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La otra cara de la educación emocional

No somos robots. La experiencia humana no puede entenderse sin emociones. La cuestión no es pues si el conocimiento y la gestión de los propios estados afectivos aportan algo a la educación o —por extensión— a la vida: la respuesta es sí; la cuestión es cómo puede ayudar la escuela a conseguirlo. Para esto, los responsables educativos del gobierno de Canarias han creído necesario introducir en las escuelas primarias de las islas una nueva asignatura a la que han bautizado como Educación Emocional y para la Creatividad, o EMOCREA. Me parece una mala idea.

En primer lugar, aun sin saber cuáles van a ser los contenidos concretos de la materia (da la impresión de que en realidad nadie lo sabe), me atrevo a decir que es un disparate ponerse a teorizar, con niños de entre seis y doce años, sobre cuestiones que están tan íntimamente imbricadas en la experiencia que difícilmente pueden separarse de ella como material de estudio, no al menos para las edades de las que estamos hablando. ¿A alguien se le ocurriría tratar de enseñar a nadar a un niño explicándole la mecánica del sistema muscular y el principio de Arquímedes? Por otro lado, aunque la propuesta de una asignatura para la educación emocional parece radical, de ninguna manera va al fundamento del problema, de hecho, refuerza lo que funciona mal del sistema, que es mucho. Hay una verdad que me ha sido recientemente revelada: las modas pedagógicas son profundamente conservadoras, en el sentido de que, pese al lenguaje supuestamente innovador, no han pretendido nunca cambiar nada. Son inocuas porque están vacías y se pueden llenar con cualquier cosa, como se ha visto claro ahora, cuando se las ha hecho encajar sin problemas en la nueva retórica neoliberal. Desgraciadamente, ridiculizar las ocurrencias de los pedagogos es muy sencillo —yo también lo he hecho—, pero creo que los árboles de la crítica fácil no nos han dejado ver el bosque de la realidad y quién sabe si no será esta la razón, además de las habituales, por la que se permite que individuos manifiestamente incompetentes sigan teniendo puestos de responsabilidad en el sistema educativo. ¿Y cuál es esa realidad profunda? Creo que el mayor reto que tiene la escuela, y que todavía no ha sido superado con éxito, es el de transmitir auténtico conocimiento, el de hacer que la instrucción consista en algo más que en compartir un cierto código considerado erudito pero que poco tiene que ver con la vida real; el reto, en definitiva, de enseñar a pensar. Por eso, considero que con la asignatura de EMOCREA, fragmentando aún más el conocimiento para transformarlo en contenido académico separado de la experiencia, nos alejamos aún más de ese objetivo, con el agravante de que la naturaleza de las emociones lo hace más complicado si cabe. Hablamos, no lo olvidemos, de niños de seis a doce años. ¿Se puede enseñar psicología a un niño que todavía no ha desarrollado el pensamiento abstracto?

La parcelación del conocimiento en materias académicas no tiene otra justificación que la meramente organizativa, creo yo. Por eso, no deja de sorprenderme que las propuestas de mejora del sistema educativo, supuestamente innovadoras, pasen siempre por la creación de nuevas asignaturas. Y a todos nos parece que lo que a nosotros nos gusta es indispensable para los estudiantes, ya sea el ajedrez, el latín, el folclore regional, la electrónica o el tiro con arco. Incluso se lamentaba alguien el otro día de que no hubiera clases de enología en educación primaria. Sin embargo, al final, con suerte se consigue que los críos aprendan a leer y escribir con corrección. Quizás el enfoque tradicional no sea el adecuado. De tanto compartimentar, no somos capaces de ver que al mismo tiempo que se enseñan matemáticas —u otra asignatura, pero las matemáticas son las más sospechosas de no tener alma— se enseña también a tratar con las emociones. Por ejemplo, se encuentra seguridad al reparar en el orden de la naturaleza; se hace patente que para resolver  problemas es necesario razonar y que para razonar es preciso tener concentración; encontrar la solución a un problema refuerza la autoestima. Quizás para lidiar con los problemas originados por el déficit del llamado “factor E”, que decía José Antonio Marina en su artículo, sea suficiente con enseñar bien matemáticas. Es curioso que su conclusión sea que saber gestionar las emociones es bueno para aprender matemáticas, pero no se le ocurriera pensar que las matemáticas pueden ser buenas para aprender a gestionar las emociones. Por otro lado, ¿nadie ha pensado tampoco que para conocer la naturaleza humana hay pocas cosas mejores que la literatura? Enseña más un solo poema de Antonio Machado o un párrafo de una novela de Dostoievski que toda la bibliografía de Elsa Punset junta.  Las buenas lecturas deberían ser irrenunciables en la escuela, no solo por cultura, sino por autoconocimiento y conocimiento de las emociones humanas.

En cuanto al contenido de EMOCREA, es cierto que todavía no sabemos en que va a consistir, sin embargo, cuando se oye a los ideólogos de la asignatura hablar como coaches, cabe sospechar que el enfoque que se le va dar no va a ser muy diferente al de Elsa Punset, gurú (hereditaria) de la inteligencia emocional con espacio propio en Televisión Española. Al nombrarla no pretendía ridiculizar la asignatura gratuitamente, sino ilustrar una tendencia. Quizás yo sea muy mal pensada, pero me llama bastante la atención el repentino interés de los poderosos por estos temas. Justo ahora, cuando más hundidos estamos en la crisis económica y no hay crédito ni para las empresas ni para las familias, el Banco de Santander financia una cátedra sobre inteligencia ejecutiva. Coca-Cola, la misma empresa que pretendía echar a no sé cuántos trabajadores a la calle, patrocina, a través de su “Instituto de la felicidad”, sendos estudios sobre la felicidad liderados uno por un equipo de Psicología de la Universidad Complutense, y otro por un grupo de investigación interdisciplinar de la Universidad de Barcelona. A ver si va a resultar al final que la emoción que se pretende gestionar es la resignación. ¿No será que lo que se quiere es hacer que los niños se adapten mejor a la precariedad? Algo similar puede decirse respecto al fomento de la emprendeduría. El que lo critique no tiene nada que ver con que piense que todos los empresarios son unos explotadores —de hecho, no lo pienso—. Lo critico porque creo que es una manera de desentenderse de los ciudadanos: el que quiera comer, que se busque la vida. ¿Saben ustedes dónde hay un montón de emprendedores? En México, donde muchísima gente tiene negocios para la venta ambulante, para meter la compra de los clientes de los supermercados en bolsas, o para ayudar a aparcar coches en descampados. Por supuesto, los “emprendedores” no tienen ningún tipo de cobertura social porque todo no se puede en esta vida. Es bastante irresponsable animar a que monte una empresa gente que no tiene ni dinero, ni patrimonio, ni contactos, como si tuvieran alguna oportunidad de competir con las Elsas Punset de la vida. La cosa funciona así:

Frase motivacional para el emprendedor: “No son los golpes ni las caídas las que hacen fracasar al hombre; sino su falta de voluntad para levantarse y seguir adelante.

La realidad del emprendedor: Sin contactos en el ayuntamiento, no le conceden una licencia que necesita; la factura de la luz se dispara; los clientes no pagan; el banco no le presta dinero para  ir haciendo frente a los gastos; embargan el local y la vivienda del emprendedor, que estaba como aval. Imposible levantarse y seguir adelante. Como al emprendedor se le ha hecho creer que ha fracasado a causa de su falta de voluntad, el ayuntamiento, la compañía eléctrica, los clientes y el banco pueden seguir tranquilos porque nadie les reclamará nada.

En resumen, una sociedad que crea necesitar una asignatura para la educación emocional es una sociedad enferma. Si los niños tienen problemas para gestionar bien sus emociones, quizás sea señal de que el entorno donde crecen y la manera como se les trata no son los más adecuados para ellos. El caso me ha recordado a aquella ley que se promulgó en el Reino Unido a principios del siglo XX que obligaba a los niños de clase obrera a llevar las cabezas rapadas para evitar las epidemias de piojos  y sobre la que Chesterton escribió: Los pobres se encuentran tan presionados desde arriba, en submundos de miseria tan apestosos y sofocantes, que no se les debe permitir tener pelo, pues en su caso eso significa tener piojos. En consecuencia los médicos sugieren suprimir el pelo. No parece habérseles ocurrido suprimir los piojos. Del mismo modo, a los ideólogos de EMOCREA no se les ha ocurrido suprimir las condiciones que hacen que los niños tengan problemas para gestionar sus emociones y han preferido sacrificar su formación. Pero si algo se puede aprender de la historia de los piojos y los suburbios, decía Chesterton, es lo siguiente: lo que está mal son los suburbios, no el pelo.

Les dejo con una bonita canción de Calexico:

Entradas reacionadas:

 

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Educación emocional

La Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa, conocida como LOMCE, llega a Canarias con una nueva y sorprendente propuesta: la asignatura de Educación Emocional y para la Creatividad (EMOCREA). Ayer mismo informó la Consejería que a partir del próximo curso los centros escolares públicos de Canarias podrán impartir EMOCREA, “una enseñanza que pretende validar el papel que desempeñan los aspectos del mundo emocional y creativo en relación con los contenidos curriculares como proceso y parte que garantizan la educación integral de las personas.

O sea, EMOCREA pretende validar X en relación con Y, donde X es el papel que desempeñan los aspectos del mundo emocional y creativo e Y  los contenidos curriculares. ¿Cómo puede una asignatura validar no sé qué en relación con los contenidos curriculares? Afortunadamente, un experto nos lo explica:

La asignatura pretende que los niños conozcan sus propias emociones y aprendan a “ajustarlas para que no les desorienten y para poder dar una respuesta responsable a lo que sucede a su alrededor”.

Ajá. No sé los niños, oigan, pero aquí hay al menos un adulto que no tiene ni idea de en qué consisten las emociones humanas. ¿Qué tal una asignatura de “Introducción al amor” en los grados universitarios?

Pero no se confundan, que nuestro experto no es un hippy cualquiera amante del buen rollo. No. Él es un hombre serio y si pide emociones es porque son buenas para, atentos, mejorar la productividad de las empresas:

Las empresas requieren a sus trabajadores seguridad en sí mismos, autonomía, capacidad de trabajo en equipo y ven en estas cualidades una relación directa con la productividad.

¡Un aplauso para los expertos educativos que han sabido subirse al carro de la LOMCE, con sus cuatro cascabeles (productividad, excelencia, emprendimiento y competitividad), sin despeinarse!

Las empresas quieren trabajadores equilibrados emocionalmente, ahora, que sepan hacer cuentas o entender lo que leen, se conoce que ya importa menos:

Para hacer sitio a esta asignatura, el Gobierno regional tendrá que reducir el horario de otras. Una es Matemáticas (…) La otra hora se ganará a costa de la dedicada hasta ahora a la comprensión lectora.

Qué buena idea, oye. Total, si para hacer de camareros en el sur es suficiente con que los trabajadores sepan comportarse.

Las emociones son guays, qué duda cabe, pero ¿qué otra cosa había que también era molona? La creatividad. Pues ahí vamos también a fomentar la creatividad pero, ojo, como hay que adaptarse a los nuevos tiempos, ya no va a ser la creatividad esa toda loca de andar metiendo las manos en botes de pintura. No. Ahora se trata de “creatividad vital”:

Además, aspira a estimular la “creatividad vital”, que no artística, la que permite idear soluciones innovadoras, aplicables en el futuro a actividades como la emprendeduría.

Y ya salió la que faltaba: ¡La Santa Emprendeduría!

Satisfecho por el trabajo bien hecho, el experto se levanta de su mesa, sale del despacho y coge el monovolumen para ir a buscar a los chiquillos al colegio privado bilingüe.


Yo también creo que el equilibrio emocional de los niños es fundamental, no vayan a creer que no tengo sentimientos. Sin embargo, propongo un enfoque innovador: el respeto y el cariño. Aunque se trata del respeto y el cariño de toda la vida, me referiré a ellos con las siglas RESPECARI, para que lo entiendan los expertos. El RESPECARI no tiene horario sino que aplica en todo momento. Es, de hecho, más que una asignatura transversal porque tiene que funcionar también en el patio y en el día a día de los niños. Habrá que implicarse en la vida de los alumnos, pero eso es fácil, porque va con la profesión. Además de otras virtudes, el RESPECARI no requiere que se eliminen horas de matemáticas y de lectura. Es más, cuanto más se anime a los críos a aprender y a disfrutar aprendiendo, más se muestra RESPECARI. Será fundamental también hablar con ellos, sobre todo escucharlos. Todo son ventajas, ¿no creen? Y a coste cero.

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Todo persevera en su estado a menos que se aplique una fuerza

Ahora que acaba de salir el informe PISA de 2012, se ha vuelto a abrir el debate del lamentable estado de nuestra educación. De lo que se habla poco, creo, es de las enormes diferencias territoriales, responsables en gran medida del mal papel del sistema educativo español en el contexto internacional. Mientras que en matemáticas los resultados de Castilla y León o Navarra están por encima de la media de la OCDE, al nivel de países como Bélgica o Alemania, Extremadura, a la cola de la distribución, se sitúa 33 puntos por debajo de la media de los países desarrollados. Mucho peor les fue a los estudiantes canarios en la pasada evaluación PISA (Canarias no participó en PISA 2012) en la que obtuvieron 61 puntos menos que el promedio de la OCDE y 38 menos que el español. Estas diferencias equivalen a un retraso de un año y medio en la escolarización con respecto a sus compañeros de los países desarrollados de rendimiento medio y de más de un año respecto al alumno español medio.

En definitiva, aunque en general los resultados de la evaluación PISA no son maravillosos, tampoco sería justo decir que el rendimiento de los alumnos de regiones como Castilla y León, Navarra o Madrid es malo. El tradicional discurso  catastrofista, sin embargo, sí es aplicable a las regiones insulares y del sur de la península.

Es un lugar común decir que España es un país igualitario pero, si algo destacaría yo de estos datos, es que el nuestro es un país profundamente desigual. La supuesta equidad del sistema español está basada en el hecho de que no se trata demasiado mal a los peores alumnos (la dispersión por la izquierda es similar a la del resto de países de la OCDE) pero pésimamente mal a los mejores (la dispersión por la derecha es de las más bajas del mundo desarrollado porque el porcentaje de alumnos con alto nivel de competencias es prácticamente testimonial). En cuanto a las diferencias territoriales, ninguna ley educativa desde la primera regulación impulsada por el ministro Moyano en 1855, parece haber servido para disminuirlas. Los siguientes gráficos son reveladores. En el primero se muestra el rendimiento en matemáticas correspondiente a la evaluación PISA de 2012 frente a la tasa de alfabetización en 1860 (se puede ampliar pinchando sobre la figura):

Relación entre el nivel de alfabetización en 1860 y las puntuaciones de PISA de matemáticas para diferentes CCAA. Imagen extraída de este artículo.

Relación entre el nivel de alfabetización en 1860 y las puntuaciones de PISA en matemáticas para diferentes CCAA. Imagen extraída de ‘eldiario.es’.

El siguiente es similar pero mostrando ahora los resultados de comprensión lectora de PISA 2009. Canarias es la comunidad que peor lo hizo en 2009 pero es que en 1860 era también la región con mayor porcentaje de analfabetos: nada más y nada menos que el 87% de los canarios no sabía leer ni escribir a mediados del siglo XIX.

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Relación entre el nivel de alfabetización en 1860 y las puntuaciones de PISA en competencia lectora para diferentes CCAA. (Imagen extraída de ‘Nada es gratis’)

Aunque en las figuras anteriores las correlaciones parecen evidentes, un análisis algo más detallado advierte de que más que una relación lineal entre los resultados educativos actuales y la tasa de alfabetización en 1860, lo que hay es un efecto norte-sur. Si bien las comunidades del sur han mantenido un rendimiento medio, sostenido en el tiempo, inferior a las comunidades del norte, en el sur el efecto lineal de las tasas de analfabetismo desaparece, mientras que en el norte la correlación es muy pequeña y no significativa.

Relación entre el nivel de alfabetización en 1860 y las puntuaciones de PISA en competencia lectora para diferentes CCAA, en rojo las del sur y en azul las del norte. Se han superpuesto las rectas de regresión lineal para ambas muestras  (Imagen extraída del blog del IFiE).

Relación entre el nivel de alfabetización en 1860 y las puntuaciones de PISA en competencia lectora para diferentes CCAA, en rojo las del sur y en azul las del norte. Se han superpuesto las rectas de regresión lineal para ambas muestras (Imagen extraída del ‘blog del IFIE’).

En cualquier caso, creo que la conclusión sigue estando clara: hasta la fecha, ningún sistema educativo ha sido capaz de superar las diferencias históricas que aún perviven en nuestra sociedad. Un buen sistema educativo debería haber reducido el peso de los factores socioeconómicos en los resultados académicos. Lo que vemos, sin embargo, es que seguimos moviéndonos por una especie de inercia histórica en la que el modelo de sociedad ha cambiado mucho menos de lo que con frecuencia nos quieren hacer creer. Quizás porque realmente nadie se ha tomado realmente en serio la importancia de la educación para el desarrollo de la sociedad y como motor de movilidad social.

Ahora voy a hacer una serie de simplificaciones pero creo que no me voy a desviar mucho de la realidad. El sistema  económico español podría calificarse como neo-caciquismo o capitalismo de amiguetes. Aunque es indudable que el país se ha desarrollado considerablemente el último siglo y medio (pasar en Canarias del 87% de analfabetismo en 1860 a prácticamente cero en la actualidad es un logro que merece ser destacado), los sectores claves de la sociedad siguen controlados por unas élites cuya composición no ha cambiado demasiado o, al menos, no demasiado para lo que se esperaría de un país desarrollado que se dice democrático. En consecuencia, tanto a estas élites como a los que quieren progresar dentro del sistema,  les beneficiará más conservar, reforzar o crear relaciones sociales útiles que una buena formación académica. Por eso, las clases medias se han preocupado más de mantener a sus hijos separados de los de las clases menos favorecidas que de demandar, por ejemplo, un profesorado mejor preparado o un curriculum realmente formativo. Y por eso, el discurso falsamente progresista del pedagogo-LOGSE, profeta del buen rollo y de la educación emocional, pudo calar con relativa facilidad: al final no es tan importante lo que el niño haga en la escuela sino con quien lo haga, y no es tan importante lo que aprenda sino el título que consiga. Al mismo tiempo, la enseñanza ha sido tradicionalmente una de las pocas salidas laborales honrosas para las clases medias ilustradas —sobre todo en aquellas regiones poco industrializadas—, a las que ha interesado mantener ciertos blindajes corporativistas. Por eso, en el acceso a la función docente se ha primado más la capacidad de aguantar dentro del sistema que el propio mérito académico o profesional. Lo que casi nunca se dice es que  “aguantar”, ya sea dedicando tiempo a preparar unas oposiciones o con trabajos irregulares como interino, es un lujo que no todos se pueden permitir. Y por eso, no es tampoco raro que como colectivo los profesores hayan antepuesto sus intereses a los de los alumnos. Es el caso, por ejemplo, de la jornada intensiva, que indudablemente viene bien al profesor pero probablemente no a los niños. “La pública para mí, la concertada para mis hijos”, piensan muchos profesores. Con la LOGSE nunca se alcanzó una auténtica igualdad de oportunidades pero sí llenó las aulas de niños difíciles, lo que a la larga no solo ha resultado ser bastante caro, sino molesto para los  beneficiarios tradicionales del sistema educativo. “La educación pública ha dejado de contribuir a la sociedad“, dijo el ministro Wert en un alarde de cinismo y sinceridad. Por eso, ahora con la LOMCE se habla de dar la vuelta a la tortilla, cuando en realidad no se trata de acabar con el fracaso, sino de servirse de él para ahorrar y al mismo tiempo legitimar las desigualdades sociales. Ni las repeticiones, ni las expulsiones, ni los diferentes itinerarios, van a mejorar la calidad de la educación porque, ni son prácticas nuevas, ni han servido nunca para nada. Si acaso cambiará la retórica: ahora se hablará de excelencia como antes se hablaba de equidad, pero serán discursos vacíos en ambos casos. Porque si algo vuelve a dejar claro PISA es que las leyes educativas no influyen tanto como nuestra propia inercia como sociedad. Como reza la primera ley de Newton, todo cuerpo persevera en su estado de reposo o movimiento uniforme y rectilíneo a no ser que sea obligado a cambiar su estado por fuerzas impresas sobre él.

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Astronomía para niños ilustrados

José de Viera y Clavijo fue un ilustrado canario, nacido en 1731, conocido sobre todo por su estudios sobre la geografía y la historia de Canarias, recogidos en el libro “Noticias de la historia general de las Islas de Canaria”, y por su “Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias”, un  índice alfabético descriptivo de los tres reinos, animal, vegetal y mineral, como él mismo subtituló. Tras pasar gran parte de su vida en Madrid y viajando por distintos países europeos, regresó a los 53 años a las islas, donde fundó un colegio y trabajó algún tiempo como maestro. 

José de Viera y Clavijo. Imagen extraída de la wikipedia.

José de Viera y Clavijo. Imagen extraída de la wikipedia.

Además de por los trabajos enciclopédicos, Viera destacó por sus textos didácticos para niños, sobre todo sobre ciencias experimentales. En “Las bodas de las plantas“, resume en verso el esquema de Linneo para la clasificación botánica; En “Los aires fijos“, también en verso, entre otros temas trata la teoría – ya obsoleta – del flogisto, que decía que los materiales susceptibles a ser quemados contenían una sustancia llamada flogisto, de modo que la combustión consistía en la pérdida de la tal sustancia. Pero si en lo referente a la teoría del flogisto no estuvo acertado, o digamos que no llegó a enterarse de que unos años antes, en 1777, Lavoisier ya había demostrado su inconsistencia, fue profético al imaginar que el hombre llegaría a la Luna o que se descubrirían nuevos planetas: Neptuno en el Sistema Solar en 1846 y un sinfín de planetas extrasolares, “en el más profundo”, a finales del siglo XX:

Bien podrá ser que un día la Fortuna
haga nacer otro Colón segundo
que emprenda navegar hasta la Luna
como aquel hizo viaje al nuevo mundo

que un Herschel lince, sobre tal columna,
nuevos planetas halle en el profundo;
y que algún Fontenelle tanto viva
que ande los astros y su Historia escriba.

Sobre astronomía Viera y Clavijo escribió “Noticias del cielo o Astronomía para niños”, esta vez en forma de catecismo. El libro recoge una serie de preguntas con sus respuestas, que suponemos que los niños tendrían que aprenderse de memoria:

PREGUNTA: Arrebatada mi alma al fijar la atención en ellos, quisiera de algún modo instruirme en el conocimiento de los cuerpos celestes y, a diferencia de los brutos, saber distinguirlos con tal cual su individualidad.
RESPUESTA: Los cuerpos celestes son el Sol, los Planetas, los Satélites o Lunas, los Cometas y las Estrellas fijas.

En los distintos capítulos se interroga sobre el Sol, la Tierra, la Luna, los planetas y sus satélites, los eclipses, los cometas y la Vía Láctea. Sobre el Sol explica:

PREGUNTA: ¿Qué es el Sol?
RESPUESTA: Un cuerpo esférico, luminoso y ardiente, casi millón y medio mayor que la Tierra, y unas quinientas mil veces más grande que todos los Planetas juntos, los cuales participan de su luz y calor.

P.: ¿El Sol se mueve?
R.: Aunque nos parezca a nosotros que se mueve, demuestran los Astrónomos que está casi inmóvil como centro del Sistema Planetario.

P.: ¿Y por qué nos parece que él se mueve y que nosotros no nos movemos?
R.: Por la misma razón que al que navega le parece que se mueve la Tierra que tiene a la vista, y que su bajel está inmóvil.

P.: Pero aunque el Sol esté fijo, por lo menos no dará vueltas sobre su propio eje…
R.: Si señor, las da con efecto en veinte y cinco días y medio.

P.: ¿Cómo se sabe eso?
R.: Por las manchas que se suelen observar en su superficie.

P.: ¿Cuánto tiempo gasta la luz del Sol para llegar a la Tierra?
R.: Ocho minutos.

Explica también, con más pena que gloria, que los astros se mueven bajo la acción de la gravedad:

PREGUNTA.: Ahora queda que satisfacer la duda de que cómo tantos y tan grandes cuerpos Planetarios pueden mantenerse suspensos en el espacio etéreo; y qué fuerza secreta puede ser la que los retiene en sus órbitas y los obliga a circular con tanta regularidad y armonía…
RESPUESTA.: Este prodigio es obra de la pesantez, que penetra todos los cuerpos de la naturaleza, y de la atracción con que se dirigen los unos hacia los otros según sus tamaños y sus distancias. Así, los Planetas gravitan hacia el Sol como al centro común del sistema, y los Satélites, hacia sus Planetas respectivos.

P.: Pues si gravitan hacia sus centros, ¿cómo es que no se precipitan en ellos?
R.: Porque tienen que obedecer a otro movimiento de proyección; esto es, a aquel movimiento que tienen los cuerpos arrojados, con el cual van huyendo constantemente del mismo punto céntrico que los atrae. Por eso, aunque la piedra de una honda es atraída al centro de la mano por el cordel, se aparta al mismo paso de ella a fuerza del movimiento de rotación con que es impelida.

Como buen ilustrado, Viera creía en el poder de la razón y no dudó en diferenciar entre ciencia y pseudociencia – entre astronomía y astrología. Él ya lo tenía claro, pero todavía hay hoy quien las confunde:

P.: ¿Las Estrellas y los Planetas tienen influjo sobre nosotros?
R.: Los antiguos atribuyeron varios influjos a los Astros, pero esa vana realidad de sus influjos está reducida al calor, a la luz, al peso sobre el aire y el mar, y a la fuerza de su atracción.

P.: ¿Cómo se llama esa imaginaria ciencia?
R.: Astrología Judiciaria.

Decía que las utilidades de la astronomía eran “muy honrosas y de la mayor satisfacción” porque, además de “suministrarnos la más admirable idea del universo y de la magnificencia del Creador” y tener utilidad práctica por ejemplo  en agricultura y navegación, nos ayuda a  conducirnos racionalmente y liberarnos de miedos infundados:

P.: ¿Qué utilidades se sacan de la Astronomía?
R.: Los conocimientos astronómicos son los que han ido desterrando del mundo aquellos terrores pánicos de que, a vista de los eclipses, se llenaban los hombres necios, cuyas consecuencias fueron tan funestas para ejércitos y provincias; y aquellas vanas observancias y sustos que ocasionaban las apariciones de los Cometas, Auroras Boreales y Exhalaciones encendidas. En fin, los conocimientos astronómicos han desterrado aquellas ridículas imposturas con que los Astrólogos, fundados en las influencias de los aspectos de los Astros, no sólo pronosticaban los sucesos naturales y físicos, sino que también llevaban el Horóscopo y anunciaban los acontecimientos de la vida humana. Así, viva la Astronomía y muera la absoluta ignorancia de ella.

Pues eso, ¡que viva la Astronomía y muera la absoluta ignorancia de ella!

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La campana perdida de Gauss

Un maestro manda un ejercicio a sus pequeños alumnos de siete años con la idea de mantenerlos ocupados mientras él se dedica a otra tarea. Se trata de calcular la suma de todos los números del 1 al 100: 1+2+3+4+… y así sucesivamente hasta 100. La clase queda en silencio cuando los niños se ponen manos a la obra, pero no pasa ni un minuto y ya hay uno que parece estar en babia. ¿Por qué no trabajas?, le pregunta el maestro. Es que ya he terminado – dice el crío -, la suma de todos los números del 1 al 100 es 5050. Los hechos ocurrieron a finales del siglo XVIII y el niño de la historia es Carl Friedich Gauss.

El pequeño Gauss, antes de comenzar a sumar mecánicamente como habían hecho sus compañeros, se paró a reflexionar sobre el problema. En seguida se dio cuenta de una curiosa propiedad: la suma del primer y último término de la serie (1+100=101) era igual a la suma del segundo y el penúltimo (2+99=101) y así sucesivamente:

1 , 2 , 3 , 4 . . . . . . . . . 97 , 98 , 99 , 100

1+100 = 2+99 = 3+98 = 4+97 = … = 101

Para tener el resutado final, se necesita repetir esta suma 50 veces, porque el último par a sumar es el 50+51. Es decir, el resultados será 50 veces 101, o 5050.

El maestro entendió que tenía un alumno especialmente dotado para las matemáticas y no dudó en hablar con sus padres para que le permitieran recibir clases complementarias de esta materia después de las clases ordinarias. Su talento también llegó a oídos del duque de Brunswick, quien pagó los estudios posteriores del joven Gauss, que de otro modo no podría haber continuado en la escuela porque su famila carecía de medios. De haber vivido hoy, Gauss no hubiera necesitado la ayuda de ningún duque para seguir estudiando. Sin embargo, quizás en la escuela, coloreando fichas, nadie hubiera descubierto su talento.

A Gauss se le conoce como Príncipe de las matemáticas, porque sus trabajos en este campo fueron muy numerosos e increíblemente brillantes. Una de sus contribuciones es la curva de distribución normal, también llamada gaussiana o campana de Gauss. La gaussiana representa la distribución de numerosos fenómenos aleatorios, humanos o naturales. Por ejemplo, la estatura, el coeficiente intelectual, los errores en las medidas de un experimento, el tamaño de los tornillos fabricados con una máquina o el peso de los paquetes de harina envasados en un molino, siguen una distribución normal.

Curva de distribución normal en torno a la media de desviación. (Figura extraída de la wikipedia).

Curva de distribución normal en torno a la media, μ, de desviación σ. (Figura extraída de la wikipedia).

La distribución normal tiene algunas propiedades interesantes. Si a cada uno de los valores de una distribución, le restamos el valor medio, elevamos al cuadrado cada una de estas diferencias, calculamos su suma y dividimos el resultado entre el número de valores, obtenemos una cantidad llamada ‘varianza’. La raíz cuadrada de la varianza es la desviación típica, o desviación estándar, un valor que da cuenta de la dispersión de los datos respecto a la media y que se suele denotar con la letra griega sigma (σ). Pues bien, en una distribución normal, el 68.2% de los valores se encuentran a una desviación estándar de la media (es la región pintada de azul oscuro en la figura). Es complicado dar definiciones precisas de conceptos tan complejos como la inteligencia o la capacidad de aprendizaje pero, a grandes rasgos, podemos decir que un 68.2% de los estudiantes tienen capacidades promedio dentro de una sigma. La educación escolar está diseñada fundamentalmente para atender a esta mayoría. Sin embargo, hay un 31.8% de escolares fuera de esta “normalidad”. Si en el año 2012 había unos 290.000 niños escolarizados en Canarias en los niveles de infantil y primaria, podemos decir que aproximadamente 92.000 niños se alejaban de la media en más de una desviación estándar. De ellos, más de 12.000 se encontraban entre dos y tres  desviaciones estándar. Incluso en los casos extremos, en las alas de la campana de Gauss, hay una población lo suficientemente importante como para que su presencia no pase desapercibida en las escuelas. Así, en Canarias en el año 2012 tuvo que haber unos 290 escolares cuyas capacidades eran más de tres desviaciones estándar menores que la media y otros tantos con capacidades más de tres sigmas mayores que la media. Este último quizás era el caso de Gauss. ¿Donde están todos estos niños?

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Pánico en la universidad

Últimamente la prensa se ha hecho eco de los problemas que están teniendo muchos universitarios para pagar sus matrículas. Se habla de unos 30000 estudiantes al borde de la expulsión por esa causa. Que cada vez haya más alumnos que no pueden hacer frente a los pagos es comprensible habida cuenta de los altísimos niveles de desempleo, la subida de las tasas y la disminución del número de becas, esto último motivado por el endurecimiento de los requisitos académicos.  Pero conocer los motivos no le quita dramatismo al hecho. Es una auténtica tragedia que chicos capaces y con ganas se queden fuera del sistema por motivos económicos. En este blog un profesor cuenta el  caso particular de un estudiante de ciencias y, desde luego, es difícil quedar indiferente ante la situación del muchacho. Aprovechando el debate  abierto en torno a los problemas de financiación de las universidades, y que estamos en junio, época de exámenes por excelencia, conviene recordar algunas cuestiones sobre la enseñanza superior en España:

1) La universidad nunca ha sido buena.

2) Nunca ha habido auténtica igualdad de oportunidades, afirmación que va unida a la primera: si la enseñanza no es buena, no hay igualdad posible.

3) La política universitaria en España nunca ha respondido realmente a los intereses de los alumnos o de la población general.

En un tiempo no tan lejano, los estudiantes debían matricularse en el distrito universitario que les correspondía por residencia. Recuerdo que cuando aparecieron aquellas infames ofertas de empleo que pedían abstenerse a los licenciados por las universidades de X e Y – que ya yo no llegué a ver, aunque yo ya vi pocas ofertas de trabajo -, muchos jóvenes canarios se inventaban familias en Madrid o Barcelona. Cierto es que otros no tenían necesidad de inventar nada por carecer de medios para vivir fuera de su isla. El caso es que la universidad nació con vocación provinciana.  ¡Que viva el enriquecimiento cultural y la universalidad del conocimiento! Universidad provinciana, como la luz oscura y el agua seca.

Después llegó la época en que los alcaldes de Villa Arriba no podían ser menos que los de Villa Abajo, y cada pueblo construyó su universidad y su auditorio de Calatrava. Los alumnos como excusa necesaria para la universidad cortijo, la  universidad agencia de colocación, la universidad trampolín para carreras políticas. Ahora estamos viendo que no había tarima para tanto rector, pero quizás ya sea demasiado tarde.

En definitiva, nunca ha habido un plan de educación que recogiera las necesidades reales del país y los derechos de la población. Aunque justo es reconocer que hay profesores e investigadores maravillosos en muchas universidades españolas, y que en los pasados treinta años mucha más gente ha podido estudiar de la que lo había hecho en cualquier otra época histórica. Sin embargo, seamos sinceros, aquí nadie ha entendido, o ha querido ver, lo que significa la enseñanza superior. Mi sensación es que siempre se ha jugado a ser erudito, catedrático, decano o miembro del equipo rectoral, más por  prestancia que por convicción. La universidad es una gran farsa donde gente con escasas inquietudes finge ser Newton, Heidegger o Gauss. Si la educación de los alumnos se ha considerado un accesorio, no es de extrañar que en tiempos de vacas flacas los alumnos sean los primeros en salir del sistema, sin diploma y por la puerta de atrás. Y aunque siempre ha habido alumnos que han ‘sobrado’ – porque no todo el mundo vale para ser universitario, como no todo el mundo vale para jugar al fútbol o para tocar la trompeta – sólo los de clase baja tienen que esforzarse en demostrar su valía, como demuestra el hecho de que existen más requisitos académicos para obtener beca que para matricularse. Con dinero siempre ha sido posible ser mal estudiante y así seguirá siendo.

Creo que todos conocemos a personas valiosísimas que no tuvieron la oportunidad de ir a la universidad, y a auténticos zoquetes con título. ¿Es ley de vida? No, es una pena muy grande. Para la sociedad entera.

Lo doctor no quita lo pendejo, como dicen los mexicanos.

Editado para incluir el enlace a un artículo con el que estoy bastante de acuerdo, aunque yo creo que también habría que invertir esfuerzo en mejorar la propia universidad porque, entre otras cosas, es condición necesaria para la mejora de la enseñanza primaria y secundaria.

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No le robéis a los niños

Que una mala educación condiciona el futuro de una persona, al no dejarle desarrollar todas sus capacidades, es cosa sabida. Sin embargo, una mala educación puede afectar a niveles mucho más profundos. Y es que creo que se está robando a los niños algo muy importante. Me refiero a la posibilidad de disfrutar aprendiendo, de explorar esa dimensión imaginativa necesaria para comprender el mundo y para soportarlo. Vivimos –hemos vivido– en una sociedad consumista donde lo importante es rodearse de objetos. La alegría se compra. No hay felicidad sin gasto. Los mundos imaginarios son creados por otros, para después ser construidos a medida y ofrecidos como parques temáticos en paquetes con todo incluido. Vivimos  como consumidores, no como ciudadanos, y educamos a los niños en consecuencia. En el colegio donde hice la prácticas llevaron a los niños de sexto –en temporada de clases, para más inri–  a Disneyland® Resort Paris, popularmente conocido como Eurodisney. Algunos salían de la isla por primera vez, y quién sabe cuando volverán a hacerlo al precio que se está poniendo volar, pero no visitaron ningún parque natural, ningún pueblo o ninguna ciudad real: se metieron en una especie de escenario, concebido por los creativos de Disney S.A., donde obtuvieron diversión a cambio de dinero y se llevaron fotos y merchandising en lugar de auténticas vivencias. Yo no voy a decirles a los padres lo que tienen que hacer con sus hijos, pero me parece que la escuela no debería fomentar estas cosas que, como poco, denotan una pobreza cultural alarmante cuyas consecuencias pagarán al final los niños. La infancia ha pasado a ser un segmento del mercado sobre el que se han edificado emporios empresariales y,  como los adultos, los más pequeños han aprendido a valorar los productos, no por lo que son, sino por el estatus que se consigue al poseerlos. Pero si formar consumidores es cuestionable, formar consumidores, cuando deja de haber medios para consumir, es criminal.

Disneyland Paris (imagen extraída de http://www.pequeocio.com)

Porque estamos hablando de niños que crecerán en el país de la eurozona con más desigualdad social, donde los servicios sociales atienden ya a ocho millones de personas, donde una de cada cuatro personas en edad de trabajar está desempleada (una de cada tres en Canarias) y donde un tercio de los que trabajan queda al borde de la pobreza al cobrar a lo sumo el salario mínimo. Esto no quiere decir que echarse en brazos del consumismo desaforado sea bueno mientras haya posibles. Lo que ocurre es que, cuando no los hay, la situación de indefensión de los niños se hace más evidente. No hay nada más irresponsable que educar a un niño para hacerle creer que su propia autoestima depende de tener tal o cual y después arrancárselo o no dejarle acceder a esos bienes cuyo valor se ha sobredimensionado más allá de lo razonable. Por eso me ponen de mal humor los vídeos como el que colgué el otro día, un nuevo ejemplo de publicidad encubierta en supuestos valores educativos. ¿Qué pinta Telefónica en la escuela? Hay que asumirlo: los placeres que se pueden conseguir con dinero cada vez estarán al alcance de menos personas. Ahora podemos seguir alimentando el sistema con consumidores frustrados o cambiar el paradigma y educar para disfrutar de lo que no cuesta nada pero vale mucho.

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