Archivo de la etiqueta: William Herschel

Astronomía para niños ilustrados

José de Viera y Clavijo fue un ilustrado canario, nacido en 1731, conocido sobre todo por su estudios sobre la geografía y la historia de Canarias, recogidos en el libro “Noticias de la historia general de las Islas de Canaria”, y por su “Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias”, un  índice alfabético descriptivo de los tres reinos, animal, vegetal y mineral, como él mismo subtituló. Tras pasar gran parte de su vida en Madrid y viajando por distintos países europeos, regresó a los 53 años a las islas, donde fundó un colegio y trabajó algún tiempo como maestro. 

José de Viera y Clavijo. Imagen extraída de la wikipedia.

José de Viera y Clavijo. Imagen extraída de la wikipedia.

Además de por los trabajos enciclopédicos, Viera destacó por sus textos didácticos para niños, sobre todo sobre ciencias experimentales. En “Las bodas de las plantas“, resume en verso el esquema de Linneo para la clasificación botánica; En “Los aires fijos“, también en verso, entre otros temas trata la teoría – ya obsoleta – del flogisto, que decía que los materiales susceptibles a ser quemados contenían una sustancia llamada flogisto, de modo que la combustión consistía en la pérdida de la tal sustancia. Pero si en lo referente a la teoría del flogisto no estuvo acertado, o digamos que no llegó a enterarse de que unos años antes, en 1777, Lavoisier ya había demostrado su inconsistencia, fue profético al imaginar que el hombre llegaría a la Luna o que se descubrirían nuevos planetas: Neptuno en el Sistema Solar en 1846 y un sinfín de planetas extrasolares, “en el más profundo”, a finales del siglo XX:

Bien podrá ser que un día la Fortuna
haga nacer otro Colón segundo
que emprenda navegar hasta la Luna
como aquel hizo viaje al nuevo mundo

que un Herschel lince, sobre tal columna,
nuevos planetas halle en el profundo;
y que algún Fontenelle tanto viva
que ande los astros y su Historia escriba.

Sobre astronomía Viera y Clavijo escribió “Noticias del cielo o Astronomía para niños”, esta vez en forma de catecismo. El libro recoge una serie de preguntas con sus respuestas, que suponemos que los niños tendrían que aprenderse de memoria:

PREGUNTA: Arrebatada mi alma al fijar la atención en ellos, quisiera de algún modo instruirme en el conocimiento de los cuerpos celestes y, a diferencia de los brutos, saber distinguirlos con tal cual su individualidad.
RESPUESTA: Los cuerpos celestes son el Sol, los Planetas, los Satélites o Lunas, los Cometas y las Estrellas fijas.

En los distintos capítulos se interroga sobre el Sol, la Tierra, la Luna, los planetas y sus satélites, los eclipses, los cometas y la Vía Láctea. Sobre el Sol explica:

PREGUNTA: ¿Qué es el Sol?
RESPUESTA: Un cuerpo esférico, luminoso y ardiente, casi millón y medio mayor que la Tierra, y unas quinientas mil veces más grande que todos los Planetas juntos, los cuales participan de su luz y calor.

P.: ¿El Sol se mueve?
R.: Aunque nos parezca a nosotros que se mueve, demuestran los Astrónomos que está casi inmóvil como centro del Sistema Planetario.

P.: ¿Y por qué nos parece que él se mueve y que nosotros no nos movemos?
R.: Por la misma razón que al que navega le parece que se mueve la Tierra que tiene a la vista, y que su bajel está inmóvil.

P.: Pero aunque el Sol esté fijo, por lo menos no dará vueltas sobre su propio eje…
R.: Si señor, las da con efecto en veinte y cinco días y medio.

P.: ¿Cómo se sabe eso?
R.: Por las manchas que se suelen observar en su superficie.

P.: ¿Cuánto tiempo gasta la luz del Sol para llegar a la Tierra?
R.: Ocho minutos.

Explica también, con más pena que gloria, que los astros se mueven bajo la acción de la gravedad:

PREGUNTA.: Ahora queda que satisfacer la duda de que cómo tantos y tan grandes cuerpos Planetarios pueden mantenerse suspensos en el espacio etéreo; y qué fuerza secreta puede ser la que los retiene en sus órbitas y los obliga a circular con tanta regularidad y armonía…
RESPUESTA.: Este prodigio es obra de la pesantez, que penetra todos los cuerpos de la naturaleza, y de la atracción con que se dirigen los unos hacia los otros según sus tamaños y sus distancias. Así, los Planetas gravitan hacia el Sol como al centro común del sistema, y los Satélites, hacia sus Planetas respectivos.

P.: Pues si gravitan hacia sus centros, ¿cómo es que no se precipitan en ellos?
R.: Porque tienen que obedecer a otro movimiento de proyección; esto es, a aquel movimiento que tienen los cuerpos arrojados, con el cual van huyendo constantemente del mismo punto céntrico que los atrae. Por eso, aunque la piedra de una honda es atraída al centro de la mano por el cordel, se aparta al mismo paso de ella a fuerza del movimiento de rotación con que es impelida.

Como buen ilustrado, Viera creía en el poder de la razón y no dudó en diferenciar entre ciencia y pseudociencia – entre astronomía y astrología. Él ya lo tenía claro, pero todavía hay hoy quien las confunde:

P.: ¿Las Estrellas y los Planetas tienen influjo sobre nosotros?
R.: Los antiguos atribuyeron varios influjos a los Astros, pero esa vana realidad de sus influjos está reducida al calor, a la luz, al peso sobre el aire y el mar, y a la fuerza de su atracción.

P.: ¿Cómo se llama esa imaginaria ciencia?
R.: Astrología Judiciaria.

Decía que las utilidades de la astronomía eran “muy honrosas y de la mayor satisfacción” porque, además de “suministrarnos la más admirable idea del universo y de la magnificencia del Creador” y tener utilidad práctica por ejemplo  en agricultura y navegación, nos ayuda a  conducirnos racionalmente y liberarnos de miedos infundados:

P.: ¿Qué utilidades se sacan de la Astronomía?
R.: Los conocimientos astronómicos son los que han ido desterrando del mundo aquellos terrores pánicos de que, a vista de los eclipses, se llenaban los hombres necios, cuyas consecuencias fueron tan funestas para ejércitos y provincias; y aquellas vanas observancias y sustos que ocasionaban las apariciones de los Cometas, Auroras Boreales y Exhalaciones encendidas. En fin, los conocimientos astronómicos han desterrado aquellas ridículas imposturas con que los Astrólogos, fundados en las influencias de los aspectos de los Astros, no sólo pronosticaban los sucesos naturales y físicos, sino que también llevaban el Horóscopo y anunciaban los acontecimientos de la vida humana. Así, viva la Astronomía y muera la absoluta ignorancia de ella.

Pues eso, ¡que viva la Astronomía y muera la absoluta ignorancia de ella!

Entradas relacionadas:

Anuncios

Neptuno, la gran catástrofe y el año 2012

Esta historia, además de ser entretenida (creo) puede utilizarse en la escuela para ilustrar la diferencia entre astronomía y astrología, y entre ciencia y pseudo ciencia.

Cada vez estamos menos acostumbrados a mirar al cielo pero si lo hiciéramos a menudo iríamos viendo que hay puntitos que parecen estrellas que se mueven, no trazando un círculo alrededor de la Tierra como nos parece que hace el Sol, sino con un movimiento un poco errático de acá para allá. No es nada nuevo. Ya los sumerios, que vivieron hace más de 5000 años, se habían dado cuenta pero fue a los griegos a quienes se les ocurrió llamar a estos astros ‘estrellas errantes’, lo que en griego se dice ‘planētēs’ y se escribe πλανήτης: son los planetas. En aquellos tiempos sólo se conocían Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Y también la Tierra, claro, aunque los pueblos de la antigüedad no estaban seguros de que el nuestro fuera un planeta más. El caso es que nadie tenía por qué suponer que había planetas más allá de Saturno porque en realidad son muy difíciles de ver por estar muy lejos y no tener luz propia. Y así pasaron muchos años. Cuatros mil ochocientos años, más o menos.

William Herschel, el descubridor de Urano. Como homenaje, uno de los telescopios del Roque de los Muchachos, en La Palma, se llama como él. (Imagen extraída de la wikipedia)

Una noche de 1781, un músico profesional aficionado a la astronomía, llamado William Herschel, se encontraba mirando al cielo con un telescopio que había construido él mismo con tan buena mano que era mejor que ningún otro de su época. William era en realidad Wilhelm: había nacido en Hannover (Alemania en aquel tiempo no era todavía un país) pero se trasladó a Inglaterra después de haber tenido que luchar en una guerra contra Francia que causó miles de muertos, hecho que lo impresionó profundamente. Herschel, decíamos,  estaba mirando una noche por su telescopio cuando reparó en un pequeño disco luminoso que no pudo identificar con nada conocido. Supuso con acierto que se trataba de un planeta que estaba más allá de Saturno porque se movía más despacio que éste. Lo llamó ‘Planeta Jorge’ en homenaje al rey de Inglaterra Jorge III. Y así fue conocido el nuevo planeta durante muchos años hasta que finalmente a alguien se le ocurrió llamarlo Urano, que es el dios de los cielos en la mitología griega. De esta manera, por casualidad, se descubrió el séptimo planeta.

Como es lógico todos los astrónomos del mundo dirigieron sus telescopios a Urano para ver cómo era y cómo se movía. Los científicos ya conocían la ley de la gravitación universal de Newton y sabían las masas del Sol y de los otros planetas del sistema solar así que pudieron hacer tablas para saber dónde debería encontrarse Urano en una fecha dada. Pero resultó que las observaciones no coincidían con los cálculos que habían hecho. ¿Estaría Newton equivocado? ¿Tendría Urano un satélite muy masivo que lo desviaba de su órbita? ¿O quizás habría otro planeta aún sin descubrir? Como era un problema muy interesante, la Academia de Ciencias de Göttingen ofreció un premio a quien encontrara la solución al enigma del movimiento de Urano. Esto ocurría en 1842.

Urbain Le Verrier, el matemático francés que hizo los cálculos que permitieron el descubrimiento de Neptuno (foto tomada de la wikipedia)

Urbain Leverrier era un matemático francés que sabía mucho sobre mecánica celeste y se propuso a estudiar el problema de Urano. Supuso que su movimiento era perturbado por otro planeta y, a partir de las anotaciones que otros astrónomos habían hecho, calculó la posición a la que debía encontrarse el nuevo cuerpo. Así, descubrió un nuevo planeta sin usar ningún telescopio. Ni siquiera tuvo que asomarse a la ventana: le bastó con hacer una serie de cálculos – eso sí, imaginamos que bastante complejos – para predecir que había un planeta nuevo que se encontraba en un lugar determinado en un momento dado. Para comprobar que su resultado era correcto, escribió a J.G. Galle, del observatorio de Berlín, pidiéndole realizar observaciones en el lugar del cielo donde predecía que el nuevo planeta debía estar. Y así fue: cinco días después el planeta fue encontrado muy cerca de donde Le Verrier había dicho.

John Couch Adams, el matemático inglés que también hizo los cálculos que posibilitaron el descubrimiento de Neptuno.

Pero Le Verier no fue el único que predijo la existencia de Neptuno. Un poco antes, en Inglaterra, un estudiante llamado John Couch Adams había trabajado sobre ese tema durante sus vacaciones. Aunque sus cálculos iban bien encaminados, Adams era una persona algo insegura y prefirió consultar con el astrónomo real, George Airy, antes de hacer públicos sus resultados. La historia dice que Airy no le hizo mucho caso pero parece que se trató más bien de un desafortunado desencuentro. El joven Adams (que no era tan joven – tenía ya 27 años) se había presentado en dos ocasiones en casa del astrónomo real sin avisar. La primera vez no lo encontró porque estaba de viaje y la segunda no fue atendido porque tuvo la mala suerte de presentarse a la hora de la cena familiar, y es que por lo visto los Airy cenaban más temprano de lo que era habitual. Eso sí, más tarde el astrónomo real envió una carta al estudiante para pedirle una serie de aclaraciones sobre los cálculos que había hecho pero por alguna razón, éste nunca le respondió. Sea como fuera, pasado algún tiempo se confirmó que el trabajo de Adams también era correcto y, tras algunos incidentes diplomáticos, se le reconoció como co-descubridor de Neptuno. Bueno, al principio no hubo consenso sobre cómo bautizar al nuevo planeta, como había ocurrido antes con Urano (por cierto, fue el mismo Adams el que sugirió que se llamara así). Le Verrier quería que se llamase ‘Le Verrier’ así que los ingleses amenazaron con rebautizar el descubierto por el astrónomo germano-británico como ‘Herschel’. Finalmente se optó por Neptuno que es el dios romano del mar. Para añadir confusión al descubrimiento, hoy se sabe que Galileo había observado Neptuno más de dos siglos antes de su descubrimiento oficial y, aunque siempre se pensó que lo había confundido con una estrella más, hay investigadores que han propuesto después de estudiar sus anotaciones,  que el astrónomo italiano sí sabía que había encontrado un planeta nuevo.

¿Y que pinta una gran catástrofe y el año 2012 en esta historia? Pues no mucho, en realidad. Resulta que en 1979 el astrólogo uruguayo Boris Cristoff (no confundir con Boris Karloff) después de realizar una “investigación a fondo” predijo que una gran catástrofe ocurriría en 1983 y así lo expuso en un libro que le publicó la editorial Martínez Roca (en la imagen). En realidad, la tal investigación de Cristoff se apoyaba a su vez en el libro “The Jupiter effect“, de John Gribbin y Stephen Plagemann quienes:  “Advierten una extraña concentración de planetas que se produce cada 179 años, y cuyo próximo ciclo se cumple en 1982. Creen que la combinación de influencias gravitacionales causará las mayores mareas conocidas y enormes llamaradas solares (…)“.

Libro publicado por Boris Cristoff en la editorial Martínez Roca (imagen extraída de aquí).

Ni que decir tiene que nada catastrófico ocurrió en 1983 (porque supongo que la aparición de un nuevo disco de Camilo Sesto no cuenta como catástrofe). Y es que las predicciones científicas surgen como consecuencias lógicas de teorías contrastadas, bien con experimentos que puedan repetirse o bien con observaciones rigurosas, como ocurrió con el descubrimiento de Neptuno. Las predicciones astrológicas, sin embargo, surgen de la ignorancia… o de la picardía de los astrólogos: pese al fracaso de 1983 Boris Cristoff tiene un número 902 en Uruguay desde donde sigue haciendo predicciones disparatadas a cambio de única módica (o no) cantidad de dinero.

Últimamente estamos oyendo un montón de teorías que predicen que el fin del mundo tendrá lugar nada menos que el próximo año, en el 2012 (por ejemplo aquí dan diferentes hipótesis – a cada cual más pintoresca –  sobre cómo ocurrirá). Lo que pasa es que tales teorías tienen el mismo fundamento que las ideas de Cristoff: o sea, ninguno. Este post será actualizado el próximo año y les aseguro que todos seguiremos aquí tan campantes.

Editado (21/12/2012): Efectivamente, el mundo no se ha acabado y todos seguimos aquí tan campantes. Una gran noticia, en cualquier caso.

Hay muchísimos libros y artículos que tratan los temas de este post. Yo me he basado en los libros “Guía de la Tierra y del espacio” de Isaac Asimov; “Una breve historia de casi todo” de Bill Bryson; y en las siguientes páginas: “Un rincón cerca del cielo“; wikipedia sobre Herschel, Le Verrier y Adams;Adams, Airy and the discovery of Neptune in 1846“, “Ciencia Kanija” y “La gran catástrofe de 1983“.