Métodos de estudio

Echando un vistazo a un blog sobre educación del periódico El País, en el que no había reparado hasta ahora, me encuentro con una serie de pautas que muchos pedagogos (¿nueve de cada diez?) dicen que hay que seguir para estudiar. No es la primera vez que veo listas similares. De hecho, este es el tipo de cosas que se enseñan en los cursillos de técnicas de estudio —previo pago de una módica cantidad— y hasta juraría que se me examinó de algo similar en varias asignaturas de la carrera de Magisterio. Los pasos en cuestión son variaciones de los que se detallan en el blog:

1. Realizar una primera lectura para explorar el tema del libro o de los apuntes que se van a estudiar, sin subrayar.

2. Hacer una segunda lectura más profunda, ya subrayando lo más importante. Éste consiste en jerarquizar las ideas y en ir marcándolas de diferentes modos, con varios colores incluso, según su importancia.

3. Posteriormente, hay que realizar un esquema de las ideas principales del tema o un resumen. Si el tema es muy largo, es mejor optar por el resumen. Pero conviene alternar la forma de trabajar los temas, es decir, combinar los resúmenes, esquemas y lecturas en profundidad.

4. El esquema o el resumen hay que aprendérselo. Se puede hacer leyéndolo unas cuantas veces o incluso repitiéndolo en voz alta.

5. Es sobre éstos sobre los que debe repasar en el futuro el estudiante, más cerca del examen. De ahí la importancia de saber hacer buenos esquemas o resúmenes, con los conceptos realmente importantes. Además, es algo que al estudiante que lo sepa hacer bien le puede servir para toda la vida, para aprenderse desde una conferencia que tenga que impartir a saber exponer las ideas relevantes ante un tribunal de doctorado. El que aprende a estudiar bien desde niño, adquiere la habilidad de jerarquizar ideas muy bien.

6. Volver a leer todo una vez para comprobar que el esquema o resumen está bien organizado y que no se ha olvidado nada importante.

7. Cuando se empieza una asignatura, conviene organizar un plan de estudio hasta el examen. Por ejemplo, si la prueba es al cabo de dos meses, hay que repasar periódicamente los esquemas y resúmenes, como decíamos antes.

8. Por último, conviene recordar que no hay que estudiar en el último momento sobre los originales, es decir, el libro o los apuntes. Ya no le hará falta al alumno, a no ser para alguna consulta puntual sobre algo que no entienda o en lo que quiera profundizar. Se estudia sobre lo que el estudiante ha elaborado.

Siguiendo estas indicaciones el éxito está asegurado. Pedagógicamente testado, queridos niños y jóvenes.

Ahora bien, si lo que se pretende es estudiar para aprender algo de verdad, siento decir que el método no funciona. La prueba está en que los que lo han seguido en su etapa escolar y universitaria, no son capaces de darse cuenta de que detrás de esos ocho inocentes ítems se esconde una determinada —y paupérrima— concepción de la enseñanza: memorística, acrítica, pasiva y repetitiva. La exaltación de los apuntes como única fuente de conocimiento nos aleja de los que deberían ser los objetivos básicos de la educación escolar: entender lo que se lee, construir argumentos, resolver problemas… En lugar de retos que nos obliguen a pensar, se nos presentan unos apuntes con el pensamiento de Aristóteles preparado para ser condensado en diez ítems —ni uno más, ni uno menos— y subrayado con colores para finalmente ‘ser aprendido’. Como se dice en este magnífico artículo (que agradezco a Aloe haber enlazado una vez y que recomiendo encarecidamente leer), el sistema de aprendizaje, “repite lo que te he dicho y no cambies ni una coma”, es digno de una sociedad jerárquica en la que el saber viene de arriba y hay que “aprendérselo” todo (quizá esto explique la obsesión de unos y otros por controlar la educación para crear “adeptos”). A los pedagogos les habrá servido para aprobar Pedagogía. Yo lo seguiría si me fuera a presentar a unas oposiciones (que son aquellos exámenes que había cuando vivíamos por encima de nuestras posibilidades), pero esto sólo nos indica que hay que desconfiar de la formación recibida por los pedagogos y de las aptitudes exigidas a los funcionarios (que son esas personas que en tiempos remotos accedieron a un empleo público tras aprobar un examen). Y no digo que necesariamente los primeros no estén formados ni que los segundos no sean aptos para la labor que realizan. Digo, simplemente, que haber seguido el método de estudio en ocho pasos recomendado por ‘los expertos’, no lo asegura. Porque no es honesto presentar el estudio como sinónimo de ‘entrenar para pasar una prueba’ o ‘memorizar una serie de cosas’.

Conste que aprender a hacer esquemas, a jerarquizar las ideas y a memorizar está muy bien, pero desde luego no es la única habilidad que se debe esperar de un estudiante. En algunos casos será necesario, pero no es de ningún modo suficiente. Además, tiene gracia que el sistema de estudio se pretenda universal cuando como mínimo se trata de una serie de indicaciones útiles para tratar un tipo de contenidos determinado de una manera determinada. Invito a los señores pedagogos que lo recomiendan, que traten de aprender a resolver ecuaciones, a redactar una carta o a crear un algoritmo para un programa de ordenador —por poner tres ejemplos— siguiendo estos pasos. Lo curioso es que este tipo de cosas se las he oído sobre todo a los que abominan de la memorización, asunto que te explican mediante ítems en un PowerPoint que tienes que memorizar.

¿Y que propongo yo (que me creo muy lista pero en realidad no)? Pues la verdad es que no puedo dar un método que sirva para todos los campos, todos los niveles y todo tipo de persona. Si acaso, daría unas indicaciones generales como que para estudiar —en su sentido más amplio— es importante tener tranquilidad, buena luz, descanso y cosas así. Después hace falta atención y concentración para leer, a veces resumir o esquematizar, subrayar, comparar con otras fuentes, relacionar con otros temas, escribir con volcabulario propio, tratar de resolver problemas o preguntas, de realizar algún proyecto o de defender un argumento con los conocimientos que se han introducido… y otras posibles tareas que nos lleven a cumplir los objetivos que se han propuesto que deberán apuntar más allá de a aprobar un simple examen.

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6 Respuestas a “Métodos de estudio

  1. Cuánta razón…
    Me he dado cuenta al ir leyendo “la lista” que es exactamente lo que yo aprendi a hacer en tiempos (poco a poco, porque incluso los miserables secretillos de esa forma de estudiar no te los daban a la primera, a ver si vamos a saber todos lo mismo o qué) y que me serví ad nauseam de esa forma de estudiar… si, haciendo oposiciones. El reino de los refritos semidigeridos que se tragan y regurgitan en el examen casi como entraron.

    Cuando me he puesto a aprender algo de verdad, me temo que he sido mucho más caótica: lecturas mezcladas saltando de una a otra, notas de lectura desiguales (luego aprendí a hacer esquemas grabados en audio que posteriormente redactaba, referenciados a señales en el artículo o libro) y, sobre todo, mucho emborronar papel (si había algo de mates 90% de emborronar papel).
    Y eso sigue siendo todavía demasiado libresco. Yo soy un poco botarate y seguramente no un ejemplo representativo, pero aprender algo de verdad para mi requiere que pase tiempo, le dé vueltas, lo deje descansar, lo retome, lo integre con otras cosas, tenga con quien descutirlo a menudo… Si incluye tareas prácticas, repetirlas muchas veces. En general, avanzo casi andando de lado y dando muchas vueltas.

    Cuando terminé el bachilerato, con buenas notas, no sabía aplicar las matemáticas que supuestamente sabía, ni organizar un trabajo escrito, ni resumir textos no escolares, ni hacer una presentación oral, ni detectar las falacias en un argumento.
    Lo poco que sabía de verdad (escribir sin faltas y con sintaxis aceptable y tener una comprensión lectora tolerable) era porque leía compulsivamente de todo, en lugar de estudiar.
    No creo ser un caso raro, sino el caso general. En España puedes sacar el bachiller y licenciarte siendo un borrico semianalfabeto que no comprende la ley de Ohm ni emplea bien las oraciones subordinadas, con tal de que te hayas memorizado varias decenas de kilos de apuntes ordenadamente en diez años.

  2. Esto es así. Otro método – por llamarlo de algún modo – que yo practiqué sobre todo en la universidad, impelida por las circunstancias, fue ‘estudiar’ resolviendo exámenes de años anteriores. Todo un clásico español. La cosa era que no se podía aprobar a los estudiantes que simplemente supieran del tema (porque hay que “subir el nivel”) por lo que se llenaban los exámenes de trampas: matices poco claros, ideas felices, problemas que en condiciones normales llevaría varios días hacer… Pero claro, había un número limitado de estos problemas-trampa (porque generalmente los profesores los sacaban de libros, ni siquiera los inventaban ellos) por lo que al cabo de x convocatorias las cuestiones se volvían a repetir. ¿Qué hacíamos los estudiantes? Pues buscar exámenes de años anteriores para resolverlos. Los que seguían queriendo aprender, lo hacían además de estudiar los temas, pero podías limitarte a los exámenes y aprobar igual. El nivel era súper alto, como puedes imaginar.

  3. Ah, la famosa “quiniela”…
    Sí, así estudié yo asignaturas enteras en mi ET.
    Incluso hay academias que ya preparan la “quiniela” directamente.

    Qué nivel. Qué desastre. Y lo peor es la gran cantidad de interesados (profesores, alumnos y el señor Wert) a los que todo eso les parece normal.

  4. Como siempre, muy interesante la entrada y el enlace aportado por Aloe.
    Como actual estudiante de Pedagogía, el que en la propia carrera nos inciten y nos animen en muchas asignaturas a seguir prácticamente los pasos que has citado, es una de las cosas que mas me está decepcionando del grado.
    Lo estoy haciendo más por interés y gusto que otra cosa (asumo que a mis treinta y pico, cuando termine mis opciones de trabajar en algo relacionado a la educación como siempre he querido será prácticamente nula). Pensaba que estaría más centrada en pensar y hacer pensar, en desarrollar personas y hábitos de investigación, de descubrir nuevas cosas. Pero si a nosotros mismos, como estudiantes y en teoría, futuros profesionales en centros, se no obliga memorizar y hacer resúmenes y esquemas, estudiar mediante los dichosos PowerPoint,… mal vamos.
    En las oposiciones para profesor de secundaria era similar. “Ganaba” quien había memorizado mejor un tema y lo había soltado tal cual en el examen. ¿ese será el mejor profesor?
    Yo recuerdo en mis tiempos de estudiante de bachillerato o de Económicas, que cuando había que estudiar fórmulas, me limitaba a estudiar las “básicas” pues luego en el examen, si tenía que aplicar otra, ya desarrollaría esas iniciales para llegar a la que querían. Tardaría más, pero eso me ayudaba a saber porque se llegaba al resto y a estudiar menos. Muchos me decían que era mejor memorizar todas las fórmulas.
    Espero que si alguna vez trabajo en algún centro, no esté en el saco en el que englobas a los pedagogos y sea su “oveja negra”
    Un saludo y gracias por hacernos pensar con cada una de tus entradas.

  5. Muchas gracias a ti por tu comentario, J. Raúl. La verdad es que tiene mérito que estés estudiando Pedagogía tal como está el patio por ahí. A veces pienso que todos, como sociedad, tenemos culpa de que la tremenda falta de rigor de esos estudios, por no haberle sabido dar la importancia que se merecen. En realidad la pedagogía es, o debería ser, una ciencia complejísima, porque todo lo relacionado con el aprendizaje lo es, y sin embargo, la han reducido a tres recetas y cuatro lugares comunes. En este caso ser la oveja negra es un orgullo.

  6. Reblogueó esto en Re-Educad@s.

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