Pánico en la universidad

Últimamente la prensa se ha hecho eco de los problemas que están teniendo muchos universitarios para pagar sus matrículas. Se habla de unos 30000 estudiantes al borde de la expulsión por esa causa. Que cada vez haya más alumnos que no pueden hacer frente a los pagos es comprensible habida cuenta de los altísimos niveles de desempleo, la subida de las tasas y la disminución del número de becas, esto último motivado por el endurecimiento de los requisitos académicos.  Pero conocer los motivos no le quita dramatismo al hecho. Es una auténtica tragedia que chicos capaces y con ganas se queden fuera del sistema por motivos económicos. En este blog un profesor cuenta el  caso particular de un estudiante de ciencias y, desde luego, es difícil quedar indiferente ante la situación del muchacho. Aprovechando el debate  abierto en torno a los problemas de financiación de las universidades, y que estamos en junio, época de exámenes por excelencia, conviene recordar algunas cuestiones sobre la enseñanza superior en España:

1) La universidad nunca ha sido buena.

2) Nunca ha habido auténtica igualdad de oportunidades, afirmación que va unida a la primera: si la enseñanza no es buena, no hay igualdad posible.

3) La política universitaria en España nunca ha respondido realmente a los intereses de los alumnos o de la población general.

En un tiempo no tan lejano, los estudiantes debían matricularse en el distrito universitario que les correspondía por residencia. Recuerdo que cuando aparecieron aquellas infames ofertas de empleo que pedían abstenerse a los licenciados por las universidades de X e Y – que ya yo no llegué a ver, aunque yo ya vi pocas ofertas de trabajo -, muchos jóvenes canarios se inventaban familias en Madrid o Barcelona. Cierto es que otros no tenían necesidad de inventar nada por carecer de medios para vivir fuera de su isla. El caso es que la universidad nació con vocación provinciana.  ¡Que viva el enriquecimiento cultural y la universalidad del conocimiento! Universidad provinciana, como la luz oscura y el agua seca.

Después llegó la época en que los alcaldes de Villa Arriba no podían ser menos que los de Villa Abajo, y cada pueblo construyó su universidad y su auditorio de Calatrava. Los alumnos como excusa necesaria para la universidad cortijo, la  universidad agencia de colocación, la universidad trampolín para carreras políticas. Ahora estamos viendo que no había tarima para tanto rector, pero quizás ya sea demasiado tarde.

En definitiva, nunca ha habido un plan de educación que recogiera las necesidades reales del país y los derechos de la población. Aunque justo es reconocer que hay profesores e investigadores maravillosos en muchas universidades españolas, y que en los pasados treinta años mucha más gente ha podido estudiar de la que lo había hecho en cualquier otra época histórica. Sin embargo, seamos sinceros, aquí nadie ha entendido, o ha querido ver, lo que significa la enseñanza superior. Mi sensación es que siempre se ha jugado a ser erudito, catedrático, decano o miembro del equipo rectoral, más por  prestancia que por convicción. La universidad es una gran farsa donde gente con escasas inquietudes finge ser Newton, Heidegger o Gauss. Si la educación de los alumnos se ha considerado un accesorio, no es de extrañar que en tiempos de vacas flacas los alumnos sean los primeros en salir del sistema, sin diploma y por la puerta de atrás. Y aunque siempre ha habido alumnos que han ‘sobrado’ – porque no todo el mundo vale para ser universitario, como no todo el mundo vale para jugar al fútbol o para tocar la trompeta – sólo los de clase baja tienen que esforzarse en demostrar su valía, como demuestra el hecho de que existen más requisitos académicos para obtener beca que para matricularse. Con dinero siempre ha sido posible ser mal estudiante y así seguirá siendo.

Creo que todos conocemos a personas valiosísimas que no tuvieron la oportunidad de ir a la universidad, y a auténticos zoquetes con título. ¿Es ley de vida? No, es una pena muy grande. Para la sociedad entera.

Lo doctor no quita lo pendejo, como dicen los mexicanos.

Editado para incluir el enlace a un artículo con el que estoy bastante de acuerdo, aunque yo creo que también habría que invertir esfuerzo en mejorar la propia universidad porque, entre otras cosas, es condición necesaria para la mejora de la enseñanza primaria y secundaria.

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