La casa por el tejado

Es notable el interés que la autodenominada intelectualidad demuestra hacia las expresiones más chabacanas de la cultura popular. Nuestros más afamados eruditos no eluden su responsabilidad social y afilan sus dardos contra los únicos y auténticos culpables de la degradación moral e intelectual que nos aflige, a saber: Belén Esteban y Falete. Tele 5 es un arma cargada de ignominia. El pueblo está embrutecido, ¿quién lo desembrutecerá?

Además de que la extraña fascinación de los intelectuales patrios por personajes a los que supuestamente desprecian merecería ser tratada por un psicoanalista, la triste realidad es que por lo común la gente ya viene embrutecida de casa. Belén Esteban triunfa porque su discurso conecta con el de buena parte de la población. Falete representa la versión catódica y posmoderna del fenómeno de feria: el público se deleita con la ambigua identidad sexual exhibida por el cantante, no con sus méritos musicales. Y así sucesivamente. No se puede culpar a los medios de los gravísimos problemas estructurales que hay en este país. En un lugar serio Punset no podría ser divulgador científico, pero desde luego Don Eduard no tiene la culpa de nuestra tradicional y pertinaz incultura científica. Belén Estaban, Falete y el Gran Hermano surgen como consecuencia de una enfermedad social, no son su causa.

Eso sí, no todo puede ser seriedad y alta cultura, y tampoco sería justo afirmar que aquí tenemos el monopolio de la zafiedad y de la chabacanería. Lo que a mi juicio nos distingue de otros países del orbe civilizado, es que aquí no parece haber una clara correlación entre el nivel de estudios y los intereses de la población. Mi madre solo tiene estudios primarios (y algunos otros de índole práctica propios de las señoritas de la época) y su interés por Belén Esteban es consistente con cero. Sin embargo, en mi centro de trabajo, donde el número de doctores es significativo, no es raro que las conversaciones de cafetería versen sobre sobre temas de similar – o inferior – calado intelectual. A algún alma cándida le he oído decir que esta es la muestra inequívoca de que la española es una sociedad muy igualitaria (a propósito, ya tenemos que ir cambiando la cantinela porque España es ahora el país con mayor desigualdad social de la eurozona). Lo que muestra, me temo, es que la educación superior sigue sin hacer mella en mucha gente; que el sistema educativo no ha cumplido con uno de sus objetivos, (y está por ver si ha cumplido con otros). No se trata de campechanía sino de pobreza cultural.

En conclusión, decir que es necesario que los Faletes del mundo desaparezcan de la parrilla televisiva para educar a las masas populares, es como querer construir una casa empezando por el tejado. Lo que hace falta es un sistema educativo serio y una universidad que no sea una parodia de sí misma. No podemos aspirar a cierta oferta cultural, si no hay una masa crítica capaz de disfrutar de ella. Como decían los geniales Les Luthiers: “Cultura para todos: literatura, artes plásticas, conciertos, danza, dactilografía… para el enriquecimiento cultural de toda la familia. Vea Cultura para todos, en su horario habitual de las tres de la mañana.

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17 Respuestas a “La casa por el tejado

  1. Pues me animo por primera vez a dejar un comentario en tu magnífico blog por el que me paso habitualmente tras descubrirlo a través de el de Pseudópodo.

    Estoy de acuerdo contigo parcialmente, en el sentido de que es cierto que estos personajes mediáticos tienen éxito porque como dices, parte de la sociedad ya viene embrutecida de casa, pero creo que todo es un proceso de retroalimentación en el que es difícil decir si primero fue el huevo o la gallina. Es lo que seguramente Pseudópodo describiría como un sistema; en una sociedad tan compleja como la nuestra, los medios de comunicación son a la vez problema y solución, y no se puede identificar fácilmente la raiz del problema, porque un sistema no tiene “raíces”, es un todo que se parece más a un sistema caótico (en el sentido de “dependencia sensible de las condiciones iniciales”, etc, tema que conocerás bien como física que eres) que a algo lineal que tenga “principio” o “fin” o que siga una evolución donde se suceden las causas y los efectos.

    En definitiva, y en el caso de los medios de comunicación, bien es cierto que el nivel de los espectadores no es muy alto, pero la programación de hoy en día tampoco es que contribuya mucho a mejorar el nivel. Ni forma, ni contribuye a crear intereses culturales en la población, ni (lo que me parece más grave) presenta modelos de valores adecuados, si no más bien todo lo contrario. Y esto se podría hacer perfectamente, aunque eso sí, si no se pensara exclusivamente en el interés económico. Aunque claro, ese es el problema de fondo que vivimos en esta época de crisis.

  2. Buen análisis de la situación.
    Además también considero, aunque sea algo tangencial al artículo, que aceptar al Señor Punset como divulgador científico es una especie de parodia. Me parece una persona muy educada, correcta y amable. En suma, un personaje entrañable.
    Pero de ahí a hablar de los electrones desde el punto de vista de su psicología (del electrón, no de Punset)… hay varios abismos.

  3. Gracias, Antonio. La verdad es que esta entrada se inspiró en un debate que tuvo lugar en el propio blog de Pseudópodo. Quizás debí enlazarlo pero ya estaba un poco desfasado (el debate) y además me daba cosa dejar (de nuevo) un comentario de esos de pingback. Bueno, pero ya que lo has nombrado, invito a todos a que se pasen por allí porque vale realmente la pena.

    Dicho esto, creo que tienes razón en que todo es un sistema, todo está relacionado y no es tan sencillo aislar una causa de su efecto. Con todo, creo que está más clara la implicación en un sentido que en otro. Yo no tengo televisión pero sé perfectamente quienes son Belén Esteban y Falate, porque son temas que están ‘en el aire’. De hecho vi un vídeo de este último porque escuché que no sé qué programa había sido record de audiencia y quería ver de qué iba la cosa (iba de una persona con sobrepeso tirándose a una piscina desde un trampolín). Pero lo mismo que vi la bobería esa, podría haber visto la filmografía entera de Bergman en sueco, porque el hecho es que ahora hay muchísima más oferta cultural de la que ha habido nunca. Este es el dato que quería destacar, que lo que falla no es tanto la oferta, sino la demanda. Por eso, solo incidiendo en el sistema educativo, es posible cambiar la situación. Aunque puede que haya quien no lo vea necesario, eso también es verdad. Como cierto es que además habría que hacer un esfuerzo extra para salir de nuestra propia burbuja de intereses.

    Manuel, no podría ser más precisa la descripción que has hecho de Punset. Debo decir que me remordía un poco la conciencia haberlo relacionado con Belén Esteban y compañía, porque al menos el hombre lleva invitados muy interesantes a sus programas. En cualquier caso, que sea considerado como el único divulgador de la ciencia que hay en España, es muy significativo.

  4. Lo más interesante de Punset son sus invitados, que muchas veces le dejan en evidencia. Que Punset anuncie pan de molde como alimento natural lo dice todo del personaje. Estoy de acuerdo con el consenso que habéis alcanzado al hablar de algo sistémico.

  5. Tiene gracia lo del pan de molde sí. No me acordaba de eso 🙂

  6. Os dejo un enlace en el que también se escribe sobre el divulgador y extraigo un párrafo:
    “Punset cree que sentarse al lado de un científico y hablar con él te convierte a ti también en científico, como ocurre en la política. Que la ciencia se contagia, como las influencias. Es entre ridículo y vomitivo escuchar cómo Punset habla en plural, con cierto aire elitista, en algunas de sus entrevistas con científicos de prestigio, atreviéndose a decir “¿qué le decimos a la gente?”. Es curioso también, cómo se sitúa él como protagonista y utiliza al científico para confirmar lo que quiere decir, llegando a hablar más rato él que el entrevistado. Pero, ¿a quién le extraña? Punset es un político.”
    Enlace: http://betawriting.blogspot.com.es/2011/01/eduard-punset-divulgador-o-divagador.html

  7. La razón principal de que haya tanta telebasura es que la telebasura es la interseccion de tres conjuntos:
    Lo que es barato de producir.
    Lo que da bastante audiencia para atraer anunciantes que paguen la producción.
    Y lo que es el mínimo común denominador de las debilidades de la gente.

    Con esto quiero decir que aunque muchas personas puedan tener otros gustos menos morbosos y fáciles, estos no son tan coincidentes.
    Que aunque producciones de mucha calidad también pueden tener mucha audiencia, estas son caras y difíciles de hacer.
    Y que no puedes hacer programas para la diversidad de gustos minoritarios más dignos que tiene cada uno, y que también sean baratos y fáciles de hacer, porque la audiencia de cada uno sería pequeña.

    La atracción del entretenimiento es universal, el deporte de masas es mayoritario, el cotilleo es una característica humana adaptativa y congénita. Antiguamente el circo era un acontecimiento en la ciudad, y si no lo había, un señor con una cabra, una trompeta y una escalera hacía sus veces. Y las ejecuciones públicas daban emoción y morbo, así como la picota y la maledicencia.

    No somos solo eso, pero también somos eso. Y eso es barato de fabricar y emitir y hay que llenar muchas horas y conseguir un share que pague las cuentas.

    Lo que no sé es por que’hay que darle tanta importancia, la verdad. Ni proteger a la gente de sí misma, o educarla a su pesar y aunque no lo haya pedido. Porque además ¿de que población hablamos?
    La mayoría de los jóvenes que conozco ven la tele casi solo en internet (series y casi todas extranjeras), cotillean con Facebook, Tuenti o Whatsapp, se emocionan con los videojuegos, y como mucho, de la tele les interesa alguna película y quizá algún telediario o partido de fútbol.
    Las modas cambian, y la tele está casi en un callejón sin salida, porque se orienta cada vez más a la gente mayor con menos cultura y menos acceso a otras cosas porque los jóvenes no la ven. Lo cual expulsa a los jóvenes todavía más y abarata todavía más los presupuestos disponibles y la calidad de los programas. Es una espiral. Hacia abajo.

    Pero a mi lo que me sugiere el tema es, resumiendo: ¿A quien le importa?
    ¿Vamos a discurrir como obligamos a la gente a ser culta, fina y seria aunque no quiera?
    ¿A perdonarles la vida a los que no tienen otra forma de entretenimiento?
    ¿O a darles dinero público a las cadenas para que puedan hacer cosas mejores? (ni de coña).
    ¿Alguien obliga a todos esas personas tan cultas y encantadas de haberse conocido a beber los vientos con la telebasura y luego contárnoslo a los demás pero arrugando la nariz, como si la vieran porque están haciendo un doctorado y a su pesar? ¿Alguien obliga a ver la tele? ¿Y a ver telebasura?
    ¿Y quien define lo que es? ¿Punset es telebasura? ¿Prada es telebasura? ¿Aida es telebasura? (en mi opinión las tres cosas lo son, pero no suelen incluirse en la lista).
    La iglesia se pasó siglos deplorando e intentando prohibir el teatro, que excitaba las bajas pasiones. Y luego las variedades, la revista y el cuplé, por lo mismo. Y seguimos igual… intentando ver cómo no excitar las bajas pasiones. Pues como su propio nombre indica, son bajas y son pasiones, y por eso son negocio fácil. Pura tautología.

    Si, la sordidez, y la frivolidad de mal gusto son cosas un poco lamentables. Pero resulta que somos frívolos, sórdidos y con mal gusto. Entre otras cosas mejores, desde luego. No los españoles, sino los seres humanos. No ahora, sino siempre.

    (Perdón por la brasa. No quería alargarme tanto)

  8. Efectivamente, la sordidez y el gusto por el chismorreo forman parte de la naturaleza humana. Incluso algunos estudios señalan que el gossip es una adaptación positiva (imagino que mientras no se convierta en mobbing). A mi también me llaman la atención algunos periodistas e intelectuales que pontifican, pero luego no dudan en participar de los beneficios que escribir sobre el tema les depara. Es ya legendario el artículo del sesudo columnista de El País que señalaba que la admiración de parte de la sociedad por Belén Esteban nos situaba en la ante sala del fascismo. O la periodista que despotricaba contra la telebasura y se ha reciclado como la papisa del tema, haciendo de cada nueva edición de Gran Hermano lo que ella llama sin rubor un “experimento sociológico sin parangón”.

    No soy desde luego partidario de soluciones soviéticas para que la gente solo aprecie el ballet Bolshoi. En Rusia ahora son populares las mujeres del tiempo en top less.

    Conozco y he vivido en diferentes países. Todos tienen su cuota de cultura basura (que a su vez es definida con criterios locales). Pero no he sido testigo de entronizaciones de princesas del pueblo como en España. Aquí, en Japón, los límites son bastante claros. Es cierto que esos personajes cumplen su función como entretenimiento, pero nada más. Creo que parte de las “recetas” que propone Cristina son sensatas y bastante alejadas de la creación de un nuevo gulag cultural.

  9. Yo no creo que la entronización sea tal ni sea para tanto. Quiero decir:
    Los programas de famoseo-cotilleo se basan casi totalmente en famosos de tercera y en famosillos fabricados por las propias cadenas que los contratan.
    La gente importante de verdad, e incluso los famosos de segunda fila son caros, se protegen mucho, ponen condiciones y en cuanto les pongan en la picota un par de veces, se acabó la puerta abierta a los medios.
    Así que las cadenas trabajan con materia prima criada en la propia cantera y con aspirantes a estrella desesperados, en una bucle autorreferencial en el que una persona es famosa porque sale por la tele y sale por la tele porque es famosa, sin más méritos ni más modos de vida, por lo que es el famosillo ideal: obediente y no demasiado caro.
    Si mañana los “entronizados” de hoy (en realidad, empleados de la cadena como los maquilladores o los locutores) son reemplazados por otros (por las razones de marketing que sea) en dos días estarán en el olvido, y todos los señores serios que no paran de hablar de ellos preocupados, como si fueran realmente importantes, se quedarán sin saber qué ha pasado (hasta que un año después descubran que Mari-Chuchi y Peponcillo son los nuevos muñecos de pim-pam-pum con los que sentirse superiores).

    En todos los vecindarios hay (o había, ahora quizá menos) unas cuantas personas que dan que hablar a los desocupados y a los cotillas, no sé si en una particular modalidad del chivo expiatorio o del lobo omega de la manada: eso da vidilla y una sensación de tener algo que compartir, y da control social de la “opinión pública local” sobre lo que pasa. Los programas de cotilleo o de famoseo son un sucedáneo de eso, que venden la misma sensación aunque sea de ficcion.
    Porque el cotilleo socialmente funcional y el verdadero “control social” de la opinión pública sería que nos contaran los cotilleos de los Consejos de Administración del IBEX, y de las comidas en reservados de restaurantes de políticos, lobbistas y fontaneros de los partidos. Pero esos no nos los cuentan, desgraciadamente. Si algún día lo hacen, yo pienso seguir esos programas con mucho interés, pero mientras vendan mentirijillas inocuas de fabricación propia, la verdad es que me aburren a muerte.

  10. Pues nada, como bien nos recordaba un anuncio estas Navidades, mencionado agudamente por Cristina, somos un país guay. Let it be.

    Por cierto, cotilleos sobre los chanchullos de los consejeros y consejeras del Ibex están bastante extendidos por personajes cañis que intentan imitar a su ídolo yankee Michael Moore, emulando su populismo y razonamientos simplistas. Oyasumi nasai.

  11. Y yo sin saberlo… 🙂
    ¿Pero son de fiar y dicen cosas jugosas o ná de ná?

    En realidad yo creia que estaba mayormente dándole la razón, Plutarco, pero también se podría añadir que, aunque no somos un país guay, no creo que seamos peor que los otros.
    A lo peor es que el género humano no es guay. O solo a ratos.

  12. Aloe, se que me estabas dando la razón. Mi apostilla sólo matizaba. El género humano indudablemente no es perfecto. Reconocer que el género humano y la sociedad de nuestro país necesitan algunas mejoras drásticas no nos hace peores, sino más cercanos a democracias que han aprendido de sus errores. En Japón, en cualquier caso tienen una imagen muy positiva de nosotros, así como en muchos otros países. Se que no somos el culo del mundo. Felicito a la moderadora de este blog por haber sabido crear un clima de consenso.

  13. Felicidades otra vez por tu artículo, Cristina.

    Coincido también con el análisis que hace Antonio de la situación. Se ofrece lo que se cree que va a aceptarse más fácilmente pero sin que nadie se atreva a plantearse qué ocurriría si se ofreciera algo distinto. En efecto, es el dilema entre huevo o gallina. El problema es que, en esta época de “econocimismo” y búsqueda de la rentabilidad inmediata, los medios prefieren apostar sobre seguro.

    El ejemplo de Punset es paradigmático de lo que está ocurriendo. Se confunde divulgación con vulgarización. Se piensa que hacer más accesible el conocimiento supone simplificarlo, facilitarlo (en un sentido literal) y, en defintiva, vulgarizarlo. Como en todo, divulgación seria debería hacer quien estuviera muy pero que muy formado en una materia. Así, ocurre en la educación que muchos opinan que para enseñar música a muchachos de catorce años basta tener el nivel de un 3º de la ESO. Pues ni esto es así ni para hacer divulgación científica basta ser redactor del Muy interesante. Pero me temo que esta es una batalla realmente difícil de ganar (incluso de librar).

    Es verdad que una solución “a la soviética” no sería deseable, pero creo que sí sería exigible que hubiera una cierta proporción entre la telebasura y la tele, a secas.

    Por cierto, visitaré Pesudópodo porque el nombre es ciertamente sugerente.

    Un saludo a todos

  14. Una rectificación: estos tiempos son tan “economicistas” y de búsqueda de la rentabilidad inmediata como los anteriores.

  15. Muchas gracias a todos por los comentarios. Manuel, los artículos que has enlazado dan datos sobre Punset que hubiera preferido no saber. Vivía infinitamente más feliz cuando no conocía la existencia del Instituto Coca-Cola de la felicidad. Tristérrimo. El caso Punset es peor aún de lo que comenta Profesor Atticus, porque no es solo que se vulgarice el conocimiento, sino que se estafa al espectador. El que busca entretenimiento puede encontrar entretenimiento, aunque sea zafio, en la programación basura. Sin embargo, el espectador típico de Redes busca conocimiento científico serio y lo que se le ofrece es un batiburrillo new-age. Es un fraude del que el espectador no es culpable.

    En cuanto a la causa/explicación de la telebasura, coincido con lo que han dicho Aloe y Plutarco. Lo que me sorprende del tema – que es lo que quería contar en el post – es que el público de la telebasura es más amplio que el formado por su target potencial. O sea, no hablamos solo de gente poco formada o de un entorno sociocultural pobre. Las formas de ver televisión van cambiando y es verdad que muchos, sobre todo jóvenes, están abandonando la televisión por internet. Sin embargo, los productos basura siguen teniendo éxito entre el público en general. Ahora los programas se comentan en twitter (así fue como llegó a mí la chorrada esa de Falete). Se habla de ellos con sorna y con aire de superioridad, sí, pero se ven y claramente entretienen, a juzgar por los comentarios. Está claro que nadie es mejor ni peor por ver un determinado programa, pero al menos a mí me sigue sorprendiendo que la cultura o la formación no hayan servido para ‘refinar’ los gustos del telespectador. Para mí es una prueba de que el sistema educativo ha fracasado.

    Imagino, por último, que las críticas a la telebasura por parte de columnistas de dominical e intelectuales institucionales (y blogueras de medio pelo, debo añadir, ya que yo misma he dedicado un post al asunto :-)) se deben a que es muy fácil hacerlas. Pero vamos, no se puede culpar a los medios de unos problemas que creo que son estructurales.

  16. Completo lo que escribí antes: que la cultura o la formación no hayan servido para ‘refinar’ los gustos del telespectador… o que los que han tenido acceso a cultura y formación, no hayan sido los más ‘intrínsecamente refinados’.

  17. …el público de la telebasura es más amplio que el formado por su target potencial

    que los que han tenido acceso a cultura y formación, no hayan sido los más ‘intrínsecamente refinados’.

    Yo por eso me refería a los gustos “minimo común denominador”: muchos (quizá casi todos) tendrán además gustos que huelan bien, pero esos serán probablemente mucho más variados y dispersos, y -ahi sí- dependiendo más de su nivel de educación y tal. Al final el gusto por estas cosas debe ser menos dependiente de los estudios de lo que parece y más de otras cosas…. 🙂
    (Con el Hola pasó lo mismo toda la vida)

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