La metafísica del gato

Uno de los objetivos, si no la tarea primordial, de los movimientos religiosos ha sido siempre el de redondear la siempre incompleta comprensión de la insatisfactoria y perpleja situación en la que el hombre se encuentra en el mundo: cerrar la desconcertante ‘apertura’ de la perspectiva resultante de la mera experiencia, con vistas a aumentar su confianza en la vida y fortalecer su natural benevolencia y simpatía hacia el prójimo, innatas según creo, pero supeditadas a las desventuras personales y a los zarpazos de la miseria. (…)

Las disputas que estallaron entre ellas [ciencia y religión] son demasiado conocidas como para requerir más comentarios. (…) Por deplorables que fueran tales disputas reflejaban un interés mutuo. Los científicos por una parte, y los metafísicos por otra, tanto oficiales como eruditos, eran conscientes de que sus esfuerzos por afianzar el propio punto de vista se referían después de todo al mismo objeto: el hombre y su mundo. Se percibía aún como una necesidad la clarificación de la divergencia de opiniones, algo que todavía no se ha alcanzado. La relativa tregua a la que hoy asistimos, al menos entre la gente culta, no ha sido fruto de una armonización de ambos puntos de vista, el estrictamente científico y el metafísico, sino más bien de la decisión de ignorarse mutuamente, no sin cierta dosis de desprecio. (…) Es patéticamente divertido ver como los unos sólo toman en serio la información científica, mientras los otros clasifican la ciencia entre las actividades mundanas, cuyos hallazgos son menos trascendentes y tienen, lógicamente, que dar paso, en caso de desacuerdo, al conocimiento superior obtenido a través del conocimiento puro y la revelación. Uno lamenta ver a género humano esforzándose por alcanzar el mismo objetivo siguiendo dos tortuosos senderos diferentes y difíciles, con anteojeras y muros de separación, y con pocas intenciones de aunar fuerzas y alcanzar, si no un entero conocimiento de la naturaleza y la situación humana, al menos el conocimiento consolador de la intrínseca unidad de nuestra búsqueda. Es algo deplorable, digo, y es en todo caso un triste espectáculo, en la medida en que obviamente reduce la magnitud de lo que podría alcanzarse si todo el poder del pensamiento a nuestra disposición estuviera unido sin cortes. No obstante, el perjuicio podría quizás tolerarse si la metáfora que he utilizado fuera en realidad apropiada, es decir, si verdaderamente hubiera dos grupos de personas que siguen dos senderos. Pero no es así. Muchos de nosotros no hemos decidido aún cuál de ellos seguir. A pesar suyo, cuando no con desesperación, muchos se encuentran decantándose alternativamente por una u otra perspectiva. No es ciertamente habitual que una completa educación científica satisfaga enteramente el anhelo innato de estabilización religiosa o filosófica, frente a las vicisitudes de la vida cotidiana, como si ello bastara para sentirse feliz. Lo que suele suceder es que la ciencia basta para poner en tela de juicio las convicciones religiosas populares, pero no para reemplazarlas por otra cosa. De ahí el fenómeno grotesco de mentes altamente competentes, con buena formación científica pero con una perspectiva filosófica increíblemente infantil, subdesarrollada o atrofiada.

Si se vive en condiciones moderadamente seguras y confortable, y se las toma como norma general de lo que es la vida humana (…), uno parece manejarse bastante bien sin ninguna perspectiva filosófica; si no indefinidamente, al menos hasta que uno envejece, llega a la decrepitud y comienza a ver la muerte como una realidad. Pero  mientras las primeras etapas del rápido avance material que vino como consecuencia de la ciencia moderna parecieron inaugurar una era de paz, seguridad y progreso, este estado de cosas ya no rige. Lamentablemente las cosas han cambiado. Mucha gente, incluso poblaciones enteras, se han visto privadas de seguridad y confort, han sido despojadas de casi todo y se enfrentan a un sombrío futuro al igual que aquellos de sus hijos que no han perecido. La mera supervivencia del hombre, no digamos el progreso continuo, han dejado de estar asegurados. La miseria personal, las esperanzas enterradas, los inminentes desastres y la desconfianza respecto a las leyes de prudencia y honestidad basta para hacer que los hombres se aferren a una vaga esperanza (sea o no probable) de que el ‘mundo’ o la ‘vida’ de la experiencia se inserte en un contexto de más alta significación por más que sea inescrutable.

Erwin Schrödinger en “La naturaleza y los griegos”, libro basado en un curso impartido por él en 1948.

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5 Respuestas a “La metafísica del gato

  1. El propio punto de vista de Schrödinger es más bien el de un científico, con ese deseo de consenso y de que se “aúnen esfuerzos” y todo el mundo siga el mismo camino.
    Más razonable y abierto me parece el punto de vista opuesto: que cada cual siga el suyo y explore la vida y el conocimiento según su carácter, aptitudes y preferencias. Si no estoy equivocada, eso es el concepto del do o el tao, la aceptación de que cada uno elige un camino personal, e incluso en el hipotético caso de que las personas coincidieran en los fines que se proponen en la vida y en su concepto de autorrealización, felicidad y conocimiento (que es mucho suponer), ese mismo fin no se busca por el mismo “camino” (que es la traducción corriente de esa palabra).

    Incluso desde el punto de vista de la ciencia, que aspira a un conocimiento objetivo y para cuya elaboración la colaboración y la “acumulación” de evidencia bajo criterios operativos uniformes son fundamentales, es decir, para cuyo universo de conceptos hay un punto de llegada convergente, porque la realidad es solo una, hoy en día no concebimos en general que la unanimidad ortodoxa esa de “todos a una tirando en la misma dirección” sea el modo con el que se han conseguido mayores resultados.

    Tampoco veo por qué motivo un científico profesional debería ser metafsíica o filosóficamente más sofisticado que el abogado o el carpintero promedio. Aunque ciertamente, desde los años 30 los físicos teóricos se van convirtiendo, profesionalmente hablando, en lo más próximo a los metafísicos profesionales que queda…

  2. Aloe, exactamente, un científico profesional no tiene por qué ser metafísica o filosóficamente más sofisticado que el resto y, sin embargo, en ocasiones los científicos profesionales se sienten con autoridad para aceptar unos esquemas filosóficos y rechazar otros, con una simpleza que a mí me pasma. Es lo que veo en mi entorno y quizás por eso me llamó la atención este texto de Schrodinger. Por otro lado, también creo que la espiritualidad es innata al ser humano y me gusta el acercamiento que propone, creo, desde la razón. También pienso que la ciencia y la filosofía deberían ir de la mano, y respetarse mutuamente, sin sobreinterpretaciones pueriles tipo Punset, y sin desprecios altivos tipo Savater. Eso es lo que me gustó de este texto que por otro lado, tampoco sé si comparto/entiendo del todo. Y bueno, me maravilla que un físico tan brillante tuviera además un conocimiento profundísimo sobre filosofía. En particular, su conocimiento de la Grecia clásica es asombroso.

    Gracias por seguir pasándote por aquí. A ver si retomo la cosa bloguera otra vez con ganas.

  3. Hola

    Perdón por lo largo del comentario.

    No sé qué es exactamente lo que Schrödinger vio en los griegos, ni qué quiere decir cuando se refiere a “filósofos” griegos (he buscado el libro pero no lo he encontrado de forma sencilla). En el término filósofos griegos caben los primeros científicos que trataban de usar un método racional y científico para averiguar las causas y los primeros principios de la naturaleza, cosa que es parte del espíritu científico, supongo, y también gente racional pero no tan científica.

    Otro sentido interesante en el que creo que se puede referir a la Filosofía es a ésta como análisis del ser humano, que también forma parte del cosmos. Y aquí se encuentra el tema de la muerte, el tema de encontrar refugios psicológicos en algún tipo de conocimiento. En este aspecto la Filosofía habla de cosas diferentes a la ciencia, y es sin duda interesante. Un científico puede enriquecer su comprensión de su propia experiencia vital leyendo filosofía en la medida en la que ésta le pueda dar ideas al respecto. Del mismo modo que un filósofo puede enriquecer su comprensión del mundo leyendo lo que la ciencia dice al respecto.

    Esta separación temática se produce fundamentalmente a partir del surgimiento de la ciencia moderna y de la creación del método. En la separación temática que acabo de mencionar se asume que la metafísica, el estudio de lo que hay, la realidad (física), cae en el lado de la ciencia. Los que defienden la metafísica dicen que la realidad se puede estudiar desde muchos niveles diferentes, y que hay niveles en los que no podemos estudiar con matemáticas y nos debemos basar en nuestras intuiciones. No se habla sobre si las concepciones (buenas) en los diferentes niveles deben llegar a converger en una explicación posterior o si esto da igual. Ni de cómo distinguir las concepciones buenas de las malas. Y no se sigue el método científico (no se pueden hacer experimentos, excepto mentales, se supone). Pero se habla de la realidad.

    Ahora bien, filósofos y “profesionales de la filosofía” o gente “formada” en Filosofía no es lo mismo. A mi personalmente me parece que la profesionalización de la filosofía es un poco absurda. Y por esto de la profesionalización la gente se “especializa” en campos, y estudia en escuelas. En la filosofía del siglo XX surgen fundamentalmente dos corrientes: los analíticos y los continentales. Nadie sabe definir estas escuelas, pero se supone que los analíticos parten de una tradición anglosajona, le dan importancia a la lógica formal, a la claridad expositiva y respetan la ciencia (al menos en teoría), mientras que los continentales parten de una tradición alemana (Kant, Hegel, Escuela de Frankfurt, Heidegger) y francesa (postmodernos franceses), dando más importancia a la metafísica en un sentido trascendental (¿?), con tochacos un poco incomprensibles, llenos de frases un poco incomprensibles, y que se centran más en los aspectos del ser humano independientemente de cómo sea realmente la realidad física (ideas que traducidas a lenguaje comprensible y en 20 páginas en vez de 500 serían las que quizá interesarían a Schrödinger).

    Estas dos escuelas se han terminado convirtiendo casi en tribus filosóficas. Entonces, a lo que voy: yo detecto al menos cuatro actitudes de los filósofos profesionales hacia la ciencia. En primer lugar están los analíticos. Hay filósofos analíticos que sabían ciencia de antes, o que se han molestado en aprender algo, y que tratan de incorporar la ciencia a sus ideas. Estos creo que en general no se meten en asuntos metafísicos, porque suelen pensar que la mejor manera que tenemos de explicar “lo que hay” (en el mundo físico) es la ciencia, y que el resto de niveles metafísicos no valen para gran cosa. Hay aspectos de la naturaleza humana, como la moral, la estética, y otros que son dignos de reflexión filosófica, pero “lo que hay” es para la ciencia. Hay otros filósofos analíticos, que a pesar de que hacen fake science, y escriben con formulitas cuando no hace falta, ignoran deliberadamente en ciertas ocasiones, lo que dice la ciencia. Bien porque no es fácil entender lo que dice la ciencia sin saber matemáticas, ciencia más básica, etc. o porque de algún modo creen que están hablando en otro nivel de la realidad y que lo que diga la ciencia es irrelevante. No se asume, como vemos, que cómo se expliquen los distintos niveles de la realidad deba ser coherente de algún modo. Una cosa que me deja estupefacto de esta gente es que se atreve a decir que los científicos no saben hacer las distinciones conceptuales adecuadas, y que deben escuchar a los filósofos de la ciencia para aprender a hacerlas. O cosas como que los científicos no saben distinguir entre epistemología y metafísica. Afortunadamente la ciencia funciona sin hacer caso a estos filósofos, aunque es un griterío que va tomando cada vez más fuerza. Si Feynmann se metía con Spinoza por decir bobadas, no quiero pensar lo que diría de estos. Los filósofos analíticos creen que la única filosofía seria es la suya porque es más “científica”, aparently: esto debe de ser porque escriben formulitas que nada significan… y que los otros (los continentales) deberían desaparecer del mapa. Y se meten a escribir sobre los conceptos en ciencia sin haber entendido realmente lo que los conceptos quieren decir. Y dicen bobadas. Cuando alguien osa llamarles la atención por eso, entonces les dicen que los que les critican no han entendido nada de los conceptos (“qué sabrás tú, científico ignorante que no sabes pensar, de filosofía”), y que son científicos que viven en una realidad estrecha.

    Ahora vayamos con los continentales. En general ignoran la ciencia, y su campo de saber no tiene nada que ver con la ciencia. Hay algunos que se creen incluso, que sus teorías superan teoremas como el de Arrow. En caso de que la ciencia contradiga sus posiciones sacan también la frase: “qué sabrás tú, científico ignorante que no sabes pensar, de filosofía”. De ahí las frases como: “los físicos no saben pensar, porque sólo les enseñan a hacer ejercicios mecánicamente”. Este es el caso del desprecio altivo de Savater. También desprecian la filosofía analítica. El 90% del tiempo simplemente ignoran la ciencia (en uno de los dos sentidos la ignoran el 100%).

    La última postura es la de algunos postmodernos, que llevados por una fiebre de crítica a la verdad y a la razón critican el método científico, tratando de concluir que no es objetivo, que no es mejor que otras formas de conocimiento, que está lleno de prejuicios sociales y de preconcepciones que se proyectan en sus conclusiones científicas (y así hay ciencia machista y feminista, o imperialista y multicultural…), pintando así como poco fiable el conocimiento científico. Esta postura es fruto de un maridaje extraño entre filósofos de la ciencia y postmodernos que son “enemigos naturales” según la distinción de arriba.

    Los que se encuadran en alguna de las tres últimas posturas son, lamentablemente, la mayoría de los (profesionales de la filosofía) filósofos que trabajan ahora. Así es normal que desde la ciencia se mire a los filósofos actuales como a los hermanos tontos, y se pase de ellos, aunque haya científicos que consideren importante a veces acercarse a las visiones de los filósofos (y no tanto a la de los profesionales de la filosofía).

  4. Hola, Cristina. Como casualmente mi último post guarda relación con el tuyo y los comentarios que ha suscitado, me permito colocarlo en tu blog.
    http://picandovoy.blogspot.com.es/2013/05/los-frutos-de-la-ignorancia-cientifica.html

    Un abrazo

  5. Gracias, Nicolás. Ya había leído tu post y desde luego es una casualidad que tratáramos el mismo tema… aunque tú te lo has currado y yo me limité a copiar unos párrafos de Schrödinger 🙂

    Jan, gracias por tu comentario. Los comentarios son siempre bienvenidos aunque a veces tarde algo en contestar. El libro se llama “La naturaleza y los griegos” y está en la editorial Metatemas. En cuanto a los filósofos griegos, trata los pitagóricos, la cultura jónica, Jenófanes, Heráclito y los atomistas.

    Lo que creo que hace Schrödinger es ‘deconstruir’ el problema de la separación entre ciencia y religión yendo al pasado, cuando aún no existía esa separación entre las escuelas filosóficas, que tan bien has descrito, y cuando tampoco estaba ambas cuestiones delimitadas en compartimentos estancos. Y todo dentro de un sistema de conocimiento perfectamente articulado. La verdad es que es un tema que se me escapa un poco pero lo que sí me parece es que no se puede hacer filosofía si no se conoce el estado actual de la ciencia. En cuanto al lado científico, lo mismo que has hablado de filósofos y profesionales de la filosofía, hay científicos y obreros de la ciencia, que somos la mayoría, que realmente nos movemos con un aparataje filosófico muy básico. Esto no es necesariamente malo pero debemos ser conscientes de esta limitación, lo que no siempre ocurre.

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