Esparta

Imagen de la película 300, donde los espartanos molaban mucho, al parecer.

Imagen de la película 300, donde los espartanos molaban mucho, al parecer.

Pedro es un niño de doce años tranquilo y algo infantilón, nada raro a sus doce años. Sin embargo, la madre de Pedro me dice que tiene muchos problemas con la gente. Nunca ha tenido amigos. En el instituto pasa los recreos sentado solo, con su mochila. Cuando los compañeros le prestan atención es mucho peor. Un día le tiraron el bocadillo a la papelera, otro le pegaron un cartel en la espalda con “soy maricón, pégame”. Es el propio Pedro quien le cuenta estas cosas a su madre. No sabe mentir. Al menos la sinceridad de Pedro la ayuda a conocer cómo se encuentra su hijo en el instituto. Los adolescentes son así, le dicen los profesores, y además son muchos en clase y es imposible estar pendiente de todos los críos. La madre lo entiende, pero naturalmente ella quiere ayudar al suyo. El tutor del chico parece sentirse molesto ante las frecuentes visitas de la madre, que le parecen demasiadas. El mundo es más hostil cuando no hay mucho dinero y los libros de Pedro llevan el nombre de otro.

A la madre de Pedro le han aconsejado que no dé importancia al acoso que sufre el muchacho, que no le haga caso. Tiene que dejar que se defienda solo, dicen los profesores. Necesita hacerse fuerte, ¿no se da cuenta de que la sobreprotección lo perjudica?, preguntan con condescendencia.

Y así, jugando a los espartanos(*), unos educadores pretenden que un niño de doce años pierda el que probablemente sea el único apoyo que tiene en esta vida.

Y después dicen que Pedro no tiene habilidades sociales.


(*)Esto de la educación espartana es como el liberalismo hispano: aplica siempre a otros, concretamente a los que menos oportunidades tienen en la vida.

He editado este post respecto a su versión original.

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23 Respuestas a “Esparta

  1. Permíteme este comentario al respecto, Cristina, aunque sea algo tangencial (va más bien por la hijoputez): http://picandovoy.blogspot.com.es/2012/02/chago-el-hijo-de-puta.html

    ¡Un abrazo!

  2. Maestra de Pedagogía Terapéutica

    Por desgracia, hay educadores que no merecen este nombre. Los niños y adolescentes tienden a rechazar al que encuentran “diferente”, haciéndose eco en muchas ocasiones, a la forma en que el mismo profesor le trata en clase. Tal comportamiento debe ser detectado lo más pronto posible y hay que trabajar mucho en las aulas para que nunca se discrimine a nadie por ningún motivo y todos se sientan respetados, acogidos y miembros del grupo. La madre de Pedro debería comunicar la situación de su hijo a inspección educativa, si es que en el centro no ponen remedio al acoso que sufre por parte de sus compañeros.

  3. Es terrible la historia de Chago, Nicolás, pero más terrible es hacer creer que el que tiene problemas de socialización es el que no aprende a convivir con estas situaciones, o hasta el que las rechaza.

    Gracias por comentar, Maestra. No dudo de que cualquier padre pueda acudir a la inspección o a alguna otra instancia superior, pero fíjate que esta solución no es tal solución sino una muestra más de mal funcionamiento del sistema educativo. No es una solución desde luego cuando hablamos de personas que se acercan a un centro escolar con mucho respeto porque es un mundo que no es el suyo, que no saben qué derechos tienen porque nadie se los ha hecho saber, que no tienen ningún contacto, ni saben moverse en ambientes oficiales o académicos. Alguien con cierta soltura se presenta en la Consejería diciendo soy Fulanito, tengo tal título (este país es así de patético), y quiero hablar con Don Mengano y quizás se tomen su problema en serio. Ahora, va alguien como la madre de Pedro y con suerte consigue rellenar algún papel y dárselo a algún funcionario anónimo. Lo que falla, creo, es la comunicación con los responsables del instituto del crío. No puede ser que traten a la gente como si le estuvieran haciendo el favor de educar a sus hijos.

  4. Pero fíjate que casualidad que la solución es siempre no hacer nada, o mejor dicho, que el que lo tiene que hacer todo es el alumno/víctima (tiene que estudiar más, tiene que socializarse, tiene que…). Me recuerda a lo que decía Aloe una vez a raíz de la demanda de creatividad en los alumnos, todos los profesores dicen que se debe ser creativo en la resolución de los problemas, pero nadie les dice a los alumnos como se llega a esa creatividad o como pueden ejercitarla.

    Aquí pasa lo mismo. Es obvio que este chico tiene pocas habilidades sociales. Pero seguramente, esto le pasa en contra de su voluntad y él sería el primer interesado en que esa situación cambiara. Pero nadie le ayuda, nadie le dice como puede ejercitar las habilidades sociales para que su problema mejore. Se ve que lo tiene que resolver por si mismo (pero nadie le dice como, y lo que es más grave, sospecho que en realidad nadie sabe qué hacer). Es como si alguien llegara a una consulta psiquiátrica con depresión y se le dijera que está en un estado de ánimo bajo, y que tiene que trabajar en eso para mejorarlo, pero que no se le diera ninguna orientación más.

  5. Cierto, Antonio, qué suerte que lo mejor sea siempre no hacer nada.

    De todas maneras, creo que el mayor problema está en lo que se entiende por “habilidades sociales”. ¿Qué es tener habilidades sociales? ¿Quién sabe socializar?¿Los adultos, que no saben manejar a unos adolescentes para que dejen de comportarse como salvajes ni tampoco, aparentemente, mantener una comunicación fluida con los padres? ¿Los agresores, cuyas relaciones sociales se basan en la fuerza y la humillación del más débil? Será que tener habilidades sociales consiste, por ejemplo, en no tener criterio y adular a quien haga falta para ganar favores y medrar dentro de una organización. Será que se trata de ser fresco, por ejemplo, o de conocer el modo de sacar provecho de alguna manera del prójimo. Curiosa definición de habilidad social.

  6. Magnífica precisión Cristina sobre ese saco de las “habilidades sociales” que efectivamente nadie precisa. Y buen punto por llevar ese concepto a todos los implicados.

    Gran drama el de esta sociedad, en la que raramente se encuentra a nadie que esté libre de pecado (y precisamente ese es uno de los grandes problemas).

    Un saludo.

  7. El acoso escolar ha sido siempre como madre una de mis peores pesadillas, así que me siento muy tocada por lo que cuentas.
    La primera cosa a la que siempre tuve miedo es a no enterarme. Sé de sobra que nadie del colegio me lo hubiera contado si pasaba. Sé lo difícil que es que el acosado lo cuente en casa (yo sufrí maltrato en el cole durante dos años de parte de una monja-profesora y jamás dije nada en casa, por miedo, y es el caso más normal; algo que no hay que perder nunca de vista). Asi que, en este caso que por lo menos el chaval lo ha contado, eso es bueno: no está tan aterrado, y quizá acabe sirviendo para algo, al menos quizá evite que la cosa vaya a peor.
    La segunda cosa a la que siempre temí es a no saber qué hacer: igual que le ha pasado a esa madre, siempre he sabido tácitamente que el centro no sabe qué hacer, y por lo tanto, no hace nada (en general). Quizá algún profesor torpe eche un chorreo en clase, dejando en evidencia a la víctima, que es acusado de chivato y acosado más desde ese día. Y poco más o nada más.
    El tercer temor que tengo que confesar es que mi miedo era tanto a ser madre del acosado como a encontrarme como madre de uno de los acosadores (eso en la primaria, luego ya no). Porque meterse con el niño o niña distintos, burlarse de eĺ, ir a por el débil, es una de las cosas que desgraciadamente se puede esperar de los niños. Su empatía es todavía rudimentaria.
    ¿Se esfuerzan los centros por dejar claro que eso es un comportamiento inaceptable, tan grave como robar y mucho más miserable y cobarde? Pues no: a los centros les escandalizan muchísimo las peleas y la violencia abierta (que al fin es menos malo), lo demás ni lo ven ni parece importarles.
    El trabajo de inculcar la convicción de la maldad y la bajeza de ese comportamiento recae en la familia exclusivamente (si es que cae en la cuenta y se preocupa), que no está presente en las horas de más peligro, y que no se ve reforzada.

    Finalmente, cuánta razón tienes en cuanto a la diferencia que marca la clase y el dinero. En el último año de primaria, uno de mis hijos sí fue, si no acosado masivamente, sí machacado por un grupito que se burlaba de él. Afortunadamente sí que tenía amigos y no estaba aislado, pero por esa y otras razones pasó una época de autoestima muy baja… pero yo tenía algunos de los recursos que quizá esa madre no tiene. Apuntarle a actividades fuera del colegio, atractivas (incluso un poco pijas, contra mis costumbres ;-D), que se le dieran bien y donde se sintiera a gusto y bien tratado fue una de las cosas que funcionaron. Eso, claro, cuesta dinero y tener coche, y que esté en tu universo de posibilidades.
    Del colegio debo decir que tampoco obtuve nada. Y muchos padres parecen pensar igual: no tiene importancia, son cosas de niños, ya pasará, a saber cual es la realidad, madre exagerada…

  8. Antonio, no hay nadie libre de pecado, pero como primer paso estaría bien conocer el pecado. Reconocer una situación de acoso y no actuar porque “la vida es así” y “hay que hacerse fuerte”, es aceptar que lo normal -lo no “pecaminoso”- es comportarse como los animalillos gregarios del bosque. Añade unos cuantos PowerPoint -o “fichas” para colorear, según la edad- sobre los valores que se vayan a “trabajar” cada trimestre, y tendremos individuos relacionándose a lo bruto con capacidad de engaño y disimulo. Esa es la socialización.

    Es verdad, Aloe, que el dinero es fundamental por las razones prácticas que has apuntado. Pero yo iría más allá: la clase social sirve también para definir por quién hay que esforzarse, en definitiva, quién es aceptado y quien no. No es que esté más desanimada que antes, sino que ya me he caído de varios guindos.

  9. Cristina, escribes que “más terrible es hacer creer que el que tiene problemas de socialización es el que no aprende a convivir con estas situaciones, o hasta el que las rechaza”. Pero lamentablemente es así, nos guste o no. La socialización es el proceso por el que un individuo aprende a manejarse en sociedad, a conocer sus códigos e interpretar sus señales, a esperar aceptación, premio o castigo por su conducta. El problema es por desgracia del acosado, no del acosador (siempre que se vaya de rositas). Al igual que el problema es del torturado, no del torturador (siempre que se vaya de rositas, por mucho pasteleo new age que afirme que también se hace daño a sí mismo al hacer el mal). El acosador no solo no tiene un problema sino que incluso disfruta con ello. De ahí la necesidad de que el acosado sepa defenderse, no solo por sí mismo (incluso con un par de hostias bien dadas, si fuese menester, por muy políticamente incorrecto que esto suene) sino recurriendo a los mecanismos de protección social como el sistema educativo (que debe ser severísimo al respecto) e incluso el policial-judicial. Asumamos de una vez que el mal existe, que hay psicópatas y mucha hiena humana (de todas las edades) emboscada en el rebaño. Y que la hijoputez no se combate con powerpoints o fichas para colorear sino enseñando a las personas a neutralizarla (sin descartar el uso de la violencia en defensa propia) y disponiendo de instituciones eficaces para disuadir a los potenciales acosadores y castigarles duramente si pasan de la potencia al acto. Si un chico o chica carece de esas habilidades (que, como el resto, se cultivan) para neutralizar el acoso, tiene pues un problema de socialización: porque la socialización se hace entre humanos, no entre cachorritos de ‘Labrador retriever’…

  10. No sé si estoy de acuerdo del todo contigo, Nicolás. Es un contrasentido hablar de socialización si para neutralizar la agresión lo que se exige es renunciar a relaciones humanas básicas y necesarias. Por ejemplo, en este caso, renunciar al apoyo mutuo madre-hijo, de un modo totalmente antinatural, o al establecimiento de relaciones sanas entre iguales. Yo misma he hablado de “salvajes” y de “animalillos gregarios del bosque” pero ahora no sé si son expresiones acertadas porque en realidad no se trata de elegir entre animalidad y humanidad, sino entre modelos distintos de sociedad (quizás uno más “animal”, si se quiere). Ahora que se ha puesto de moda el biologismo se habla de la supervivencia del más válido y tal, entendido como el más listo, el más fuerte y en general el de mayor capacidad para valerse por sí mismo en un mundo hostil. Monsergas. Como dice un amigo mío amante de los animales, nadie puede creerse que Rajoy sea el macho alfa de los españoles (y quien dice Rajoy dice otros líderes de occidente :-)). Por eso mismo se premian, ya desde el colegio, ciertas actitudes gregarias y rastreras y a lo que se aspira es a crear lazos entre camaradas como medio de supervivencia. Se trata de aprovechar las ventajas que tiene la pertenencia a un clan. Así, las formas de rechazo son también típicamente humanas, como colgar un cartel tipo “soy maricón, pégame” para ridiculizar al oponente. A propósito, no he hablado de la homofobia, que vaya tela también, ¿eh? (lo compensarán con un PowerPoint con una bandera arcoiris y alguna frase bonita). Vamos, que hay situaciones a las que es imposible adaptarse sin renunciar a la propia humanidad.

  11. Pingback: Anónimo

  12. Dónde están las Asociaciones de Padres? Tendría que ser su 1ª prioridad actuar en estos casos.

  13. Mariaje, ¿hacer públicos los problemas del niño? No lo veo. Tratar los temas de acoso de modo genérico, sí. ¿Hacen algo? Pues no.

  14. Pingback: Mad Max: Esparta | Invertir en Crisis

  15. Pues me temo que tengo que poner yo el toque (aún más) pesimista. Obviamente no se puede tratar de modo individual el acoso, pues se conseguiría el efecto contrario (no hay que tener muchas luces para preverlo); pero cuando tratamos de modo genérico los problemas no se suele conseguir prácticamente nada: he visto clases implicadas durante un curso entero en programas de prevención del acoso que, llegado el caso, reproducen las conductas sociales aprendidas fuera del centro. Cuando intentas escudriñar entre los alumnos, encuentras que lo aprendido en el instituto forma parte del saber académico, como si no viesen la relación entre lo trabajado y la realidad. Por cierto, esto último deja una reflexión sobre las materias y también sobre el comportamiento general de los alumnos en la institución escolar, que muchos de los “innovadores” descubren del modo difícil cuando ven que muchos alumnos tampoco se sienten implicados en las actividades escolares por muy 2.0/3.0 que sean.
    Ahora me asalta otra idea: el caso en el que un alumno es acosado/quemado por grupos de compañeros es evidente, pues hay acosadores y hay víctimas, pero ¿qué sucede cuando un alumno simplemente no encaja en el grupo/curso?¿Se puede hacer algo desde la administración del centro?¿Se debe hacer? Y si se hace algo, ¿tendrá algún efecto?
    Para acabar: ¿sabes cuántas horas a la semana tenemos los tutores(yo lo soy de 1º de ESO) para tratar con las familias?¿Cuántas para hablar con los alumnos individualmente?¿Cuántas para trabajar con las clases completas? 1-0-1

  16. Cristina, quizá me expresé mal: lejos de mí cualquier intento de defender el darwinismo social. Ojalá que las relaciones entre los humanos se guíen siempre por el respeto y la cordialidad, pero hay que asumir que eso es imposible (¡da igual por qué modelo de sociedad apostemos!): siempre habrá gente que abuse de los demás, a los que hay que neutralizar para proteger a sus víctimas. Y su neutralización no siempre es posible con charlas sobre igualdad o módulos de papiroflexia: a veces hay que apartarlos de la sociedad (en centros de menores o incluso cárceles). Claro que deberían tener luego una oportunidad para arrepentirse y convertirse en personas civilizadas, pero a la hora de ejercer una acción social la prioridad debe ser siempre la víctima y no el agresor. Y lo que sostengo es que hay que instruir a los chavales para neutralizar el acoso, dándoles pautas de cómo manejarse ante los abusadores (entre las cuales no sé por qué habría que descartar la defensa propia proporcionada, que suele ser eficaz para erradicar el acoso de raíz) y de cómo denunciarlos para frenarlos socialmente en seco.

  17. Erradicar de raíz, valga la redundancia, jeje… Ya no puedo cambiarlo🙂

  18. JJ, gracias por comentar, que como profesor sabes lo que se cuece en los centros cada día. Escribir en el blog es fácil pero actuar no tanto, como decía Aloe más arriba. Tienes toda la razón en que los niños tienden a ver lo aprendido en los colegios/institutos como saber puramente académico, desconectado de la realidad, y no me extraña, si desde los cuatro años los tienen coloreando dibujos con lo que está bien y lo que está mal. Como sé que es difícil, podemos empezar definiendo lo que se debe y no se debe hacer:
    – Se debe, primero, informar a las familias de que estas situaciones se están produciendo.
    – No se deben dar consejos tipo “no le haga usted caso a su hijo cuando le cuente cosas”.
    – Se debe dedicar tiempo a hablar y tratar de conocer las inquietudes de agredidos y agresores. En realidad no me parece poco tiempo las horas disponibles para tutoría pero, no sé, a lo mejor no estaría mal sentarse un rato con el muchacho acosado a la hora del recreo y tratar de subirle la autoestima de alguna manera.
    Fácil no es, pero desde luego no se soluciona nada poniendo a un niño la etiqueta de inadaptado, sin más, como si lo normal fuera agredir y burlarse de los compañeros.

    Gracias por puntualizar, Nicolás. Más de acuerdo con este último comentario.

  19. Que digo yo también que a ciertas situaciones es mejor no adaptarse, así que ayudaría hacer ver al inadaptado que el que actúa correctamente y es “normal” es él, y no como ahora, que se le pone la etiqueta de raro y asocial.

  20. Si los acosados fueran capaces de defenderse físicamente, no serían acosados. Lo son precisamente porque no pueden.
    Salvo algunos casos, que también los hay, en que sí se puede acosar a uno que se defiende físicamente con eficacia porque, como decía, el acoso es invisible para el centro que no quiere verlo, pero la violencia física abierta no lo es y se le da mucha importancia. Es decir, que además de poder defenderse físicamente, hay que tener buen cartel con los profesores y/o habilidad para dar las patadas defensivas sin ser visto, porque de lo contrario, el centro solo ve una pelea, y castiga igual a todos, o castiga solo al que se defiende, porque tiene el sambenito de raro y los otros son los “buenos chavales”.

    Si nos creemos que la probabilidad de ser acosado es aleatoria, y no que le toca al que a) no se puede defender o b) es despreciado por el personal del propio centro, es que vivimos en Babia

    Hace no muchos días, comentando viejos tiempos de Primaria con otras madres, me he llevado el choque de ver a la madre-concienciada-y-super-preocupada-con-la-formación-integral prototipo, recordando en tono de broma episodios de cuando tenían 10-11 años (de los que yo no tuve noticia en su día) de su hijo machacando o amenazando a algún otro. El suyo era el super-popular, el líder que arrastraba a los demás, así que… ¿qué debo pensar del contexto de eso?:-/

    “Cosas de niños”. Es como lo ve. Y mientras se vean como cosas de niños que no tienen importancia, sobre todo si las cometen los nuestros, estaremos como estamos.

  21. Ahí está el problema, Aloe. Seguro que el niño acosador era visto como popular, no solo por los compañeros, sino también por los profesores y los padres. Una situación en la que se etiquetase como inadaptado y asocial al acosador aunque se reconociera ser incapaz de hacerle frente, no sería tan grave como lo que ocurre habitualmente: que se considera asocial al que no molesta al prójimo (pero es molestado). Eso de la “educación integral” es una monserga grande. A saber qué concepto tiene de la educación el que hace hincapié en “integral”.

  22. Pues que debe incluir valores democráticos, de igualdad y de respeto y no consistir únicamente en los contenidos de Cono, Mates, etc.

    …Ya, si ya. Qué me vas a decir. Lo del curriculum desconectado de la conducta diaria real no les pasa solo a los alumnos, también a las familias y a los profesores

  23. Claro, pero además del curriculum desconectado de la conducta diaria real, hay una cuestión de base, que es que toda educación es siempre “integral”, ya sea por acción o por omisión. O sea, que aun limitándonos a tratar contenidos académicos, siempre va a haber transmisión de valores, buenos o malos, porque hay contenidos tácitos. Digo yo.

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