No es país para chusma

Hace algunos años, una prima mía pedagoga me contó muy contenta que había sacado una plaza de interina en una escuela pública próxima a su casa. Lógicamente la felicité por el empleo y le dije —ahora sé que ingenuamente— que además era estupendo que pudiese tener a sus propios niños en el mismo centro donde ella iba a trabajar. La respuesta que me dio ejemplifica bien uno de los mayores problemas del sistema educativo español. “Ni loca pongo yo a los niños ahí, que solo hay chusma”, me contestó mirándome de hito en hito.

No censuro a mi prima por querer una buena escuela para sus hijos. Hay muchas circunstancias a tener en cuenta y yo no soy nadie para juzgar sus razones. Sin embargo, no me quito de la cabeza que una profesional de la educación tratase de chusma a unos niños por el simple hecho de vivir en un barrio pobre. ¡Unos niños! Claro, que obviamente el chusmerío no le iba a impedir disfrutar de unas condiciones laborales que serían la envidia de los padres de las criaturas barriobajeras a las que le tocaba “educar” y, probablemente, también de los profesores de sus propios hijos en la concertada, de ahí su comprensible alegría. Y me parece estupendo que los profesores tengan unos sueldos dignos y unas buenas condiciones de trabajo, pero desde luego educar niños no es lo mismo que cultivar coles. Un profesor —o un orientador educativo— que piense que sus alumnos son chusma no puede ser un buen profesor. Simplemente no puede, por mucho máster que tenga. Lo peor es que el de mi prima no es un caso aislado. Dicen los economistas que el primer indicador de la mejora en el nivel de vida de un individuo es el aumento de su consumo de carne. El segundo, creo yo, es autoproclamarse clase media y culpar a los más pobres de su propia pobreza. —¿Qué se va a esperar de gente que el único libro que ha leído en su vida es el de Belén Esteban? —Bueno, pero en cualquier caso esa gente tiene hijos que no tienen la culpa de lo que hagan sus padres. —No importa, de donde no hay no se puede sacar, como le dijo a un niño la maestra con quien hice las prácticas de magisterio, a grito pelado y delante de toda la clase, para mayor escarnio de la criatura.

Maestro plantando coles en un barrio marginal.

Maestro en un barrio marginal.

Culpar a los ignorantes de su propia ignorancia hace las cosas mucho más fáciles. Sería más cómodo para todos que la Jessica y el Jonathan estuvieran fuera del sistema educativo porque, nos dicen, la única aspiración de Jessica y Jonathan es entrar en Gran Hermano y tener un coche tuneado. Que haya muchos niños de la llamada clase media sin más inquietud que el fútbol no es por lo visto tan perturbador. La diferencia es que los primeros han aprendido —y esto es un verdadero drama— que  no hay sitio para ellos en el sistema escolar y que los estudios no van a mejorar su vida. Tienen razones para creerlo.

La perdida de la conciencia de clase, el fin de la historia, es el gran éxito de nuestra sociedad y por añadidura del sistema educativo. Y esto no es algo que se me haya ocurrido solo a mí. Tanto los think tanks neoliberales —irónicamente financiados en España con dinero público— como socialdemócratas —estos últimos de manera más solapada—, vienen difundiendo desde hace tiempo la idea de que el individuo es el único responsable de su propio destino. Que si una acaba de cajera en un supermercado cobrando una miseria es porque se lo ha buscado, por choni y por ver a Belén Esteban. Tesis que nos lleva directamente a la mítica del emprendedor que viene a decir que, o te buscas la vida, o vas a acabar con un trabajo de porquería ganando una miseria. Pese a la perversión de tal mensaje en un país donde ni hay libre mercado (ni se le espera), y donde sin contactos y sin dinero no se llega de aquí a la esquina, la emprendeduría ha encontrado su hueco en los curriculum escolares. Aunque con enfoques ligeramente diferentes, unos y otros se las han arreglado para dejar a la chusma fuera del sistema. Se trata de la típica estrategia de poli bueno, poli malo.

El poli bueno es la mal llamada progresía que se las ha ingeniado para mantener un curriculum empobrecido hasta lo ridículo, con la excusa de que lo importante es la felicidad del niño. Si dejar fuera de la ecuación de la felicidad las inquietudes intelectuales dice muy poco de los ideólogos del sistema, lo peor es el epílogo: cuando en la escuela se ha hecho poco más que colorear fichas, las diferencias las marca el entorno. Al final la vida pone a cada uno en su sitio así que, puede que ni Jonathan ni Borja hayan aprendido a hacer la o con un canuto en la escuela, pero Borja podrá aprenderlo fuera de ella, o no aprenderlo nunca y usar sus relaciones para buscarse la vida más dignamente que Jonathan. A Borja le quedará además la satisfacción moral de creer que Jonathan es un cani, y que por tanto su lugar está tuneando coches. El poli malo lo encarna el bando de la mal llamada excelencia que, admitiendo que la educación pública ha dejado de contribuir a la sociedad, ha decidido saltarse el paso intermedio, es decir, el de mantener entretenida a la chusma. Para dignificar la operación se usa el argumento de la búsqueda de excelencia. Pero es una excelencia de oropel, tan blanda por fuera, que se diría toda de algodón. Una excelencia que  solo los elegidos poseen, porque no es excelencia sino mejores condiciones socioeconómicas previas. La estrategia del poli malo tiene como contrapartida privar a la clase media de una parte importante de empleos cualificados y, por eso, es sobre todo la comunidad docente la que se ha movilizado contra la LOMCE. Aunque es una movilización legítima (que yo apoyo) cabe preguntarse donde termina la defensa de un modelo de escuela pública de calidad y donde empieza la reivindicación laboral. La pregunta es pertinente cuando recordamos que la educación de la chusma nunca fue un problema siempre que no se mezclara con la gente de bien.

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10 Respuestas a “No es país para chusma

  1. Me encanta Cristina, como todas las entradas de este blog que sigo como agua de mayo. Hace mucho daño que la “defensa de lo público” se convierta demasiadas veces en defensa de mis derechos laborales (también legítima pero de un orden menor).
    En la puerta del cole (público) de mi hija, me dijo el papá de una compañera (argelino) que no pensaba llevar a su hijo mayor al instituto X porque había “muchos inmigrantes” y seguramente tenía razón.
    Buen post, muy bueno

  2. Pingback: Anónimo

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  4. Muy buen post. Como soy fan tuya, era de esperar, pero como además toca un tema que yo veo (casi) igual que tú y que me lleva doliendo muchos años, pues doblemente.

    Recuerdo ahora a una madre de un compañero de clase de uno de mis hijos en la escuela pública primaria. Esta es profesora de secundaria de la pública, con un discurso superficialmente de izquierdas y, a la que rascas un poquito, clasista y elitista como ella sola (porque es que la gente que no consigue es porque no se esfuerza). Cuando llegó la hora de ir a secundaria, su hijo iba a ir a la concertada, porque “es un niño tan especial”…
    Sin comentarios (esto en la zona noroeste de Madrid, donde algunos IES cultivan también la selección de los alumnos y el mito de lo exclusivo, así que ni la coartada tenía de “los inmigrantes y el nivel”)
    El niño de marras no tenía ninguna especialidad: notas buenas, bien adaptado y ninguna dificultad con el aprendizaje. Lo único que le pasaba es que a la hora de la verdad su madre dejó bien claro lo que opina de su propio trabajo y de sus compañeros y alumnos

  5. Gracias, tocamates y Aloe por sus comentarios. Yo entiendo que haya gente que quiera sacar a sus hijos de ciertos ambientes pero el problema va más allá. La pregunta es si se quiere cambiar realmente. Es decir, si se quiere una auténtica igualdad de oportunidades o solo de boquilla. Y creo que es lo segundo, desgraciadamente. Como la mamá del compañero del hijo de Aloe, pocos se plantean ‘perder’ una ventaja que ya tienen (cierta posición en la sociedad) para ‘dársela’ a otro. Entrecomillo porque en realidad ni se pierde ni se gana sino que ganaríamos todos.

  6. Realmente los que no somos más que Jonathans con un título firmado por el Borbón (en mi caso aún encima de aldea) y que crecimos aprendiendo a que nos repugnasen los Borjas, vivimos con la tendencia contradictoria de censurar las actitudes de los chavs. Si lo racionalizamos imagino que tendrá que ver con la creencia en la meritocracia que nos venden las clases dirigentes: si tú no eres un Jonathan más, es porque hay algo que a ellos los hace culpables y a ti merecedor de lo mejor,como dice Aloe más arriba. Pero también algo dependerá de la herencia marxista de marginar al lumpen.
    Respecto a lo que dices del poli malo-poli bueno, a mí lo que me resulta gracioso es ver cómo convergen todos los grupos: los de Viriato y los reyes godos, los economistas de la educación, los profesores tecnófilos, los fans de Dewey,… todos, todos esperan algo de esta contrarreforma educativa.
    Y sobre lo de la reivindicación laboral, no te confundas, no todos van a empeorar su situación con la LOMCE: los que no quieren Jonathans&Jessicas en Matemáticas intentarán evitar las opciones fáciles (que ya empiezan en 3º en la LOMCE); como tendrán que recolocar a los de Tecnología, imagino que los meterán a dar la FP Básica (el PCPI actual). Y con eso tan vaporoso de especializar centros, verás cómo habrá compañeros que dejarán paulatinamente de dar clase, con la excusa de asesorar en TIC, dinamizar bibliotecas o cosas por el estilo.
    Por último, no creo que el curriculum de España haya estado empobrecido jamás, de hecho creo que siempre ha pecado de inflación de contenidos y, en ocasiones, de introducir conceptos antes de que los alumnos tengan la madurez suficiente (como pasa ahora, por cierto, con los Common Core Standards en los US). Otra cosa es lo que se ha conseguido con los alumnos, en eso obviamente tienes razón.

  7. Estoy de acuerdo con el último párrafo de JJ, que era mi reserva mental en la que no estoy de acuerdo con Cristina.
    Como explicación (ratonera), se me ocurre que su punto de vista sí es bastante cierto en Primaria, que es donde ella (creo) ha adquirido su experiencia de primera mano. La cantidad de tiempo que se pierde en primaria, y la frecuente pobreza de lo que se enseña, son poco discutibles.
    En secundaria los curriculos están hinchados hasta lo grotesco, y llenos con infinidad de cosas mal dadas e inútiles: por lo que ni se aprenden esas ni se aprenden bien las importantes.

  8. Efectivamente estaba pensando sobre todo en Primaria, pero no solo. Quizás más que curriculum pobre, tengo la impresión, por mi limitadísima experiencia y por lo que oigo, que se da demasiado peso al trabajo de casa. Diría que el tiempo que se pierde en la escuela (que es mucho) se intenta compensar con las tareas escolares y con la implicación de los padres. Que en el colegio se aprende poco, vaya. Lo contaba Pseudópodo aquí y yo misma lo escribí cuando hice las famosas prácticas, de las que no paro de hablar. Debo decir, sin embargo, que en los comentarios de esta última entrada, dos profesores con infinita más experiencia que la que tengo yo (que tiende a cero), dijeron no estar de acuerdo con que se estuviera demandando más implicación de las familias, aunque sí con que la exigencia en primaria es poca. En cualquier caso, en este escenario está claro que son los niños de las familias más desfavorecidas, despectivamente calificados de chusma, quienes tienen las de perder.

    Por lo demás, estoy de acuerdo con lo que dice JJ de que no todos van a empeorar su situación. Es sabido que una reivindicación de un sector nada despreciable del profesorado, sobre todo de secundaria, era filtrar más al alumnado para dejar fuera a los elementos más conflictivos así que supongo que el asunto de las reválidas les sonará a gloria. Lo malo del planteamiento, claro, es que en la selección de estos ‘elementos conflictivos’ hay un importante sesgo clasista, que es el que critico aquí.

    El tema da para mucho, desde luego. La clave está, creo, en que nadie (ni los de Viriato y los reyes godos, ni los economistas de la educación,ni los profesores tecnófilos, ni los fans de Dewey…) cree realmente en la educación como motor de desarrollo y de movilidad social. Si acaso, como instrumento para legitimar las desigualdades sociales.

  9. Pues esos fans de Dewey son fans poco fieles…

  10. Asdf, gracias por tu comentario y por tu recomendación (en otro post). Tus comentarios entraron como spam, no sé por qué. Perdona no haberlo revisado antes.

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