La burbuja de la enseñanza de la ciencia

El año 2003, el astronauta español Pedro Duque formó parte de la tripulación encargada de sustituir la nave Soyuz, que sirve de salvavidas a la tripulación permanente de la Estación Espacial Internacional —como saben los que hayan visto la película “Gravity“—, y pasó diez días en la estación para llevar a cabo la Misión Cervantes. La Misión Cervantes fue patrocinada por el —ya desaparecido— ministerio español de Ciencia y Tecnología, y tenía como objetivo la realización de distintos experimentos, con una particularidad respecto a otras similares: incluía experimentos didácticos. No era la primera vez que se aprovechaba la especial circunstancia de estar fuera de la Terra para mostrar alguna consecuencia interesante de una teoría científica. Por ejemplo, ya en 1971, uno de los astronautas del Apolo XV se grabó dejando caer simultáneamente un martillo y una pluma para demostrar que en ausencia de rozamiento dos cuerpos en caída libre tardan el mismo tiempo en llegar al suelo independientemente de su masa. No era la primera vez, decía, que se aprovechaba una misión para realizar algún experimento con fines didácticos, pero sí fue la primera con un objetivo fundamentalmente educativo. Pedro Duque lo explicó así en una entrevista realizada con motivo del décimo aniversario de su viaje espacial: “Fueron experimentos sobre las leyes de la física, basados en las leyes básicas de Newton: mecánica, mecánica de sólidos… En uno de ellos usamos una serie de esferas del mismo diámetro pero diferente masa a las que sometimos a una fuerza y observamos distintas aceleraciones, las colisiones entre las esferas y sus trayectorias“. No he encontrado en internet los vídeos educativos que se supone se iban a editar a partir de la experiencia y tampoco casi ninguna referencia a los experimentos, por lo que me atrevo a decir que la misión fue un fracaso, al menos en cuanto su intención educativa.

Pedro Duque durante un experimento. Foto extraída del diario Público. Crédito: ESA

Pedro Duque durante un experimento. Foto extraída del diario Público. Crédito: ESA

El caso me ha llevado a reflexionar sobre la forma de enseñar y divulgar la ciencia. Creo que con frecuencia se da prioridad a la forma sobre el fondo o, lo que es peor, se utiliza la forma para ocultar el verdadero fondo de la cuestión. Suena a que la educación fue la excusa para patrocinar una misión espacial —que quizás fuera importante en sí misma, sin necesidad de justificación adicional—, del mismo modo que da la impresión de que se construyen grandes infraestructuras con la excusa de promover la cultura, el arte y las ciencias, cuando lo que de verdad se pretende es fomentar un determinado modelo de ciudad, casi siempre con pelotazo urbanístico incluido. No creo que en el particular mundo de la enseñanza o la divulgación de la ciencia haya habido una burbuja, ni tampoco que se haya gastado tantísimo dinero como en los grandes proyectos culturales (urbanísticos), pero ambas cosas sí parecen compartir cierto gusto por la apariencia, por las grandes formas. Vamos a construir una gran biblioteca diseñada por un arquitecto carismático y después ya veremos que libros metemos dentro; vamos a darles ipads a los niños y después ya veremos qué hacemos con ellos; vamos a hacer unos experimentos en el espacio y después ya veremos para qué pueden servir.

Los experimentos didácticos novedosos de nada sirven si los que tienen que enseñárselos a los niños no los entienden. Es más, en estos tiempos en que no hay niño que no esté acostumbrado a ver todo tipo de películas y espectáculos con unos efectos visuales realmente  espléndidos, es probable que ni siquiera sirvan como elemento motivador. Ni el más sofisticado de los experimentos científicos puede ganar en vistosidad a los efectos especiales de Disney Pixar. Acercar a los niños a la ciencia desde el espectáculo es batalla perdida. Sin embargo, la ciencia tiene algo que ningún espectáculo puede igualar: el placer de descubrir y comprender, de desentrañar un misterio. Pero para acercarse a él es necesario conocer sus fundamentos. Y es probable que un profesor que realmente comprenda lo que quiere enseñar encuentre mucho más didáctico y estimulante el simple bote de una pelota de baloncesto sobre el pavimento que cualquier experimento de la Estación Espacial Internacional. Tengo la impresión de que en la red hay tal cantidad de recursos educativos que ya no hacen falta más. No hace falta llevar ordenadores a las aulas, o ipads, o vídeos educativos editados por la Universidad de Wisconsin, o FameLabs. Para enseñar y divulgar la ciencia lo que hacen  falta son profesores que realmente sepan de lo que hablan. Una buena  política cultural no consiste en construir un gran auditorio donde hacer actuaciones tres o cuatro veces al año para una élite, sino en invertir los recursos para acercar la cultura a los barrios y a los pueblos. De igual modo, subvencionar grandes proyectos educativos no es a mi juicio la mejor política posible, porque sin una buena formación del profesorado todo lo demás carece de sentido.

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21 Respuestas a “La burbuja de la enseñanza de la ciencia

  1. Hola
    No tiene mucho que ver con la entrada (que es muy interesante, como siempre, y no lo digo con afán de peloteo) y puedes borrar el comentario después de contestarme si quieres. Te quería hacer una pregunta: ¿qué libros de teoría educativa recomendarías? En plan que sean un recorrido por diferentes teorías y diferentes planteamientos de enseñanza serios (y no simplificados y llevados al absurdo como muchas veces ocurre). Muchas gracias.

  2. Me ha encantado la entrada, como todas las que haces. Das en el clavo al decir que si se hizo el experimento y el vídeo no está disponible, algo huele raro.
    Sigue así.

  3. !Que inventen ellos¡ aún cuando ya no se exprese de esa manera sigue muy presente en nuestra sociedad y parece que en los últimos tiempos ganando un terreno que en algún otro momento parecía haber cedido.

    La ciencia como tantas otras cosas es cuestión individual pero también social y las sociedades que no la promueven acaban obteniendo los resultados que vemos en la nuestra.

    Las matemáticas son el lenguaje de la ciencia. Aunque solo tomásemos esa expresión en sentido muy laxo, habríamos de concluir que en un país como el nuestro donde aquellas tienen el nivel que muestran las evaluaciones internacionales difícilmente podremos ser punteros en ciencia.

    No existe por lo demás ningún incentivo social en favor de ambas cosas y mientras para ser fisioterapeuta la media que se exige en selectividad es muy alta para la mayoría de las ciencias basta con poco más que el aprobado.

  4. Gracias, Asdf. Uf, pues no sé si podré ayudarte mucho con lo de los libros. La verdad es que en la carrera no me dieron una visión muy seria sobre este tema y mis lecturas no han sido nada sistemáticas, así que sólo voy a poder darte algunos títulos que en su momento me dieron qué pensar:

    “Emilio, o De la educación”, de Rousseau: lo leí como tarea de clase. Pese a que la visión de Rousseau, que todos conocemos, es terriblemente ingenua, es llamativo como muchas de sus ideas siguen vigentes.

    “El método de la pedagogía científica”, de María Montessori: digamos que supuso un cambio de paradigma.

    “La escuela moderna”, de Ferrer i Guardia: sobre lo que pudo haber sido y no fue.

    “La sociedad desescolarizada”, de Iván Illich: muy crítico con la institución escolar tal y como la conocemos. Tiene ideas interesantes.

    … y se me ha quedado un poco corta la lista pero espero que ayude🙂

  5. Gracias, por tu visita, Joseángel.

  6. Gracias por tu comentario, Emilio. El “que inventen ellos” sigue presente pero creo de otra manera. Me parece que al menos ahora sabemos que ya no podemos decirlo abiertamente. Ahora ya sabemos que hay que decir que la educación y la ciencia son necesarias… pero se dice de boquilla. Como siempre, la apariencia es más importante que el fondo, y este creo que es uno de los problemas más importantes de España, en muchos ámbitos. Por eso se hacen reformas y planes educativos más o menos ambiciosos, con muchos aspavientos y declaraciones grandilocuentes de “vamos a mejorar la educación”, pero a la hora de la verdad no hay seguimiento ni evaluación de resultados y por eso realmente nada mejora. Y de ahí los resultados pésimos que comentas. En definitiva, que por mucho que digan, en el fondo, el objetivo de los grandes proyectos o reformas educativas no es la educación porque si lo fuera se molestarían en evaluar los resultados y prestar más atención a los diagnósticos que existen.

  7. Claro que si lo de Unamuno suena chusco, lo de la feminista francesa de origen belga Luce Irigaray cuando considera machista la fórmula E = mc2 es de traca:
    http://autoficcion.blogspot.com.es/2013/07/cuando-adorno-habla-de-musica-ligera-y.html

  8. Ya, Emilio, pero hay varios miles de millones de seres humanos de los cuales muchos dicen tonterías. Esta es simplemente una más así que yo no le daría muchas vueltas.

  9. No es una afirmación que se escuche todos los días, ni Luce Irigaray es un personaje cualquiera, sino una importante feminista con gran influencia en ese movimiento a escala internacional y, por supuesto, en nuestro país.

    No pretendo darle más importancia de la que tiene pero tampoco pensar que no la tiene en relación con lo que aquí se discute. Por eso no estaría mal hacer un repaso sobre el pensamiento feminista y la ciencia, aunque esto es solo una sugerencia y no sé si éste el lugar y el momento más adecuados.
    Si no puede ser entiéndelo como una aportación más. http://es.wikipedia.org/wiki/Luce_Irigaray

  10. Hombre, Emilio, es que no tiene relación con lo que aquí se discute, ¿no? En cualquier caso, si quieres comentar sobre feminismo y ciencia eres bienvenido, aunque lo que esta mujer ha hecho, parece ser en el mejor de los casos, usar unos conceptos como metáfora de algo, no ciencia.

  11. Es evidente que no solo no ha hecho ciencia, más bien embestir contra ella, pero eso no le quita ni un ápice de consideración académica ni mucho menos su autoridad en el mundo del feminismo y los estudios de género, lo cual entiendo yo no es poco. Se comienza hablando de la ciencia como un producto machista y se acaba vendiendo por tal la ideología de género.

    A mí si me parece que está relacionado con el título de la entrada porque entre esa afirmación y esos estudios “sociológicos” que establecen de antemano que si una chica espía las comunicaciones de su chico o ejerce violencia contra él no pasa nada, porque tal cosa no existe en el plano oficial, ya que la única violencia que cuenta es la que él pueda ejercer sobre ella y que comento en la última entrada de mi blog como “ciencia unisex” solo hay un paso.

    Hablar de ciencia es hablar del contexto en el que se produce y es evidente que en la actualidad a los obstáculos de siempre se añade uno más como es que se haya convertido en oficial algo tan contrario a la ciencia como la ideología de género. Y nuestros planes de estudio y sucesivas reformas saben bastante de eso.

  12. La verdad, Emilio, es que me desconcierta la importancia que le das a lo que tú llamas “ideología de género”. Yo diría que la comunidad científica en general no tiene ningún interés en este asunto. Obviamente queda un background con los llamados problemas de género, como en cualquier otro ámbito que tenga que ver con actividad humana, pero no es determinante, y mucho menos en el sentido que tú pareces ver. Esto respecto a las ciencias experimentales (+matemáticas), que era el asunto del post. Después podemos abrir el debate sobre a qué llamamos ciencia o sobre la metodología de las ciencias sociales, como la sociología, y ver hasta qué punto son rigurosos ciertos estudios, pero ya nos iríamos un poco del tema.

  13. Los filósofos (contemporáneos) tienen una especie de hybris estúpida, y se creen que son más importantes de lo que son.

    Los Simpson: esa gran fuente de sabiduría: http://www.youtube.com/watch?v=YEOczHD1yoY

  14. En muchas de las ocasiones en las que hablan de ciencia, quiero decir. Es una generalización incorrecta, por supuesto. La cuestión es que en general no suelen saber ciencia, y en general no hay un mecanismo de control antitonterías en la disciplina. Así que hay gente que dice tonterías y gente que no. Pero en general hay una especie de tendencia a que las tonterías se conviertan en la ortodoxia (supongo que porque hay mecanismos irracionales que hacen que las tonterías molen más). Entonces si las tonterías te parecen una tontería, eres heterodoxo. Pero también hay filósofos de la ciencia que no dicen tonterías.

  15. La vida de los filósofos de la ciencia es dura, Neritun. Cuánta mala leche hay en los Simpson… pero qué buenos son.

  16. Muchas gracias por los libros. A ver si puedo echar un vistazo a algunos, que me parecen interesantes.

  17. Cristina, entrada interesante como siempre; estoy de acuerdo en que lo más importante es que los profesores sepan de lo que hablan. Pero mientras que hay muchos materiales en “gravedad normal”, no creo que haya tantos en microgravedad y éstos pueden ser muy interesantes a efectos de enseñanza. Por ello cuando leí tu entrada me interesó mucho el Proyecto Cervantes, del que no había oído hablar. Pregunte a un compañero metido en esos ambientes y me dice que él ha visto los videos (o sea que existen). Al parecer hay mucho material disponible para educadores en la Agencia Espacial Europea ESA (aunque no está seguro de si los resultados del Cervantes en concreto están allí), en

    http://www.esa.int/Education

    Además de la documentación colgada en esa pagina web, se puede pedir directamente a la ESA otros materiales y me dice que atienden muy bien y envían DVDs y libros; él lo ha pedido para un colegio en el que da charlas de vez en cuando.

    Si los del Cervantes te interesan y no están ahí, comentalo, ya que este compañero se ha ofrecido amablemente a intentar conseguirlos.

    Solo un apunte en relación con la cuestión algo tangencial para este post del feminismo, que plantea Emilio: si recordais, Luce Irigaray es una de las referencias destacadas en el famoso articulo de Alan Sokal del “affaire Sokal”, lo que supongo corresponde a que es (era ya hace casi 20 años) una persona muy considerada en el ámbito del feminismo académico, y es una de las varias “auctoritas” que Sokal invoca en la introducción como parte del conjuro con el que consiguió que el artículo fuera aceptado (y eso que su título, para quien conozca los términos usados, es realmente de traca). Pero también Derrida dice cosas graciosas en las citas que Sokal le ha buscado con habilidad diabólica.

  18. Gracias por tu comentario, Mariano. Conocía la página educativa de la ESA (de hecho el enlace debe andar en la barra lateral del blog) y es cierto que hay un montón de cosas muy buenas, aunque me parece que no lo del Cervantes, pero igual no he buscado bien. Sí tengo curiosidad por esos experimentos, si tu compañero puede conseguir los vídeos estaría muy bien. En cualquier caso, el asunto me dio pie a pensar que de nada sirven los materiales didácticos si falla la formación del profesorado y, en esto último, no se dedica demasiado esfuerzo. Por eso me parecen más interesantes iniciativas como las del ‘Galileo Teaching Training Program‘, centradas directamente en la formación de los profesores que son la pieza más importante del sistema educativo.

    Respecto a Luce Irigaray (a quien no conocía) y al “affair Sokal”, no digo que no sean risibles ciertas cosas, pero fíjate que me parecen mucho más preocupantes y deshonestos los Punsets de la vida, porque dicen hablar en nombre la ciencia. El feminismo académico de Luce Irigaray, o la filosofía de Derrida, son claramente otro juego, pero los punsetianos dicen jugar a lo mismo y hacen trampa.

  19. En esto último que dices de Punset estoy de acuerdo. A veces es sorprendente como, en el resumen de la tesis de alguien al que acaban de entrevistar y tuviste ocasión de escuchar, se dice lo contrario de lo que el entrevistado había sostenido, o de modo tan chapucero que es lo que induce a pensar. Me pareció sublime el momento en el que Elsa Punset, en lo que parece una entrevista de trabajo, ante dos candidatas: una “intuitiva” y la otra “lógica”, la opción clarísima es la de la intuitiva. Como si el conocimiento racional fuese una pesada carga que solo nos hiciese más torpes y sosos.

  20. Punset y Elsa Punset son muy prototípicos. Un país serio nunca los tendría como referencia académica de nada.

  21. Hola
    Te agradezco de nuevo tus sugerencias con una de vuelta: “Democracy and Education” de John Dewey.

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