La otra cara de la educación emocional

No somos robots. La experiencia humana no puede entenderse sin emociones. La cuestión no es pues si el conocimiento y la gestión de los propios estados afectivos aportan algo a la educación o —por extensión— a la vida: la respuesta es sí; la cuestión es cómo puede ayudar la escuela a conseguirlo. Para esto, los responsables educativos del gobierno de Canarias han creído necesario introducir en las escuelas primarias de las islas una nueva asignatura a la que han bautizado como Educación Emocional y para la Creatividad, o EMOCREA. Me parece una mala idea.

En primer lugar, aun sin saber cuáles van a ser los contenidos concretos de la materia (da la impresión de que en realidad nadie lo sabe), me atrevo a decir que es un disparate ponerse a teorizar, con niños de entre seis y doce años, sobre cuestiones que están tan íntimamente imbricadas en la experiencia que difícilmente pueden separarse de ella como material de estudio, no al menos para las edades de las que estamos hablando. ¿A alguien se le ocurriría tratar de enseñar a nadar a un niño explicándole la mecánica del sistema muscular y el principio de Arquímedes? Por otro lado, aunque la propuesta de una asignatura para la educación emocional parece radical, de ninguna manera va al fundamento del problema, de hecho, refuerza lo que funciona mal del sistema, que es mucho. Hay una verdad que me ha sido recientemente revelada: las modas pedagógicas son profundamente conservadoras, en el sentido de que, pese al lenguaje supuestamente innovador, no han pretendido nunca cambiar nada. Son inocuas porque están vacías y se pueden llenar con cualquier cosa, como se ha visto claro ahora, cuando se las ha hecho encajar sin problemas en la nueva retórica neoliberal. Desgraciadamente, ridiculizar las ocurrencias de los pedagogos es muy sencillo —yo también lo he hecho—, pero creo que los árboles de la crítica fácil no nos han dejado ver el bosque de la realidad y quién sabe si no será esta la razón, además de las habituales, por la que se permite que individuos manifiestamente incompetentes sigan teniendo puestos de responsabilidad en el sistema educativo. ¿Y cuál es esa realidad profunda? Creo que el mayor reto que tiene la escuela, y que todavía no ha sido superado con éxito, es el de transmitir auténtico conocimiento, el de hacer que la instrucción consista en algo más que en compartir un cierto código considerado erudito pero que poco tiene que ver con la vida real; el reto, en definitiva, de enseñar a pensar. Por eso, considero que con la asignatura de EMOCREA, fragmentando aún más el conocimiento para transformarlo en contenido académico separado de la experiencia, nos alejamos aún más de ese objetivo, con el agravante de que la naturaleza de las emociones lo hace más complicado si cabe. Hablamos, no lo olvidemos, de niños de seis a doce años. ¿Se puede enseñar psicología a un niño que todavía no ha desarrollado el pensamiento abstracto?

La parcelación del conocimiento en materias académicas no tiene otra justificación que la meramente organizativa, creo yo. Por eso, no deja de sorprenderme que las propuestas de mejora del sistema educativo, supuestamente innovadoras, pasen siempre por la creación de nuevas asignaturas. Y a todos nos parece que lo que a nosotros nos gusta es indispensable para los estudiantes, ya sea el ajedrez, el latín, el folclore regional, la electrónica o el tiro con arco. Incluso se lamentaba alguien el otro día de que no hubiera clases de enología en educación primaria. Sin embargo, al final, con suerte se consigue que los críos aprendan a leer y escribir con corrección. Quizás el enfoque tradicional no sea el adecuado. De tanto compartimentar, no somos capaces de ver que al mismo tiempo que se enseñan matemáticas —u otra asignatura, pero las matemáticas son las más sospechosas de no tener alma— se enseña también a tratar con las emociones. Por ejemplo, se encuentra seguridad al reparar en el orden de la naturaleza; se hace patente que para resolver  problemas es necesario razonar y que para razonar es preciso tener concentración; encontrar la solución a un problema refuerza la autoestima. Quizás para lidiar con los problemas originados por el déficit del llamado “factor E”, que decía José Antonio Marina en su artículo, sea suficiente con enseñar bien matemáticas. Es curioso que su conclusión sea que saber gestionar las emociones es bueno para aprender matemáticas, pero no se le ocurriera pensar que las matemáticas pueden ser buenas para aprender a gestionar las emociones. Por otro lado, ¿nadie ha pensado tampoco que para conocer la naturaleza humana hay pocas cosas mejores que la literatura? Enseña más un solo poema de Antonio Machado o un párrafo de una novela de Dostoievski que toda la bibliografía de Elsa Punset junta.  Las buenas lecturas deberían ser irrenunciables en la escuela, no solo por cultura, sino por autoconocimiento y conocimiento de las emociones humanas.

En cuanto al contenido de EMOCREA, es cierto que todavía no sabemos en que va a consistir, sin embargo, cuando se oye a los ideólogos de la asignatura hablar como coaches, cabe sospechar que el enfoque que se le va dar no va a ser muy diferente al de Elsa Punset, gurú (hereditaria) de la inteligencia emocional con espacio propio en Televisión Española. Al nombrarla no pretendía ridiculizar la asignatura gratuitamente, sino ilustrar una tendencia. Quizás yo sea muy mal pensada, pero me llama bastante la atención el repentino interés de los poderosos por estos temas. Justo ahora, cuando más hundidos estamos en la crisis económica y no hay crédito ni para las empresas ni para las familias, el Banco de Santander financia una cátedra sobre inteligencia ejecutiva. Coca-Cola, la misma empresa que pretendía echar a no sé cuántos trabajadores a la calle, patrocina, a través de su “Instituto de la felicidad”, sendos estudios sobre la felicidad liderados uno por un equipo de Psicología de la Universidad Complutense, y otro por un grupo de investigación interdisciplinar de la Universidad de Barcelona. A ver si va a resultar al final que la emoción que se pretende gestionar es la resignación. ¿No será que lo que se quiere es hacer que los niños se adapten mejor a la precariedad? Algo similar puede decirse respecto al fomento de la emprendeduría. El que lo critique no tiene nada que ver con que piense que todos los empresarios son unos explotadores —de hecho, no lo pienso—. Lo critico porque creo que es una manera de desentenderse de los ciudadanos: el que quiera comer, que se busque la vida. ¿Saben ustedes dónde hay un montón de emprendedores? En México, donde muchísima gente tiene negocios para la venta ambulante, para meter la compra de los clientes de los supermercados en bolsas, o para ayudar a aparcar coches en descampados. Por supuesto, los “emprendedores” no tienen ningún tipo de cobertura social porque todo no se puede en esta vida. Es bastante irresponsable animar a que monte una empresa gente que no tiene ni dinero, ni patrimonio, ni contactos, como si tuvieran alguna oportunidad de competir con las Elsas Punset de la vida. La cosa funciona así:

Frase motivacional para el emprendedor: “No son los golpes ni las caídas las que hacen fracasar al hombre; sino su falta de voluntad para levantarse y seguir adelante.

La realidad del emprendedor: Sin contactos en el ayuntamiento, no le conceden una licencia que necesita; la factura de la luz se dispara; los clientes no pagan; el banco no le presta dinero para  ir haciendo frente a los gastos; embargan el local y la vivienda del emprendedor, que estaba como aval. Imposible levantarse y seguir adelante. Como al emprendedor se le ha hecho creer que ha fracasado a causa de su falta de voluntad, el ayuntamiento, la compañía eléctrica, los clientes y el banco pueden seguir tranquilos porque nadie les reclamará nada.

En resumen, una sociedad que crea necesitar una asignatura para la educación emocional es una sociedad enferma. Si los niños tienen problemas para gestionar bien sus emociones, quizás sea señal de que el entorno donde crecen y la manera como se les trata no son los más adecuados para ellos. El caso me ha recordado a aquella ley que se promulgó en el Reino Unido a principios del siglo XX que obligaba a los niños de clase obrera a llevar las cabezas rapadas para evitar las epidemias de piojos  y sobre la que Chesterton escribió: Los pobres se encuentran tan presionados desde arriba, en submundos de miseria tan apestosos y sofocantes, que no se les debe permitir tener pelo, pues en su caso eso significa tener piojos. En consecuencia los médicos sugieren suprimir el pelo. No parece habérseles ocurrido suprimir los piojos. Del mismo modo, a los ideólogos de EMOCREA no se les ha ocurrido suprimir las condiciones que hacen que los niños tengan problemas para gestionar sus emociones y han preferido sacrificar su formación. Pero si algo se puede aprender de la historia de los piojos y los suburbios, decía Chesterton, es lo siguiente: lo que está mal son los suburbios, no el pelo.

Les dejo con una bonita canción de Calexico:

Entradas reacionadas:

 

33 Respuestas a “La otra cara de la educación emocional

  1. Pues sinceramente, siguen sin convencerme tus razones para rechazar la asignatura, máxime cuando como admites, ni siquiera se conocen sus contenidos, y porque en parte también los basas en asumir que todo se hará mal, y así claro, no hay reforma ni novedad que resista.

    También ya desde el segundo párrafo das por sentado que su contenido será totalmente teórico, pero esto sería como intentar enseñar a contar a los niños estudiando el conjunto de Cantor: ni tiene que hacerse así ni de hecho se hace. De hecho, pones un ejemplo (el de enseñar a nadar) que te contradice: en la vida real nadie enseña a nadar explicando dinámica de fluidos, de la misma manera, si se hace bien, no se enseñaría educación emocional suministrando tratados de neurología aplicada a los alumnos. Es decir, vuelves al argumento de que no funcionará porque se hará mal.

    De la misma manera, te preguntas que como se le puede enseñar psicología a un niño que todavía no ha desarrollado el pensamiento abstracto, y con todos los respetos me parece un argumento tramposo: igualmente se podría argumentar que como se le puede enseñar matemáticas (algo que sí es verdaderamente abstracto y con poco contacto con su vida cotidiana) a un niño que aun no ha desarrollado el pensamiento abstracto, o Físcia, o Química, o si me apuras prácticamente nada…Y sin embargo se hace, y es más, nadie duda de que pueda hacerse. ¿Acaso no aprende a hablar, con todo el contenido simbólico y abstracto que conlleva a la edad que mencionas?

    Por otro lado, en tu intervención mezclas muchas cosas. Por ejemplo, la parcelación del conocimiento en asignaturas. Ahí creo que llegamos a una tendencia del pensamiento actual español: el culpar de los resultados a los sistemas en abstracto, y no a si las cosas se hacen bien o mal, o si las personas que encarnan los sistemas y los ponen en funcionamiento son eficaces o no. España no funciona porque es un sistema de monarquía parlamentaria, como si no existieran los países que con el mismo sistema funcionan a las mil maravillas (y otros que funcionan infinitamente peor) o no funciona por su sistema autonómico, como si no existieran países con la misma organización territorial en la que sus presidentes no se dedican a robar, sino a hacer las cosas bien y a preocuparse por los ciudadanos. De la misma manera, existen sistemas educativos que organizan la enseñanza a base de asignaturas (la mayoría de ellos me atrevería a decir) y consiguen unos resultados sustancialmente mejores que los españoles (solo hay que ver los informes PISA). Es decir, que no creo que sea tan importante el como se parcela el conocimiento, es más, esto ni siquiera implica que el tiempo se distribuya igualmente entre las asignaturas, tal vez por ejemplo, en el caso que nos ocupa, no se necesitaría demasiado tiempo para obtener resultados.

    También tratas tangencialmente el tema de qué debe asumir el sistema educativo y que no. Pero cuidado con estos repartos de funciones entre el colegio y los padres, porque esto, seamos realistas, se traduce en el 90% de los casos en el hecho de que lo que no se toca en el colegio, acaba no tocándose en ninguna parte. ¿Alguien de verdad conoce a algunos padres que de verdad asuman la educación sexual de sus hijos con seriedad y sin meter a la ideología de por medio? Y luego claro, los niños aprenden (por decir algo) educación sexual dónde y como pueden, y ya sabemos a que equivale eso en nuestros tiempos: delante de la pantalla del ordenador o de los móviles. Y luego nos quejamos de que pasen tanto tiempo enfrente de esos cacharritos.

    Luego vuelves a un razonamiento contradictorio y poco coherente: dices que los niños pueden aprender educación emocional de la literatura, de la poesía…¿pero no habíamos quedado en que apenas les llega para comprender lo que leen? Me parece muy ingenuo e infinitamente optimista que un niño va a tener la curiosidad y la profundidad necesaria como para llegar a conocer las emociones humanas a través de la literatura, y parece que aquí no importa, como tú misma decías que no haya desarrollado todavía su capacidad de abstracción. Lo entenderá todo gracias al arte de la poesía y sin contradicción alguna (y esperemos que no lea Hamlet, o a Dostoievski como dices, porque las emociones que encontrará ahí son cosa fina, y como se arme un lío esperemos que no acabe la cosa con algún incidente desagradable).

    Dices que en parte los desarreglos emocionales que sufren los niños se deben a tu entorno. Pues por supuesto que sí, es una evidencia. Lo que pasa, es que ante esta situación, podemos hacer dos cosas: esperar a que la situación cambie (pero no está todo en nuestras manos para cambiarla, y cambiarla puede tardar más de lo deseado) o podemos hacer algo para paliarla: es decir, darle a los niños instrumentos para poder lidiar con el entorno y mejorar su situación. Me recuerda al argumento que esgrimen algunos con la inmigración ilegal: se quejan de las fronteras y las vallas, y proponen ir a la raíz del problema, es decir, darle condiciones en su país de origen a los que se meten en la patera para que se no tengan que venir aquí a buscarse la vida. Es decir, el remedio al problema para ellos, es poquita cosa: ¡solucionar el problema de la pobreza en el mundo! Pero estaremos de acuerdo en que mientras tanto, en el par de añitos o tres que nos llevará acabar con esta lacra mundial, habrá que hacer algo. Del mismo modo, para paliar la desnutrición infantil se abren los comedores escolares en verano. ¿Sería mejor que estos niños no pasaran hambre y pudieran comer normalmente en casa? Desde luego, pero mientras de hecho se mantenga la situación, prefiero que se abran a que pasen hambre en sus casas, escudándose en que “lo que importa es solucionar la raíz del problema”.

    Luego entras en el tema de los emprendedores. Vale, de acuerdo, la figura del emprendedor en España se ha mitificado hasta niveles ridículos, y eso no es realista, pero no nos vayamos al extremo contrario para proclamar que emprender en España es imposible a menos que se tengan contactos en los Ayuntamientos. Mira a tu alrededor: seguro que encuentras a empresarios que se lo han montado por su cuenta, y no han necesitado conocer a nadie en el Ayuntamiento para que le concedan las licencias. Una cosa es que sea difícil emprender y que vendría muy bien más ayuda por parte del Estado, otra cosa es que sea poco menos que imposible como tú lo pintas, y que todo dependa de chanchulleos varios sin que el esfuerzo, el tener en la cabeza un buen proyecto y la capacidad del empresario cuenten para nada en esta historia. Una vez más, aportar información y conocimientos a los alumnos sobre temas empresariales no tiene nada de malo (sino todo lo contrario) si como digo (puntualización de perogrullo) se hace bien.

    Y por último, tu frase de “una sociedad que crea una asignatura para la educación emocional es una sociedad enferma”, sinceramente, me deja estupefacto. No entiendo en lo que te basas para decir eso. Es más, es claro que hay que actuar sobre el entorno para mejorar las condiciones, como decía más arriba, pero no veo por que una cosa debe obligatoriamente excluir a la otra. En cualquier caso, el ambiente en el que se cría un niño difícilmente podrá llegar a ser en un futuro próximo algo totalmente ideal, un ambiente en el que nada perturbe un desarrollo sano y adecuado de su personalidad. Es más, creo que incluso dentro de una situación totalmente idealizada como esa, no estaría de más dotar a los niños de herramientas como la educación emocional, en la vida siempre surgirán situaciones, por muy buenas que sean las condiciones en las que crezcan, en que tendrán que dominar sus emociones, tendrán que interpretar las de los demás, y tendrán que tomar decisiones sobre ambas para resolver conflictos y problemas. Y te aseguro que eso no lo van a aprender leyendo un poema de Machado, o por mucho respeto y cariño que reciban de sus profesores (aunque esto último por supuesto ayude).

    Un saludo.

  2. Estoy en contra de la implantación de esta asignatura por distintos motivos. El primero de ellos es porque se pretende hacer a costa de asignaturas como matemáticas y lengua, y todo el tiempo que se dedique a ellas es poco, por algo los resultados de España en este sentido son catastróficos, por no hablar de los de Canarias en concreto.
    Esto no quiere decir que no le dé importancia a la educación emocional en primaria, todo lo contrario, pero creo que es tan importante que no se debe olvidar en ningún momento, por ello debe ser materia TRANSVERSAL, como creo entender que sugiere este post.
    No se conoce en qué consistirá esta ¿asignatura? En psicología para críos, debemos suponer. ¿Autoayuda?
    ¿Escribirá el profesor la palabra “autoestima” en la pizarra con letras bien grandes? ¿Hablar de ello hará que los niños tengan más autoestima? Lo dudo mucho. No como dice Antonio porque presuponga que todo se hará mal (que habría que verlo), sino porque la autoestima no se potencia dedicándole dos horas semanales. Quizás con un psicólogo individualizado algo se avance, y ni aún así si no hay colaboración exterior el resto del tiempo. La autoestima se fortalece en el día a día. Hablemos del trabajo en equipo. Desde luego es algo que hay que aprender en la práctica, y sobre un contenido, no basta sólo con montar dos equipos y crear conflictos imaginarios. ¿No es mejor hacerlo sobre un contenido real (cualquier otra asignatura) y matamos dos pájaros de un tiro? Y la creatividad definitivamente es un campo que no se va a ver mejorado por dedicarle dos horas semanales, ya que no sólo es transversal, sino que depende de otros muchos factores, como la cantidad de tiempo de juego productivo que disponga un niño y el espacio abierto a la imaginación que tanto padres como profesores le permitan. Coloreando no se incrementa la creatividad, ni viendo diapositivas, ni escuchando música; no los niños de hoy, sobresaturados de estímulos.
    Creo que la “asignatura” de emociones es una chorrada, que responde a los delirios de grandeza de dos pedagogos que se creen iluminados. A ver en qué país serio hay una asignatura así. ¿Vamos a ir ahora dando lecciones cuando nuestros niños apenas saben repetir lo que acaban de leer? Vamos a sacrificar dos semanales de valiosos conocimientos para hacer con los niños de conejillos de indias, cuando aprender esas “emociones” se puede lograr de manera eficaz en el día a día entrenando adecuadamente al profesorado.

  3. Antonio, me tengo que poner a limpiar😦 pero antes voy a intentar contestar brevemente a algunas de las cosas que planteas, yendo ahora a lo concreto. Sobre lo que ha comentado Iwi, estoy bastante de acuerdo.

    ¿Por qué creo que el contenido va a ser teórico y que además se va ha hacer mal? He tenido el disgusto de tener como profesor a uno de los psicólogos de la ULL que se ha encargado de definir el curriculum de la asignatura. Tengo varios libros escritos por él, de esos que se recogen en copisterías, y te puedo asegurar que lo que propone no tiene ni pies ni cabeza, básicamente porque parece escrito por un niño que aún no ha terminado la ESO y apenas se entiende. Tan grave es, que recuerdo un tomo en el que explicaba, supuestamente, no sé qué método en cinco fases y donde en el segundo folio ya se había olvidado de las fases, del método y de todo, perdido en un batiburrillo sin orden y sin sentido alguno. No tengo razones para suponer que ha hecho mejor el curriculum de EMOCREA, la verdad. Además, por lo visto, la asignatura la impartirán los mismos maestros de primaria que recibirán formación en la universidad, supongo que por profesores del mismo departamento donde este señor es director. Estamos a junio y aún nadie ha organizado nada. Si sale algo bueno de aquí, será un milagro. Esto en el plano concreto. En general, además, la asignatura me parece contraproducente por las razones expuestas en el post.

    Respecto a la multiplicación de asignaturas: en absoluto se trata de culpar al sistema en abstracto, todo lo contrario, hablo de cosas muy concretas. Llenando a los niños de asignaturas solo conseguimos que con tanto cambio se pierda el tiempo y, lo que es peor, que los críos sean incapaces de centrase en nada porque no llegan nunca a relajarse. Volvamos a lo concreto: niños terminan una clase de algo, recogen sus cosas deprisa y corriendo porque tienen que ir a no sé dónde a otra clase de no sé qué. Retrasos, frustración. Niño se olvida de los lápices de colores. El aula está cerrada y hay que buscar la llave. Antes de sentarse hay que organizar las sillas que habían sido retiradas para no sé qué. Esfuerzo para centrarse en la nueva materia que no tiene nada que ver con la anterior. Cuando se empieza a trabajar bien, toca la campana y los niños tienen que ir a otro lado a otra clase de no sé qué. Solución concreta y fácilmente realizable: una sola aula, un solo profesor para casi todo, clases interdisciplinares en la medida de lo posible. Descanso real, relajante, entre actividades, nada de andar con prisas de aquí para allá acarreado material por el colegio.

    Sobre lo que deben asumir los padres: la gracia de la escuela está precisamente en que se dan oportunidades a todos, independientemente de las circunstancias familiares. Por supuesto que la escuela debe aspirar a la formación integral del alumno. Por esta razón me indignan tantos estos experimentos, porque los más perjudicados son siempre los que más lo necesitan.

    Sobre lo de eliminar la pobreza primero: No he dicho eso. Lo que he dicho, o he tratado de decir, es que hay cosas que funcionan mal que son fácilmente diagnosticables y no demasiado difíciles de arreglar, que tienen un efecto muchísimo mayor en la vida emocional de los chicos. Estas son las cosas que hay que solucionar primero. Volviendo a lo concreto: no es raro que a los niños se les hable a gritos y se les insulte, lo contaba por ejemplo aquí. Estando yo delante, una maestra le dijo a un niño de seis años, a gritos, delante de toda la clase, que era tan bruto como el resto de su familia, a la que ella conocía, y que “de donde no hay, no se puede sacar” (sic). Un trato así tiene consecuencias muy graves en la autoestima de un niño y hay que ser muy ingenuo para pensar que una asignatura de educación emocional lo va a arreglar. También contaba el caso de este chico (real). No sé de qué manera el contenido de una asignatura puede ayudarlo a superar las burlas de los compañeros y el desinterés de los profesores. Soluciones: sanciones para los profesores que insulten o hablen a gritos a sus alumnos. Vuelvo a lo del respeto y el cariño. Protocolos de actuación en caso de acoso escolar.

    Sobre lo de la sociedad enferma: bueno, el porcentaje de niños diagnosticados de hiperactividad y medicados (¡medicados!), sigue creciendo. A mí esto no me parece un signo de una sociedad muy sana, la verdad. Hablaba de esto aquí.

  4. Pero es que en realidad no paras de insistir en lo mismo: no servirá de nada porque se hará mal. Pues esto es evidente, por mucha buena intención que se ponga en algo o por muy bueno que sea sobre el papel, si no se hace bien es como si no se hiciera nada, o incluso peor. Lo que me comentas sobre la proliferación de asignaturas pues es lo mismo: si se hace mal y en exceso, sin programación y sin controlar bien los tiempos, las transiciones, etc…pues es evidente que será una chapuza que no lleva a nada.

    Pero pensemos en positivo, con los mismos presupuestos: imaginemos que la asignatura de educación emocional se plantea bien (me vale también, incluso sería mejor que fuera transversal) y se la dota de buenos contenidos contrastados científicamente, y se forma correctamente a los profesores para impartirla de una manera clara y práctica. ¿Tendrías igualmente reparos en aceptar algo así?

    Es que si nos limitamos a rechazarla porque sabemos que se va a encargar de su programación un impresentable que no tiene ni idea de lo que habla, pues entonces en realidad lo que estamos rechazando es al que la programa malamente, no la asignatura en sí misma. Sería como rechazar que se impartan las Matemáticas porque el profesor de Matemáticas es un desastre, y el que se encarga de programar la asignatura es un analfabeto que la convierte en algo sin pies ni cabeza. Pero las Matemáticas seguirán siendo útiles, ¿no? El inútil será el profesor.

    Por otro lado, veo que hay un desánimo generalizado sobre los objetivos que debe abordar la educación. Es posible que los que estáis más en contacto con los alumnos tengáis esa opinión en base a la realidad que vivís todos los días en las aulas. Pero…si los niños no alcanzan los conocimientos básicos en Matemáticas y Lengua..¿entonces bajamos el nivel en todo lo demás y desistimos de enseñarles nada más hasta que consigan leer y escribir decentemente? ¿Hay que renunciar a enseñarles otra cosa? ¿Bajamos los brazos y nos conformamos con que al final de la secundaria lean y escriban al nivel de niños de primaria de otros países?

    Si de verdad es así, la cosa está peor de lo que pensaba, desde luego.

  5. Antonio, para gestionar algo es fundamental saber con qué recursos se cuenta. Decir “qué pasaría si” no sirve de mucho. Y después dices que soy yo la que teoriza🙂

    En cualquier caso, aunque se hiciera bien, sigo sin ver la necesidad de una asignatura de educación emocional como tal. Si me parece bien hacer ejercicios de relajación, concentración y cosas así, pero integrados en el día a día, como una actividad más. Después es fundamental proporcionar un entorno tranquilo, luminoso y bonito en lo posible, y hablar mucho con los niños. Seguro que muchos maestros lo hacen. Por otro lado, cuanto más sólida sea la formación, mejor. Al menos es algo que suma, no resta. A eso me refería con lo de Dostoievski, no que haya que leer “Crimen y castigo” en primero de Primaria, sino que si salen del colegio entendiendo lo que leen y disfrutando, podrán beneficiarse de la literatura más adelante, y enriquecerse con ella. Al fin y al cabo para eso está la escuela, para dar herramientas que ayuden a vivir.

  6. Perdonad que conteste solo al post. No he leído los 5 comentarios, los veo cuando voy a colgar lo mío. Luego si puedo vuelvo a mirarlo.

    En ocasiones la falta de tiempo o la pereza me llevan a no contestar algunos de tus comentarios, aunque no esté de acuerdo. En este caso estoy bastante de acuerdo con lo que dices. Aunque no con todo. Digamos que todo lo que dices me parece razonable aunque haya “peros” que ponerle.
    Por ejemplo: ¿Quién dice que los niños de 6 años tengan que teorizar sobre los sentimientos?
    Con niños de seis años se podrían trabajar los sentimientos mostrando fotos de situaciones y preguntando a los niños cómo se sienten los que las viven. También se podrían mostrar fotos de rostros y preguntar cómo se sienten las personas a las que pertenecen. Otra cosa es trabajar el diálogo interior que todos mantenemos con nosotros mismos. Todo con ejemplos prácticos. ¿Qué crees que está pensando este niño que se ha caído al suelo? Y enseñando con todos esos ejemplos a sentir empatía, a evitar las distorsiones cognitivas y a no atribuir los fracasos a causas estables y permanentes sino a situaciones pasajeras y cambiantes.
    Estoy completamente de acuerdo en que es un error frecuente inventar una asignatura cuando hay que mejorar en algo la enseñanza. De acuerdo, a lo mejor no hace falta una asignatura más, pero lo que si es necesario es atender una faceta importantísima en la vida que es la parte emocional y de la que la escuela no se ocupa en absoluto.
    El último día de clase del curso (viernes final cuando todo el mundo en bachillerato se ha pirado y solo quedan por el insti cuatro gatos de los más pequeños de la ESO), un chico que estudia primero de bachillerato, de 16 o 17 años, se pasa todo el día –las seis horas- en la biblioteca del centro (no estamos hablando de si los profesores lo deben mandar allí o no- ese es otro tema) porque no tiene ningún sitio mejor a donde ir, ni con amigos, ni en su casa, ni nada. Un alumno que hace eso no sabe vivir (no conoce los rudimentos básicos) y lo mismo le daría saber muchos contenidos académicos (que por supuesto tampoco los sabe porque en las clases está pasivo y sin molestar pero sin enterarse de nada). Ese estudiante tiene unas carencias tremendas de las que en la escuela nadie se ocupa porque no pertenecen a ningún programa académico ni a ninguna asignatura. Su familia ha fracasado en su educación emocional y la escuela también. En el caso de la Escuela porque nadie ha considerado que lo que ese chico tiene que aprender pertenece a su asignatura

    “Creo que el mayor reto que tiene la escuela, y que todavía no ha sido superado con éxito, es el de transmitir auténtico conocimiento, el de hacer que la instrucción consista en algo más que en compartir un cierto código considerado erudito pero que poco tiene que ver con la vida real;” En nombre de esas palabras, en nombre de ese conocimiento de la vida real, lo menos que tiene que enseñar la escuela –que muchas veces lo hace de modo informal- es a convivir, enseñar a superar las timideces enfermizas y mostrar el modo de tener algunos amigos. Si en la Escuela no aprendes eso ¿de qué te sirve todo lo demás?

    Que se quiera incluir la “educación emocional” en la Escuela me parece interesante y mucho mejor que olvidar el asunto. Que deba ser una asignatura y no un “tema transversal” no lo tengo tan claro. Pero me parece mucho peor olvidar el asunto que querer introducirlo de algún modo aunque sea torpe.

    El argumento contra la asignatura que usaba Pseudópodo sobre el experto y sus intereses es una falacia llamada “Ad hominem”. Se critican las intenciones del que argumenta en lugar de atacar sus argumentos. ¿Existe quien quiere hacer dinero con la educación emocional? Ese no es el asunto. El asunto es si debe existir Educación Emocional en la escuela o no, no si alguien se quiere forrar a su costa.
    Y hasta aquí tengo tiempo.
    Dejo esto sin terminar, pero lo quiero mandar hoy. A lo mejor luego vuelvo a terminarlo.

  7. Gracias por tu comentario, Loiayirga. Sobre los ejercicios que propones para los niños ¿por qué fotos? ¿Por qué tiene que ser todo visual? ¿Tanto cuesta sentarse cinco minutos y preguntarle a un niño cómo se siente? No entiendo esa manía de mediatizarlo todo. El mundo de los niños es muy visual, los sientan a ver la tele antes de haber aprendido a distinguir la realidad de la fantasía. A mí me resultó sorprendente ver como niños de seis años se preguntaban si los dibujos animados eran personas disfrazadas. Entonces, no sé por qué unos ejercicios visuales los van ayudar especialmente. A ver, si malo no será, pero creo que estas cosas se sobrevaloran, porque las personas estamos preparadas para aprender si nos hacen caso, si nos sentimos queridos, y por imitación. Tampoco creo que se deban contraponer los aprendizajes académicos a los ‘humanos’, porque no se pueden separar, insisto. No hay que sacrificar nada.

    Es muy triste la historia que cuentas del chico pero ¿tú crees realmente que una asignatura en el instituto de educación emocional le ayudaría? Yo francamente lo dudo. Diría que le hace falta atención individualizada. Sería interesante preguntarse por qué pasa tantas horas solo en la biblioteca. Y no sé, buscarle un hobby o así. Pero bueno, sé que es más fácil decirlo que hacerlo, e imagino que ya se ha intentado, tampoco voy a ir yo a inventar nada.

    Por último, si todo lo que se lee sobre la educación emocional son cosas similares a las que escriben coaches, como Elsa Punset, tiene sentido criticar eso y no otra cuestión teórica de lo que alguien de buena voluntad puede entender por educación emocional. Quiero decir, que aparentemente ese es el programa que se va a llevar a la escuela. Y eso es grave.

  8. Bueno, ya parece que hay contenidos o, al menos, recursos para ‘trabajar’ las emociones. Algunos creados por la fundación La Caixa. Se pueden ver aquí. Básicamente consisten en ver cosas (power points, ‘tableros emocionales’ o vídeos) y preguntar sobre ello: ¿es agradable sentir tristeza? Se conoce que las emociones se trabajan mejor poniendo una cosa delante del niño. Si van con el logo de un banco, mejor.

  9. Querida amiga, permítame que la felicite por dos cosas: su capacidad argumentativa y su paciencia. La primera salta a la vista y la segunda se la explicaré un poco, empezando por decir que es usted santa Cristina. Hay en la vida cosas de esas que decimos que se caen por su propio peso y esas cosas no precisan ni discusión ni explicación. Aunque me tire usted al cubo de los que ejercen la crítica fácil, le diré que un engendro llamado EMOCREA, ya desde ese nombre digno de Mortadelo y Filemón, se presenta como una colosal memez, y ya si luego vemos que se propone como asignatura para primaria, debemos catalogarlo entre las memeces peligrosas. Lo único que merece, por tanto, es rechazarlo de plano sin más discusión, ya que cae por su propio peso que no valdrá para nada bueno, sino que será, naturalmente, un avance más del psicologismo ñoño y bandarra en la escuela, ese psicologismo que tanto daño ha hecho. Y sin embargo usted se toma la molestia de desmenuzarlo, y lo hace muy bien, le recuerdo mi primera felicitación. ¡Qué paciencia ha tenido usted!, para eso y para responder a algunos comentarios, suerte que estaba ahí la limpieza doméstica (algo que también se cae por su propio peso) para rescatarla. Yo no la habría tenido, tal vez sea por mis más de 30 años en las aulas, yo habría recurrido al incontestable argumento de lo que se cae por su propio peso, y listos. Y veo que también ha tenido la paciecia de leerse los libros -de esos fotocopiados- de alguno de esos psicólogos masacradores de la enseñanza: ¡¡usted es una santa!!
    Al hilo de sus razonamientos, saca a la luz algo en lo que yo también me he fijado: la conversión de la derechona al pedagogismo (así lo veo yo en mi blog: http://papabloblog.blogspot.com.es/2014/03/licencia-para-matar-o-licencia-para.html), que cierra el círculo de destrucción de la escuela pública que inició el “progresismo” escolar, y descubro que estamos de acuerdo en otra cosa: la trampa de los emprendedores, en la que está cayendo mucha gente: ¿no vemos los españolitos que toda esa apoloigía del “hágase usted empresario” no es, entre otras cosas, más que un atajo para ahorrar gastos en seguridad social a las grandes empresas?
    Última coincidencia: yo colaboré en Deseducativos, la plataforma más explícitamente contraria al actual desastre educativo. Entre los deseducativos, teníamos casi como divisa para definir este desastre la fábula del traje nuevo del emperador y la frase “El rey está desnundo”. No sé cuánto tiempo lleva usted reflexionando sobre estos temas, pero veo que ha llegado a parecidas conclusiones. Un saludo.

  10. Cristina, la verdad es que no tengo casi nada que añadir, lo has explicado magníficamente (y con una santa paciencia, efectivamente). Y es muy interesante esa idea de que finalmente la derecha (vamos a llamarla así por simplificar) se ha aliado con el pedagogismo que ya dejó a la izquierda inútil para hacer nada por la enseñanza. Únicamente, quería comentar que me sorprende que no se vea la evidencia de que la educación emocional, sea lo que sea, no se puede enseñar como una asignatura. Realmente no es un contenido, y apenas se le podría llamar conocimiento, salvo en el sentido de conocimiento tácito. Y sin embargo se aprende sin problemas si uno vive (y convive) en un entorno de relaciones humanas sanas. Como no lo tenemos, lo hemos convertido en un problema, y cada vez que hay un problema, siempre hay listos que descubren que se puede ganar dinero con él (sobre todo si no lo resolvemos sino que lo cronificamos, lo medicamos, etc).

    Ah, y por alusiones a loiayirga: no era la falacia ad hominem. Simplemente aludía a que detrás de estas iniciativas muchas veces está ver demasiado a la familia Punset (o similares, hay muchos en esta línea pero ellos son los líderes), que están siendo la punta de lanza en España de un negocio muy lucrativo y muy dañino.

    Pues eso: enhorabuena por el post.

  11. Digo lo mismo Cristina que quienes me anteceden: enhorabuena por el post. En cuanto a lo demás preguntar a los defensores de estas iniciativas si no sería el tiempo de estar proclamando los éxitos del gran hallazgo de lo emocional en lugar de repetir constantemente las pretendidas ventajas de algo que parece jamás va a poder constatarse porque siempre se trata de algo que está por experimentar y comprobar. Sorprende además que estas iniciativas donde más eco tienen es allí donde la escuela funciona peor a tenor de los resultados observados.

  12. Bueno, desde luego yo no voy a negar que Cristina tiene mucha paciencia (a mi tampoco me falta creo), lo que sí dudo es si esta vez tiene argumentos de peso para sostener su posición, más allá de que todo se hará mal y que no le parece necesario incluir la educación emocional y para la creatividad en las aulas. Porque esos son los únicos argumentos que he escuchado aquí, y el de que la asignatura ya se ve de antemano que será un fracaso, solo con ver el nombre (¿y si tuviera otro sería mejor acogida?).

    La aparición del programa de la asignatura lo único que confirma es lo que ya sabíamos: que los que la programan son unos incompetentes y que precisamente por eso sus contenidos son indefendibles. ¿Argumentaríamos del mismo modo que las Matemáticas son innecesarias si algún programador inútil decidiera impartirlas a base de Powerpoints sin sentido o haciendo estudiar a los niños la vida de Pitágoras?

    Pronosticáis que la asignatura no funcionará, pero me reitero en lo que decía sobre lo del inglés en el post anterior: nada funcionará con esa actitud de bajar los brazos ante todo e intentar a toda costa que no cambie nada. Nada funcionará sin un mínimo esfuerzo por parte de los docentes.

    El argumento es, en definitiva, que no creéis en la educación emocional, no pensáis que sea necesaria incluirla en los programas educativos. Esté bien programada o mal programada, se haga bien o se haga mal. Yo ya no entro en si debería ser una asignatura aparte o una transversal…Pero mi pregunta es: ¿no creéis necesarios esos conocimientos para los alumnos? A mi en mi experiencia, os puedo asegurar que me han servido. Y creo que como yo hay muchas personas que han aprendido mucho de los libros de Goleman, por decir un autor.

    No es por nada, pero vuestro discurso me parece un poco retrógrado, estoy seguro de que si hace 50 años alguien hubiera propuesto la necesidad de impartir educación sexual, la acogida de los profesores hubiera sido la misma que la vuestra: que no es necesaria, que eso lo aprenderán los niños solos imitando a los adultos sanos de su entorno, que una sociedad que necesita educación sexual es una sociedad enferma (y pervertida)…Y sin embargo ya nadie considera que la educación sexual en los colegios sea innecesaria, o la educación física.

    No me vale que os apoyéis en vuestra experiencia docente para concluir que no servirá de nada (¿acaso le aprovechan las Matemáticas a muchos alumnos, vistos los resultados de PISA?) porque loiayirga opina lo mismo que yo y lo considero un docente sincero, ponderado y con muchos años en las aulas a sus espaldas. ¿Acaso solo vale vuestra experiencia y no la de los demás? ¿Si el sistema funciona tan mal, no será lógico pensar que no solo es culpa de la mala programación de los contenidos si no que los docentes también tienen parte de la culpa de que no se obtengan resultados?

  13. Antonio, mi oposición a una asignatura de educación emocional va más allá de suponer que se hará mal. Pseudópodo lo ha explicado muy bien: realmente no es un contenido, y apenas se le podría llamar conocimiento, salvo en el sentido de conocimiento tácito. En este sentido, no es comparable a la educación sexual, que sí me parece razonable que se estudie en algún momento de la educación secundaria, porque el sexo sí tiene una parte física susceptible a ser tratada como contenido: el conocimiento del propio cuerpo y el de la pareja, prácticas de sexo seguro, métodos anticonceptivos y cosas así. El limitar a esto el curriculum de la materia no quiere decir que consideremos que el sexo es solo eso ni mucho menos: es reconocer que la dimensión afectiva del sexo, que es fundamental (incluso en el sexo esporádico algo de cariño siempre tiene que haber, creo yo) es inabordable desde una asignatura escolar por su propia naturaleza. No es que no le dé importancia a las emociones y a la afectividad, como das a entender con tus comentarios, es que creo que son indisociables de las relaciones humanas. Es decir, siempre, por acción o por omisión, estamos educando las emociones. No es algo que se aprenda sino que se “vive” si quieres entenderlo así. No se puede entender una educación afectiva sana fuera de un entorno de relaciones humanas saludables y, recíprocamente, si no existe ese entorno de relaciones humanas saludables, no hay asignatura de educación emocional que valga. No es que yo me empecine en verlo así, es que sinceramente creo que es algo que está en la propia naturaleza de las emociones humanas. Creo que a esto es a lo que Pablo ha llamado “caer por su propio peso”.

    Dicho esto, doy la razón a Antonio en que al hablar de pedagogía a veces caemos en cierta autocomplacencia corporativista (aunque yo técnicamente no pertenezco a la ‘corporación’), y hasta en cierto cinismo, prejuzgando y rechazando cualquier sugerencia de innovación sin siquiera concederle el beneficio de la duda. Efectivamente a mí también me pareció ver esa deriva en la página de Deseducativos, en la que colaboró Pablo y que yo seguí durante un tiempo. Creo que es sano tratar de ver las cosas desde distintos puntos de vista pero es que, caramba, las facultades de pedagogía nos lo ponen muy difícil🙂 En general sería muy deseable que existiera al menos algo de rigor en estos temas, que es a lo que creo apuntaba el comentario de Emilio: dónde y cómo se experimenta, qué medios se necesitan, qué resultados tiene, etc.

    Por último, Antonio, no me parece ni mucho menos un detalle menor conocer quiénes van a ser los encargados de llevar esta iniciativa a las escuelas. Si me dices que se va a introducir una asignatura llamada “Introducción a la física cuántica” en bachillerato te puedo decir que es buena idea. Ahora, si me cuentas que va a ser impartida por Punset o que se van a usar sus libros como guía te diré, cuando me haya recuperado del desmayo, que mejor dediques esas horas al parchís.

  14. Pero es que cuando tú misma estás describiendo lo que tú crees que son diferencias entre la educación sexual y la emocional, en realidad sin darte cuenta lo que estás haciendo es enumerar sus similitudes.

    ¿Como que la educación emocional no es un contenido ni un conocimiento? ¿Que no tiene una parte física susceptible de ser estudiada? ¿Que las emociones son indisociables de las relaciones humanas? ¿Y qué si lo son? ¿Que no se aprenden, sino que se “viven” (sea lo que sea lo que quieres decir con eso)? ¿Que no se puede entender la enseñanza de la educación emocional fuera de un entorno de relaciones humanas sanas?¿Se puede entender acaso la enseñanza de la lengua castellana fuera de las relaciones humanas? ¿O de las Matemáticas, o de la educación física?

    Estoy convencido de que la educación emocional tiene un contenido “físico” como tú dices: produce efectos físicos totalmente comprobados científicamente, y al fin y al cabo, es nuestro cuerpo el que produce las emociones, del mismo modo que produce la sexualidad y las relaciones sexuales. Si no fuera así, estaríamos concluyendo que las emociones son algo “sobrenatural” que se produce fuera del cuerpo, y claro, tal vez así si entiendo que veas la educación emocional como una pérdida de tiempo: las emociones se producen “porque sí” de manera incontrolable y sobrenatural, de manera mística, y claro, ahí no hay educación que valga.

    Claro que las emociones son indisociables de las relaciones humanas…precisamente como lo son las relaciones sexuales o cualquier manifestación de la cultura humana, y no por ello se renuncia a la educación sexual o de la educación a secas, si me apuras. También podría decirse que las relaciones sexuales “se viven” y que no hay manera de enseñar a tener relaciones sexuales de manera más satisfactoria, y todos sabemos que no es así. De la misma manera que se puede enseñar a mejorar unas relaciones sexuales a través de diversas técnicas, también se puede mejorar el control de las emociones conociendo como se producen y como funcionan. E insisto, claro que tienen una correspondencia física que se puede aprender: sabemos qué órganos del cuerpo intervienen en las emociones, las emociones tienen una expresión física: distribuyen hormonas por la sangre, aumentan o disminuyen el ritmo cardíaco, producen posturas y gestos y un largo etcétera que podríamos seguir enumerando y que pueden ser pistas y herramienta para interpretar las nuestras y las de los demás. Y eso se puede aprender, tanto si el alumno está en un entorno saludable como si no (y más en este segundo caso, porque habrá que ayudarle a hacer más salubre ese entorno, ¿no? de la misma manera que se va al sexólogo si hay algún problema en las relaciones sexuales, no si no se tiene ninguno). Asumir que el niño aprenderá esto por sí mismo si el entorno es saludable, repito, es como asumir que el niño aprenderá a tener una vida sexual saludable si su entorno es saludable. ¿Y si no lo es? Si no lo es…pues que se jo… como dijo aquella parlamentaria. Y lo mismo con sus habilidades sociales, y con su creatividad…y hasta el infinito. Así mejor pues no educamos en absoluto, si el entorno es saludable seguro que todo sale bien. Pero…¿de verdad existe ese entorno saludable perfecto que permite que el niño por si solo crezca y se desarrolle armoniosamente sin encontrar obstáculo alguno en toda su vida? Dime qué sitio es ese que voy para allá ahora mismo. Seguro que allí no hacen falta ni profesores, ni médicos, ni sexólogos, ni policías, ni jueces ni políticos, que maravilla, oye. Punset no vendería ni un mísero libro.

    Es absurdo de verdad tu razonamiento de que todo saldrá bien si el alumno está en un entorno saludable y si no, no hay nada que hacer. Es asumir que la educación no tiene nada que hacer si el entorno es malo, es decir, es en realidad quitarle a la educación toda su razón de ser. En definitiva, sería como decir que si en el entorno del alumno se habla mal como en los barrios bajos, será inútil enseñarle al alumno gramática para que corrija sus errores, porque la lengua “se vive” y no hay programa educativo en el mundo, sea malo, bueno o excelente que pueda evitar que el niño diga “contrimás” en vez de “cuanto más”, sobre todo si el que le intenta corregir en el error es Punset o alguien de su familia.

  15. Antonio, créeme que entiendo tu punto de vista pero sigo sin estar de acuerdo. Bueno, estoy de acuerdo en todo menos en lo fundamental🙂 Recapitulando:

    – La educación emocional y afectiva debe ser un objetivo prioritario de la educación escolar.
    – Hay que hacer algo para conseguirlo.

    Hasta aquí estamos de acuerdo, creo. La diferencia está en ese ‘algo’ que, indudablemente, hay que hacer. Tomemos tu ejemplo del lenguaje: si tanto en el entorno del niño como en la escuela todos dicen ‘contrimás’, es bastante probable que el niño también lo diga por mucho que en clase de lengua le hayan enseñado que lo correcto es ‘cuanto más’. Pues lo mismo ocurre con las emociones, con el agravante de que están en un plano todavía más profundo que el lenguaje. Es decir, hay que cambiar el entorno del niño. Y sé que no se puede cambiar la sociedad o la economía de un día para otro, no soy tan ingenua. Ni siquiera podemos esperar a cambiar el sistema escolar, de acuerdo. Sin embargo, sí se pueden tomar medidas que ayuden a sanear ese ambiente donde se desenvuelven los niños. No es tan difícil: se trata, me repito, de tratar al niño con cariño y respeto. Qué quieres que te diga, me resulta un insulto a la inteligencia del niño enseñarle un tablero con un dibujo y preguntarle si es agradable sentir tristeza.

    Pues bien, ¿qué cambios propongo? Por ejemplo:

    – Hacer el entorno más agradable: cuidar el patio y los jardines, cuidar el mobiliario escolar. ¡Poner cortinas en las aulas! Esto último te parecerá una estupidez pero fíjate que por ejemplo en el colegio donde hice las prácticas las clases no tenían ni persianas y las habían cubierto con papel marrón de embalar. ¡En un lugar donde los niños pasan el día entero! Y después nos quejamos de que no se relajen. ¡¿Quién pone papel de embalar marrón en las ventanas de su casa, por amor de Dios?! Poner plantas e incluso flores (aquí hace buen tiempo, se pueden tener plantas muy chulas) y establecer turnos para su cuidado. Acondicionar un lugar para el descanso, quizás con cojines y cuentos o juegos. Acondicionar un lugar en la biblioteca cómodo y tranquilo.

    – Tratar bien a los niños. Nada de gritos, nada de insultos. Sanciones para los profesores que no lo cumplan. Tratarlos con educación: darles los buenos días, las gracias y pedirles las cosas por favor. Si te parece una perogrullada es que no has visto un colegio por dentro.

    – Organizar las distintas clases y niveles para conseguir un ambiente lo menos ruidoso posible. Sería una variable más en el horario, pero no es imposible.

    – Lo que dije en el post: trabajar en una sola aula, con un solo profesor y actividades multidisciplinares en la medida de lo posible.

    – Llevar una rutina, que lo que se espere de los niños tenga cierto grado de previsibilidad.

    – Intentar dar una atención individualizada. Sé que es difícil con tantos críos por aula pero no es imposible. Quizás ensayar otras formas de trabajo distintas a las típicas del libro de texto.

    – Escucharlos.

    – Intentar colaborar con las familias. Enterarse de qué carencias tienen.

    – Escuchar música tranquila de vez en cuando. Hacer algún ejercicio de relajación o de concentración.

    – Nada de internet cuando son pequeños. Nada de televisón (sí, a veces les ponen la televisión). Nada de dejarlos aparcados coloreando figuras.

    ¿Será perfecto? Pues probablemente no, pero no tengo duda de que será mejor que los ‘tableros emocionales’. Además, te puedo hacer la misma pregunta que me haces tú a mí: ¿de verdad existe una asignatura de educación emocional perfecta?

    • Cristina este listado de sugerencias se te ha quedado algo obsoleto, esas acciones y otras muchas que, obviamente, no conoces, se hacen en muchiiiiiiiiiiisimos centros de Canarias desde hace años. Es curiosa tu tendencia a generalizar, te pasa con el profesor de psicología de la ULL respecto a EmoCrea y aquí con tus prácticas. Haces una experiencia en un centro y lo que viviste allí, lo generalizas a todos los centros de la comunidad canaria. Tal vez deberías investigar un poco más, escuchar más, conocer más, recorrer diferentes centros, visitar todas las islas, asistir a las jornadas de Buenas Prácticas del Programa Infancia, por ejemplo… Así podrías comentar muchas experiencias que se están haciendo en las 7 islas, que no tienen nada que ver con lo que ocurre en el centro en el que estuviste de prácticas. Respecto a EmoCrea ya publiqué un comentario más abajo. Saludos.

  16. Bueno Cristina, lo voy a ir dejando por mi parte, creo que ya está clara mi postura y creo que no vamos a acercarnos mucho más en las respectivas conclusiones.

    Pero sigo sin estar de acuerdo, que esto se haya programado muy mal en el caso que nos ocupa, no significa que no sea útil. Y lo que propones no es que sea malo, sería muy bueno que el ambiente fuera el que tú apuntas, pero sinceramente no creo que eso tenga nada que ver con la educación emocional. Lo que tú propones serviría para eso, para crear un buen ambiente en las aulas, pero no iría más allá de eso, la educación emocional es otra cosa, y es más compleja, y tiene más contenido específico y técnico que el que tú supones. Lo que tú enumeras no es suficiente, y no lo es porque escuchar música relajante o crear un buen ambiente no tiene nada que ver con la educación emocional, simple y llanamente. Tendríamos a los niños más relajados, y tal vez con suerte más seguros de sí mismos, pero ese buen ambiente no les diría nada sobre como reaccionar ante un ataque de ira ni propio ni ajeno, y de cosas tan prácticas como esa, aunque no te lo parezca, se ocupa la educación emocional. Y lo mismo que es posible llegar a la relajación mediante diversas técnicas (que los psicólogos llevan usando casi siglos) también es posible controlar las emociones con sus respectivas técnicas. Y eso es útil, y eso no se consigue escuchando música clásica ni poniendo cortinas en las aulas. Se consigue enseñando como funciona todo el entramado de las emociones y como se puede controlar. Me da igual que se aborde con una asignatura, con la transversalidad, con atención personalizada o simplemente recomendando lecturas y evaluando su comprensión.

    Y sigo sin estar de acuerdo en que el ambiente lo hará todo, y que nada se puede hacer contra él. ¿Por qué no en vez de suponer que si todo el entorno dice “contrimás” será imposible que el niño diga “cuanto más”, suponemos que el niño puede ir a su entorno con un libro de gramática y corregir a los demás para que todo su entorno acabe hablando bien? Es que si no, sinceramente, no sé para qué llevamos a los niños a la escuela, lo digo en serio. Porque unas veces esperamos de la educación que cambie el mundo radicalmente en una generación, y otras que no seremos capaces ni de hacer hablar correctamente a un niño de los barrios bajos. ¿En qué quedamos? Porque si no tenemos claro el papel de la educación…entonces mal vamos.

  17. Como es mucho lo que habría que comentar procuraré hacerlo muy sucintamente.

    Antonio, coincido contigo en que no se trata exclusivamente de cortinas y música clásica, pero debo señalar que haces algo de trampa ya que lo que se discutía desde el principio era la pertinencia de una asignatura: EMOCREA, no que hubiese que ignorar el aspecto emocional, por eso cuando concluyes: “Me da igual que se aborde con una asignatura, con la transversalidad, con atención personalizada o simplemente recomendando lecturas y evaluando su comprensión.” de algún modo estás defendiendo algo distinto y con lo que yo puedo estar más de acuerdo.

    Te olvidas sin embargo de que la educación no lo puede todo y que no se puede obviar lo que de genético hay en nosotros. Si defiendes la tabla rasa desde este momento te digo que no puedo estar de acuerdo contigo.

    Cristina, que un estudio esté financiado por una entidad financiera no lo descalifica per se, multitud de empresas financian estudios, también estudios de género, pero si los descartamos habrá de ser por su calidad científica o técnica.

    En cuanto a lo del emprendimiento mi rechazo es por motivos parecidos a los de la educación emocional. El mejor servicio que se puede prestar a la emprenduría es ofrecer una educación científica y técnica de calidad, y el mejor conocimiento del entorno institucional y social en que vivimos, y combatir la idea de que si uno tiene vocación emprendedora o empresarial eso lo sitúa poco menos que del lado de los delincuentes.

    Por último, decir que os estáis olvidando de lo que hay en todo esto de lucha política y que el Gobierno canario, junto con Andalucía, Cataluña y Asturias se vienen oponiendo de todos las maneras posibles a la Ley Wert. No debemos olvidar que EMOCRE se impartiría dejando sin efecto el incremento de horario que la LOMCE pretende en relación con las matemáticas y la lectura comprensiva.

  18. Antonio, yo también creo que ya debemos dejarlo por aquí. No se puede decir que no lo hemos intentado, ¿no? Con todo, como ha señalado Emilio, parece que nuestras posturas se han acercado algo. Solo una cosilla más para terminar. No sé por qué dices que no tengo (tenemos) claro el papel de la educación. Lo que digo es, simplemente, que un colegio no puede ser un lugar donde las profesores digan ‘contrimás’ o las aulas tengan papel de embalar en las ventanas, como no puedes tener un invernadero sin luz o un coche si ruedas. Francamente, ofrecer una asignatura de educación emocional es como poner un parche en un sistema que se desmorona. No todo en la vida se arregla con un cursillo o una pastilla.

    Y bueno, yo no he dicho que se trate *solo* de cortinas y música clásica. Ya sabía yo que lo de las cortinas iba a ser polémico🙂 En cualquier caso, ¿no les parece un síntoma de dejadez inexcusable?

    Emilio, sobre las instituciones financieras y los estudios. No me parece bien que los intereses comerciales se mezclen con los intereses de los menores, no te voy a mentir, pero es que ni si quiera se trata de eso: estamos hablando de pseudociencia, o pseudopsicología, de patrañas si ningún rigor. Colaborar con el instituto Coca-Cola de la felicidad es como colaborar con Iker Jiménez (‘bienvenidos a la nave del misterio’). No le demos crédito a lo que no lo tiene. Ahora que estamos con los mundiales:
    Familia Punset 1 – Sentido Común 0

  19. Cristina, la pseudociencia hay que descartarla por pseudociencia no por quien la financia. En mi comentario estaba pensando en la página sobre las emociones de La Caixa que citaste en uno de tus comentarios. No tengo nada que reprochar a iniciativas de ese tipo.

  20. Pues yo tengo dudas al respecto, Emilio. No sé hasta que punto un banco actúa desinteresadamente, pero bueno, este es otro tema. En cualquier caso, el material que hay en esa página parece bastante basurilla.

  21. Cristina, no sé quién fue tu profesor de psicología en la ULL que, de tan malo, ya te hace pensar que todo lo que provenga de él será un fracaso. Para diseñar la “asignatura” se contó con una comisión de profesores, que están a pie de aula, es decir que están hoy en el aula, algunos formados en distintas líneas de lo que hoy se define como educación emocional y otros en creatividad, que no en empresariales. Éstos, a su vez, han contado con muchos otros profesores, los han consultado, para intentar hacer algo que sea bueno. Que, en principio, parece raro que haya que tener en el colegio una asignatura con sus contenidos y su rúbrica para pensar sobre nuestras emociones y entenderlas, cierto, parece raro. Que preferiría que, de una vez, la escuela entienda que en todo lo que hacemos hay emoción y que, por lo tanto, estas tiñen nuestras vidas y por eso hay que tratarlas de modo transversal, también cierto. Pero de ahí a decir que porque un profesor que tuviste en la ULL era malísimo, un teórico, y que, por eso, todo se hará de un modo horrible en todos los colegios de Canarias, tiene más que ver con tu vivencia personal que con un argumento objetivo. Esperemos a que se dé a conocer la información completa para que, entonces sí, puedas apoyar tu argumento en algo concreto y real y desarrollarlo con más objetividad. Saludos.

  22. Cristina, no sé quién fue tu profesor de psicología en la ULL que, de tan malo, ya te hace pensar que todo lo que provenga de él será un fracaso. Para diseñar la “asignatura” se contó con una comisión de profesores de primaria de varias de las islas, profesores que están a pie de aula, es decir que están hoy en el aula, algunos formados en distintas líneas de lo que hoy se define como educación emocional y otros en creatividad, que no en empresariales. Éstos, a su vez, han contado con muchos otros profesores en activo, que a diario están con niños-as de primaria, los han consultado, los han escuchado, para intentar hacer algo que sea bueno. Que, en principio, parece raro que haya que tener una asignatura con sus contenidos y su rúbrica para pensar sobre nuestras emociones y entenderlas, cierto, parece raro. Que preferiría que, de una vez, la escuela entienda que en todo lo que hacemos hay emoción y que, por lo tanto, estas tiñen nuestras vidas y por eso hay que tratarlas de modo transversal, también cierto. Pero de ahí a decir que porque el profesor que tuviste en la ULL era malísimo, un teórico, y que, por eso, todo se hará de un modo horrible en todos los colegios de Canarias, tiene más que ver con tu vivencia personal, con tu mala experiencia, que con un argumento objetivo. Esperemos a que se dé a conocer la información completa para que, entonces sí, puedas apoyar tu argumento en algo concreto y real y desarrollarlo con más objetividad. Saludos.

  23. Perdón, la primera vez no se publicó correctamente mi comentario y tuve que volver a escribirlo y publicarlo. Ahora veo que está dos veces. ¡¡Lo siento!!🙂

  24. Gracias por tus comentarios, Alexia, y disculpa que haya tardado tanto en contestar. Sobre lo del profesor de psicología, no quiero que se entienda la crítica como una mala experiencia, un trauma o una anécdota. Se trata de denunciar el poco rigor y la falta de profesionalidad con que se hacen algunas cosas. Estarás de acuerdo en que la sustitución de una hora semanal de matemáticas y otra de lectura por una nueva asignatura merece un análisis previo y una preparación cuidadosa. Por tu comentario creo entender que de alguna manera estás vinculada a la enseñanza en Canarias y quizás tengas más datos que yo. Te pregunto entonces ¿hay algún estudio sobre cuáles son las necesidades reales del alumnado? ¿Se sabe cuántos niños hay diagnosticados de TDH? ¿Ha habido experiencias similares? ¿Con qué resultados? Te aseguro que del mentado departamento de psicología no ha salido nada de eso. Te diría que ya veremos como funciona la asignatura pero algo me dice que nadie se va a molestar tampoco en hacer un seguimiento y un estudio sistemático sobre sus efectos. Y no es derrotismo, sino simple extrapolación: si no se ha hecho nunca, no sé por qué se va a hacer ahora.

    En cualquier caso, insisto en que cuesta mucho ver las emociones y la creatividad como contenido al uso para ser tratado como materia académica. Respecto a mis sugerencias dices que hay profesores que llevan mucho tiempo actuando así y no me cabe ninguna duda, porque es lo que se espera de gente sensible, preocupada y empática. De hecho lo escribí en uno de los tantos comentarios. Eso sí, no vale decir que las buenas prácticas están obsoletas. ¿Cómo va a estar obsoleto algo tan básico?

    Gracias por el enlace, Emilio, estoy muy de acuerdo con el artículo.

    • Hola Cristina,
      Obsoleto en el sentido de que presentas un listado de acciones como si fuese algo que no se hace, como una idea original. A eso me refería, no a que algo tan básico, tan obvio, fuese obsoleto. Espero, ahora, haberme explicado mejor.

      Si quieres saber algo más sobre EmoCrea, ya está publicado el borrador del decreto donde aparecen las línea básicas. No es el definitivo, pero es un boceto. Lo encuentras en la web de la Consejería de Canarias.
      Quiero aclarar que no es que yo esté de acuerdo en que exista una asignatura sobre las emociones y la creatividad. Emociones y creatividad son vitalmente transversales, lo “tiñen” todo y, en mi opinión, deben trabajarse, tratarse, desarrollarse, como prefieras decirlo, durante las diferentes situaciones de aprendizaje que se dan en la escuela, en todas las asignaturas. No como algo aparte.
      Sin embargo, sí me parecía importante esperar a que se publicase algo para luego hacer una crítica argumentada y constructiva.

      Por cierto, también puedes ver el horario en los docs que se publicaron, y verás que esta “asignatura” se “impartirá” (perdona las comillas pero esto de que sea una asignatura a impartir me resulta extraño…) de 1º a 4to de primaria, en 2 sesiones de 45′.
      Lengua y mates, que a ti te preocupa que se quiten horas, son 5hs en 1º, 3º y 5to (es decir los cursos en los que comienza a aplicarse la LOMCE), y 6 sesiones, de 45′, en 2do, 4to y 6to.
      5to y 6to no tendrán EmoCrea. En ese tiempo, las dos sesiones de 45′, tienen 2da lengua extranjera.

      Sobre lo que me preguntas:
      1-Niños diagnosticados con TDH. No sé qué relación especial ves entre los niños con TDH y EmoCrea, porque emociones tenemos todos y creatividad también. De todos modos, no tengo la respuesta respecto a cuántos hay diagnosticados. No lo sé y espero que sean pocos porque, últimamente, hay una cierta “moda”, una tendencia a diagnosticar a cualquier niño un poco más movedizo e inquieto que los demás, como TDH.
      2-Si ha habido experiencias similares: lo que yo conozco, que podría vincularse, es el Programa Infancia (info en la web de la consejería) que se ha implantado en varios centros públicos de las islas. Aunque no está específicamente relacionado con emociones y creatividad,es decir que no se trata solo de eso, sí ha dado un giro importante al trabajo en las aulas, incluyendo pareja pedagógica, y unas líneas interesantes de respeto por los ritmos de cada niño, así un cambio en el modo de trabajar en el aula, con una importante renovación pedagógica. Los resultados han sido excelentes y supongo que, en cierto punto, esto ha inspirado lo otro.

      Insisto, para que quede claro, yo no comparto la existencia de una asignatura, a evaluar, para emociones y creatividad. Ente otras cosas porque, de ese modo, tengo cierta seguridad en que se impartirá de modo sesgado, estanco, en bloque cerrado.
      Tampoco entiendo que se vincule emociones y creatividad, dando casi por sentado que a buenas emociones-emociones positivas, buena o mucha creatividad, o algo así. Y se puede ser muy creativo siendo, al mismo tiempo, un analfabeto emocional. De ejemplos está lleno el mundo.
      De ahí que no acabo de ver la relación tan directa que hacen: “Educación emocional y para la creatividad”.
      Me pondré a leer el doc, para intentar entender.

      Sí pienso que ahora que ya está el borrador, podemos hacer una lectura del mismo y entonces argumentar mejor las opiniones.

      Gracias por tu respuesta y perdona por esta que es tan extensa…
      me encantará leer lo que escribas cuando hayas investigado el doc publicado.

      ¡Saludos!

      Alexia

  25. Gracias Alexia por tu respuesta. Hoy no voy a tener tiempo para leer el doc que has enviado, sin embargo, me gustaría puntualizar un par de cosas. ¿De verdad me pensaste tan idiota como para creerme que ‘la idea’ de dar un trato considerado a un niño en la escuela era mía? Ahora entiendo las risas en la oficina de patentes cuando les presenté el diseño de la rueda🙂 Lo que digo es que tradicionalmente ha habido bastante tolerancia a los malos tratos, entendidos como rudeza y falta de respeto, y eso debería cambiar. Obviamente no soy ni la única ni la primera que lo dice.

    Sobre lo del TDAH, lo pregunto porque he leído como justificación a la asignatura algo así como que estamos en un ‘estado de emergencia’, que cada vez hay más niños con diagnósticos de trastornos más o menos graves, entre ellos el TDAH. Tampoco cambiaría mi opinión al respecto si fuera cierto, que creo que sí, pero desde luego que si se programa una materia para arreglar unos problemas, debería haberse hecho un diagnóstico previo de cuales son esos problemas. Y no se ha hecho, parece.

  26. Cristina, hola.

    ¿Yo puse que las “ideas” que escribiste en ese listado eran tuyas?¿Escribí que el trato considerado y respetuoso hacia los niños era una idea tuya?
    O yo no me explico bien, o tú no me entiendes. ¿En qué parte, o en cuál, de mis comentarios escribí que el trato considerado y respetuoso que, obviamente es o debe ser inherente a la profesión docente, era una idea tuya?
    Vuelvo a explicarlo. Lo que expresé fue que habías escrito un listado de acciones comunes, que se dan cotidianamente en cientos, en miles, de escuelas, como si fueran ideas originales. Y original no es sinónimo, necesariamente, de propio. ¿Ahora me expliqué mejor?
    Igual no debes tomártelo tan a pecho, solo era un comentario, una opinión.
    Y aclaro que nunca pienso en la gente como “idiota”, es una palabra inexistente en mi vocabulario, un término despectivo que no uso jamás.

    Respecto a los diagnósticos de TDH y TDAH, yo no he leído que esa sea una de las justificaciones de EmoCrea, ni que se haya dicho que estamos “en estado de emergencia” como expresas. De todos modos hoy voy a leer con atención el doc completo, pero en las fases iniciales, cuando se empezó a hablar de esto, no recuerdo haber leído, ni haber escuchado, nada de lo que comentas.
    Y me parece que hasta que lo leas y lo compruebes, presuponer que esta “materia” está pensada para solucionar lo que llamas un “problema” sin diagnosticar, es mucho suponer.

    Te leeré, con atención e interés, cuando escribas un nuevo post sobre el currículum de esta “asignatura” o “materia” que, por si no quedó claro, no me entusiasma que exista como tal, como expliqué en mi comentario anterior.

    Saludos y buen fin de semana.

    Alexia

  27. Alexia, me cuesta un poco entenderte. Escribes esto:
    “Quiero aclarar que no es que yo esté de acuerdo en que exista una asignatura sobre las emociones y la creatividad. Emociones y creatividad son vitalmente transversales, lo “tiñen” todo y, en mi opinión, deben trabajarse, tratarse, desarrollarse, como prefieras decirlo, durante las diferentes situaciones de aprendizaje que se dan en la escuela, en todas las asignaturas. No como algo aparte.”
    que coincide básicamente con lo que decimos buena parte de los opositores a algo como Emocrea y que si no te entiendo mal se basa en la concepción de las emociones como algo trasversal, y no como algo que se pueda estudiar como la anatomía por ejemplo,segregando partes y diseccionandolas en el laboratorio y por eso no entiendo tu reproche a que hubiese que esperar a la publicación del currículo, máxime si tenemos en cuenta que la crítica a los hechos consumados es mucho menos eficaz que en la fase de preparación y estudio y que el hecho de la publicación del currículo no debe modificar la concepción sobre las emociones y la creatividad, y la posibilidad o no de convertirlas en una asignatura. Al menos esa es mi opinión.

  28. Hola Emilio,

    Efectivamente igual que tú, y otros que han comentado aquí, yo defiendo que el trabajo en emociones y creatividad debe ser transversal. Y también defiendo que para opinar con argumentos acerca de esta “asignatura”, que es EmoCrea, y que es una asignatura nueva que no se trabaja así en ninguna otra comunidad, es importante conocer a fondo el curriculum que tendrá. Sencillamente, para no caer en suponer que se trabajará, en las aulas, una cosa u otra, o suponer que se basa en esto y en aquello.

    Por supuesto que sobre emociones y creatividad en la escuela, cada uno puede opinar lo que quiera, ¡faltaría más! Yo solo digo que si se va a opinar específicamente sobre EmoCrea como asignatura-de dónde viene, cómo se estructurará, cómo se enseñará, etc…-es mejor, es más ajustado, más argumentado, acudir al documento, al decreto, al curriculum que ya se ha publicado (el borrador).

    Hablando específicamente de Emocrea, luego de leer el doc., en su presentación, habla, como tú dices y como lo entendemos todos, de transversalidad, pero luego en el desarrollo de los criterios y los contenidos, está redactada como bloques-dos bloques de emociones y uno de creatividad.
    Además será una asignatura con calificación. Luego, entonces, hay una contradicción ahí. Y hay errores importantes en el concepto de inteligencia y de creatividad y en la relación emociones-creatividad.
    Y todo eso y mucho más, por supuesto, solo es posible analizarlo, siempre que estemos hablando de EmoCrea-asignatura, al leer su currículo. De lo contrario estamos hablando de esa “asignatura”, sin saber nada sobre su estructura como tal.

    También dejo claro que luego de leer el documento sigo, por supuesto, defendiendo la transversalidad y que, lamentablemente, tengo cierta certeza de que, salvo excepciones, lo más probable es que se acabará trabajando como materia, en bloques, tal como está diseñada. Y, además, esperando resultados calificables ya que tiene una rúbrica específica, como cualquier otra asignatura. Y esto, creo que ya quedó claro, es algo que no comparto.
    Pero, de todos modos, esperaré a que empiece a trabajarse en las escuelas para opinar, con argumentos, sobre la práctica real en las aulas.

    Por último, no hice “reproches”, lo único que hice fue sugerir que era deseable saber más sobre EmoCrea, para opinar sobre ella como “asignatura” (no para opinar sobre emociones y creatividad en general).
    Hacer la lectura del doc, no cambia mi visión de las emociones y la creatividad ni la certeza de su transversalidad.

    Y me voy de vacaciones =) ¡Que tengan todos-as, un feliz verano!

    Saludos.

    Alexia

  29. Hola Alexia,
    Mi opinión es que las emociones como la creatividad no caben en una asignatura, y que si gente que las ha estudiado tanto y sabe tanto de ellas como Antonio Damasio tienen tantas dudas qué no sucederá con las gentes del Magisterio que presentan tantas lagunas como desde tantos lados se observa.

    Y si no caben en una asignatura es perfectamente lógico que se critique algo como Emocrea, incluso antes de conocer su currículo porque no es éste concreto que se crítica, sino la posibilidad de encerrar en una asignatura algo tan hondo y extenso como las emociones poniéndolas en manos de aficionados.

    En relación a la creatividad otro tanto de lo mismo. Se puede ser creativo escribiendo un bonito relato o un bello poema, pintando una acuarela o componiendo música… pero eso no se encierra en una asignatura porque no hay un módulo cerebral de la “creatividad” que dé lugar a todas esas, y otras muchas manifestaciones de la misma que podríamos mencionar, ni ésta se estimula hablando de ella.

    Se trataría en última instancia de virtudes no tanto teóricas como prácticas en el sentido que Aristóteles da a esta expresión cuando habla de la ética. Algo que como la calidad de los zapatos, para quien se los va a poner en sus pies, se demuestra andando. No se trata de conocer todas las manifestaciones de la solidaridad sino de promover actitudes solidarias por citar ejemplos de otros campos en los que se ha cometido el mismo error.

  30. Cuando Cristina se despertó, la educación emocional seguía allí.

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