones visuales sobre animales, dinosaurios, etc. Durante los cincuenta minutos de lectura apenas se escucha un ruido; al sonar la campana que indica que es la hora de irse a casa, algunos miran desconcertados a su alrededor y dicen en voz alta: “¿Ya? Se me ha pasado muy rápido”. E insisto en el momento: es viernes por la tarde, a última hora, y el dato no es anecdótico.

No es ciencia ficción. Ni trabajo en un centro de élite con niños superdotados, ni el colegio está enclavado en una zona donde la mayoría de los padres tengan una formación elevadísima ni nada por el estilo. Los niños pertenecen a todo tipo de estratos sociales y culturales, hay alumnos de integración: no es, en absoluto, un grupo uniforme.

¿Por qué nos asombra un hecho así? Que conste que, con el ejemplo, no pretendo en absoluto colocarme medallas: el primer asombrado era yo. Lo descrito ocurría hace ya bastantes años cuando decidí dedicar una hora semanal única y exclusivamente a leer. Recuerdo no dar crédito a lo que veía: veintidós cabezas inclinadas sobre sus respectivos libros durante una hora sin apenas hablar ni moverse. ¿Y por qué me costaba creerlo? Pues porque, últimamente, los niños y la lectura tienen muy mala prensa, y las cifras que suelen recoger los medios no son muy alentadoras.

Se dice que a los niños no les gusta leer, pero yo creo firmemente que sí, que les gusta leer. Quizás lean menos, quizás el proceso lector sea diferente en estas nuevas generaciones, pero disfrutan leyendo. Eso sí, disfrutan leyendo algo que les haga disfrutar, y perdonadme el juego de palabras y la reiteración. Si el libro no es el adecuado, o es un rollo, se aburren, se cansan o se desesperan y lo dejan. Como haces tú y como hago yo con un libro que no nos interesa lo más mínimo. Es cierto que a la lectura como entretenimiento le han salido muchos competidores dentro del mundo infantil: los DVD, la tele, Internet, los videojuegos, etc., pero el encanto sosegado de ir adentrándose poco a poco en una historia sigue sin tener rival. Claro, que si como ocurre en ocasiones, la lectura implica tener que realizar un resumen posterior, contestar un tedioso cuestionario sobre lo leído o realizar infinitas actividades, pues no me extraña que los niños huyan de la palabra “leer”. Yo también lo haría. (…)

Anuncios

Niños, niñas y fracaso escolar

Aunque no es un tema del que se suela hablar (al menos en las escuelas de Magisterio), los estudios sobre rendimiento escolar en España indican que el fracaso es mayor entre los niños que entre las niñas. Por ejemplo, según un informe publicado por el Ministerio, cuyo análisis he encontrado aquí, en España  los chicos siguen fracasando un 50% más que las chicas. También hay diferencias en cuanto a los resultados del informe PISA (que como saben es una evaluación internacional que mide las competencias de los alumnos de 15 años en Lectura, Matemáticas y Ciencias) aunque a favor de las niñas en competencia lectora y de los niños en matemáticas, no sólo en España sino en todos los países estudiados. Por ejemplo, un análisis de los resultados de año 2009 que se recoge aquí dice lo siguiente:

En el conjunto de la OCDE, las alumnas superan a los alumnos en comprensión lectora en 39 puntos, en España la diferencia es de 29 puntos. En competencia matemática los alumnos superan a las alumnas en 19 puntos mientras que en competencia científica no hay diferencias significativas entre alumnos y alumnas.

La siguiente gráfica, tomada de este informe del Ministerio, muestra la diferencia entre chicos y chicas, por países, en cuanto a compresión lectora tanto de textos impresos como digitales:

Diferencia de rendimiento a favor de las alumnas en lectura digital y lectura impresa según datos del informe PISA de 2009.

A falta de un análisis más exhaustivo, se puede decir que los niños varones tienen más problemas en la escuela (suspenden más, promocionan menos) mientras que en pruebas objetivas, como se supone que es PISA, les va mejor que a las chicas en matemáticas pero tienen más dificultades en lectura compresiva (aunque curiosamente, las distancias se acortan cuando se trata de textos en formatos digitales). Hasta aquí los datos. Ahora, tratar de dar razones es una tarea muy complicada. Siempre que se habla de diferencias de rendimiento por sexo surgen dos posturas irreconciliables: nature vs nurture. Por alguna razón, las posturas más, digamos, progresistas las achacan a condicionamientos culturales, mientras que las posturas más, digamos,  conservadoras hablan más bien de diferentes naturalezas. Obviamente yo no tengo la respuesta pero me parece razonable pensar que ambas cosas tienen que ver. A estas alturas es difícil negar que mujeres y hombres somos diferentes: los niños son más violentos e inquietos por lo general, porque tienen más testosterona (lo que no significa que no haya niñas terriblemente ‘desinquietas‘ como decimos en Canarias – hablamos de promedios). Quien haya estado en contacto con críos sabe que niñas y niños tienen preferencia por unos juguetes sobre otros. Pero también sabemos que educarlos al margen de los estereotipos sexistas es muy difícil: inconscientemente esperamos de los niños determinados comportamientos según sean de uno u otro sexo. En definitiva, que no creo que se pueda hablar de diferencias innatas o culturales sino de una mezcla de ambas.

Pero entonces ¿a qué podemos achacar que el fracaso escolar sea mayor entre los varones? Yo particularmente creo que es consecuencia del sistema escolar. Creo que en la escuela no se valora tanto el logro como la docilidad. Como las niñas son en general más tranquilas, se adaptan mejor al sistema y éste las premia. Estoy segura que todos, en nuestra historia escolar, hemos conocido casos de chicos brillantes a los que se les desmotivaba por tener mal  comportamiento y chicos no tan brillantes cuyos logros eran mejor considerados simplemente porque tenían una actitud más dócil en clase. Me atrevería a decir que cuanto más se insista en devaluar el esfuerzo y peores sean los resultados académicos en general, mayor será esta brecha, más que nada porque se va a  evaluar el comportamiento, que no tienen mucho que ver con el aprendizaje real, del mismo modo que se dará más atención a quien muestre una determinada actitud. En cuanto a las diferencias entre la capacidad matemática y lingüística, no tengo mucho que aportar: pueden ser tanto diferencias innatas como estereotipos de lo que se espera que haga un niño o una niña.

Tratando este tema en otros foros, me ha llamado la atención la tesis que apunta que el fracaso escolar es mayor entre los niños porque el ambiente es las escuelas es femenino (sea lo que quiera significar esto) ya que la mayor parte de los profesores de Infantil y Primaria son mujeres. Según palabras del psiquiatra infantil Stéphane Clerget que he copiado de aquí:

¡La escuela está llena de estereotipos! Los chicos son tratados más severamente que las chicas, son castigados más a menudo que las chicas. La escuela es hoy un verdadero problema para los chicos, porque son algo más inquietos, más kinestésicos y porque les es difícil permanecer sentados durante ocho horas haciendo trabajos de escritura. ¡En el colegio, incluso  hay  chicos que juegan a ser menos buenos para evitar ser tratados como chapones o como chicas!
Es totalmente necesario adaptar la escuela y masculinizar el cuerpo docente, sobre todo en infantil y primaria, ya que casi todo el personal es femenino. Es más mixto el cuerpo docente en secundaria, pero, en ese momento, desgraciadamente para los chicos, la selección ya está hecha. Personalmente, defiendo una  verdadera paridad del personal en la Educación nacional, y no solamente de los profesores. Si no hacemos esta revolución, si no reintroducimos a los hombres en la escuela, corremos hacia la catástrofe.

Confieso que nunca había visto la ‘feminización’ de la escuela como un problema: el problema para mí es que haya muchos maestros malos, no que haya muchas maestras. Como dije antes, me parece que los niños se adaptan peor a la escuela porque son más inquietos en general pero no creo que esto tenga nada que ver con el sexo de los maestros sino con el propio sistema y la filosofía que subyace. En cualquier caso, me ha parecido interesante ver si existía alguna correlación entre diferencia de rendimiento por sexo y porcentaje de profesorado femenino. En la gráfica que he mostrado, los países  donde la brecha por sexos es mayor son Nueva Zelanda, que tiene en torno al 80% de porcentaje de maestras y Noruega con el 72%. En Dinamarca, que tiene  uno de los sistemas más igualitarios, este porcentaje baja al 64%, aunque en Colombia la situación es mejor y el porcentaje de maestras en este país está en torno al 78%. España se sitúa en la mitad de la tabla con algo más del 70% de profesoras en enseñanza primaria. En definitiva, todos estos números son tan parecidos que es imposible ver ninguna tendencia a este respecto. Es más, en secundaria y en la universidad las chicas siguen teniendo mejores resultados académicos y a esos niveles el porcentaje de profesores varones supera al de profesoras. Lo que ocurre, a mi juicio, es que en todas las etapas educativas se repite como un mantra aquello de que se pretende fomentar el pensamiento crítico, pero, ¡ay!, del dicho al hecho hay mucho trecho, y al final, casi siempre se castiga  al que destaca, en lo bueno o en lo malo, y al que piensa a de manera diferente. De nuevo, hay chicas y chicos de todos los colores pero creo que tanto el carácter de las chicas como los mensajes que continuamente recibimos de la sociedad (la docilidad y la fragilidad se tornan defectos en los chicos y virtudes en las chicas) hacen que éstas se adapten mucho mejor al sistema académico en general. Creo que si las diferencias son más palpables ahora es porque, primero, antes no lo veíamos porque niños y niñas se educaban por separado y, segundo, ahora los profesores tienen más problemas para mantener la disciplina en sus aulas por lo que el orden ha pasado a considerarse como un parámetro evaluable en sí mismo.

Lo que presento aquí es una mera aproximación sin demasiado rigor y no sé si estoy interpretando bien los datos. De hecho, los rendimientos diferentes en matemáticas y lengua pueden deberse a otros factores que no he tratado aquí. En cualquier caso, si queremos que nuestro sistema educativo sea realmente igualitario, es necesario estudiar, explicar y, sobre todo, poner remedio a las diferencias por sexo que encontramos hoy en nuestra escuela.

El hábito de lectura (II): ¿TIC? No, gracias.

No cabe duda de que las llamadas tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) son herramientas fantásticas. Yo escribo aquí sin tener que preocuparme de que mis lectores puedan no entender mi letra y además el programa corrige automáticamente las faltas de ortografía erratas. Usted, que quizás esté en Pernambuco, o incluso en Albacete, lee mi texto y si quiere hacerme saber que solamente digo tonterías no tiene más que darle al botoncito de comentarios y desahogarse con total libertad. A lo mejor después un estudiante al que han encargado un trabajo sobre animación a la lectura o así,  llega a este escrito tecleando en google las keywords “Lectura Animación Lady Gaga”, hace un corta-pega, y saca una nota estupenda. Maravilloso. Ahora bien, el procesador no va a decirme qué ni cómo escribir del mismo modo que no hay ninguna tecnología capaz de estimular la comprensión lectora de un niño (ni de un adulto, vaya). Lo anterior parece una obviedad pero conviene recordarlo en estos tiempos en que las autoridades educativas hacen mucho hincapié en el uso de las TIC en la enseñanza.

Para llegar a ser un buen lector, un niño necesita: 1) libros (o textos en otro formato pero vamos a decir libros para simplificar), 2) ciertas habilidades intelectuales y 3) motivación.

Respecto al primer punto, está claro que ahora gracias a Internet – a través de librerías online – podemos conseguir casi cualquier libro y  además encontrarlo en multitud de idiomas y formatos, algo que era impensable hace unos años (a menos que uno tuviera una red de libreros bien conectados y bastante tiempo y dinero). Pero si bien hay que reconocer que la red ha sido una bendición para los que vivimos en regiones alejadas de los grandes centros culturales, un niño de primaria puede encontrar suficientes estímulos para calmar sus ansias lectoras en su escuela, en la biblioteca de su pueblo o en su casa, siempre que los adultos de su entorno muestren cierto interés. Vamos, que en la mayoría de los casos un niño no necesita mandar a pedir a Alemania una versión bilingüe comentada del “Tractatus logico-philosophicus”. También es cierto que hay una amplia oferta de páginas de Internet con cuentos y poesía para niños (algunas muy buenas). Sin embargo, la forma en la que se dispone la información en la red, fomenta que la atención se disperse entre las múltiples opciones que se ofrecen. Por eso este en un recurso que  creo es bueno para el uso del profesor pero no de los niños. En realidad, desde el punto de vista del lector, ver los textos en una pantalla no ofrece ninguna ventaja a hacerlo en un papel. Esto se aplica también a los libros electrónicos. Si en el futuro llegan a ser más baratos pues adelante con ellos. Lo que no podemos decir es que los niños se interesarían más por la lectura si tuvieran libros electrónicos y PCs portátiles porque no es verdad. Opino.

En segundo lugar, el niño tiene que tener la destreza necesaria para leer con soltura y comprender  un texto, lo que se consigue leyendo, sin más, y quizás reforzando la lectura con preguntas o debates para discutir sobre lo leído,  ejercicios de vocabulario, y así. Pero francamente, no se me ocurre cómo pueden las TIC ayudar a que se adquiera tal destreza: el que el texto se presente en una pantalla o en papel es irrelevante a efectos de habilidades y comprensión lectora, aunque quizás con una pantalla cueste más fijar la atención (a mí al menos me cuesta más y por eso suelo imprimir para leer).

Por último está el tema de la motivación. Un niño que no disfruta leyendo jamás será un buen lector aunque tenga la destreza necesaria para comprender un texto. En algunos manuales y páginas de Internet, se recomienda el uso de las nuevas tecnologías para animar a los más pequeños a acercarse a la lectura. Por ejemplo, algunos aconsejan ver vídeos o escuchar podcasts para interesarlos por los cuentos y la literatura (por ejemplo aquí). Puede que estas sean actividades enriquecedoras y sin duda hay producciones de gran calidad que merecería la pena mostrar a los niños. Lo que ocurre, es que  el cine y la literatura  tienen ritmos y lenguajes distintos: los libros, además de apelar a la imaginación del lector, tienen el encanto de permitir entrar poco a poco en una historia. Otros entusiastas de las TIC, por ejemplo aquí, proponen el uso de ordenadores para gestionar una biblioteca escolar, por ejemplo, enseñando a usar una hoja excel para clasificar los libros o un procesador para hacer fichas con resúmenes. En principio no hay nada que objetar a estas actividades siempre que se disponga del tiempo para llevarlas a cabo. Eso sí, pretender fomentar el gusto por la lectura de esta manera es como pretender hacerlo enseñando carpintería para construir unas estanterías para la biblioteca. También hay muchas páginas con actividades (por ejemplo ésta) o con juegos interactivos, unos más sofisticados que otros (por ejemplo ésta), para trabajar con vocabulario, rellenar cuestionarios, leer o escribir reseñas y cosas así. De nuevo, no dudo que estas actividades tengan valor didáctico pero no me parece que rodear la lectura de tareas más o menos tediosas (que haya que mirar una pantalla y apretar botoncitos no significa que sean divertidas) ayude a motivar a un niño. A mí, desde luego, se me quitarían las ganas de coger un libro. O sea, que al final, llego a la conclusión de que para motivar a leer hay que… leer. Quizás reservar una o varias horas de lectura libre a la semana sea una buena idea.

Y regresamos ahora al primer punto: ¿qué leer? Pues depende. Yo en principio creo que no se deben marcar libros o cuentos de lectura obligatoria (no, al menos, si se pretende motivar). El aburrimiento, ya sea por considerar que lo que se lee es trivial o demasiado complejo, es el peor enemigo del lector curioso. Por las mismas razones, hay que tener en cuenta que los libros infantiles pueden no responder a las expectativas de los niños de mayor capacidad intelectual y/o madurez. Además, hay que tener en cuenta que idealmente la escuela debe suplir la falta de estímulos intelectuales que puedan tener los niños en casa y por eso  yo primaría los autores de reconocida calidad literaria, frente a las novedades de las colecciones infantiles de las editoriales, de donde es más difícil separar el trigo de la paja. Pero vamos, que tampoco sería muy rígida al respecto: un chiquillo que empiece a entusiasmarse con cualquier chorrada de, digamos, marcianos, es muy posible que acabe cogiéndole el gusto a leer otras cosas.

El hábito de lectura (I): el papel de la escuela

Mucho ha sido el empeño que generaciones de maestros han puesto para transmitir a los niños el amor a la lectura. Y, viendo los resultados, muchos han sido los errores que han cometido. En primer lugar, hablamos de “transmitir” cuando lo cierto es que no se puede transmitir algo que no se tiene: ni la formación ni los criterios de selección del personal docente, aseguran que los maestros sean buenos lectores o que tengan si quiera cierta cultura literaria. Es decir, pese a los decretos, el propio sistema no da valor a lo que después pretende que sí sea valorado en la escuela. Si los adultos a los que se les encomienda la educación de las nuevas generaciones no leen, ¿por qué iban a hacerlo los niños? En segundo lugar, se puede pensar que el amor a los libros sólo se puede inculcar desde casa, con el ejemplo. Un niño que vea a sus padres disfrutar de la lectura tiene más probabilidades de convertirse él mismo en un buen lector. Aunque la realidad nos dice que esta implicación existe, aceptarla como única situación posible, conlleva admitir el fracaso del sistema educativo. Precisamente, cuanto peores son las circunstancias familiares, más necesaria es la intervención escolar. Por eso creo que los argumentos tipo “en las escuelas tiene que haber ordenadores, internet y televisión porque es lo que los niños tienen en casa y es lo que exige la vida moderna” me parecen un error: precisamente porque eso es lo que tienen en casa, es nuestra obligación ofrecerles estímulos diferentes con los que enriquecer sus vidas.

Tradicionalmente, el tema de la animación a la lectura se ha tratado desde dos ángulos diferentes. Por un lado, la llamada escuela tradicional aboga por lecturas comunes a todo el grupo, acompañadas de actividades relacionadas (resúmenes, preguntas de comprensión, descripción de personajes…). Este enfoque tiene la ventaja de ser sistemático y de trabajar a la vez otros contenidos como sintaxis y vocabulario, por ejemplo. Sin embargo, no toma en consideración la diversidad de intereses y capacidades que indefectiblemente se reúnen en un aula, pero sobre todo tiene, a mi juicio, la gran desventaja de relacionar la lectura con las tareas escolares, ingratas para el común de los niños. Las nuevas tendencias pedagógicas, por otro lado, basan sus estrategias de animación a la lectura en juegos y estímulos que poco o nada tienen que ver con el acto de leer (escuchar a un cuenta cuentos, diseñar una campaña publicitaria animando a la lectura, ver dibujos animados basados en alguna novela…). Aunque es de agradecer un planteamiento más lúdico, no está claro de qué manera pueden estas actividades fomentar la lectura entre los niños: que se disfrute de una película no implica lo mismo de un libro. Además, si de gozar se trata, hay que reconocer que los libros no pueden competir con los dibujos animados en la tele, los videojuegos, las búsquedas en internet y todo eso que los niños tienen en casa. O mejor, no podrán competir mientras los críos no tengan la destreza y la comprensión lectora suficiente para conseguir experimentar el placer de ir adentrándose poco a poco en una historia. Y entonces entramos en un círculo vicioso: no leen porque no les gusta y no les gusta porque no leen. Y aun así a algunos nos les gustará nunca.

Supongo que a la postre se trata de acercar estas dos posturas que, pese a parecer enfrentadas, envían en realidad el mismo mensaje: “leyendo no hay diversión”, la primera, y “donde hay diversión no hay lectura”, la segunda. Primero hay que asumir que en la escuela (y en la vida) no todo tiene que ser divertido (¡anda, lo que ha dicho!) aunque tampoco esté de más investigar qué es lo que produce placer y en qué condiciones. Así por ejemplo, si no a todos nos gustan los mismos libros, lo lógico es que los niños tengan libertad para escoger sus propias lecturas; si los adultos agradecemos un consejo sobre una obra que desconocíamos y que al cabo acabamos disfrutando, también los niños pueden apreciar que les presentemos nuevos autores. En cualquier caso, la regla de oro es la siguiente: nunca se debe subestimar la capacidad de un niño.

A este respecto, me gustaría compartir dos reflexiones. La primera es de Albert Camus, que en su libro “El primer hombre” (que recomiendo fervientemente) escribió:

“No, la escuela no sólo les ofrecía una evasión de la vida de familia. En la clase del señor Bernard por lo menos, la escuela alimentaba en ellos un hambre más esencial todavía para el niño que para el hombre, que es el hambre de descubrir. En las otras clases les enseñaban sin duda muchas cosas, pero un poco como se ceba a un ganso. Les presentaban un alimento ya preparado rogándoles que tuvieran a bien tragarlo. En la clase del señor Bernard, sentían por primera vez que existían y que eran objeto de la más alta consideración: se los juzgaba dignos de descubrir el mundo.”

La segunda reflexión la tomo prestada del blog “El Café de Ocata“.  Su autor escribe:

Cada vez que oigo a un educador defender que el fin principal de la educación es hacer felices a los niños, me entran unas ganas enormes de preguntarle: “¿Y por qué se cree usted con derecho a poner tan bajo el listón de aspiraciones de sus alumnos?”.

Decía Goethe que la felicidad es una aspiración plebeya. Lo es, sobre todo, cuando se confunde con un confort de aspiraciones minimalistas: tener lo suficiente para vivir sin apreturas, no meterse con nadie y que nadie se meta con uno. O sea, con un autismo apolítico (pero a ser posible, subvencionado). Es, en este sentido, la aspiración de quien renuncia a vivir a la intemperie y busca refugio en la jibarización de su alma. ¡Para ser feliz de esta manera con ser inconsciente, insensible y no pasar hambre ya hay suficiente! (…)

Pedagogía para dummies

Así comienza el abstract de una tesis doctoral de pedagogía leída en una universidad española. He copiado el texto tal cual (copy-paste) de una base de datos del Ministerio:

“UN DOCUMENTO PEDAGOGICO PUEDE CONVERTIRSE EN UN ACTO
DIDACTICO QUE PERMITA AL ALUMNO APROPIARSE DEL PROCESO DE
ENSEÑANZA-APRENDIZAJE. DESDE ESTA PERSPECTIVA, LOS
DOCUMENTOS PEDAGOGICOS SE CARACTERIZAN POR UNA
ORGANIZACION CONSTRUCTIVISTA A PARTIR DE LA INTEGRACION
DE DIFERENTES MEDIOS DE COMUNICACION Y CONLLEVA A UNA
RE-CONCEPTUALIZACION DEL CONCEPTO DE  TEXTO  QUE SUELE
CONFUNDIRSE CON SU SOPORTE. SE ESTABLECE LA EXISTENCIA DE
TEXTOS DE DIFERENTE NATURALEZA ACORDE CON LOS SIGNOS QUE
CONTENGAN: VISUALES, SONOROS, ESCRITOS, AUDIOVISUALES,
INFORMATICOS, ETC.”

Problemas de Fermi en Educación Primaria

Los llamados problemas o cuestiones de Fermi son problemas en los que se pide la estimación de una determinada magnitud dando un número muy limitado de datos. Se llaman así en honor al físico Enrico Fermi quien era conocido por su habilidad para hacer buenos cálculos a partir de datos escasos o nulos. Por ejemplo, se cuenta que estimó la energía de la explosión de la primera bomba atómica que se probaba entonces en Nuevo México (qué  le vamos a hacer) a partir del desplazamiento de unos pedacitos de papel que fue tirando a su alrededor. El resultado que Fermi obtuvo de esta forma tan ingeniosa (que se explica aquí) fue muy cercano al que se dio de forma oficial, cuyo cálculo llevó varios días.

El físico Enrico Fermi (imagen extraida de la wikipedia)

Quizás el problema de Fermi más célebre, y que él mismo planteó a sus alumnos de la Universidad de Chicago, es el siguiente: ¿Cuántos afinadores de piano hay en Chicago? Lógicamente, a una una pregunta así no se le puede dar una respuesta exacta sino que se trata de hacer una estimación a la que además se puede llegar por distintos caminos. Uno tiene que suponer que una ciudad como Chicago debe de tener aproximadamente “tantos” habitantes de los que “cuantos” tocan el piano y así, hasta llegar a un resultado aproximado. Algunos ejemplos relativamente sencillos de problemas de Fermi que se podrían plantear a niños de Primaria son los siguientes:

¿Cuál es la velocidad a la que crece el cabello humano?

¿Cuántas hojas de papel gasta un alumno de 5º de Primaria durante un curso?

¿A qué velocidad crece una persona durante sus primeros 10 años de vida?

Si toda las personas que hay en el mundo se pusieran pegadas unas a otras, ¿qué área ocuparían?

¿Cuántos camiones se necesitarían para retirar toda las rocas y piedras del Teide?

¿Cuántos pelos hay en tu cabeza?

¿De qué tamaño serían las hormigas si las personas fuéramos tan altas como edificios de 5 plantas?

¿Cuántas pelotas de golf caben en una maleta?

¿Cuánto tardaría un niño de 6º en leer todos los libros de la biblioteca de la clase?

¿Cuántas veces al año dice un adolescente canario la palabra ‘loco’?

Sí, ya sé que parecen cuestiones complicadas para ser resueltas por un niño de Primaria pero una vez se acostumbren a hacer estimaciones y ¡a pensar! le podrán sacar mucho partido a su sentido común. La cosa es que creo que trabajar estos problemas en la escuela primaria es muy beneficioso por las siguientes razones: i) El enunciado del problema no contiene números por lo que se evita que los alumnos se lancen a hacer cálculos a lo tonto, es decir, sin haber analizado primero el contexto de una situación dada; ii) Obligan a trabajar con estimaciones y cálculos aproximados; iii) Se introduce de manera implícita el concepto de orden de magnitud; iv) Al ser problemas abiertos con finales también abiertos, la transferencia de los resultados, desde el modelo al mundo real, se hace más clara para el alumno. O sea, por ejemplo se darán cuenta enseguida de que todos los humanos juntos tendrían que ocupar un área mayor de, digamos, 20 metros cuadrados que debe ser la superficie típica de un aula, ¿no?; v) Suponen un reto intelectual para los alumnos;  vi) No se pueden resolver usando un único algoritmo predeterminado por lo que fomentan la creatividad; vii) Son ejercicios razonables para el entrenamiento de los cálculos matemáticos básicos; viii) El análisis de los pasos y estrategias  que siguen los alumnos para resolverlos permite entender a los propios niños (y al profesor), cómo crean los modelos matemáticos y qué dificultades encuentran (“¿estoy entendiendo el problema?, ¿qué necesito conocer para calcular tal cosa?, ¿cómo puedo verificar el resultado?”). ix) Permiten integrar conocimientos de diversas áreas; y x) Estimulan el pensamiento crítico ya que ofrecen al estudiante una herramienta de análisis racional de la información (si en el telediario dicen que en tal plaza había 3 millones de manifestantes, los niños podran saber que es mentira mediante una sencilla estimación :-)).

Los problemas de Fermi se han introducido con éxito en los currícula de matemáticas de las escuelas primarias alemanas (por ejemplo Peter-Koop, 2004 y 2008). El año pasado cuando investigaba sobre este tema escribí a la profesora Peter-Koop, de la Universidad de Oldenburg en Alemania, quien me respondió muy amablemente enviándome alguno de sus artículos en inglés. Ahora se encuentran también en la red, por ejemplo este.

El centro de ciencia creativa

En internet hay muchísimas páginas de divulgación científica bastante buenas (hay algunos ejemplos en la barra lateral del blog). También hay bastantes (menos) donde encontrar diseños de experimentos de ciencias o de aplicaciones tecnológicas para niños. Un sitio que me gusta especialmente es The Creative Science Centre, creado y mantenido en la Universidad de Sussex por Jonathan Hare (está en inglés – en español hay poco material de este tipo, ¿tendrá que ver con nuestro escaso desarrollo científico y técnico?). La página contiene un montón de recursos para – como dice su autor – animar, estimular y explorar el arte de la experimentación.

Se explica, con esquemas o vídeos, como hacer un montón de artilugios, algunos bastante ingeniosos, para ilustrar distintos principios físicos.  Recomiendo estos recursos para profesores: se trata de adaptar las actividades a las características de los niños. Algunos de estos vídeos están en youtube. Por ejemplo, el que muestra cómo funciona un molino de viento.

Las instrucciones para construir los molinos que se ven en el vídeo están en la página pero es que además me ha parecido que el autor está disponible para contestar por email las preguntas que la gente le pueda hacer. Muy recomendable.