¿Divulgación o didáctica?

Hace poco, Coquejj enlazó en un comentario la siguiente anécdota atribuida a Ernesto Sábato(*):

Alguien me pide una explicación de la teoría de Einstein. Con mucho entusiasmo, le hablo de tensores y geodésicas tetradimensionales.

– No he entendido una sola palabra – me dice, estupefacto.

Reflexiono unos instantes y luego, con menos entusiasmo, le doy una explicación menos técnica, conservando algunas geodésicas, pero haciendo intervenir aviadores y disparos de revólver.

– Ya entiendo casi todo – me dice mi amigo, con bastante alegría -. Pero hay algo que todavía no entiendo: esas geodésicas, esas coordenadas …

Deprimido, me sumo en una larga concentración mental y termino por abandonar para siempre las geodésicas y las coordenadas; con verdadera ferocidad, me dedico exclusivamente a aviadores que fuman mientras viajan con la velocidad de la luz, jefes de estación que disparan un revólver con la mano derecha y verifican tiempos con un cronómetro que tienen en la mano izquierda, trenes y campanas.

– Ahora sí, ahora entiendo la relatividad! – exclama mi amigo con alegría.

– Sí, – le respondo amargamente -, pero ahora no es más la relatividad.

La historia da pie a preguntarse hasta dónde debe llegar la divulgación. Si es necesario desvirtuar una idea para que pueda ser entendida por la gente, lo que se acaba transmitiendo finalmente ya no es la idea y el asunto deja de tener sentido. La divulgación no debería ser otra cosa que la explicación de teorías o conceptos de la forma más didáctica posible pero sin perder por eso su esencia. Yo no sé hasta qué punto es honrado limitarse a dar ejemplos y símiles por muy ingeniosos que estos sean.  Como me dijo una amiga el otro día hablando de este tema, poner a la Barbie subiendo y bajando unas colinas en un patinete rosa no va a hacer que la gente acabe comprendiendo lo qué es una superficie de Riemann porque se trata de un concepto complejo que quizás sólo llegue a entender de verdad cinco personas (entre las cuales no me encuentro – añado yo ahora no sin cierto sonrojo). Hay conocimientos que precisan de una base previa y que no se pueden asimilar si ésta no se posee. Y esto es válido para todas las áreas del saber, no sólo para la ciencia. ¿Puedo hacerme una idea cabal de la filosofía de Kant leyendo el Reader Digest’s? Y lo que también es importante ¿la lectura de un artículo sobre Kant en una revista ligera o un blog me aporta algo realmente valioso más allá de algún lugar común para amenizar una conversación de bar? Richard Feynman tiene una buena respuesta para esta pregunta:  Yo creo que deberíamos enseñar maravillas, y que el propósito del conocimiento es apreciar todavía más las maravillas. Y que el conocimiento consiste simplemente en situar la maravilla en el marco adecuado de la naturaleza.O sea, yo entiendo que la divulgación es la transmisión de una maravilla – “fíjate que el tiempo para dos observadores distintos puede ser distinto”, por ejemplo – pero después es responsabilidad del oyente situar esa maravilla en el marco adecuado, o sea, convertirla en  conocimiento.

En cualquier caso, la labor del divulgador es muy seria. Para explicar didácticamente un concepto hay que entenderlo en profundidad. Se dice que no  se entiende realmente algo hasta que no se es capaz de explicárselo a un niño. No creo eso que se dice de algunos profesores: “sabe mucho pero no lo sabe explicar”. No, si sabe mucho tiene que saber explicarlo. Otra cosa es que lo haga con más o menos gracia. Por otro lado, para divulgar una idea es necesario explicarla en términos más sencillos de lo que hace la formulación original. El objetivo es hacerse entender, no demostrar que uno es muy listo o hacer ver que la ciencia (o la filosofía, o lo que sea) es cosa sólo de iniciados. Si uno cree esto último – quizás con razón, no sé – debería dedicarse a otra cosa. Además, un divulgador no debería jamás caer en la tentación de sobreinterpretar las teorías (la física cuántica no explica que a uno le guste el chocolate) ni de trascender del ámbito que éstas abarcan (las inhomogeneidades del fondo cósmico de microondas no tiene nada que ver con la posible existencia, o no, de Dios). Por último, otro pecado del divulgador es el de centrarse en las consecuencias más llamativas o espectaculares de una teoría. Es un error porque se pervierten las ideas sin sacar ninguna ventaja: nada hay más espectacular que el propio espectáculo  y competir con él es una batalla perdida de antemano. Al final, creo que esto de la divulgación no es tanto difundir el trabajo que los científicos hacen, como de hacerlo didácticamente. Por eso, un divulgador científico es básicamente un profesor, aunque a lo mejor no le guste esta denominación.

Y así, burla burlando, he escrito un post sobre divulgación sin nombrar ni una sola vez a Punset 🙂

(*) Anécdota intrascendente sobre Ernesto Sábato: hace ya bastantes años andaba yo de mochilera por Sudamérica y estando en la provincia argentina de Misiones  decidí visitar las ruinas de las misiones que los jesuitas establecieron en la zona y que dan nombre a la región (maravillosas).  Había que esperar en la entrada a que se reuniera un número mínimo de personas para pasar todos acompañados de un guía. En mi grupo había un señor mayor cuya cara me sonaba muchísimo. Estaba segura de conocerlo pero no sabía de qué. ¿Sería algún familiar de Elizabeth, la amiga que me acogió en Buenos Aires? ¿Sería alguno de los viejillos que jugaban al ajedrez en el bar donde acostumbrábamos a parar? El caso es que lo saludé, “hola, qué tal está”, pero me debió de ver cara de no saber bien quién era y me contesto “sí, soy Ernesto Sábato”. Así me dijo: “soy Ernesto Sábato”. Vaya, pensé, cruzar el Atlántico y seguir haciendo el ridículo al otro lado.

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3 Respuestas a “¿Divulgación o didáctica?

  1. Creo que detrás de esta idea de la divulgación científica está una manera de ver el mundo muy actual. Algo así como “todos (y todas, claro) tenemos derecho a (en este caso) saber”. Así que, en lugar de hacer una carrera de físicas (hay que estudiar bastante durante cinco años y eso cuesta) queremos que nos expliquen la relatividad en plan facilito.
    De ahí surge la “divulgación”.
    Bueno, mientras haya gente que disfrute “siendo divulgado” y otros que obtengan satisfacción divulgando (por ejemplo, ganando dinero) pues todos contentos.
    Por otra parte la divulgación genera interés y dinero y eso beneficia a todos. Incluidos los que pasan todo su tiempo encerrados en el laboratorio y reniegan de la divulgación.
    Por tanto, totalmente a favor de la divulgación…para poder hacer didáctica (enseñanza “seria”) e investigación.

  2. En mi opinión el problema aparece cuando la divulgación pretende suplantar al verdadero conocimiento. Es decir, si los divulgadores se conforman con introducir campos del conocimiento, bienvenida sea la divulgación (y suficientemente difícil es su objetivo, creo yo), pero si pretenden explicar ideas a las que se llegó después de siglos de estudio y experimentación, pues no me sorprende que cualquiera confunda la comprensión de conceptos con su resumen mediante metáforas.
    Como anécdota relacionada con la docencia, en un curso que hice hace cosa de 5 años en un CFR gallego, uno de los especialistas encargados por la administración para diseñar la asignatura de Ciencias para el Mundo Contemporáneo nos narró la evolución del curriculum de la materia. En un principio los “expertos” introducían áreas de Matemáticas “reshulonas”, como los Fractales y la Teoría del Caos. Desde su punto de vista, no entiendo cómo pudieron eliminarlos del programa final.Seguramente se debió a cuestiones de espacio y no de contenido.
    Timothy Gowers (medalla Fields, experto en Análisis Funcional y Combinatoria) expresa sus recelos ante la divulgación de un modo excelente en su libro Matemáticas. Una breve introducción, poniendo como ejemplo el concepto de Espacio de Hilbert:
    “En resumen, para abrigar cualquier esperanza de comprender qué es un espacio de Hilbert hay que aprender y digerir antes toda unha jerarquía de conceptos de nivel inferior. Y no es de extrañar que la tarea requiera tiempo y esfuerzo”
    El autor también anuncia que no va a tocar los temas de la teoría del caos, el teorema de Gödel ni a incluir dibujos del conjunto de Mandelbrot. Un cachondo.

  3. Ataun, yo también creo que la divulgación (bien hecha) beneficia a todos. Visto que sólo tenemos una vida y que no podemos profundizar en todo, a veces no hay otra manera de acercarse a algún tema. Eso sí, por parte del divulgador se requiere honradez para no dar gato por liebre y por parte del ‘divulgado’ criterio para saber hasta dónde llega lo aprendido. El problema está en lo que comenta Coquejj, que para comprender ciertos conceptos complejos a veces es necesario conocer otra serie de conceptos de nivel inferior. En definitiva, es imposible saber de algo si no le dedicamos tiempo y esfuerzo. Eso hay que tenerlo siempre claro. Aunque queda chic nombrar los espacios a Hilbert y sus espacios en una conversación, supongo.

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