El Jonathan y la Jessica

A muchos de los profesores que conozco les encanta contar anécdotas sobre los alumnos de entornos marginales o, simplemente, de clase media-baja. Las Jessicas y los Jonathan, los llaman. La Jessica se enteró por el Tuenti que el novio se los ponía con la Melanie y acabaron enganchadas de los pelos en el patio. El Jonathan estaba viendo un vídeo de zombies en clase de tecnología. A los Jonathanes y a las Jessicas no les gusta leer, mucho menos estudiar; su vocabulario es muy limitado y no suelen prestar atención a lo que se les dice. Y los padres son todavía peores, nos cuentan. ¿Te puedes creer que sólo vienen a preguntar por qué has suspendido al niño? Concluyen los profesores que es muy difícil trabajar con chicos así, que no se esfuerzan, que no tienen interés por nada y que encima faltan al respeto. Con las aulas llenas de Jessicas y Jonathanes ¿a quién le extrañan los resultados de PISA?

Y es verdad: tiene que ser muy difícil trabajar con chicos así. Dificilísimo. Tan difícil que es posible que ni siquiera el mejor profesional con la mejor voluntad del mundo consiga hacer de ellos unas personas mínimamente formadas y responsables. Pero desde luego Jonathan y Jessica no son los enemigos. Tampoco se merecen ser carne de chascarrillo clasista escasamente disimulado. De hecho, el sistema se debe, sobre todo, a las Jessicas y los Jonathanes de este mundo, porque son los que menos recursos tienen, si no de dinero, sí culturales. Por eso, artículos como este publicado hace ya algún tiempo en la web de Deseducativos, donde un profesor se lamentaba de que sus alumnos arrabaleros no sabían tomar apuntes, me producen desasosiego. Primero, porque el recurso supuestamente humorístico de referirse a los estudiantes como Jennifer – ¿será la hermana de Jessica? – y Jonathan, denota en realidad una actitud bastante soberbia y clasista. Lo que viene a decir nuestro indignado profesor, en el fondo, es que con unos hipotéticos Borja Mari y Mari Pili, estas cosas no pasarían, porque de todos es sabido que los que no han crecido en un polígono tienen otras inquietudes de orden superior. Segundo, porque el discurso esconde una de la mañas más rancias de la tradición educativa española: no es malo que los alumnos no entiendan lo que leen y no sean capaces de hilvanar dos pensamientos, no, lo realmente terrible es que no sepan tomar apuntes. Apuntes que, al tratarse de un material propio, es mucho más sencillo su estudio, su comprensión y su memorización. El pensamiento de Platón condensado en los cinco ítems expuestos por el profesor. No cuatro, ni seis: cinco. Tomen nota, muchachos.

En la misma línea va este extracto de un artículo de Le Monde que he encontrado en el blog de Sergio del Molino (los invito a que lean su post, que es mucho más interesante y está mejor escrito que este):

Nuestra época tiene la pasión del documento “bruto”. Tiende a creer que para asir el mundo “real” son preferibles las anécdotas vacuas y las citas soltadas tal cual, a las investigaciones eruditas. De ahí la proliferación de publicaciones que husmean en los archivos o de testimonios sin acompañamiento de un elemental aparato crítico. Incluso se reivindica esta actitud: en este libro, dicen los autores, no hemos teorizado, eso se lo dejamos a los “especialistas”. Pero llega el caso en el que esa postura se vuelve contra su autor.

Vean el breve volumen publicado bajo el título Mots d’excuse (Notas de excusa). Antiguo docente, Patrice Romain propone una selección de los correos que los padres de sus alumnos le han enviado en el transcurso de dos decenios de enseñanza. Después de mucho tiempo, el profesor de escuela había cogido la costumbre de exhibir estas pequeñas notas en la sala de los profesores para hacer reír a sus colegas. Un día, tuvo la idea de publicarlas, con su sintaxis y ortografía originales. Después de su aparición, el 26 de agosto, el librito ha encontrado un fuerte eco. Periódicos y radios citan jugosos extractos y su autor ha sido invitado al Telediario de France 2. Interrogado por Le Monde, confía: “Este libro ha sido escrito con mucha ternura, he elegido los textos más pintorescos, es un guiño destinado a hacer sonreír”. Pero en la lectura no hay nada que produzca realmente regocijo. Página tras página, estas notas voladas, estas palabras íntimas que no estaban destinadas a ser publicadas hacen aflorar la vida frágil, la violencia de lo cotidiano. ¿Quieren reírse? “Señor director, disculpe a Sophie V. por su ausencia no he podido presentarme con ella porque su padre me ha encerrado y no puedo salir”. ¿Una buena carcajada? “Aura que es el ramadan, ¿ba ha dejarnos tranquilos con sus istorias de vurlarse de brahim? Espero que sí. Grassias por su respeto”. ¿Aún no se han reído? “Como nos han echado de la seguridad social, no he podido llevar a Cyril al médico. Espero que me disculpe por su diarrea”.

Como prueba de esa “ternura”, Patrice Romain confiesa que, progresivamente, él mismo ha cambiado su forma de ver estas notas de excusa: “Es verdad, en la relectura, es menos divertido, uno se dice: “Esto refleja la miseria de nuestra sociedad. Es un poco duro, pero es una fotografía”. Cierto. Pero toda la perversión viene justamente del hecho de que ninguna fotografía es neutra, y estas se presentan sin leyenda. En su desorden aparente, las “notas de excusa” dejan entrever una sociedad de orden, un universo donde cualquier reto a las reglas se sanciona con la exclusión de los más débiles, los que son “inexcusables”. Para entenderlo, habría hecho falta inscribir estas escrituras precarias en su contexto cultural y social. “La restitución fascinada no es suficiente”, remarcó la historiadora Ariette Fargue en su magnífico ensayo Le Goût de l’archive. Decididamente, el documento bruto no es más “objetivo” ni más “verdadero”. Simplemente, es “brutal”.

Citando una vez más a Camus, el profesor debe hacer sentir a los niños que son dignos de descubrir el mundo.  Pero, ¿cómo hacerlo cuando los mundos parecen tan diferentes? Yo no tengo la solución. Tampoco estoy segura de poder hacerlo mejor que otros. Lo que sí sé es que Jessica y Jonathan no son un lastre para el sistema. Son, por el contrario, los que con más fuerza justifican la existencia de un sistema público, obligatorio y gratuito. Conviene no olvidarlo.

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22 Respuestas a “El Jonathan y la Jessica

  1. Mira por donde, ayer mismo tuve una discusión con un hijo a cuenta de los comentarios despectivos (que desgraciadamente igual ha aprendido de sus profesores, en lugar de en corrillos de amigos) sobre chonis y canis exactamente por lo mismo. No puedo estar más de acuerdo sobre tu entrada y el clasismo que comentas.

    No sé si estoy tand e acuerdo sobre la calificación de los documentos en bruto, sin “aparato erudito” que hace la el artículo que comentas. El problema con esos datos en bruto es que no lo son: están escogidos, y la falta de neutralidad, el clasismo, están en esa misma elección. Si el susodicho profesor criticado (con maś razón que un santo) hubiera publicado simplemente todas las notas de disculpa de los padres en tal o cual periodo, el desprecio rampante por la pobreza ajena no habría quedado patente. Pero claro, eso no sería cómico. Sería un texto árido para la sociologia o para la historiografía.
    Y además, ¿cómo reirse de los pobres si sus notas están al lado de otras perfectamente escritas en las que el niño ha faltado por razones parecidas (está enfermo, está en un campamento religioso, vamos a ver a su abuela…) o más pijas (la niñera nos ha dejado, hacemos finde largo en Niuyork…) ?

    Me conmueve sobre todo la que reclama, entre la rabia y la resignación, un poco de respeto. Está claro que no lo ha obtenido.

    Al hilo de esto, por cierto, y sobre el Reino Unido,
    http://www.eldiario.es/internacional/concentracion-Reino-Unido-niveles-victorianos_0_115488657.html
    en UK quizá hay algunas diferencias, pues la “demonización de los pobres” y el desprecio social están más centrados en lo económico y en percibir o no subsidios, pero es bastante parecido.

  2. Las primeras veces que escuché burlarse de las “chonis poligoneras” que es otra manera de llamar a las Jessicas no me di cuenta de que era un desprecio clasista. Yo a veces soy así de burro. Me parecía que era una caricatura divertida de un tipo de joven. Y quizás no me di cuenta porque lo escuché de labios de otro profesor, de una persona que se suponía muy de izquierdas. Más adelante me di cuenta que la burla era completamente clasista y que estos sujetos nacieron donde nacieron y no son desde luego los principales responsables de su condición.
    La burla del ignorante es una constante, no sé si de las sociedades, pero sí de los españoles. Hace 20 años todo el mundo se burlaba del paleto de pueblo, el tipo rudo de la boina, que solo había tratado con ganado. Supongo que hay un regocijo en reírse del débil para decirse a uno mismo que uno es mucho mejor.
    En fin, muchas veces es duro pertenecer al género humano.

  3. El problema es que desde la LOGSE nuestro sistema educativo está organizado para que EL JONATHAN Y LA JESSICA sigan siendo el Jonathan y la Jessica.
    Antes de la LOGSE era diferente porque si se lo proponían EL JONATHAN Y LA JESSICA podían ser Jonathan y Jessica en las mismas condiciones que los demás alumnos.
    Actualmente todos los alumnos se llamen como se llamen serán conducidos a ser EL JONATHAN Y LA JESSICA. Y lo mejor de todo, los padres tan contentos y los pedagogos dedicándose a la caza de brujas.

  4. Probablemente me falten muchos argumentos. Pero hay uno que me parece clave. La existencia y fomento de un sistema de educación privada concertada en este país ha hecho que en muchos de los colegios públicos la concentración de “chonis” sea mayor y por tal razón sea más difícil trabajar con ellos para evitar que sigan siendo “chonis”. En eso les doy cierta razón a los profesionales. Y es que las familias con posibilidades económicas y con ciertas aspiraciones intentan separar a sus vástagos de los colegios públicos para que no se mezclen con inimgrantes, chonis y cafres. Tengamos una verdadera escuela pública de calidad, gratuita y equitativa y no mantegamos con el dinero público un sistema educativo segregador. He creado una petición sobre este tema, si os apetece podéis entrar, firmar y difundir. Gracias.
    http://www.change.org/es/peticiones/luc%C3%ADa-figar-libre-elecci%C3%B3n-de-centros-o-segregaci%C3%B3n-de-alumnos?utm_campaign=petition_created&utm_medium=email&utm_source=guides

  5. Manuel: Antes de la LOGSE Jonatán y Jessica (que entonces se llamaban de otra manera) simplemente no estudiaban. En algunas zonas de España quizá conseguían el graduado escolar, en otras como Andalucía ni eso. Muchas veces no aprendían ni a leer bien.
    Ciertamente un pequeño porcentaje de los Jonatan y Jessica de entonces, por las razones que fueran (una madre empeñada, mucha facilidad natural, la idiosicrasia de cada uno…) sí estudiaban de mayores, o se sacaban un bachillerato mientras trabajaban, o algo así. Y ahora siguen haciendo lo mismo.

    Con esto no quiero decir que la LOGSE lo haya hecho bien, ni siquera en este aspecto. Con dar órdenes en el BOE no se consigue cambiar casi nada, y la LOGSE solo obligó a estos chicos a estar matriculados dos años más y punto: no hizo nada más por ellos.
    Si hubiera hecho algo más, sus profesores no se reirían de ellos ni considerarían que están de sobra en su IES.

  6. Aloe, quizás entendí mal el artículo pero me da la impresión de que critica precisamente lo que tú has comentado, es decir, que los datos ‘en bruto’ no son tales porque aparecen filtrados, en este caso, por los ojos del profesor. Dice el autor refiriéndose a la colección de notas de disculpa: “Pero toda la perversión viene justamente del hecho de que ninguna fotografía es neutra, y estas se presentan sin leyenda.” Las notas que el profesor Patrice Romain encontró graciosas son precisamente aquellas que se refieren a unas situaciones con las que no se identifica. Al hilo del post, me parece particularmente interesante esta frase: “En su desorden aparente, las “notas de excusa” dejan entrever una sociedad de orden, un universo donde cualquier reto a las reglas se sanciona con la exclusión de los más débiles, los que son “inexcusables”. El sistema educativo parece tener un orden que los elementos marginales han venido a romper. Los más débiles son vistos como intrusos cuando, realmente, no solo son parte de ese sistema, sino que su presencia justifica en gran medida su existencia. Como ha dicho Loiayirga, siempre nos hemos burlado de los más ignorantes, primero de los paletos de pueblo con boina y ahora de los llamados chonis o canis. La diferencia es que quizás ahora existen mecanismos de mezcla, aunque en la práctica no están funcionando porque las clases medias están huyendo del sistema público, como ha señalado Isidora. Con quien no estoy tan de acuerdo es con Manuel. Creo que se idealiza el sistema pre-LOGSE. En España nunca ha habido una verdadera meritocracia que permitiera la movilidad social. Es cierto que la sociedad de ahora no es la misma que la de los años cincuenta. En un momento dado el país necesitó de fuerza de trabajo más cualificada y es innegable que, hasta hoy, los hijos normalmente tuvieron más oportunidades que sus padres. Se abrieron algunas esclusas entre clases sociales, pero la verdad es que no tengo tan claro que haya sido mérito del sistema educativo. Tenemos una imagen idílica de los institutos públicos pre-LOGSE, pero es que entonces el alumnado ya estaba filtrado. Es que las primeras generaciones de Jonathanes y Jessicas (de cuando se empezaron a poner de moda estos nombres) no fueron al instituto. A finales de los ochenta los verdaderos ‘campos de batalla’ eran los colegios públicos de primaria.

  7. Acabo de ver el comentario de Aloe. He repetido algunas cosas.

  8. No sé de dónde sale eso de que los profesores se ríen de los alumnos. Se critica el sistema de enseñanza a través de los nulos logros de los alumnos que, supermimados, no tienen necesidad de dejar de ser ni jonathanes ni jessicas. En el artículo mencionado por Cristina no veo ninguna burla sino una especie de desánimo porque la situación no permite dar nada a quienes lo necesitan.
    No tengo intención de entrar en debates sobre pública y privada pero tampoco puedo dejar de decir que la ventaja de la privada es que la pública se autoexcluido de la función docente para ofrecer servicios asistenciales. El alumno que quiere estudiar sabe que tiene más posibilidades en la privada y de ahí el éxito de ésta. La enseñanza pública lo hace tan mal que la enseñanza privada sólo tiene que sentarse y esperar.

  9. Manuel, los profesores tienen sus bajezas como todo hijo de vecino. Claro que no se puede decir que los profesores, así, en genérico, se ríen de sus alumnos. Comento aquí que algunos lo hacen y, lo que es peor, que consideran que ciertos alumnos con cierto perfil, son un incordio y un lastre para el sistema y eso es lo que critico aquí. ¿Que es muy complicado tratar con chicos irrespetuosos que no saben lo que el esfuerzo? Desde luego que sí. Muchísimo. Quien lo hace y da lo mejor de sí mismo para formar a estos muchachos tiene toda mi admiración. Ahora bien, precisamente porque es muy complicado trabajar con ellos, hay quien los quiere fuera del sistema. Si los alumnos tuvieran familias perfectas, con padres formados, responsables y con tiempo que dedicar a sus hijos, y si vivieran en entornos ideales con todo tipo de estímulos y oferta cultural, quizás sobraría un sistema como el actual y bastase con evaluar los conocimientos de cada cual con unos exámenes de cuando en cuando. Cuanto más imperfectas sean las familias y menos ideal el entorno, más falta hace un sistema educativo obligatorio y gratuito. Es decir, que una hipotética Jessica que vive en un polígono, con unos padres semianalfabetos y ni un solo libro en casa, va a necesitar mucho más el sistema que otra hipotética Mari Pili, hija de universitarios, que va los veranos a Inglaterra a aprender inglés. Y hablo de clase social, no de mimos, que ese es otro tema que no tiene nada que ver aquí. Por supuesto que no se debe excluir a nadie, pero la realidad es que nuestra hipotética Mari Pili tiene muchos más medios para, llegado el caso, sobreponerse a una mala educación formal, que nuestra también hipotética Jessica. Y puede que tengamos diferentes sensibilidades pero a mí sí parece irrespetuoso y clasista referirse a los malos alumnos como Jennifer y Jonathan, porque es obvio que estos nombres no se han elegido al azar sino que se relacionan con gente de nivel socio-cultural bajo.
    No estoy de acuerdo tampoco con lo que dices de la escuela pública y privada. A la privada se entra pagando por lo que la selección se hace por dinero, no por méritos, lo cual no significa que sus alumnos carezcan de ellos, ni que estas escuelas sean malas. El tema de las concertadas es más delicado porque se financian con dinero público pero sí seleccionan según clase social. Es muy normal hacer entrevistas a los padres. Entrevistas que, ten por seguro, no pasarían los hipotéticos padres de nuestros hipotéticos Jessica y Jonathan, ni aun en el caso de sus hijos fueran unos chicos brillantísimos. Porque no es eso lo que quieren saber, sino dónde viven, a qué se dedican, cómo hablan, qué ropa llevan… La clase media sí puede elegir, cosa que no pueden hacer los más desfavorecidos, y, por eso, aquellos sí pueden huir de la escuela pública si es lo que quieren.

  10. Estamos confundiendo derecho a la enseñanza con derecho a ser atendido por carecer de medios.
    Para un caso deberían estar los centros de enseñanza y para el otro los centros de acogida o comoquiera que los quieran denominar. Unos y otros son necesarios. Pero actualmente tenemos un sistema perverso en el que se confunden las dos necesidades. Se mezcla todo y al final no se atiende a nadie.
    En el sistema de enseñanza anterior a la LOGSE no había ni un solo caso de un alumno, procediera de donde procediera, que no recibiera las atenciones necesarias para conseguir una formación plena. Esta era la gran baza de la enseñanza pública: un alumno procedente de cualquier estrato social, si mostraba interés, podía alcanzar un nivel cultural más que aceptable.
    ¿Es que la sociedad necesita algo más que enseñanza? De acuerdo. Pero eso no justifica que a la parte de la sociedad que demanda este derecho se le deba de hurtar la posibilidad en los centros públicos.
    De acuerdo con tu comentario (cristina) sobre la enseñanza privada; accede a ella la gente que tiene medios económicos. Pero yo quiero, desde mi punto de vista, ampliar esto un poco. Antes también existías estas dos ofertas pero como la enseñanza pública era mejor que la privada las familias con medios económicos enviaban a sus hijos a estudiar a la pública junto alos de las familias con menos medios económicos (interesaba aprender)
    A partir de la LOGSE la enseñanza pública a desertado de su función de lo que se deriva que las familias que quieren que sus hijos aprendan envían a sus hijos a la privada. Ahora es cuando es necesario tener dinero para estudiar; antes no.

  11. Disculpas. Quise escribir “ha desertado” en el último párrafo. espero que no haya más errores

  12. Yo creo que usted es quien confunde el derecho a la asistencia con el derecho a la enseñanza. En la época del BUP, lo que precisamente no existía era el derecho a la enseñanza (simplificando un poco, desde luego) y por eso Jonatan y Jessica no estaban en el instituto molestando. En teoria ninguna ley se lo impedía, desde luego, como en teoría no me impide a mi comprarme un yate. Solo que comprarse un yate no es importante ni necesario y acceder -de verdad- a una buena educación sí lo es.
    También muestra que confunde ambas cosas cuando reclama que Jonatan y Jessica vayan a parar a alguna institución asistencial para gente de segunda clase, en lugar de tener acceso a la enseñanza en su instituto, como si lo uno fuera un sustituto eficaz de lo otro.
    Desde mi punto de vista, una contestación poco complaciente pero corta sería: la institución que reclama es precisamente su instituto. Eso dice la ley.
    Que los instituto no sean capaces de hacerlo bien es un problema de los institutos y de las ineptas y desidiosas autoridades, y, de rebote, es un problema de todos los ciudadanos que tenemos las consecuencias a la vista, pero, desde luego, la cuotaparte de culpa de Jonatán y Jessica es la más pequeña de todas.

  13. Aloe, no ha entendido usted mi razonamiento o le parece de perlas que se impida estudiar a nuestros jóvenes. Confunde las churras con las merinas.
    La gente que usted dice ser de segunda clase tiene derecho a la enseñanza y antes de la LOGSE, además, adquiría los conocimientos. Ahora ese derecho es sólo teórico.
    Es evidente que para usted el emperador está vestido y muy bien vestido. Va a la última moda. Nada que objetar, en ese caso.

  14. Cuidado, porque es un error confundir pobreza con chonismo. Chonis o bakalas son precisamente los mayores enemigos de los chicos y chicas de condición humilde que quieren estudiar y acceder a una vida mejor, ya que cuales perros del hortelano “ni comen ni dejan comer” (una auténtica desgracia es cuando el choni o bakala convertido en padre o madre malea a sus propios hijos y les impide beneficiarse de la educación pública). El sistema educativo tiene que defender a quienes quieren aprender y progresar de quienes -por las razones que sea- solo pretenden reventar las clases y fastidiar a los demás (perjudicándose de paso, aunque involuntariamente, a sí mismos). No todos los pobres son unos chonis. Y no todos los chonis son miserables económicamente (aunque sí culturalmente): no pocas veces, con sus chapuzas y trapicheos, ganan más dinero que un ciudadano normal de clase media, para luego gastárselo en sus cadenas de oro, tatuajes, tetas de silicona, gimnasios y motos. Por supuesto, en las raíces del fenómeno están la marginación y la desigualdad social, con el telón de fondo de la terrible miseria cultural y moral de nuestro tiempo (solo hay que asomarse un poco a la televisión o a Twitter). Pero por debajo de esas raíces hay un sustrato profundo que es la propia condición humana: siempre hay gente que prefiere tomar el camino más fácil en vez de esforzarse e incluso rebelarse contra sus condicionamientos, siempre hay gente con pocos escrúpulos o que se guía por el lema de “antes muerta que sencilla”. Lo mejor que podemos hacer por los ‘buenos’ Johnatan y Jennifer es darles una educación pública de calidad y mantenerlos apartados de los que, por chulería, egoísmo, ignorancia y estupidez, no quieren mejorar la sociedad sino solo situarse lo más arriba posible para pisotear al resto y así exhibir su ‘power’. Para acabar quiero decir que por supuesto que hay una parte de culpa y corresponsabilidad de los propios chonis (y habitualmente de sus progenitores). Los cafres que salen en Gandía Shore no son víctimas sociales sino personas que han medrado precisamente gracias a su condición de chonis. Aunque muchos de nosotros no nos cambiaríamos por ellos, es indudable que han ‘triunfado’: ganan dinero, hacen lo que les gusta, ligan entre ellos y encima salen en la tele. Y, por supuesto, se burlan de los chicos y chicas de condición humilde que quieren estudiar y acceder a una vida mejor y diferente (“pringaos y peleles”). A mí, sinceramente, solo me preocupan estos últimos.

  15. Manuel, yo creo que la pregunta es: ¿para que estudien unos es necesario excluir a otros? Yo creo que no. Tus comentarios dan a entender que antes de la LOGSE el sistema escolar se regía por una especie de meritocracia y cultura del esfuerzo de modo que solo estudiaban lo que realmente estaban interesados en aprender y tenían cualidades, mientras que los que no querían se quedaban fuera. Repito: se quedaban fuera aquellos a los que ni les interesaba estudiar, ni valían para aprender. Pienso que esto no es cierto. La mayoría no pasaba de la primaria simplemente porque en sus familias, en sus barrios, eso era lo normal. En un entorno deprimido donde no se valora la educación, lo raro es que un chico se anime a estudiar, incluso en el caso de tener acceso a una escuela más o menos gratuita. Yo no me llamo Jessica, pero crecí en un polígono y te puedo decir que al instituto fuimos muy poquitos. A la universidad muchos menos.

    Voy a contar otra anécdota de nuestros amigos los pedagogos. Cuando estudiaba Magisterio, la profesora de sociología nos dio a leer su tesis, que ella pensaría que sin duda era la mejor obra en este campo después de Comte. En fin. El caso es que esta profesora pasó un par de cursos ‘estudiando’ a un grupo de niños de una escuela pública de primaria de un barrio marginal. Hablo de los tiempos de la EGB. El trabajo era básicamente un diario de aquella estancia, e incluía entrevistas a los niños, a los maestros, etc. Si bien su valor académico era bastante limitado, tenía un epílogo que me pareció más jugoso. Resulta que esta profesora había buscado a los chicos de su estudio unos años después y se había encontrado con que ni uno sólo había ido al instituto de secundaria, ni siquiera los que sacaban buenas notas y estaban bien considerados por sus maestros. Alguna chica hizo un módulo de peluquería y poco más. Lo peor de todo es que la autora reconocía que muchos de estos niños, al terminar octavo de EGB, ni siquiera sabían qué tramites tenían que hacer para matricularse en el instituto y tampoco tenían claro de qué servía la universidad. Sus familias no los podían ayudar y tampoco los animaban. Había un instituto público cerca y la matrícula era casi gratuita pero para estos muchachos estaba tan lejos como la universidad de Harvard. Supongo que a ninguno le faltaba de comer y algunos tendrían hasta moto, pero la pobreza cultural era inmensa. Aquí quienes fallaron estrepitosamente fueron mi amiga la socióloga y los maestros, que no se molestaron si quiera en acompañar a sus exalumnos al instituto. Habrían perdido una mañana a lo sumo, ya ven. Y no hablo de la posguerra, sino de finales de los ochenta. ¿Quiere esto decir que hubieran estado mejor con la LOGSE? Pues lamentablemente no. Hubieran hecho la ESO pero es bastante probable que profesores y pedagogos se hubieran desentendido de ellos igual que lo hicieron antes. Lo que ocurre es que es un lugar común decir que todo el que quiere puede estudiar y que antes había interés y ahora no.

    Pero que piense así no quiere decir que esté de acuerdo con el falso igualitarismo que los pedagogos pregonan. En este mismo blog he escrito mostrándome a favor de distintos itinerarios según las capacidades de cada cual, o, al menos, de que hubiera la flexibilidad suficiente para atender a los más y a los menos dotados como se merecen. Y de que se valore realmente el talento, no la docilidad y la capacidad de pasar por los distintos aros. Algo que en este país nunca se ha tenido en cuenta, ni ahora, ni antes.

  16. Nicolás, de acuerdo con que no todos los chicos de condición humilde son chonis o bakalas. Este es precisamente el quid de la cuestión, que con ciertas actitudes y comentarios se quiere asimilar la pobreza – monetaria o cultural – al ‘chonismo’, o sea, a las conductas y la forma de entender el mundo que has descrito. Con esto de las Jessicas y los Jonathanes yo veo un intento de desprestigiar a las clases bajas. De hecho, ya hablar de clases sociales se considera obsoleto. En este sentido, es muy interesante el artículo que enlazó Aloe más arriba del que copio estas frases:

    Hay un intento sistemático por parte del actual Gobierno y de sus medios aliados de pintar a los desempleados y subvencionados como gorrones que viven a expensas del gasto público. La realidad del parado desempleado ha desaparecido del primer plano.

    Del mismo modo, se quiere presentar a los chicos de condición humilde como más vagos, más tontos, más cafres y más chulos. Nos imaginamos a un chica de pueblo de la posguerra con sabañones, el vestido remendado y el hermanillo en brazos con los mocos colgando y pensamos ‘qué pena que no haya podido estudiar’. Sin embargo, nos imaginamos a Jessica sentada en la plaza de la barriada, con sus enormes aros en las orejas y sus vaqueros del chino y la llamamos choni y movemos la cabeza con desaprobación.

  17. Nicolás Fabelo: Si una cosa no tiene que ver con la otra, a los mangantes, gamberros, vagos y revoltosos de otras clases sociales, por ejemplo de los así llamados pijos, también se les llamarán chonis y canis y serán objeto de las mismas burlas despectivas y colectivas, y de los mismos estereotipos… ¿no?
    … Pues resulta que no.
    Así que sí, es un estereotipo clasista. No se entra en el grupo (solo) por portarse mal (o ni siquiera porque se porte mal), sino sobre todo por ser de clase baja, tener una determinada apariencia, estética y modales y pertenecer a una familia ajena a la educaciòn formal.

  18. Una vez mas interesantisimo articulo, pero no acaba de convencerme tu razonamiento aunque indudablemente tu intencion es buena. 

    Hay un matiz que afecta al fondo de tu razonamiento y que se resume en la siguiente pregunta: ¿Se puede liberar de cualquier culpa y responsabilidad a los jonathanes? Pensar de esa manera es como pensar que los presos de una carcel son “victimas de la sociedad” que no tienen ni ninguna responsabilidad de sus actos ni ninguna posibilidad de eleccion para comportarse de manera distinta a la que lo hacen. Al delincuente tambien se le aparta de la sociedad para darle una oportunidad de rehabilitacion. La pregunta, tanto en un caso como en otro es que hacer con los que no solo no tienen intencion ninguna de rehabilitarse ( y habra que pensar que eso es una decision suya… ¿o la sociedad tambien les obliga?) sino que ademas dificultan el aprendizaje y mejora de los otros. Digo “dificultar” por decir algo flojo. ¿Se les permite permanecer en el sistema dandoles infinitas oportunidades de enmienda?

    Decir que el sistema educativo tiene su razon de ser en los jonathanes mas que en los buenos alumnos es como decir que los servicios sociales tienen que volcarse mas en las personas conflictivas que se dedican a fastidiar que en las buenas personas que se comportan adecuadamente sin hacer mal a nadie que por circunstancias de la vida lo pasan mal y no tienen recursos para sobrevivir. 

    No tengo ningun inconveniente en admitir el dar oportunidades de rehabilitacion a todo aquel que de verdad tenga proposito de enmienda, pero de la misma manera que se aparta de la sociedad a los delincuentes que no la tienen ( o al menos se deberia en mi opinion) lo mismo no es tan retrogrado apartar de la educacion a sujetos que no tienen tampoco el mas minimo interes en ella, y no solo eso, sino que encima en ocasiones hacen la vida imposible a alumnos y profesores. La compasion para quien la merezca a menos que pensemos que vivimos en Disneylandia. Tambie habria que pensar si a veces la compasion entra en conflicto con la mera justicia. 

    Es claro tambien que a veces la causa del comportamiento de algunos sujetos del tipo que se alude hay que buscarla en las malas circunstancias economicas y sociales de las que provienen. Pero me parece excesivo poner el peso de la solucion de este problema en el sistema educativo. Ir por ese camino es, como se dice mas arriba, convertir la educacion en servicios sociales o incluso en un subsistema del sistema penitenciario, papel que en mi opinion no le corresponde. El final de transitar por esa senda mucho me temo que puede llevar a algo parecido a lo descrito en la pelicula “mentes peligrosas”. Convertir a los profesores en superpolicias que al final tienen que gastar mas energias en maniobras de karate que en enseñar. Y esas oposiciones si que iban a ser duras de verdad…

    Por otro lado no estoy de acuerdo ni con Aloe ni con los demas en que es una discriminacion clasista. Si yo en la calle veo a alguien con maneras de choni, para mi es un choni, sobre todo porque no tengo manera de saber la cuantia de su cuenta corriente. Aparte de que ciertas actitudes de quienes podriamos denominar pijos me pueden parecer tambien tan deplorables como las de los jonathanes. Y son iguales de censurables. Otra cosa es que la mayoria no considere lo mismo. 

  19. Ha sido repetidamente señalado durante más de un siglo el parentesco entre la cárcel y la escuela. Supongo que Foucault habrá escrito algún memorable estudio sobre ello. El panóptico, el control omnipresente, el disciplinamiento como objetivo general del Estado y todo lo demás…
    Lo que nunca había visto es a un profesor defender la escuela mediante su comparación con la cárcel, y comparar tan desahogadamente a los alumnos (ciertamente, obligados por el Estado) con los delincuentes reclusos.
    Habrá que suponer que los alumnos que no son Jonatan son los presos de confianza que se portan bien, y los profesores son los funcionarios de Prisiones.
    Realmente curioso. Supongo que a los dieciseis años te dan la condicional y a los dieciocho te conviertes en persona libre que ha pagado sus deudas con la sociedad. O algo asi.
    Jonatan sigue debiendo toda su vida, desde luego, porque es un recalcitrante imposible de rehabilitar.

  20. “Decir que el sistema educativo tiene su razon de ser en los jonathanes mas que en los buenos alumnos...”

    Antonio, es que lo que yo digo precisamente es que los llamados Jonathanes pueden ser buenos alumnos. ¿Por qué no iban a serlo? ¿Es que no tienen las mismas capacidades que los otros? En realidad lo que define a Jonathan es su clase social porque si no, nos referiríamos a él de otra manera. Aunque yo misma no he parado de usarlo, el estereotipo ‘Jonathan’ es clasista porque describe negativamente a los alumnos de clase baja. Ahora hablar de clases sociales suena a marxismo desfasado, pero que ya no digamos ciertas cosas, lógicamente no ha evitado que siga habiendo gente de bajo nivel económico y cultural (y cada vez más, qué voy a contar que no sepamos). Lo perverso es que hemos cambiado el relativamente aséptico término ‘clase baja’ por las etiquetas ‘choni’ o ‘cani’, con toda la carga de desprecio y burla que conllevan. En cierto modo hemos demonizado a los pobres al mismo tiempo que han (¿hemos?) perdido la conciencia de clase. El artículo que enlazó Aloe en su primer comentario explica lo que quiero decir mucho mejor. No se trata de idealizar a los alumnos de clase baja, ni de negar la responsabilidad que cada cual tiene, sino de darnos cuenta de que cuántas más carencias tengan debido al entorno donde les ha tocado vivir, más empeño debe poner el sistema. En realidad no digo nada que no hayan dicho antes. Citando el comentario de Manuel de más arriba, se trata de que no haya ni un solo caso de un alumno, proceda de donde proceda, que no reciba las atenciones necesarias para conseguir una formación plena. La diferencia es que yo creo que esto no es posible si el sistema, de entrada, trata a estos alumnos como ‘intrusos’ o como hordas que van a perturbar la tranquilidad del profesor. Porque el sistema educativo está al servicio de la sociedad y el objetivo final es mucho más importante que nuestra tranquilidad. Porque si no, sí es verdad que Jessica será siempre Jessica y Jonathan siempre Jonathan. Sólo la escuela puede romper el círculo de la marginalidad. Y para eso está, entre otras cosas.

    Y sé que no es fácil. No hay más que ver lo que sufrió Michelle Pfeiffer en la inolvidable película Mentes peligrosas🙂

  21. Si nos vamos al terreno de las películas para entender la situación actual la mejor película es “Confessions”. Una película japonesa que describe el caos de las aulas mejor que ninguna otra. Mentes peligrosas es una especie de historia de superación que está muy bien para la enseñanza en otros tiempo paro la actualidad es otra. Les recomiendo “Confessions”. Ya me dirán.

  22. Pingback: Anónimo

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