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Especial Navidad: el solsticio de invierno

En según que ambientes se ha puesto de moda felicitar la Navidad diciendo ‘Feliz Solsticio’, supongo que para demostrarle al mundo que uno es agnóstico, racional y tal. No es más que otra moda, tan ingenua como inofensiva. Está claro que la Navidad no se puede entender atendiendo a este simple evento astronómico aunque hay que reconocer que en el hecho de celebrarlas en estas fechas ha tenido mucho que ver el solsticio de invierno. Así que me voy a posmodernizar un poco y voy a dedicar la entrada navideña al solsticio de invierno (¿tú también, Bruto?).

Esquema del movimiento de traslación de la Tierra con las cuatro estaciones (extraído de blogcurioso.com)

En el solsticio de invierno el Sol alcanza su menor altura aparente en el cielo de modo que la duración del día será mínima porque nuestra estrella pasará menos tiempo por encima del horizonte. La culpa la tiene el eje de rotación de la Tierra, que está inclinado (exactamente 23º30′) respecto a su plano de traslación. Porque si no estuviera inclinado, el Sol culminaría siempre a la misma altura todos los días del año y no habría cambio de estaciones. Pero no es así. El eje de la Tierra sí está inclinado, así que en los distintos momentos del año los hemisferios terrestres están iluminados de diferente forma. Es más fácil de imaginar viendo la figura de arriba: en el invierno del hemisferio norte, a la derecha de la figura, la inclinación es tal que la cara norte de nuestro planeta pasa menos tiempo iluminada. Como el movimiento de la Tierra alrededor del Sol describe una elipse, nuestro planeta  se alejará y acercará al Sol pero este efecto es prácticamente imperceptible en el clima y no explica por sí mismo los cambios de estaciones.

Analema en el sur de Atenas. Crédito Anthony Ayiomamitis (www.perseus.gr)

Si estuviéramos más inmersos en la naturaleza no perderíamos de vista los solsticios porque en esos momentos el Sol parece detenerse en su camino y volver sobre sus pasos donde apareció la mañana anterior. A medida que el Sol se va aproximando al solsticio sale cada vez más cerca de la posición extrema. La cantidad de movimiento parece menor hasta que el Sol se detiene en su movimiento a lo largo del horizonte. Durante esos días parece que el Sol persiste en el mismo punto al amanecer. De aquí deriva el término solsticio que significa “Sol inmóvil”. Si tuviéramos la paciencia suficiente para sacar una foto del Sol desde el mismo sitio y a la misma hora cada día del año, tendríamos algo similar a la foto de la izquierda (pero sin el Balcón de las Cariátides, obviamente, a menos que nos encontremos en cierto lugar cerca de Atenas). A esta figura en forma de ocho se le llama analema. Pues bien, el solsticio de invierno se corresponde con el extremo inferior del ocho. El Sol no subirá por encima de ese punto en su recorrido diario.

Puesta de sol en Stonehenge el día del solsticio de invierno. Créditos: en la foto.

El solsticio marca el primer día del invierno – simbólicamente el renacimiento del día o la resurrección del Sol – porque a partir de se momento los días se irán alargando. No es de extrañar entonces que fuera un acontecimiento celebrado por muchos pueblos de la antigüedad, incuso ya en la Edad del Bronce. La fecha se puede señalar alzando un monumento que apunte a la salida o puesta de Sol en el horizonte en ese día especial. Como por ejemplo en Stonehenge, donde los bloques centrales señalan el lugar donde se pone el Sol en el solsticio de invierno (en la figura). Los romanos celebraban una de sus festividades más importantes, las saturnales, en torno al 25 de diciembre que correspondía precisamente al día del solsticio de invierno en su calendario. Esta fiesta pagana del “nacimiento del sol invicto” era tan importante que el cristianismo de la antigüedad tardía tuvo fuertes problemas para acabar con ella. La solución fue transformarla en el día del nacimiento de Cristo para los romanos convertidos al cristianismo.

En cualquier caso, tanto los creyentes como los no creyentes celebramos este día que podemos vivir en paz y que es importante amar al prójimo. Dos verdades que no por cursis repetidas dejan de ser ciertas. Así que: ¡Feliz Navidad!

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