La vergüenza de Arquímedes

Se quejaba el otro día Fernando Savater en uno de sus artículos, de que nuestro sistema educativo está  totalmente enfocado a lo práctico, a lo útil, a lo rentable. Según él, ése es el verdadero problema de la universidad actual, bajo las pautas abierta o encubiertamente mercantilistas dictadas por Bolonia. Me pregunto dónde ha estado metido este hombre todo este tiempo para afirmar semejante cosa. ¡El verdadero problema! Estoy segura de que cualquiera que haya conocido la universidad española, y sea mínimamente honesto consigo mismo, no dudará en reconocer que los problemas de la enseñanza superior son múltiples y variados pero, desde luego, el exceso de utilidad de los contenidos nunca ha sido uno de ellos. Ni siquiera ahora, cuando – es cierto -, se está dando mucho más peso a lo (aparentemente) práctico. Sigue diciendo Savater que el objetivo de los planes de estudio viene dictado hoy en gran medida por las exigencias de las empresas que pueden ofrecer colocación a los graduados. Y creo que aquí se vuelve a equivocar. Yo diría que los planes de estudio vienen dictados – hoy como ayer – por los departamentos universitarios, y que responden sobre todo a sus luchas internas de poder, no a los intereses de las empresas, y no digamos a los de los alumnos. ¡Ojalá a los graduados les sirviera al menos para encontrar colocación! Eso que habríamos ganado. La realidad es que han cambiado algo las formas, pero en el fondo están los mismos, enseñando lo mismo, que no es otra cosa que aquello que conocen y que saben hacer. Dicho esto, yo tampoco creo que  se deba supeditar la escuela, o la universidad, al mercado, pero tampoco debe dar la espalda a la sociedad, cerrada en su círculo de autocomplacencia.

El hecho de que alguien como Savater opine sobre este tema en estos términos pone de manifiesto, una vez más, que lo que ciertas élites intelectuales conocen como cultura y conocimiento, así en general, se refiere a su pequeño campo de intereses y a su particular visión academicista del mundo. Es cierto que no todo en la vida ha de servir para ‘algo’. Ahora bien, ¿puede decir Savater seriamente que el objetivo de unos estudios de ingeniería industrial debe ser el simple afán de saber y de indagar sin objetivo inmediato práctico? ¿Deben estar los planes de estudios de medicina orientados a proporcionar una formación humanista en el sentido amplio del término, o conviene que los futuros médicos adquieran conocimientos y destrezas prácticas con las que ayudar a prevenir y curar enfermedades? Es más, me resulta curioso que utilice los términos ‘práctico’ y ‘rentable’ indistintamente, porque no tienen demasiado que ver. Saber instalar una placa solar en casa para uso doméstico es muy práctico pero seguro que ni  las compañías eléctricas  ni el gremio de instaladores lo consideran rentable. En cualquier caso, la buena educación siempre es rentable a largo a plazo. Hay una clara correlación entre el desarrollo económico y la calidad de la enseñanza y la investigación que se hace en un país (por ejemplo, estos gráficos son muy claros a este respecto). Es decir, que la buena educación se puede defender incluso usando criterios estrictamente económicos. Pero es que además, aunque no lo fuera, la educación es un derecho: todos debemos tener la oportunidad de aprender, de enriquecer nuestra vida, de abrir nuestro mundo. El conocimiento tiene valor por sí mismo y no sólo como medio para conseguir un puesto de trabajo. En esto estoy de acuerdo con el artículo (¿cómo no estarlo?), lo que ocurre es que cuando se leen cosas como que el verdadero problema de la universidad es que el sistema está demasiado enfocado a lo práctico, no me queda otro remedio que entender dos cosas: 1) que el autor considera que antes de esa supuesta deriva utilitarista la universidad sí proporcionaba una formación “humanista” en el sentido amplio y sí satisfacía la curiosidad intelectual o el afán de conocer; y 2) que piensa que el verdadero conocimiento no puede nunca ser práctico. Respecto a la primera afirmación, los datos empíricos la desmienten fácilmente, en tanto que la segunda, no es otra cosa que una nueva vuelta de tuerca al espíritu del hidalgo castellano, aquel que consideraba indignas las tareas prácticas. Como le pasaba a Arquímedes.

Arquímedes embarcado. Imagen extraída de www.divulgon.com.ar

Arquímedes embarcado. Imagen extraída de http://www.divulgon.com.ar

Arquímedes era un gran matemático pero además sentía debilidad por los ingenios mecánicos, algo que, en aquellos tiempos, estaba muy mal visto entre las personas de su clase. Inventó multitud de artilugios útiles como el tornillo sin fin, para llevar el agua a zonas elevadas,  y la polea.  También fue suyo el diseño del mayor barco de transporte de la antigüedad así como la formulación matemática de la ley de la palanca y muchas de sus aplicaciones prácticas. Pero si hoy sabemos esto es porque lo contaron otras personas, porque al propio Arquímedes le daba vergüenza dedicarse a actividades tan vulgares como diseñar y fabricar mecanismos  y no se atrevió a escribir nada sobre ellos. Solo hizo una excepción al describir un modelo mecánico del sol, la luna y los planetas, y esto, probablemente, porque era un instrumento sin utilidad práctica y por tanto considerado menos indigno de su condición. No tengo ninguna duda de que a Arquímedes lo guiaba su curiosidad intelectual y su afán de conocer y que disfrutaba enormemente experimentando con sus artilugios. Dos mil trescientos años más tarde, debería sonar ridículo avergonzarse por unos logros intelectuales tan impresionantes. ¿No suena ridículo?

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10 Respuestas a “La vergüenza de Arquímedes

  1. Muy inteligente la réplica que le das a Savater. No es fácil hacerle la réplica a una persona como él y tú lo consigues. Lo de que un ingeniero o un médico tengan que servir para lo que sirven resulta un argumento contundente y de una claridad meridiana.

    La filosofía siempre presumió de no servir para nada. Es muy interesante ese desprecio que existía, sobre todo en la antigüedad, por los saberes prácticos. Creo que únicamente desprecian los saberes prácticos aquellos que los dan por supuestos, viven apoyados en ellos pero los desprecian. Los filósofos griegos podían dedicarse a filosofar porque vivían atendidos por esclavos. Pero sus oficios y saberes son considerados despreciables.
    Creo que hoy en día, aunque hay personas que se mueven en esa tradición, ya no es lo mismo. La admiración que se tiene por Bill Gates o Steve Jobs parece indicar que ya no se desprecian esos saberes. Por mi formación a veces se me escaparía decir: bah, tipos muy hábiles con los medios pero absolutamente ignorantes de los fines. Se me escaparía pero no se me escapa porque me parece estúpido e hipócrita despreciar lo práctico. No hay por qué elegir entre ser amigo del profesor de griego o el de tecnología. Para algunos asuntos consulto con uno y para otros con otro. No hay que elegir. Son parcelas diferentes.
    El otro día veía yo a mi compañera de filosofía pidiendo ayuda al de tecnología con asuntos de videos y ordenadores. Me costaba imaginar la situación contraria. Aunque quizás sea injusto en esto con el saber humanístico. Seguramente hay cosas que saben los de filosofía que no les vendría mal conocer a los técnicos. Aunque dudo mucho que vayan a sentir la necesidad de preguntar. Pero no ellos solos, como técnicos, todos, el mundo actual. La tecnociencia se ha convertido en el saber por excelencia. Y es cierto que tiene una fuerza y una eficacia colosal. Quizás es que los de humanidades tampoco saben gran cosa de lo suyo.
    Exceptuando algún alumno brillante, que también los hay, que escogen bachillerato de letras, los alumnos buenos en su mayoría van para ciencias. Bueno, me pongo a escribir y me pierdo. Ya no sé donde quería llegar.

    Que me ha gustado tu post.

  2. De acuerdo fervorosamente con tu entrada al ciento veinte por ciento…

    Nuestra tradición intelectual (por llamarle algo) es enemiga a muerte de mancharse las manos, de tener algo que ver con los oficios manuales y de que parezca que hace algo útil que le confunda con la multitud no letrada.
    Como además tiende a considerar que la ciencia y las matemáticas caen del lado de “lo práctico” y no de “la cultura”, pues lo acabamos de rematar.

    Pero incluso la enseñanza de la ciencia y las matemáticas tienden a la evitación del pragmatismo todo lo que pueden. Si hay varias maneras de enseñar un campo de las matemáticas, seguro que el más apreciado es el que da menos facilidades y el más despreciado el que emplea más los problemas prácticos como método. Si se puede enseñar física llenando la pizarra de ecuaciones, por qué intentar hacerlo con práctica empírica guiada. Etcétera.

    No se puede acertar menos que Savater ni esforzándose. Pero yo entiendo por qué repite ese mantra que se lleva años oyendo (a gente de muy diversa ideología en lo general): cambia poco a poco el énfasis en lo que es socialmente valioso (demasiado poco a poco, pero algo sí) y para mucha gente, dedicarse a lo que quiere y le gusta y encima vivir de ello no es bastante, si no va acompañado de una cantidad de prestigio elitista adecuado.

  3. Yo tengo una teoría sobre Savater: ultimamente, cada vez que abre la boca dice una estupidez (puedo dar varios ejemplos de posiciones incoherentes, de posiciones fruto de no haberse informado suficientemente o de posiciones fruto de no haber percibido adecuadamente las cosas, como es el caso). De hecho tengo un problema: creo que hay demasiados opinadores (ellos se dicen a sí mismos profesores de filosofía) que cada vez que abren la boca sueltan una estupidez, o en el mejor de los casos algo que ni va ni viene, no una verdadera crítica (entiendase crítica mal enfocada, o crítica que no clava los incisivos en el poder actual o en lo que sea relevante).

    Los profesores de filosofía que dicen cosas sensatas (y útiles) y que conozco no sé si escriben en los medios de comunicación. (Será que huyen del estrellato?)

    Eso sí, creo que la crítica puede tener sentido, por ejemplo, en el enfoque que se les da a los proyectos de investigación (o que se dice que se les quiere dar. Si dan proyectos a filosofía, especialmente a algunos, es que mucha orientación práctica no piden). Lo triste en nuestro país es que recortan en investigación igual para todo (y yo, la verdad, es que prefiero que se investigue sobre enfermedades que sobre la obra de Wittgenstein, por muy bien que me caiga Wittgenstein). Pero en general, dar sólo dinero a la gente que te dice que va a obtener tales y cuales resultados prácticos es una buena receta para que tu país no avance de veras.

    Loiayirga, lo interesante es saber por qué cosas se interesa un ingeniero en filosofía. Hay cosas por las que algunos se interesan (pero eso es como todo. También hay gente de filosofía que nos interesamos por cosas de ciencias e ingeniería, y otros que no). Yo creo que puesto que la filosofía trata sobre los seres humanos, a los seres humanos, que nos gusta que nos hablen de nosotros mismos, nos tiene que interesar, al menos, algunas de las cosas que la filosofía puede decirnos de nosotros.

  4. Gracias por tu comentario, Loiayirga. En realidad no creo que se trate de ciencias vs letras, sino de una manera de entender la universidad (o la educación en general). Yo creo que todo lo que se hace bien es útil de una u otra manera, aunque es cierto que, como ha dicho Aloe, la tradición educativa siempre ha despreciado todo lo que tiene que ver con ‘mancharse las manos’, particularmente la tecnología. Y también es verdad que la ‘intelectualidad’ en este país sigue pensando que la única cultura es la de ‘letras’ y el único conocimiento, el que no tiene utilidad práctica alguna. En cualquier caso, a mí me parece preocupante que se asuma que no es tan importante aprender como el que a uno le den un título. Al hablar del paro juvenil (un auténtico drama social) siempre me llama la atención que se diga que Fulanito tiene una licenciatura y dos máster y no encuentra trabajo. Lo que habría que ver es qué es lo que sabe hacer Fulanito al terminar sus estudios y, desde luego, él debería ser el más interesado en que su título realmente haya servido para algo, ya sea para haber aprendido a pensar, haber adquirido unos hábitos de trabajo o una formación humanista, como decía Savater, o unas destrezas prácticas concretas para desempeñar un oficio. Normalmente no es ni una cosa ni la otra, pero la gente antes no se quejaba porque el título tenía valor en sí mismo, como diferenciador social, y servía para ganarse la vida. También es verdad que no es raro el caso de Menganito que se mete a estudiar filología sin tener la más mínima intención de leer un libro, por ejemplo.

    Aloe, pues yo estoy de acuerdo con tu comentario y no tengo mucho más que añadir🙂

    Asdf, estoy de acuerdo con lo que dices de Savater. En mi (ya lejana) adolescencia lo admiraba pero ya hace tiempo que le cogí el truco, y creo que a muchos les ha pasado lo mismo. Respecto a lo que dices de los proyectos de investigación, creo que ahí tampoco hay mucho motivo de queja para los que piensan como Savater porque no creo que en España se penalicen especialmente los que no tienen un objetivo práctico concreto. Bueno, aquí tampoco es que se le haya dado nunca mucho valor a la investigación y ahora se penaliza todo, pero este es otro tema. Por ejemplo, sé que se han gastado auténticos dinerales en un campo como la astrofísica, que es el que conozco, sin más objetivo que el de ampliar el conocimiento en estos temas (y marginalmente en impulsar la innovación tecnológica). Yo también preferiría que se investigase más sobre enfermedades, por ejemplo, pese a que lo primero me da de comer. Aunque también es cierto que en ciencia es difícil decir qué es útil o práctico, porque sin investigación básica no puede haber innovación de ningún tipo.

  5. Cristina gracias por tu entrada, lo bordas… ¡sigue así!

  6. Gracias, Familia y Cole.

  7. De tu comentario, Cristina, yo señalaría una cosa en la que tienes razón: que antes el título como tal título era útil para conseguirse un buen trabajo, independientemente de que se hubiera aprendido algo, mucho o nada. De lo cual va a resutar que esa ola de pragmatismo utilitario que por lo visto nos invade, según deplora Savater, nos tenía tanto o más invadidos que ahora.
    … Solo que la utilidad verdadera y la utilidad fingida de los títulos universitarios eran dos cosas bastante diferentes entre sí. Eso sí que era (y es) el traje nuevo del emperador.
    ¿Y Savater no lo sabrá de sobra? Pues supongo que a base de fingir algo profesionalmente durante cuarenta y cinco años, se olvida uno de que era de mentirijillas.

    Por mi parte, yo preferiria que en lugar de fingir que hemos ido todos a la Universidad para ser Russell o Heidegger, como si lo del trabajo no nos importara, y fingir también que aprendemos y que enseñamos, empezáramos a ser de verdad lo que toque ser, de manera real y práctica, y aprendiendo de verdad lo que sea: sea derecho, electricidad, estadística o arte egipcio.

  8. Tienes toda la razón, Aloe: la universidad era mil veces más útil (en el sentido que deplora Savater, como instrumento para conseguir un empleo) que ahora. Qué ironía.

  9. Totalmente de acuerdo contigo, Cristina: yo no lo podría haber explicado mejor. Por cierto, ya te estás demorando mucho con tu nueva entrada. Tus fans aguardamos impacientes…

  10. Gracias por los enlaces, Aloe. Lo de Estados Unidos asusta bastante, la verdad.

    Es verdad Nicolas (este teclado no tiene tildes y no lo puedo configurar porque no es mio), estoy demorando mucho. El trabajo y esas cosas. Pero gracias por tu apoyo incondicional🙂

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