Archivo mensual: agosto 2012

La educación prohibida

Anoche terminé de ver “La educación prohibida”,  una película documental financiada colectivamente  y con licencia libre. El documental gira en torno a una serie de entrevistas a representantes de distintas propuestas  educativas alternativas de 8 países del ámbito iberoamericano. En casi dos horas y media hay de todo: análisis acertados, propuestas interesantes… pero también mucho tópico, mucha reinvención de la rueda y sobre todo mucha consigna new age.  Se ha intentado también conseguir cierta tensón narrativa introduciendo una trama naif con el devenir de unos adolescentes a los que se les prohibe leer un discurso con proclamas tan revolucionarias como “la educación está prohibida” o “nos enseñan a competir por cosas que no tienen valor”. Al guión no le falta ningún elemento del género cinematográfico de temática escolar, a saber, un profesor guapo que quiere cambiar las cosas y una profesora rígida de gesto adusto con aspecto de la típica bibliotecaria de película de porno soft antes de quitarse las gafas y soltarse el pelo. Este es el trailer:

La tesis principal de la película es que la escuela esclaviza, que coarta la libertad del niño, impidiendo su desarrollo. Al mismo tiempo, supone que cada niño es un genio en uno u otro campo.  Es verdad que el cerebro de los niños está diseñado para aprender y, en este sentido, un niño comparado con un adulto sí puede ser considerado genio.  Pero el que los niños tengan curiosidad innata y facilidad para aprender no significa necesariamente que la intervención escolar vaya a echar a perder esa potencialidad. Puede ocurrir- y de hecho ocurre con frecuencia – que un mal método acabe anulando las capacidades innatas del niño y matando al mismo tiempo esas ganas de aprender que traía de fábrica, pero de aquí no se deduce que la escuela sea nociva por sí misma, sino que a veces funciona mal.  En este punto, se suele poner de ejemplo a Einstein (este documental también lo cita) que dijo cosas como “la única cosa que interfiere con mi aprendizaje es mi educación”.  Lo que nadie piensa es que  puede que esto fuera cierto para Einstein – que era un verdadero genio y es bastante probable que a la edad de 5 años ya supiera más que sus maestros – pero no es ni mucho menos generalizable. Como decía Freeman Dyson, tanta razón tienen los que opinan que los niños necesitan ser liberados de la esclavitud de las aulas para mantener viva su curiosidad y deseo de aprender (que es la tesis de “La educación prohibida”) como los que defienden una educación impuesta por una autoridad docente centralizada, porque actúa a favor de la justicia social y de la igualdad de oportunidades. Moraleja: no debemos empeñarnos en tratar al niño como un ente simple en abstracto porque lo cierto es que, no sólo cada niño es diferente, sino que tanto el pensamiento infantil como las relaciones que se establecen en los procesos educativos son de una complejidad extraordinaria. Cada niño individual tiene cualidades complementarias de docilidad y rebeldía. Cada niño necesita disciplina y libertad al mismo tiempo y de una manera u otra los maestros tienen que facilitar las dos cosas. Como es necesario hacer compatible lo que sabemos sobre el aprendizaje humano con un sistema educativo universal, se debe procurar que este sea lo más flexible posible (esta es la tesis que yo defiendo). Para conseguirlo, creo que el maestro tiene necesariamente que improvisar. No hablo de improvisación como falta de preparación o negligencia sino todo lo contrario: tendrá que tener una formación cuanto más sólida mejor porque sólo así podrá dar respuesta a las necesidades de sus alumnos. El escritor José Luis Sampedro decía que cuando creaba un personaje tenía que inventar toda su vida y circunstancias, aunque en la novela sólo hiciera una pequeña aparición. Pues bien, del mismo modo sería ideal que el maestro tuviera un conocimiento profundo de todos los campos del saber aunque en la práctica con sus alumnos quizás sólo vaya a necesitar sacar a relucir una mínima parte. Por todo esto, la de maestro me parece una profesión tan bonita como complicada.

Volviendo al tema de la igualdad de oportunidades, algo que el documental no dice en ningún momento es que el objetivo de un sistema educativo como el nuestro no sólo es educar, sino también tratar de ofrecer las mismas oportunidades a todos los ciudadanos y además servir de árbitro o de aval: por ejemplo, sin el título de maestra no podría ejercer como tal y esto es así porque la sociedad ha confiado en unos profesionales que mediante un proceso más o menos complejo, han certificado mi capacidad para ejercer una profesión. Con esto quiero decir que en los asuntos relativos a la educación, no sólo hay que tener en cuenta las evidencias científicas sobre asuntos como el aprendizaje y el desarrollo del cerebro, sino también cuestiones éticas (aceptamos que todos tenemos derecho a la educación) y políticas o de organización (el estado debe certificar que los ciudadanos cumplen ciertos requisitos necesarios para asumir ciertas responsabilidades). Un buen sistema educativo tiene que garantizar que cualquiera, independientemente de sus origen, sea capaz de llegar adonde su mérito y esfuerzo le permitan  y al mismo tiempo que todos seamos verdaderamente capaces de cumplir responsablemente con las obligaciones que hemos asumido. Nada de esto parece interesar a los creadores de “La educación prohibida”. Me escama que los expertos a los que han entrevistado provengan todos de centros privados, experimentales pero de élite (aunque es verdad que si no hay dinero público no queda más remedio que cobrar o trabajar gratis). Quizás por eso se hayan dado el lujo de no hablar de preparación y conocimientos en ningún momento de la película: los hijos de las clases altas de Santiago o Buenos Aires no tienen ningún problema en acceder a los mejores trabajos o de ir a la universidad si así lo quieren porque su mundo está tan alejado al de  las clases populares que es probable que nunca se vean en la necesidad de competir con estas. Quizás esta educación represente un avance en cuanto defensa de las libertades individuales de algunos  – que también lo dudo – pero desde luego es un paso atrás en lo que respecta a igualdad y justicia social. De hecho, en la película se han retratado algunas de las sociedades más desiguales del mundo (premonitoriamente han incluido a España, que va camino de unirse a este grupo porque el fin de la crisis  no será otro que la aceptación de la desaparición de gran parte de la clase media y la degradación de los servicios públicos  y, por tener, tendrá hasta deuda externa) y, sin embargo, nos hacen creer que el único problema de sus sistemas educativos es el supuesto adoctrinamiento de los escolares y la falta de democracia de sus instituciones.

Y llegamos al asunto de la libertad. A este respecto la película llega a una curiosa conclusión: como por lo visto la educación primaria obligatoria y gratuita se introdujo por primera vez en Prusia allá por el siglo XVIII y primero este país y después Alemania fueron los principales responsables de los lamentables episodios bélicos que todos conocemos, se deduce que un sistema escolar obligatorio y gratuito no es bueno. Maravilloso. Me pone de bastante mal humor que a estas alturas del campeonato, desde sectores supuestamente progresistas, se planteen dudas sobre la necesidad de un sistema obligatorio  y gratuito. Creo que el sistema debe estar siempre abierto a la crítica y puede retomarse el debate de hasta dónde debe llegar la obligatoriedad. Una educación obligatoria y gratuita no es suficiente, de acuerdo, pero desde luego es necesaria. El caso es que los entrevistados no dejan de repetir que lo importante es la formación humana, formar en valores. No parecen darse cuenta de que siempre, en todo proceso educativo, va a haber una transmisión de valores, otra cosa es qué valores son esos. ¿Se puede educar en libertad? Pues hasta cierto punto porque por definición educar es imponer. Es ingenuo pensar que un adulto no influye en los jóvenes. Es más, para que el proceso tenga sentido el niño tiene que confiar en el adulto, tiene que reconocer que el profesor sabe más que él y admitirlo como guía provisional en su proceso de aprendizaje. Después podrá disentir llegado el caso, y será bueno que lo haga, pero si, por ejemplo, las normas no se imponen sino que se deciden en asamblea, será porque el adulto así lo habrá querido. Negarlo es engañarse y engañar a los educandos. Llegados a este punto, me pregunto por qué los adolescentes chilenos, víctimas de un sistema autoritario, han sido capaces de hacer dimitir al Ministro de Educación mientras que los jóvenes que han crecido en sistemas aparentemente más democráticos tienen nula conciencia política. ¿Será que en nombre de la democracia se puede manipular de tal manera que ni siquiera se es consciente de que existe tal manipulación?

En definitva, yo soy la primera que encuentra razones para ser crítica con el sistema educativo pero a mi juicio lo que plantea esta película tiene bastante poco fundamento. Como dijo Lluis LLach, “no és això, companys, no és això”

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Matemáticas y poesía

Decía el físico Paul Dirac que cuando trabajas en ciencia tienes que escribir sobre cosas que nadie sabe con palabras que todo el mundo es capaz de entender, mientras que al escribir poesía se debe expresar algo que todo el mundo sabe con palabras que nadie entiende. Aunque la broma está en afirmar que no hay encuentro posible entre la ciencia y la poesía, creo que Dirac hace exactamente lo contrario al reconocer que ambas se valen de la naturaleza metafórica del lenguaje y que, por tanto, están íntimamente relacionadas.

Decía el poeta Federico García Lorca (casualmente hoy se cumplen 76 años de su muerte), que poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio. Y es que un verso es como una ecuación. Como en la ecuación, todo tiene que encajar, sus términos no se pueden alterar o suprimir – a menos que se sigan ciertas reglas y siempre manteniendo el cuerpo que le da sentido -. El significado de la ecuación tiene que penetrar en las profundidades del pensamiento y permanecer en la memoria y tiene que evocar otras relaciones. Esto es precisamente un verso: una pieza del lenguaje – que forma un misterio – formulada de manera única y precisa, que tiene que ser necesariamente como lo ha concebido el poeta.

Pensemos en un verso que nos conmueva: No hay extensión más grande que mi herida“, de Miguel Hernández, por ejemplo. Estas ocho palabras forman un todo y transmiten muchísimo más que expresiones como “mi herida es muy grande” o “sufro tanto como si tuviera una herida enorme”, aunque podría parecer que la última formulación explica más claramente el estado de ánimo del autor. Ni siquiera movilizando algún recurso poético para escribir algo del tipo “ni el mar ni el universo son más grandes que mi herida” es fácil alcanzar, si quiera mínimamente, la fuerza del verso de Miguel Hernández (el mío es un verso horrible, de hecho). Al profesor que recuerdo con más cariño de mi época escolar, es al que tuve en Literatura de 2º de BUP. A estas alturas ya no me acuerdo de su nombre pero no se me borra la clase que dedicó íntegramente a comentar el verso “Tus campos rompan tristes volcanes“, otro maravilloso ejemplo del poder de la palabra: la amenaza “espero que exploten unos volcanes y acaben con todos ustedes” no sobrecoge tanto como la de la endecha popular. Y es que los poetas son capaces de formar algo así como un misterio. Es más, no es que la poesía adorne los pensamientos, es que en ocasiones es el único medio de compartirlos. Porque hay cuestiones tan complejas que no queda más remedio que apelar a la poesía, y así es frecuente que la gente responda “no tengo palabras” cuando se le pregunta por un hecho que los ha sobrecogido o emocionado especialmente. Del mismo modo, las matemáticas no adornan las teorías científicas sino que están en su misma esencia.

Hay muchos ejemplos de matemáticos poetas y viceversa. Nicanor Parra (Premio Cervantes del 2011) es físico, matemático y poeta (antipoeta, diría él). A él se debe la ecuación canónica de la poesía occidental – más bien la igualdad-, que es la siguiente: (14+8)/2 = 11 (la versión que viene en el artículo que he enlazado es incorrecta porque le falta un paréntesis). El poeta explica la expresión del siguiente modo en una entrevista: “los versos de 14 sílabas corresponden al mester de clerecía, el de Gonzalo de Berceo. Yo [el periodista] le digo que los alejandrinos también pueden contarse como dos versos de 7, pues los de 14 casi siempre tienen un cesura en el medio. Parra está de acuerdo, pero la cosa no cambia, 7 + 7 = 14. A este se le suma el octosílabo de las coplas y de los romances, el mester de juglaría, la poesía popular. La división por dos de estos dos tipos de versos canónicos da la medida intermedia, la perfecta, que no es culta ni popular: el endecasílabo. El verso típico del soneto italiano, provenzal, castellano…”

Otro poeta matemático es Raymond Queneau a quien se le ocurrió escribir 10 sonetos y reunirlos en un libro donde cada uno estaba impreso en una página recortada a su vez en 14 trozos, uno por cada verso. La idea era combinar los versos para componer diferentes nuevos sonetos. Tantos como 1014: hay 10 posibilidades para el primer verso, diez para el segundo, diez para el tercero… y así hasta catorce. Por eso tituló su libro Cent Mille Milliards de Poèmes” (“Cien mil millardos de poemas”, o lo que es lo mismo “Cien billones de poemas”). Cien billones porque un billón son un millón de millones, o sea 1012, así que 1014 hacen cien veces un billón. Recientemente la Editorial Demipage ha editado un libro, homenaje a Quenau, siguiendo el mismo procedimiento. Lo ha titulado “Cien mil millones de poemas”, no sé si por error o para que sonara parecido al original francés, porque lo cierto es que hay más de cien mil millones de poemas, como acabamos de ver. En este blog hay un par de vídeos donde se explica cómo funciona el invento.

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La biblioteca universal

En Borges verbal, Jorge Luis Borges narra la siguiente anécdota:

Nuestra Biblioteca Nacional [de la Argentina] tiene 900.000 volúmenes. La biblioteca de Lussok, una pequeña ciudad de Texas al borde del desierto, tiene dos millones. Encontré allí libros de literatura anglosajona que no había hallado en ninguna parte. Me los regalaron. Luego me dijeron que había una sección argentina y que pidiera algunos libros. Entonces yo pedí algunos títulos fáciles (“El Facundo”, “Don Segundo Sombra”). Y me dijeron: «No, pida algo más difícil». Bueno, dije, voy a hacer la prueba. A ver, “El imperio Jesuítico”, de Lugones, del que no tenemos ejemplar en la Biblioteca Nacional. Entonces viene la bibliotecaria, una muchacha alta, rubia, texana, y dice: «Quiere la primera o la segunda edición». Tenían las dos. Quiere decir que una persona sin salir de su pueblo (que es digamos como Los Toldos) [en la provincia argentina de La Pampa] puede estudiar cualquier cosa. Tiene todas las posibilidades. Pero, en medio de todo eso, hay un sistema educativo absurdo que lo desperdicia.

¿Qué hubiera dicho de haber conocido Internet? Probablemente algo parecido.

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El mecanismo del botijo

Siempre que escucho la expresión “es más simple que el mecanismo del botijo” pienso que el pobre botijo no merece esa consideración de paradigma de lo sencillo. El mecanismo del botijo es simple, sí, pero sobre todo es muy ingenioso.

Empecemos hablando del sudor. El sudor es básicamente agua segregada por unas glándulas, llamadas sudoríparas, que tienen los mamíferos en la piel. Como el agua necesita energía para pasar de estado líquido a gaseoso, o sea, para evaporarse, cuando el sudor de nuestra piel se evapora, extrae energía del cuerpo, en forma de calor, y nos refrescamos.  Gracias a este proceso de transpiración, conseguimos regular la temperatura corporal cuando hace calor o cuando realizamos alguna actividad física intensa. El único  mamífero que no tiene apenas glándulas sudoríparas es el cerdo y por esa razón necesita remojar su piel para refrescarse, recurriendo a los baños de barro cuando no le queda más remedio. Este hábito le ha dado al pobre guarro, puerco, cochino o gorrino fama de sucio.

Botijos

Un par de botijos (imagen extraída de la tienda virtual de la Alfarería La Fábrica, de Pereruela, Zamora)

Y volvamos ahora a los botijos. Los botijos están hechos de barro poroso por lo que parte del agua que contienen se filtra a través de sus paredes. Y entonces ocurre lo mismo que con el sudor: al evaporarse, el agua extrae calor lo que hace que el contenido del botijo se refresque. En definitiva, el botijo es una máquina frigorífica porque consigue extraer el calor de un foco más o menos frio (el agua) para cederlo a otro más caliente (el aire de un día de verano, por ejemplo). El sentido común – y la primera ley de la termodinámica – nos dice que este proceso es imposible a menos que haya un aporte adicional de energía. En el caso del botijo, esta energía la aporta el sol que evapora el agua de sus paredes.

En resumen, si queremos enfriar algo tenemos dos soluciones: ponerlo en contacto con algo más frio, por ejemplo de un bloque de hielo o nieve como se hacía en las neveras antiguas – de ahí el término ‘nevera’ -,  o aportar trabajo para hacer que el calor pase de un cuerpo a otro que está más caliente, que es lo que ocurre en el botijo o en las neveras modernas. Los modernos frigoríficos tienen un circuito cerrado por el que circula un líquido que se ve comprimiendo y expandiendo, evaporando y condensando, de tal manera que se va extrayendo calor del interior de la nevera. Para que esto ocurra, lógicamente, hace falta energía y por eso hay que enchufar las neveras a la corriente. ¿Y no se podría fabricar un frigorífico que funcionase con la energía del Sol, como los botijos?

Refrigerador construido usando dos vasijas y arena húmeda (imagen extraída de http://www.shtfmovement.com).

Al nigeriano Mohammed Bah Abba se le ocurrió la idea de meter una vasija de barro dentro de otra mayor y rellenar de arena el espacio entre ambas. La arena se moja y se procura que esté siempre húmeda de tal manera que el agua que se filtra a través de la pared de la vasija grande se evapora y enfría el interior de la vasija pequeña, al igual que ocurría en el botijo. El ingenio permite tener los alimentos refrigerados – y por tanto conservarlos mucho más tiempo – también en los lugares sin acceso a la electricidad.

Moraleja, no subestimemos el mecanismo del botijo.

Nota: yo al botijo siempre lo he llamado porrón pero por los visto un porrón es otra cosa.

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Gore Vidal y la educación

Hoy ha muerto Ayer falleció Gore Vidal. Probablemente sea recordado como escritor y, sobre todo, como ensayista, considerado siempre polémico en ciertos ambientes por defender  ideas progresistas y por su homosexualidad. Sin embargo, él mismo destacaba de su biografía su temprana vocación política. En 1960 fue candidato al congreso por el Partido Demócrata, con un programa en el que por encima de todo defendía la escuela pública. A continución recojo algunas de sus opiniones sobre educación (las he sacado de aquí y de aquí. La traducción es mia):

Estados Unidos es el único país del mundo civilizado que deja a sus profesores en la parte inferior de la escala social. Otros países, a pesar de que no pueden pagar buenos sueldos a sus maestros, les ofrecen respeto y una libertad desconocida en nuestro propio país donde nunca ha existido la tradición de que es mejor pagar en honor que en dinero, mejor servir al bien común que usar a otros para el enriquecimiento propio.

Es un motivo de desaliento para cualquiera que quiera ser maestro saber que, en una sociedad donde el prestigio viene determinado por el dinero que uno es capaz de ganar, va a ser visto con desdén por muchos estudiantes y padres de familia que tienen claro que un fontanero gana más que un director de escuela.

“Que ningún niño se quede atrás” [“No Child Left Behind” fue un lema que usó George Bush en su última campaña presidencial]: “Viniendo de este presidente más ignorante de la historia americana, es una gran comedia … y si pensaron que era sincero … lo que quiere es dejar a todos atrás y quedarse el dinero para él, y para Halliburton y sus amigos.”

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