Especial Primero de Mayo

El día internacional del trabajo, que se celebra el 1 de mayo, es festivo en España y en muchos otros países. Se estableció por acuerdo del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional celebrado en París en 1889. Es una jornada de reivindicación de los derechos de los trabajadores y de homenaje a los trabajadores ejecutados en 1886 en la ciudad de Chicago por pedir la jornada de trabajo de 8 horas. ¿Será Bangladesh el nuevo Chicago? Esto es lo que ocurrió entonces:

Chicago en el siglo XIX

A finales del XIX se habían levantado en el extrarradio de Chicago barrios de infraviviendas en las que se hacinaban los obreros fabriles. Aunque muchos de estos trabajadores eran campesinos sin tierra llegados del centro del país, el Chicago de la época era, en cierto modo, una ciudad de “extranjeros” arrastrados por el sistema económico a la periferia de una ciudad industrial para sobrevivir. La gran mayoría de los proletarios, especialmente en ciudades como Chicago, eran de Alemania, Irlanda, Bohemia , Francia, Polonia y Rusia. Muchos eran campesinos analfabetos pero otros ya tenían conciencia política y habían participado en Europa en revueltas reivindicativas, en especial los venidos de Alemania.

En 1871 un gran incendio destruye la ciudad de Chicago. Mueren 300 personas y mas de 100.000 pierden sus casas. Este desastre aviva la tensión social y así en el primer invierno tras el incendio, miles de trabajadores sin hogar y hambrientos a causa del incendio, se manifiestan pidiendo ayuda. Muchos llevaban en pancartas el lema “Pan o sangre”. Recibieron sangre: la revuelta fue reprimida violentamente por la policía.

Durante los últimos años de la década de 1870, una organización denominada Noble Orden de los Caballeros del Trabajo (NOCT) cobró notable influencia en los barrios obreros de la ciudad. Los caballeros, entre cuyos dirigentes eran mayoría los militantes de la futura Federación Americana del Trabajo se ganaron el aprecio y el respeto de miles de personas debido sobre todo al apoyo que se prestaban entre ellos y a los asalariados que estaban en apuros o caían enfermos, a los que habían sido despedidos o a los que sufrían algún tipo de sanción por parte de los empresarios. En los debates que acostumbraban a suscitarse en los actos y reuniones que convocaba la NOCT, casi siempre destacaba un asunto: las largas jornadas laborales que cubrían los trabajadores en las fábricas de más de 10 horas y con frecuencias de 12 y hasta de 14 horas durante 6 días a la semana.

La huelga del Primero de Mayo

Tras años de penurias y abusos crecientes, en la primavera de 1886 los laboristas de Chicago celebraron varias reuniones, establecieron contacto con otros colectivos y convocaron una marcha para emplazar a los empresarios y a las autoridades a que a partir del 1 de mayo la jornada laboral se redujese a 8 horas diarias. Si no aceptaban, se pondrían en huelga indefinida. Finalmente, los anarquistas liderados por Albert Parsons, decidieron sumarse a las movilizaciones a lo que se habían negado en un principio por considerar que, si bien la limitación de la jornada ayudaría a aliviar las injusticias, para eliminarlas completamente la única solución era suprimir la propiedad privada y abolir el trabajo asalariado. Durante las jornadas previas al día 1, mientras la AFL trataba de convencer al mayor número posible de asalariados para que se sumaran a la huelga, los empresarios amenzaban con cerrar las fábricas anunciando en algunos casos que procederían a su deslocalización. Para sorpresa de todos -también de los convocantes- a la marcha por las 8 horas acudieron en torno a 75.000 personas, que pasearon por las principales calles de la ciudad anunciando la nueva jornada laboral. Y lo que es más importante, en torno al 30% de empresas aceptaron la propuesta e instauraron las 8 horas (aunque también es cierto que la reducción de jornada sólo se mantuvo una semana en la mayoría de las fábricas).

Los sucesos de McCormick

El día 3, el anarquista August Spies pronunció una arenga ante unos 5.000 huelguistas y propuso acudir en masa a la planta industrial McCormick, fabricante de maquinaria agrícola, cuyos trabajadores estaban en huelga desde hacía tres meses porque el propietario había decidido restarles parte del salario para financiar la construcción de una iglesia. Pese a la huelga, la producción de McCormick seguía a buen ritmo gracias a los pistoleros y los esquiroles contratados por la empresa. Los huelguistas, con la intención de paralizar la industria, se reunieron pacíficamente delante del portón de acceso a McCormick. Sin embargo, salieron los rompehuelgas contratados y se desató una batalla campal. Entonces, inesperadamente, compareció una compañía de la policía que nada más llegar y sin previo aviso, disparó contra las filas de los manifestantes, causando seis muertos y un número indeterminado de heridos.

Los sucesos de Haymarket

Apenas dos horas después, varios trabajadores militantes o simpatizantes anarquistas, editaron y repartieron por la ciudad miles de octavillas informando de la masacre y haciendo un llamamiento para acudir a las siete y media de la tarde del día siguiente a una concentración de protesta en el parque de Haymarket. El alcalde de Chicago asumió su cuota de responsabilidad por la actuación policial en los incidentes de McCormick y no sólo autorizó la concentración sino que también acudió a la cita para escuchar a los oradores.

Octavillas repartidas por un grupo de simpatizantes anaquistas convocando a una concentración en la Plaza de Hymarket. A la izquierdas, las primeras que se imprimieron y a la derecha, el mensaje corregido eliminando la referencia al enfrentamiento violento “Workingmen arm yourselves and appear in full force”. El mensaje fue redactado en inglés y en alemán (imágenes extraidas de la wikipedia: Haymarket_affair).

Octavillas repartidas por un grupo de simpatizantes anaquistas convocando a una concentración en la Plaza de Hymarket. A la izquierda, las primeras que se imprimieron y a la derecha, el mensaje corregido eliminando la referencia al enfrentamiento violento “Workingmen arm yourselves and appear in full force”. El mensaje fue redactado en inglés y en alemán (imágenes extraidas de la wikipedia: Haymarket_affair).

El acto terminó pasadas las nueve de la noche y sólo un cuarto de hora después de finalizar el último parlamento el inspector jefe de policía, John Bonfield, consideró que los asistentes tardaban demasiado en abandonar el parque y ordenó a los casi 200 efectivos que habían acudido, paradójicamente, para evitar desordenes, que cargaran contra los reunidos. En medio de la confusión, alguien lanzó una bomba contra la policía, causando la muerte a un oficial e hiriendo a media docena de agentes cuyos compañeros dispararon a su vez contra la muchedumbre. Nunca fue posible establecer el número exacto de muertos y heridos aunque se habló de ocho policías muertos, la mayoría por “fuego amigo”.

Las autoridades declararon el estado de sitio. En los días sucesivos se efectuaron decenas de registros y la policía dijo haber impedido una insurrección armada al descubrir y desmantelar varios arsenales con todo tipo de armas, desde revólveres hasta ametralladoras pasando por bombas e incluso torpedos submarinos.

Los mártires de Chicago

Tras los sucesos, los anarquistas fueron considerados los principales instigadores de la revolución probablemente porque constituían el colectivo obrero mejor organizado y porque en ocasiones había recurrido a la violencia, en forma de palizas a esquiroles y a empresarios considerados explotadores, para defender sus reivindicaciones.

Los ocho mártires de Chicago, de izquierda a derecha, de arriba abajo: Georg Engel, Samuel Fielden, Aldolf Fischer, Louis Linng, Oscar Neebe, Albert Parsons, Michael Schwab y Auguste Spies.

Los ocho mártires de Chicago, de izquierda a derecha, de arriba abajo: Georg Engel, Samuel Fielden, Aldolf Fischer, Louis Linng, Oscar Neebe, Albert Parsons, Michael Schwab y Auguste Spies. (Imagen extraída de gargantas-libertarias.blogspot.com)

El 21 de junio de ese mismo año, sin instrucción regular e incumpliendo numerosos preceptos procesales, 8 de los 31 anarquistas inicialmente acusados fueron juzgados por todos los delitos imaginables. Tres de los reos fueron condenados a largas penas de prisión y los otros cinco, a morir ahorcados.
Los ocho mártires de Chicago, como fueron bautizados y son históricamente conocidos, fueron:

  • Georg Engel  (50 años, alemán, tipógrafo), condenado a la horca.
  • Samuel Fielden (39 años, inglés, obrero del textil), cadena perpetua.
  • Adolf Fischer (30 años, alemán, periodista) condenado a la horca;
  • Louis Linng (22 años, alemán, carpintero), condenado a la horca. Se suicidó en su celda antes de ser ejecutada la sentencia.
  • Oscar Neebe  (36 años, estadounidense, agente comercial), condenado a quince años de trabajos forzados.
  • Albert Parsons (39 años, estadounidense, periodista), condenado a la horca.
  • Michael Schwab (33 años, alemán, tipógrafo), condenado a cadena perpetua.
  • Auguste Spies (31 años, alemán, periodista), condenado a la horca.

El juicio y las condenas provocaron un escándalo de alcance internacional, sobre todo en Alemania, pues cinco de los ocho condenados eran ciudadanos de este país. Siete años después de dictar sentencia, el juicio fue oficialmente declarado nulo y los tres encarcelados fueron liberados.

Lucy, la mujer de Alber Parsons, fue una famosa actvista feminista que trabajó hasta su muerte en defensa de los derechos de las mujeres y de los trabajadores. En 1920 el departamento de policía de Chicago la describió como “más peligrosa que mil insurrectos”. Lucy Parsons nació en Texas como esclava, hija de una mexicana negra y de un indio americano de la nación Creek. En 1870 conoció a Albert Parsons, un ex-soldado confederado con el que se casó ilegalmente debido a que la ley de la época prohibía los matrimonios interraciales. Por este motivo y por su compromiso a favor de los derechos de los negros sufrieron múltiples ataques y amenazas y decidieron trasladarse de Texas a Chicago. Allí los Parsons se volvieron figuras activas en organizaciones libertarias, primeramente involucrándose en el movimiento obrero pero también participando de formas de activismo revolucionario en favor de presos políticos, afrodescendientes, indigentes y mujeres. Ambos contribuyeron con una serie de periódicos con artículos y reseñas. Lucy escribió para el periódico The Socialist y The Alarm, el diario de la Asociación Internacional de los Trabajadores que el matrimonio junto con otros colaboradores fundaron en 1883.

El día del Trabajo

Tres años más tarde de estos hechos, el primer congreso de la Internacional Socialista, en París, decidió que todos los días 1 de mayo se conmemorara el Día de la Solidaridad Internacional – tal es la denominación original -, que más tarde pasó a denominarse Día Internacional de la Clase Trabajadora. Ya recientemente, la mayoría de los sindicatos de casi todos los países han asumido explícita o implícitamente la supuesta inconveniencia de apelar al internacionalismo y, además, en muchos casos han retirado el concepto clase y el título de la conmemoración más habitual es un simple Día de los Trabajadores (durante la dictadura franquista, en España la denominación oficial era Día del Trabajo). Sin embargo, en Norteamérica, incluido Canadá, el 1 de mayo se celebra el Día de la Ley.

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Una respuesta a “Especial Primero de Mayo

  1. Reblogueó esto en Izquierda Unida La Lagunay comentado:
    El uno de mayo nos echamos a las calles porque los derechos no se defienden ni se conquistan solos. Esta es la historia de algunos hombres y mujeres que lo dieron todo para que los trabajadores de hoy gocemos de algunos derechos. ¡No dejemos que los destruyan!

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