Saber más por viejo que por maestro

Ha salido en el períodico (aquí, aquí y aquí) que el 86% de los aspirantes a maestro en las últimas oposiciones celebradas en la Comunidad de Madrid no superó una prueba de conocimientos diseñada para un nivel de primaria. Nos cuentan que solo el 7% de los examinados supo decir cuántos gramos hay en dos kilogramos y 30 gramos, y que solo el 2% enumeró correctamente las provincias que atraviesan los ríos Duero, Ebro y Guadalquivir. Debo confesar que no tengo claro si yo misma hubiera sido capaz de nombrar todas y cada una de las provincias en cuestión, si bien yo vi un río por primera vez cumplidos los veinte y no puedo evitar seguir encontrando cierto grado de exotismo en esos accidentes geográficos. En cualquier caso, la prueba hace evidente que el nivel de los graduados en Magisterio es lamentable, aunque para darse cuenta de eso a los señores evaluadores les habría bastado con un simple comentario de texto con el que comprobar si los aspirantes a profesor de primaria eran capaces de hilar dos ideas. No saber que el Duero pasa por Burgos denota cierta ignorancia, no digo que no, pero no creo que sea para tirarse de los pelos. Yo en Magisterio he llegado a ver cosas infinitamente peores, amaneceres más allá de Orión, podríamos decir, y no solo por parte de los alumnos. El hecho de que  existan unas escuelas de educación en las que los encargados de enseñar a otros cómo enseñar, no solo no sean capaces de hacerlo, sino tampoco de evaluar, seleccionar o diagnosticar problemas, es cuanto menos inquietante. Sin embargo no suele haber autocrítica por ese lado. Pero los hechos no son nuevos y no me sorprenden en absoluto. Queda claro una vez más que urge mejorar la formación de los maestros, piezas clave del sistema educativo.  Me uno al coro de ciudadanos escandalizados aunque al mismo tiempo me pregunto  si realmente a la gente le preocupa la preparación de los maestros y de los profesores en general. Me temo que no demasiado.

En primer lugar, existe una especie de acuerdo tácito entre estudiantes  y profesores de Magisterio por el que los primeros no cuestionan nada y los segundos no exigen. Don’t ask, don’t tell. Los títulos académicos siguen vendiéndose bastante baratos en cuanto a exigencia se refiere. Por otro lado, la preparación de los maestros o sus conocimientos no suelen ser tenidos en cuenta por casi nadie. Yo jamás he oído a un padre decir que ha escogido tal escuela para sus hijos porque allí van a tener buenos maestros. Los que quieren —o pueden— elegir suelen hacerlo, bien por cuestiones sociales, ideológicas o religiosas, bien por considerar que un determinado centro ofrece algo diferente, como idiomas o una jornada escolar determinada, nunca pensando que el nivel de sus maestros pueda ser mejor que en otras escuelas. Se puede elegir médico en la Seguridad Social pero no profesor de primaria. Los maestros son intercambiables. También es cierto que el rechazo que ellos mismos han mostrado a todo intento de evaluación profesional objetiva no ha ayudado a mejorar esta idea. Tampoco parece que la preparación sea un criterio determinante en la selección del profesorado. Al sistema público se accede por oposición, lo que en principio no está mal. Ahora bien, no es raro que al final acabe pesando más la experiencia docente que la propia prueba objetiva. No hay que olvidar que los  sindicatos defienden a los trabajadores, no a los parados, y presionan por ahí. Hay intentos de cambiar esta situación y de hecho la prueba que comentamos ahora apunta en ese sentido.  Y no me parece mal aunque el asunto de los ríos lo veo más bien irrelevante. En cuanto a la experiencia, para determinar en qué casos es realmente valiosa haría falta un sistema de evaluación sistemática del profesorado pero como algo así no existe, se trata de una simple medida de tiempo, y ni el tiempo ni la perseverancia aseguran que alguien esté preparado.  Respecto a los centros privados y concertados, hay que estar fuera de este mundo para creer que los conocimientos pesan más que otras cuestiones como los contactos personales o la ideología. Hace poco un compañero me comentaba sin rubor que, pese a que la cosa está fatal, veía factible encontrar trabajo porque lleva muchos años dando catequesis en su parroquia y puede conseguir una recomendación del mismísimo obispo. Así siguen las cosas al sur de los Pirineos, y lo que te rondaré, morena.

Moraleja: el maestro es malo si usted lo deja. O sea, la formación de los maestros seguirá siendo mala mientras a nadie le moleste especialmente que así sea. De vez en cuando se publicarán artículos como el de hoy, algunos se rasgarán las vestiduras, otros escribiremos en  un blog, y poco más.

No viene al caso, pero dejo una canción que siempre me pone de buen humor. ¡Con ustedes la gran Etta James interpretando el éxito de Sonny & Cher “I Got You Babe”!

Entradas relacionadas:

63 Respuestas a “Saber más por viejo que por maestro

  1. Muy de acuerdo con tu entrada. Inlcuyendo lo de que no saberse las provincias por las que pasa el Duero no me parece grave, pero no manejar el sistema métrico decimal me parece de juzgado de guardia.

    Lo de que los padres no se preguntan cual es la calidad de los maestros para elegir colegio, me parece que tú misma te contestas: no hay información para eso, no hay datos. Todos lso maestros han aprobado magisterio, punto. No sabemos más, y sabemos (o lo aprendemos rápido) lo poco que eso significa para indicar lo que sabe o lo que vale el maestro.

    Sin embargo, eso no quiere decir que a los padres no les importe. Cuando ya estás en un colegio, empieza a emitir radio macuto sobre quien es bueno y quien no, y se adquiere algo de experiencia propia. Yo he visto (en colegio público, aclaro) intrigas y súplicas para conseguir que cuando el nene va a cambiar de tutor(a) le toque el grupo donde está Carmen, y de ninguna manera el grupo donde está Pili. O le toque de inglés Chema y jamás de la vida Eufemio.

    Si hubiera evaluaciones objetivas… si, y si este fuera un país serio…😦

  2. En Politikon dedican una entrada al asunto donde se leen comentarios bastante informativos y jugosos.
    http://politikon.es/2013/03/15/comite-en-defensa-de-la-estupidez/

    Aunque algunos de ellos explican que la noticia se ha dado bastante torticeramente por parte de la Consejería, y que los porcentajes en realidad van sobre bloques completos de preguntas (en los que solo se permitía un fallo) y algunas otras puntualizaciones, los porcentajes detallados siguen siendo desoladores, en aritmética sobre todo.

  3. Aloe, es verdad que los padres – pero sobre todo los niños – están totalmente desprotegidos. Uno manda a los niños al colegio y no puede saber qué pasa dentro de sus muros. Cuando estuve haciendo las prácticas, al poco de conocer a la maestra con la que trabajé, pensé que ni jarta de grifa mandaría yo a un hijo mío a pasar cinco horas al día con alguien así, que no solo trataba a los niños a gritos (lo conté aquí) sino que era además incapaz de expresarse correctamente y decía cosas como que las bases de un cilindro eran superficies curvas. Pero claro, ni hubiera tenido la información para saber esto de antemano, ni existen los mecanismos para evitarlo.

    Es muy interesante el enlace que has puesto. Puede ser cierto que se hayan exagerado los resultados en el informe que se mandó a los medios pero, como tú has dicho, eso no le resta dramatismo a la cuestión. No sé si se ha hecho suficiente hincapié en el asunto, pero la prueba no solo deja en evidencia a la educación primaria sino al sistema universitario. Fíjate que se han dado títulos que habilitan para enseñar a personas que no saben manejar el sistema métrico decimal. Si alguien me diera a mí una licencia para pilotar aviones y me empeño en hacerlo, yo misma sería responsable porque tengo que tener unas mínimas luces para darme cuenta que no soy capaz de tal cosa, cierto. Pero también sería responsable el organismo que me dio el título y que acreditó mi supuesta pericia a los mandos de un avión. Digo yo.

  4. Efectivamente.
    Yo dejé un comentario en Politikon diciendo más o menos eso: en la entrada se atiza mucha leña merecida, pero no se menciona a las escuelas de magisterio, sus profesores, su dirección, sus curriculos, sus criterios de exigencia para aprobar, etc.

    Hace mucho que pienso que la única manera de que mejoren las Escuelas de Magisterio sería que los requisitos para ser maestro en la escuela pública fueran de verdad exigentes y la Escuela de origen de los candidatos fuera un dato público. En pocos años las Escuelas se pondrían las pilas (pienso) porque algunas conseguirían aprobados y otras no, y las segundas adquirirían mala fama.
    Si la prueba de la CA Madrid fuera por ahí, por fin vería a la Consejería de Educación de Madrid haciendo algo bien. Aleluya.
    Pero ya veremos, porque si no es más que un medio de presión para negociar a puerta cerrada con los sindicatos los puntos por interino y tal y cual, estamos en las mismas. Y lo de dar publicidad a de donde viene cada uno, supongo que antes muertos que sencillos (transparentes).

  5. Estupendo artículo, Cristina. Me temo que lo ocurrido es, como suele cecirse, “la punta del iceberg”, quiero decir que refleja un problema más profundo y más allá de lo anecdótico (por muy grave que sea, que lo es). He hablado sobre ello en mi blog (http://profesoratticus.blogspot.com.es/2013/03/oposiciones-maestro-en-madrid-o-el.html?showComment=1363447121712). Un saludo

  6. Gracias, Profesor Atticus. A propósito de tu nick, Atticus Fich es uno de mis personajes preferidos. Maravilloso Gregory Peck.

  7. Muy buena entrada.

    Yo me pregunto: y qué queremos? Qué es lo que les dicen? que lo que tienen que aprender sus alumnos es “a aprender” no “algo”. Así ellos lo que hacen en la carrera es “aprender a enseñar a aprender a aprender” pero ni aprenden ni enseñan nada porque para aprender a aprender (según esas teorías estúpidas, porque realmente se aprende a aprender aprendiendo cosas y a enseñar enseñando, creo…) no hace falta aprender nada. Y de paso se olvidan de lo que ellos mismos aprendieron con 12 años. Y así nos luce el pelo. He sufrido el master de profesor con algunos que se descargaban de internet la presentación que nos ponían en clase y que escribían con faltas de ortografía. Cuando leí esa noticia no me sorprendió nada de nada. Con esos profesores en magisterio es lo normal.

    También me sorprende y alarma el complejo antimidas que tienen quienes hacen las teorías educativas en España y cómo son capaces de convertir el oro en mierda. Por ejemplo, cosas tan sensatas como que hay que aprender a cuestionar la autoridad se convierten en esa estupidez de poner al maestro al mismo nivel que el alumno porque la autoridad es mala. Es para llorar.

  8. Va a parecer que llevo comisión, pero la entrada Manipula que algo queda me parece la mejor explicación de lo que ha pasado (ya la he compartido por un par de blogs). Podría hacer lo que se espera de los profesores de secundaria, que es criticar a los compañeros de primaria (y mejor aún si provienen de la ESO, no como nuestro pasado glorioso en la EGB del que han salido tantos intelectuales y científicos), pero me parece francamente ridículo y contraproducente.
    Por otro lado, respecto a lo que dice Aloe sobre cómo mejorar las Escuelas de Magisterio, en mi opinión el hecho de que el colectivo de maestros sea tan numeroso causa que en las oposiciones a menudo haya ratios realmente bajas. Habría que pensar mucho cómo conseguir en este país un cuerpo de maestros/profesores tan bien formados como sería deseable. Porque a mí no me parece factible en la situación actual.

  9. Gracias por tu comentario, Asdf. Tienes toda la razón, para poder enseñar hay que saber ‘algo’, no se puede transmitir algo que no se tiene. Además, me río yo de lo de enseñar a enseñar. Los profesores que yo tuve en magisterio eran pésimos dando clase (generalizo porque no había ninguno que se salvara – yo prácticamente no iba a clase pero ya sería casualidad que lo hicieran mal justo el día que estaba yo). Es decir, que si sus técnicas no funcionaban con ellos mismos, no sé por qué iban a funcionar en los demás. Efectivamente es para llorar. Creo que el poco fundamento de las clases de didáctica y pedagogía es un secreto a voces. Se pasa por el aro porque para acceder a la función docente no queda más remedio que hacerlo. Pero es como lo del traje nuevo del emperador (de ahí el nombre del blog).

    JJ, hay bastante de cierto en lo que dices y en el blog que enlazas (a propósito, he arreglado el link de tu comentario). En los comentarios ya salió el tema de que los resultados se han dado manipulados. No solo es que se hayan destacado las respuestas más disparatadas, sino que se han dado los porcentajes referidos a preguntas concretas cuando en realidad se habían evaluado por bloques. También es sospechoso que se haya dado la noticia más de dos años después de las oposiciones y en plena fiebre ‘recortera’. ¿Hay oscuras intenciones detrás de la publicación de este informe? Podría ser, ya lo veremos. En cualquier caso, creo que hay varios hechos incontrovertibles:

    – La preparación de los maestros es muy deficiente. Aquí hablo apoyándome en el resultado de las oposiciones pero también en la propia experiencia. Yo vi gente incapaz de hilvanar correctamente un par de ideas por escrito o incapaz de calcular un porcentaje, no ya aprobando asignaturas, sino haciéndolo con sobresaliente. Si queremos tener un cuerpo de maestros realmente preparado, la criba debería empezar por aquí. Porque si no se selecciona en base a los méritos, se seleccionará más tarde en base a vete a saber qué.
    – La experiencia se valora desproporcionadamente aunque nada nos asegura que haya aportado algo. Por eso estoy de acuerdo en dar más peso a la prueba objetiva y menos a la experiencia.
    – A veces nos olvidamos de que la prioridad son los alumnos. No se puede confundir la defensa de la educación pública con la defensa (legítima) del puesto de trabajo.

  10. JJ me gustaría poder creer que la versión buena es la del enlace que citas, pero son demasiadas las evidencias en sentido contrario, aun cuando pueda haber oportunismo en la Consejera o su versión no sea completamente real. Los sindicatos por lo demás llevan mucho tiempo echando balones fuera y apoyando reformas educativas que nos han traido a donde estamos, y defendiendo de forma completamente irracional a quien está trabajando frente a quien todavía no lo hace.

    Y si me preguntases qué debe pesar más para ser maestro, por supuesto que antepondría los conocimientos. A la administración pública española se accede en teoría por oposición, pero en la práctica esa es una verdad a medias, pues la oposición en muchos casos lo que hace es ratificar una previa contratación a dedo. Puedo decirte que en mi provincia la mayor parte de quienes accedieron a un puesto en la Diputación provincial lo hicieron mediante una oposición echa a la medida de los que previamente habían sido contratados a dedo.

    • Pues yo, con la experiencia que tengo, creo que no pondría los conocimientos en primer lugar. Sin duda son necesarios, pero no son suficientes en absoluto. Y más teniendo en cuenta qué conocimientos suele opinar gente como la de la consejería de Madrid que son imprescindibles.
      Poniendo como ejemplo el que conozco, que es el de las Matemáticas de secundaria, cualquiera licenciado en Matemáticas domina el corpus principal de la materia(Álgebra, Análisis, Geometría&Topología, Estadística&Probabilidad). ¿Le habilita eso para ser profesor de secundaria? En absoluto. Y no por la razón usual que suelen dar los iluminados por pedagogías varias (que si curriculum oculto, que si pedagogía del oprimido, que si hay que lograr que todos los alumnos sean felices, que si tenemos que usar la Thermomix en el aula…), sino porque eso no garantiza que conozca en profundidad los contenidos que va a enseñar. Una prueba similar a la de Madrid en este contexto no valoraría esos contenidos funcionales a los que aludo, sino más bien si el opositor sabría resolver ecuaciones en derivadas parciales, diagonalizar matrices, calcular la 2ª forma fundamental de una superficie… Todo muy interesante para alguien con intereses matemáticos, pero que en ningún caso valdría para evaluar su idoneidad como profesor.
      Yo creo que tanto los conocimientos estáticos como los funcionales deberían ser proporcionados en las facultades de Educación en el caso de los maestros. Ahora bien, no sé quién estaría en condiciones de proporcionarlos. Menos aún si hablamos del master de secundaria.
      Estoy abierto a otras opiniones: las mías sobre esto son provisionales, me temo.

      • Hola:

        Yo sí pienso que los conocimientos son lo prioritario. Nadie niega que un profesor debe saber enseñar, pero no es posible que lo aprenda sino enseñando. Matizo porque veo que Emilio se refería a la dialéctica examen/experiencia. No obstante, me mantengo en la misma postura. La experiencia no es un mérito, se adquiere sencillamente con el paso de tiempo. Primero, hay que saber y demostrarlo; después, la experiencia llegará.

        Cristina, el problema de los sindicatos “al uso” (es decir, los de siempre) es que son clientelares: defienden, no principios sino situaciones concretas en función de sus afiliados. Por otro lado, su concepto de lo que debe ser la enseñanza pública deja mucho que desear, cuando no es directamente infumable. Comparto absolutamente la teoría (de Sampedro o de quien fuera) sobre lo que debe saber un profesor y lo que luego enseñará.

        Aloe, siento que digas que los profesores no hacemos lo que podemos porque eso significa que algunos han (hemos) debido dar esa sensación. Creo que no es así, la mayoría de mis compañeros son esforzados profesionales pese a las circunstancias que vivimos.

        Como dice muy acertadamente Emilio, a quien hay que exigir responsabilidades (qué tontería, ¿verdad?, hablar en este país de responsabilidades) es a quienes han decidido (y siguen, erre que erre) que lo importante es la didáctica en lugar de los conocimientos porque, total, uno se puede meter en internet y en el google lo encuentra todo…

        Un saludo

  11. Exacto, Emilio, pero no es una defensa irracional. Es perfectamente lógico que los sindicatos miren por los interese de los trabajadores, no de los parados, que encima podrían competir con ellos. Algunas veces los intereses de un grupo de trabajadores coinciden con los de la sociedad en general y otras veces no. Un saludo.

  12. JJ, es un tema complicado como todo lo que tiene que ver con la educación. A mí me gusta lo que decía Jose Luis Sampedro sobre la construcción de los personajes de una novela (no se lo escuche a él; de hecho creo que lo comentó alguien alguna vez en este blog). Decía que para dar credibilidad a un personaje, él necesitaba inventarle una vida entera aunque en el libro solo apareciera marginalmente. Con los profesores pasa algo parecido: para entender el proceso y poder construir herramientas de adapación a las distintas realidades, necesitan tener una visón global y a ser posible profunda de su campo, aunque en la práctica solo tengan que transmitir a los alumnos una parte ínfima de lo que han estudiado. Vamos, que es más que improbable que tengas que enseñar las superficies de Riemann y sin embargo es posible que el mero conocimiento de ese concepto te ayude con tus clases.

    Y en cuanto a aprender a aprender… la verdad es que creo que no hay recetas. Desde luego en las facultades de Educación no las dan. El máster de secundaria es también un gran fraude, como ha comentado Asdf. En esto sí que creo que es necesario estar ahí, no vale con coger un libro de Vygotsky y ponerse a teorizar. Digo yo.

  13. JJ he dicho que antepondría los conocimientos porque lo que se discutía era si debían primar éstos o la experiencia como sustituto. En cualquier caso mi impresión es que en Primaria efectivamente hay montón de maestros que de ningún modo tienen la competencia que les sería exigible o si la tienen no la dejan traslucir.

    Este hecho no lo traigo aquí porque lo diga la Consejera sino porque está ampliamente reconocido que las enseñanzas de magisterio dejan muchísimo que desear pero también por la confusión en relación con el perfil del maestro.

    Esta frase por ejemplo: “Hay alumnos, aunque no se puede generalizar, que vienen sin conocimientos básicos que tendrían que haber adquirido en primaria y secundaria. Es un lastre que traen y que aquí no se trata, porque en una facultad en lo que hay que profundizar es en didáctica”.
    es de Rosalía Aranda, decana de la Facultad de Formación del Profesorado y Educación de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y a mi modo de ver refleja con claridad dos cosas:

    – Hay consciencia en las propias facultades de formación del profesorado de las lagunas de formación de los alumnos,
    – y lo que no me deja menos perplejo, que toda una decana considere sin embargo que su tarea no es corregirlas sino ¡dedicarse a la didáctica!

    Con lo que estamos en el punto de partida: ¿es posible la didáctica “respetando las lagunas de formación” de los alumnos?

  14. La señora decana de magisterio se lava las manos porque es que vienen mal preparados del bachillerato y en Magisterio no están para enseñar conocimientos ni para exigirlos (!)
    Los profesores de bachillerato se lavan las manos porque es que han titulado la ESO sin saber lo suficiente.
    Sus colegas de la ESO le echan la culpa a que vienen de primaria con un nivel de lectoescritura y aritmética lamentable. Esta última queja es omnipresente.
    … Y resulta que los que enseñan en primaria no enseñan bien porque las Escuelas de magisterio son como son.

    Pues ya hemos dado la vuelta entera.
    Esto recuerda exactamente a aquella cancioncilla cuyo estribillo era:
    eso mismo es
    lo que yo decia a usted

    Lo que haria falta es que la decana de Magisterio, los profesores de las secundarias y los maestros de primaria dejaran de preocuparse sobre todo de a quien echar la culpa y se preocuparan en cambio de hacer todo lo que puedan. Que es, seguro, mucho más que lo que hacen ahora.

  15. Aloe quizá has dejado en el tintero a las mamás que culpando a todos los demás se olvidan de que algo les toca.
    En cuanto a las apelaciones al voluntarismo de los profesionales sin tocar el resto del sistema me parece la mejor forma de que esa rueda de la hablas se perpetúe indefidamente.
    En la educación como en todo hay jerarquía y niveles de responsabilidad.

    Pensar que el maestro que está en su escuela tiene la misma responsabilidad que ese grupito reducido que va a decir sí o no a la próxima reforma, o que esa inspección que no funciona más que como instancia represiva pero no actúa cuando debe hacerlo, o que toda una señora decana de una facutlad de formación del profesorado que entiende que los profesores deben saber mucha “didáctica” aunque no posean los conocimientos más elementales, es coger el rábano por las hojas.

  16. Vaya, no sé qué he hecho mal, mi mensaje pretendía ir al final…

  17. Gracias por el enlace, Emilio.

    Aloe, ese círculo es muy difícil de romper. De cualquier manera, aunque hay muchísimos problemas y la línea del blog es en general muy critica, no hay duda de que hay cosas que se hacen bien y de que hay gente muy válida y preparada, como ha recordado Profesor Atticus, con cuyo comentario estoy bastante de acuerdo. Esos son los que deberían romper el círculo. En lo que no estoy muy de acuerdo es en lo que ha dicho Emilio de las mamás (y supongo que los papás). No es que muchos no olviden los que les toca, que lo olvidan, es que el sistema educativo debería sobreponerse a esto. Es decir, la gracia de un sistema educativo es ofrecer una buena educación a todo el mundo, independientemente de su origen, de su entorno y de la mayor o menor desidia de sus papás. Si no lo hace, fracasa.

  18. Pues aquí va otro Cristina,
    http://elpais.com/elpais/2013/03/19/opinion/1363725498_641538.html

    Lo que a estas alturas debiera quedar claro es que los “pedabobos” existen, que el sistema educativo español falla estrepitosamente en Primaria y a partir de ahí en el resto de etapas educativas, incluida la Universidad.
    Que no es honesta consigo misma quien sostiene que en realidad todo es por culpa de unos vagos profesores que solo buscan pretextos para escurrir su responsabilidad y que si piden cambios en la enseñanza es para esquivar la ESO.
    Los profesores no nos inventamos el destrago de la llamada Pedagogía moderna, no nos inventamos los malos resultados de nuestros alumnos lo mismo a los 11 que a los 15 años, ni pretendemos escapar a nuestra responsabilidad.
    Si pedimos cambios reales en la enseñanza, si señalamos la responsabilidad de la nueva pedagogía, si insistimos en que en Primaria los alumnos no salen con el bagaje en lectoescritura imprescindible para abordar la ESO, lo hacemos primero con argumentos. y a estas alturas con pruebas suficientemente contundentes como para pensar que algo de verdad debe haber en quienes así pensamos.
    Lo otro, es rancio conservadurismo disfrazado de modernidad y en última instancia sostener lo que hay e impedir cualquier cambio bajo capa de inconformismo posmoderno.

  19. Emilio, gracias por el nuevo enlace. Estoy básicamente de acuerdo con el nuevo artículo y también con muchos de tus planteamientos. Quede claro desde el principio, que tenemos tendencia a discutir y después la cosa se nos va de la manos🙂 En relación a lo que cuentas, me gustaría puntualizar dos cosas:

    – Los pedagogos existen, cierto. Existen en los departamentos de nuestras universidades y en algunos órganos de gestión. Como dije en la entrada, la mera existencia de unas facultades de educación en las que ni se enseña, ni se evalúa, ni se selecciona, es inquietante y muy dañina. Tenemos un problema serio en la universidad. Por otro lado, das a entender que la universidad falla porque los alumnos no llegan bien preparados a ella, porque no llegaron bien preparados a la secundaria, porque a su vez no se les preparó bien en primaria. Vamos, que el edificio se desmorona porque los cimientos son frágiles. Sin embargo, yo creo que el problema de la universidad es mucho más profundo e intrínseco a la institución, independientemente de que los alumnos lleguen, o no, bien preparados a este nivel. Como ha dicho Asdf más arriba, en la universidad, concretamente en las facultades de educación, abundan los reyes anti-Midas, que estropean lo que tocan. Y algo bueno les llega, sin duda, pero, o lo estropean, o no lo saben reconocer ni valorar. O sea, que en este nivel falla estrepitosamente, usando tus palabras. Quizás sea entonces un buen punto para romper la cadena de causas-efectos que decía Aloe.

    – En segundo lugar, siguiendo con lo anterior, los pedagogos producen una acción perversa en cuanto a la educación y selección del personal docente. Esto es en sí mismo gravísimo y merecería ser tomado mucho más en cuenta. Ahora bien, me pregunto hasta qué punto los profesores en activo están influidos por las corrientes pedagógicas que aquellos defienden. Recuerdo que nuestro querido comentarista Loiayirga, que hace tiempo que no se pasa por aquí, reconoció no saber lo que era el constructivismo y que ni él ni sus compañeros seguían las recomendaciones de los pedagogos. Y mi mi experiencia en primaria es que las cosas se hacían de forma bastante tradicional.

  20. Gracias por tu comentario, Cristina, con el que estoy de acuerdo.
    Los padres y madres vienen en todas las tallas y colores. No son empleados del Estado a los que se contrata para educar niños.
    Los profesores, de todas las etapas, sí lo son.
    Y la justificación de que tengamos sistemas de educación reglada y etapas obligatorias es precisamente que no todas las familias son de sobresaliente y con recursos (de dinero y de no dinero) suficientes.
    Si todas las mamás y papás fueran perfectos, todo el sistema educativo sobraría, bastaría con dar becas y examinar a los de 12 y 16 años (por ejemplo) de un curriculum público para expedir certificados y cada cual que se las arreglara como quisiera.

    Una anécdota al respecto de lo que dice Emilio: yo tengo una amiga cuyo hijo menor ha resulado bastante mal estudiante ya desde primaria (el mayor, en cambio, un figura). En una ocasión en que la tutora estaba desgranando por enésima vez sus quejas sobre el niño (tendría quizá 8 años) en entrevista con los padres: “no hace bien tal cosa, no entiende tal otra, no hace nada cuando tiene que escribir o sumar…”, mi amiga, ya harta, le dijo lo siguiente:
    “Mire, Fulanito se lava los dientes todos los días, hace su cama, tiene buenos habitos de limpieza, sabe lo que está bien y está mal, es cariñoso con sus abuelos y con nosotros, es sociable y tiene amigos. Le llevamos al pediatra, al oculista, al dentista. Le estoy enseñando a cocinar. Vigilamos lo que ve en la tele y el resto de su tiempo… Nos ve leer, sabe que en casa es importante el conocimiento y los estudios. Hacemos nuestro trabajo. ¿Por qué me pide cuentas a mi de por qué la parte que es su trabajo y no el nuestro no se hace bien? Si yo no consiguiera que se lavase los dientes o entendiera lo que es ser buena persona, no vendría a pedirle cuentas a usted. Si usted no consigue que aprenda a leer bien, es su trabajo lo que no está haciendo. NO el mío.”

    No es que fuera muy diplomática, pero tenía razón (y es también maestra, aunque tiene otro trabajo). Y cabe recordar aquí que “el trabajo” que se ha echado el Estado sobre sus hombros no nos permite elegir hacerlo de otra manera, porque la escolarización en un centro es obligatoria. No todas las familias serán igual de cumplidoras que esta (que realmente lo es), pero el principio que se aplicaria serìa el mismo: si la escuela no sirve para superar (o mejorar al menos) los handicaps de partida, entonces no sirve, punto.

    La formación excelente y la categoría de los maestros de primaria debería ser una prioridad para el Estado, precisamente porque se ha autoobligado a enseñar a los niños, quieran o no las familias, para hacerlo mejor que estas y para que la educación no esté al albur de nacer en una familia regulera.

    (Aclaración final: Fulanito consiguió finalmente titular en secundaria con alguna repetición y hace un módulo superior después de aprobar el examen de ingreso. Pero gracias a sus padres, que al final son los que hicieron casi todo el trabajo en lugar del sistema)

  21. Profesor Atticus, gracias por su comentario.
    Me parece cierto que hay profesores (no sé qué proporción) que se esfuerzan bastante, y algunos que consiguen mucho.
    Lo que yo creo, después de años de contacto con el sistema, es que es este el que no funciona. Un sistema que funciona consigue que casi todos sus miembros lo hagan al menos suficientemente bien, y que los excelentes puedan desplegar su excelencia y esta tenga frutos.
    Yo ahora veo muchos profesores del montón que en otro sistema serían buenos, pero que no lo son en este, y unos pocos que reman contra corriente, (quizá hasta que se quemen) pero que incluso remando contra corriente, y por cierto cada uno como Dios le da a entender, no consiguen lo que deberían.

    Lo que no me creo es que el funcionamiento del sistema sea una novedad que hayan introducido los pedagogos. Las corrientes pedagógicas pueden ser un asco (aparentemente su influencia en Magisterio lo es, si una decana puede decir lo que dice sin sonrojarse) pero los componentes principales de la mediocridad del sistema creo que son otros, mucho más relacionados con la inercia de toda la vida, la ceguera del sistema para sí mismo, la falta de objetivos (y evaluaciones) y desorientación general… y la combinación de clasismo antiguo más sindicalismo clientelar (como bien señala).
    La retórica progresista tiende a ocultar esto último, y la retórica meritocrática tiende a ocultar lo anterior, pero yo creo que hay que mirar detrás de la retórica, que suele tapar las vergüenzas, o como dice el refrán: dime de qué presumes y te diré de qué careces.

  22. El artículo enlazado por Emilio me parece muy bueno.
    Debo reconocer que yo cada vez presto menos atención a los artículos de opinión de El País, y especialmente en temas como la educación, porque me parecen en general malitos de guardar cama. Pero este se les debe haber escapado, porque es muy bueno.
    Abundando en lo que dice Cristina y machaca el artículo, mi experiencia enseñando es la misma.
    MI primera experiencia enseñando fue dando clases particulares de mates y física de secundaria a una niña de 15 años cuando yo era estudiante de ingeniería técnica. Entonces puedo decir que aprendí de verdad, como un todo, la física y las mates de secundaria, porque las volví a ver “desde arriba”, desde un conocimiento de bastante más nivel. Experimenté en primera persona que para dar como 5 hay que saber como 20, o más.
    MI segunda experiencia ha sido dar cursos breves de formaciòn en aplicaciones informáticas especializadas en un contexto profesional, a adultos con un trabajo cualificado pero pocos conocimientos informáticos. Y ha sido del mismo tipo: para transmitir un conocimiento a nivel usuario tienes que manejar muchas más cosas a mucho más nivel. Y tienes que tener perfectamente estructurado y dominado el tema (no solo el programa del curso), cubiertas todas las posibles preguntas y las expansiones laterales, preparadas prácticas donde controles lo que corre por detrás de la interfaz… es imposible que lo hagas bien si te limitas a saber lo que vas a explicar. Lo sé porque alguna vez me han obligado a ello, y ha sido una experiencia que genera malestar, porque es imposible hacerlo bien.

  23. Cristina, no es preciso que alguien sepa lo que es el constructivismo para que no hagas otra cosa que practicarlo. Los alumnos de esas facultades a quienes enseñan didáctica de la matemática sin matemáticas, o didáctica de la música sin tal cosa, los están preparando en ese sentido. El sistema es constructivista; si así no fuera puedo asegurarte que esa decana de esa facultad de formación del profesorado no ocuparía el lugar que ocupa.

    El constructivismo es muchas cosas y una de ellas es el papel que ha de jugar el profesor. El constructivismo niega con más o menos fuerza la posibilidad de transmisión del conocimiento del profesor al alumno, por eso el papel de éste se ve muy disminuido, se le considera básicamente un coordinador y ayudante del proceso que vive el alumno, el único capaz de construir su pensamiento.

    Esa es la razón de que como nos recuerda el último artículo haya quien considere que sin saber puede enseñar, que puede enseñar a un ciego sin saber hacerlo con un vidente, más todavía que puede enseñar lo que no sabe. Repárese sino en el párrafo siguiente del artículo citado.

    Tal es el caso de la reacción de la alumna mencionada en el artículo de este mismo diario (Un fallo docente desde la base, 14 de marzo de 2013) que desconocía la ubicación de los ríos Ebro, Duero y Guadalquivir: “A mí no me tendrían que preguntar los ríos de España, es mucho más importante que evalúen mi capacidad para enseñárselos a un niño ciego”.

    Iba a decir que me sorprende la Aloe de estos últimos comentarios, pero quizá deba admitir que ella es así y que quizá nunca ha responsabilizado al profesorado de todo lo que pasa y que lo ha hecho con extrema dureza.

  24. Claro que hay un componente de inercia, pero todo este desastre procede de la usurpación por parte de los psicopedagogos del papel de expertos que debería corresponder a los docentes. Como muy bien explica Emilio, es constructivista el propio sistema. Es una cuestión, digamos, ideológica: no importa qué se enseña sino cómo se enseña, no el contenido sino el procedimiento, no los saberes sino las competencias. Y así estamos.

    Un saludo

  25. Yo no me lo creo, profesor Atiicus. Veo como es ahora la secundaria, por ejemplo, y se da igual, con la misma metodología (o falta de ella), el mismo estilo, el mismo enfoque… todo lo mismo. Calcado. Hay muchas más asignaturas, y se dedica menos tiempo a cada una (esto no es ajeno al resultado), pero no hay otras diferencias apreciables.

    Puede que en primaria se crean más esas cosas, pero tampoco. El colegio de primaria donde fueron mis hijos (ahora ya hemos terminado esa etapa) estaba lleno de maestras (y algunos maestros) que estudiaron en los últimos años sesenta y primeros setenta. Vieja guardia. Pues tampoco sabían lo que es un artrópodo (alguna ni tenía claro lo que es un mamífero), ni una morrena, ni un coseno. La que daba inglés no sabía inglés, etcétera. A alguna no le vi en seis años otra lectura que el Hola.
    No digo que todas (ni todos) fueran así, desde luego. Una parte sí tenía conocimientos y nivel de sobra. Algún interino que tuvimos hablaba y enseñaba un inglés excelente (el único jovencito, por cierto, y vaya éxito que tenía…😉
    Pero desde luego, los que sabían, sabían porque les daba la gana, no porque nadie se lo hubiera exigido alguna vez, ni en la Escuela ni después.
    ¿Y la parte de la plantilla con pocas luces era la que era constructivista? ¿La mayoría nacidos en los cuarenta y primeros cincuenta? (cada año jubilábamos a uno o dos).
    Supongo que hubieran dicho: ¿Mande? ¿Construqué? ¿Eso es algo de arquitectura?. ¡Pero si enseñaban a leer silabeando, como cuando me enseñaron a mi, aunque según parece para el constructivismo eso es anatema…!

    Lo que sí me creo es que toda esa pamema ha dado una coartada nueva a un problema viejo: el bajo nivel de las Escuelas de Magisterio. Ahora ya no es porque exigen poco, enseñan poco y saben poco… ahora ya es con razón. Porque es como debe ser y tal.
    Fenomenal que les vendrá, porque aprender inglés, ciencias y mates de verdad es mucho más difícil que tragar cincuenta folios de teoría pedagógica y regurgitarlos sin masticar en un examen (a eso se reducirá la cosa, que la universidad española la conocemos todos).

  26. Esta Aloe ya me parece más reconocible. Su experiencia como madre le permite una aproximación al sistema educativo que le dice que nada ha cambiado, aunque éste sea justamente el punto que nadie niega, que la educación ha cambiado, para los logsianos a mejor (al menos era lo que decían antes), para los demás bastante a peor.

    Y ha cambiado aunque solo sea porque antes a los maestros se les exigía saber por donde pasaban los ríos, realizar cálculos aritméticos elementales y obtener la longitud y el área de una circunferencia. Ha cambiado porque las evaluaciones internacionales nos sitúan no solo entre los últimos sino que además constatan que en lugar de mejorar empeoramos.

    También me parece más reconocible porque en su infinita contradicción es capaz de escribir lo que en este último post escribe cuando antes compartía lo dicho por Enrique Moradiellos en el artículo: Primero aprende y solo después enseña. Incluso coincidía con su percepción como enseñante.

    En fin, lo que en otro momento dije: hay quien se empeña en convencernos de que lo que ocurre es lo mejor que puede ocurrir porque es imposible que ocurra otra cosa.

  27. Emilio: Siempre he dicho sobre este tema lo mismo que en este comentario. No hay contradicciones. Tampoco las hay en darle la razón fervorosamente al artículo y lo demás que yo sostengo.
    Que las justificaciones del no saber sean relativamente nuevas no quiere decir que la ignorancia lo sea.
    Que las facultades de ciencias pedagógicas sean de ínfima calidad no quiere decir que otras facultades sean necesariamente mejores.
    Y que la universidad española sea mediocre hoy en día no refuta el que hace treinta o cuarenta años fuera todavía peor.

    En cuanto a que mi experiencia es anecdótica, es bastante cierto, al menos tomada con criterios científicos serios. Pero lo mismo solo que peor les pasa a los que defienden, con evidencia anecdótica todavía maś débil, la tesis de que la educación era buena antes y solo es mala ahora. O que ha cambiado sustancialmente en algo (aparte los cambios legales que todos podemos conocer si nos molestamos)
    Yo conozco bastante directamente unos cuantos IES de Madrid, y tengo información de primera mano de otros tantos. Entre amigos y parientes, junto una docenita de docentes del ramo. No tengo motivos para pensar que mi “muestra” está sesgada, excepto para bien (porque es de IES de las zonas de más nivel y menos fracaso).
    Y, sobre todo, para ver que las clases siguen dándose igual, los libros tienen la misma metodología y estructura (con más ilustraciones y más páginas de tonterias que no se usan, eso sí), los exámenes son del mismo tipo, los profesores esperan las mismas cosas y dan la clase igual que siempre…, no hace falta mucho. Tarea tiene quien intente demostrar, con datos empíricos, que esas cosas son distintas, y que el día a día de las clases de secundaria es diferente. Porque no tiene materia prima suficiente ni para empezar.

    Las evaluciones de PISA se hacen en España, si no estoy equivocada, desde el 2000. Mal pueden decirnos algo sobre cambios en metodología o resultados en comparación con los setenta, por ejemplo. Podríamos hacerles un PISA a lso españoles de cuarenta o cincuenta, pero no lo hemos hecho. Y los resultados me temo que serían enormemente parecidos a los del examen de marras a los maestros. No hay maś que ver a nuestros conciudadanos por la tele…

  28. Aloe es posible que tú no veas contradicción entre que tú sostengas que aquí no ha pasado nada desde los años 70 y que los profesores hacen y dicen lo que siempre han dicho y hecho, y a lo que Enrique Moradiellos apunta como causante de la actual situación cuando habla de:

    “…un gremio profesional con aspiración al control unívoco de una materia definida como “ciencia de la educación”

    o de “que la formación universitaria recibida ha descuidado gravemente los fundamentos disciplinares (el conocimiento derivado del cultivo de las disciplinas científico-humanísticas: historia, matemáticas, literatura, biología…) en beneficio del saber formal y procedimental de las “ciencias de la educación” (teorías psicopedagógicas, doctrinas didácticas, praxologías docentes…).

    pero evidentemente contradicción hay. Como es posible que no veas contradicción entre lo que este señor sostiene y lo que sostenía el manifiesto “No es verdad” pero sus contenidos son opuestos. Es posible que creas que un sistema de promoción automática es lo mismo que uno en que tal cosa no sucede pero clarísimamente no es así.

    Y ya solo dos aclaraciones más: Los informes PISA no son los únicos para conocer el discurrir de nuestro sistema educativo, afortunadamente hay mucho más que eso como sabes por páginas como las de J.M. Lacasa. Y aunque estos sean del año 2000 examinan a alumnos que en ese momento tienen 15 años y por tanto entraron en la escuela mucho antes.

    También aclararte que cuando se habla de pedagogía clásica no se está hablando de algo así como la escuela franquista sino de la experiencia acumulada a lo largo de casi dos mil años de experiencia educativa asentada en principios tan sólidos como el que en ese mismo artículo está recogido con la expresión latina: Primum discere, deinde docere (primero aprende y solo después enseña).

    Ya finalmente recordarte que siempre dices que tu experiencia personal no cuenta pero lo que veo es que siempre te remites a ella y lo haces además con la pretensión de que es la que mejor explica lo que sucede.

  29. Emilio, me da un poco de corte seguirte el rollo en este blog. No sé qué le parece a Cristina, e intentaré no darle más vueltas que esta. Pero en fin.
    1. No veo contradicción porque no la hay. Desde los años setenta han cambiado muchas cosas en el país (muchas más veces para bien que para mal, pero de todo hay). Y otras cosas no hah cambiado, o no han cambiado mucho.
    2. La LOGSE tenía muchas cosas malas, desde luego, pero la promoción automática no era una de ellas, porque no existía sobre el papel. El papel establecía que la decisión se tomaría caso a caso, por el centro junto con la familia, valorando las circunstancias. El resultado ilustra mucho la distancia entre lo que dice la ley y lo que se hace de verdad; ilustra también mucho sobre para qué sirve en realidad la retórica pedagógica (para cubrir con palabrería nuestra inercia funcionarial y nuestro ir a mínimos); e ilustra también bastante cuento estudian nuestros quejicas de la “promoción” la ley de su ramo.
    Y con todo y con eso, los quejicas no parecen haber caído en que batimos el record de occidente en repeticiones. Y a ellos les parece que se repite poco. Y que la ley permitía demasiados pases de curso (aunque en realidad no, pero aunque así fuera). Y que debemos tener rodavía más repeticiones, aunque todos ls organismos internacioneles dicen que hay demasiadas.
    Y luego la rara y la ilógica soy yo… (?)

    3. Si algo se puede decir con seguridad de la evaluaciones de nuestro sistema educativo y de la calidad y cantidad de los datos empíricos que tenemos, es que son demasiado pocos, y, con pocas excepciones como la de PISA, demasiado agregados e idiosincrásicos para hacer más que inferencia muy, muy burda.
    Yo fui a leer a JM Lacasa llena de esperanzas, pero no encontré mucho. Tampoco hay datos (quizá) para nada mejor.

  30. No es exactamente así, Aloe. Es verdad que muchos profesores no hacemos ni caso a lo que se nos aconseja desde las altas instancias pedagocráticas, pero también que hay otros abducidos por las teorías que yo suelo llamar “del reverso tenebros”. He escuchado a compañeros sostener que lo importante es cómo enseñar y no qué enseñar, que el alumno es quien debe construir su propio conocimiento en lugar de ser el profesor el que le transmite ese conocimiento., etc. Por otra parte, no creo que haya dos profesores con el mismo enfoque o metodología. Y no creo tampoco que la metodología esté ausente en ninguno, pues es imposible enseñar sin metodología, como sería imposible operar sin bisturí (claro que el bisturí por si mismo, si el médico no sabe dónde y cómo cortar, de poco sirve). Yo no ejercí la docencia antes de la LOGSE, pero fui alumno antes de ella y desde luego que hay diferencias. Y no creas, los que defienden todas estas teorías pedagógicas lo hacen desde la militancia y no sólo eso, sino que además tachan de retrógado a quien no comulga con ellas. El bajo nivel de las Escuelas de Magisterio es UNO de los problemas, para hay otros más importantes, de mayor calado y mucho más profundos.

  31. Aloe, creo que subestimas el poder del lado oscuro…

  32. Para mi, Profesor, el lado oscuro es, hoy por hoy y por mucho que me duela decirlo (porque yo siempre he tendido a esperar que el Estado funcione, no a sabotearlo) las administraciones educativas y el gobierno. Llevan muchos años demostrándolo.
    Es humano meter la pata, pero, como sabe, lo diabólico es perseverar en ello: con la arrogancia, la despreocupación y el desprecio por los ciudadanos que demuestran en este tema como en otros.

  33. Cuando digo “el gobierno” me refiero a este y anteriores gobiernos, y también a los legisladores y el resto de la cuadrilla; y no me refiero solo a los nacionales sino también a los autónomicos.

  34. Ha quedado un debate muy interesante. Y por supuesto que no tengo problema en que comenten aquí lo que quieran, faltaría más. Como complemento, pongo un enlace al último artículo de ‘Nada es gratis’ que trata este tema aportando datos sobre la formación del profesorado en otros países.

  35. Por supuesto, Aloe, que en el lado oscuro se encuentra la clase política casi en pleno, pero no solo. También están los grandes gurús de la psicopedagogía (mediante libre designación) y especies similares. Todos ellos han “contribuido”. Y claro que quiero que el Estado funcione, pero no lo hace. Y no lo hace porque quienes toman las decisiones no tienen idea de lo que hablan y los que sí saben algo (aunque sea poco) pretenden convertir la enseñanza en lo que no es.

    Un saludo

  36. Aloe a mí más que un rollo lo que se me hace es cansino. En cualquier caso mi actitud en este caso pretendía que no quedase la sensación de que había habido cosas no suficientemente claras o explicitadas y ese fuera el motivo de nuestros divergentes puntos de vista en este terreno. Ahora me queda claro que no se trata de eso.

  37. Hola:
    Posiblemente todos conozcáis dos referencias muy interesantes para entender esto. En realidad todo lo que ocurre ya se producía desde hace tiempo. La suerte es que por fin sale a la luz. Efectivamente: “El Emperador está desnudo”.
    Las dos referencias son:
    – “Los límites de la educación” de Mercedes Ruiz Paz
    – “Panfleto antipedagógico” de Ricardo Moreno Castillo.

    • No conozco el texto de Ruiz Paz, asi que no opinaré.
      El de Ricardo Moreno Castillo, que si lo conocí en su día, y otros textos suyos también, me parece el modelo perfecto para explicar por qué estamos como estamos. No quiero entrar en el detalle de por qué, porque no es el sitio ni el momento, pero en resumidas cuentas, yo lo calificaría como la peor muestrade corporativismo, conservadurismo clasista y ranciedad, ignorancia de casi todo, y exigencias absurdas, que he visto.

  38. Dos “clásicos”.

    Un saludo

  39. Profesor Atticus, tontos hay en todas partes. Gente interesada en adquirir influencia y poder, también.
    La diferencia está entonces en otro sitio.
    En las razones por las que teóricos y expertos de poca calidad adquieren poder en una Administración.
    En las razones por las que la universidad donde han estudiado y se han doctorado estos no ha proporcionado mejores expertos y, en general, doctores, licenciados y diplomados con mejor formación y maś exigente.
    En las razones por las que el sistema no aprende nada de sí mismo, no evalúa, no debate seriamente nada, no quiere datos empíricos, no quiere saber nada.
    En las razones por las que las prioridades de los políticos son no pisar el callo a la iglesia, no pisar el callo a los sindicatos de enseñantes, y en general no molestar a la clase media tradicional. Al interés general, que le vayan dando.
    Y cuando pretenden hacer una reforma, contrarreforma, reforma de la reforma y contrarreforma de la reforma de la reforma, solo hacen ideología, retorica y voluntarismo (progresista o reaccionario) pero no hacen mucho más.

    En este ecosistema de políticos, que son ignorantes voluntarios y pasotas absolutos (de dar cuentas a la ciudadania de cómo gobiernan), y además paternalistas, y además obcecados en estereotipos ideológicos demagógicos (y no pienso solo en la izquierda), es en la que la palabrería o la charlatanería o el cantamañanismo bienintencionado pueden expandirse sin competencia y sin tener que darse de bruces con los hechos empíricos, con la rendición de cuentas, con la exigencia social.

    Pero además, el daño que puede hacer el cantamañanismo bienintencionado (igualitario, elitista, o el que sea) no es más que una parte del daño total, y, sigo pensando que no la más importante.
    Las cosas más importantes en cuyo daño hay que refllexionar son por qué los centros de enseñanza no funcionan, por qué los maestros no están bien formados, por qué no hay evaluación de objetivos y resultados, por qué hay curriculos monstruosos y estúpidos en secundaria, por qué la Inspección no controla un pijo de lo importante, por qué los alumnos sin una buena familia detrás estan abandonados por el sistema… (no sigo por no cansar, pero ya se ve lo que quiero decir), y todas estas cosas son iguales con retórica pedagógica A, B, o C.
    Y estas cosas son así por tantos años de gobernar la ignorancia voluntarista, la prepotencia ideologizada, y el desprecio paternalista de los ciudadanos, no por otra cosa.

  40. Si señor, dos clásicos.
    “Los límites de la educación” tiene casi tantos años como la LOGSE y El Panfleto aproximadamente una década. Pero que gran diferencia entre los buenos y los malos. La LOGSE en la mitad de tiempo que el panfleto ya había calado en toda la enseñanza. Si embargo los otros dos no han tenido ninguna resonancia en la sociedad. ¿Y quien está más cerca de la realidad?

  41. Pero todo es lo mismo, Aloe. Hay una inmensa tela de araña en la que están todos: los políticos, los expertos, los abducidos…¿por qué adquieren poder? Por lo que te decía: porque en el fondo interesa convertir la enseñanza en otra cosa, porque se pretende elevar al rango de ciencia lo que son más bien supercherías y pseudoteorías, porque se desprecia el conocimiento y el saber y se premia al mediocre…es un problema de gran calado. Hablas del paternalismo y creo que, en efecto, es uno de los grandes problemas: se considera al ciudadano imbécil, al alumno niño (aunque se afeite y pueda sacarse el carnet de moto), etc. Hablas también de charlatanería y no puedo estar más de acuerdo porque, en la enseñanza, es la manifestación más habitual del “reverso tenebroso”.
    Para encontrar los motivos por los que los centros educativos no funcionan estamos los profesores (¿eres profesora? -no es una pregunta con mala intención, que conste, pero es importante saber de dónde procede tu punto de vista-) y nos llevaría mucho tiempo, pero sin afrontar el problema de fondo (que no es otro que tener claro de una vez el objetivo de la enseñanza pública), poco se podrá solucionar.

    Un saludo

  42. Así es, Manuel, es una batalla complicada…

    -¿Es más fuerte el reverso tenebroso?

    -¡No! más rápido, más fácil, más seductor…

    http://profesoratticus.blogspot.com.es/2013/02/la-educacion-y-el-reverso-tenebroso-i.html

  43. Profesor Atticus, no, no soy profesora, pero si servidor público. Y lo que he dicho se puede decir de gran parte de nuestro servicio público en general.
    Yo no pienso que haya que creer en conspiraciones acerca de la educación (que interese convertir la enseñanza en otra cosa). Solo en la mala gestón pública, en la democracia de baja calidad, y, sobre todo, en la ignorancia y falta de exigencia de gestores y políticos, (Exigencia por parte de los ciudadanos y autoexigencia).
    Vivimos en una política de gestos y simulación, y la mayor parte de las veces, los propios políticos se creen su propia política de gestos y simulación, se autoconvencen de que con mucho bla-bla-bla acerca de reformas, de jerga educativa o de llamamientos a la disciplina, están haciendo algo real. No quieren ver la inanidad del no saber y del no hacer que practican y se llegan a creer que la retórica y el mucho publicar en el BOE tonterías sustituyen el no saber y no hacer nada seriamente.
    Porque es lo maś sencillo, naturalmente.
    Como en tantos otros sectores del servico publico, el objetivo no manifiesto es no mover la aguas, no molestar e ir tirando tranquilamente con las cosas como están.

  44. Hola de nuevo, Aloe. Me daba la sensación de que no eras profesora. Creo que tu punto de vista está condicionado por este hecho. No es nada negativo, simplemente es así. Desde dentro, se ve con mayor claridad lo que se pretende hacer con la educación, te lo aseguro. No es una cuestión de creer en conspiraciones, sino de constatar la realidad.

    Un saludo

  45. Supongo que el punto de vista de los profesores también está condicionado por ese hecho. Salvo que sostengamos que el de los profesores es el objetivo y el de los demás, como lo ven desde fuera, no lo es.😉

    Por lo demás, acuérdese del aforismo ese (que se suele llamar humorísticamente la “Navaja de Hanlon”): No achaques a la malicia lo que ya queda explicado por la estupidez.

    Esta misma sucesión de puntos de vista ya la tuve en lo de Pseudopodo, así que la experiencia me dice que no le convenceré. Pero en fin. Añadamos este otro: El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.
    Y otro más: A mi déme malvados listos, por Dios, con los que se puede negociar. La mayor desgracia es tener que lidiar con incompetentes que ni fu ni fa.
    Esta última no es literal porque no recuerdo bien la fuente. ¿Mairena? ¿Talleyrand? En fin, apúntela al beneficio de inventario.

    Añadamos a la estupidez: la arrogancia de los que gobiernan, la desidia, el paternalismo, la falta de respeto a los ciudadanos, y la multitud de pequeños intereses sectoriales y corporativos que se consideran intocables. Pero siguen siendo cosas más próximas a la estupidez y a la miopía moral y política que a la gran malicia del Super-villano con grandiosos planes.
    Si es que no tienen siquiera planes que merezcan ese nombre.

  46. Tanto su punto de vista como el mío son subjetivos, por supuesto. Pero estará de acuerdo conmigo en que mi punto de vista tendrá más elementos de juicio que el suyo por simple cuestión lógica (yo lo vivo desde dentro y usted lo ve desde fuera). Por lo demás, no termino de entender muy bien qué discutimos. Parece que no esté usted de acuerdo conmigo y, sin embargo, luego sus argumentos los comparto casi en su totalidad, lo cual me tiene un tanto despistado. En cuanto a la “navaja de Hanlon”, que desconocía, creo que a menudo se unen malicia y estupidez, con resultados letales. Por otro lado, no seré yo quien escoja antes a un bobo que a un malvado (el primero siempre es más peligroso que el segundo) ni quien niegue otros factores como “la arrogancia de los que gobiernan, la desidia, el paternalismo, la falta de respeto a los ciudadanos”… Ahora bien, no esté tan segura de que los imbéciles nunca tienen un plan (basta leer el preámbulo de la LOGSE-LOE-LOMCE) ni caricaturice tanto mi opinión, mujer, que nadie ha hablado de “supervillanos”…

    Un saludo

  47. Ahora no le entiendo yo a usted, Profesor Atticus, lo que seguramente es culpa mía.
    Veo por internet una cierta cantidad de personas (sí, creo que profesores generalmente) que tienden a pensar que la educación está mal por designio deliberado de los que gobiernan. Es decir, que creen que está mal porque los que tienen poder se han propuesto que esté mal.
    Yo no creo eso. Creo otra cosa. Creo que está mal porque:
    – Es más cómodo no preocuparse en serio y no hacer en serio lo que haga falta para que esté mejor. Hacer en serio algo es difícil. Hacer en serio algo que implica remover privilegios y statu quo implica molestar a alguien. Hacer en serio algo implica estudiar y aprender, Hacer en serio algo suele necesitar gastar dinero.
    – Es propio de ignorantes embobados con su propia importancia, creer que “tener un plan de verdad” es publicar Preámbulos y Exposiciones de Motivos grandilocuentes en la primera página de las disposiciones del BOE, donde se dé rienda suelta a líricos exordios según la propia ideología y se contente a la clientela que se cree esas cosas (que ahora van siendo menos, pero durante muchos años han abundado). Y las líricas declaraciones no son necesariamente fingidas. Solo que cuando se trata de cambiar una rueda o cocinar un pollo, todos sabemos que las declaraciones de intenciones no valen: hay que arremangarse y hacerlo.
    – Es propio de paternalistas y/o autoritarios respetar lo mínimo posible la autonomía de los ciudadanos (porque no saben lo que les conviene, parece) y ejercer o de sargentos chusqueros o de utopistas de la Señorita Pepis, siempre sin permitir que nadie se salga de la fila (sin su castigo correspondiente) ni elija nada. En el tema educación seguimos en el Ancien Régime.
    El ideal ilustrado de la educación universal se ha convertido más bien en algo parecido a las levas obligatorias, marcar el paso y pasar inspecciones de uniformidad. Y eso les gusta tanto a los socialdemócratas presuntamente igualitarios como a los conservadores presuntamente meritocráticos (las dos cosas son mentira, lo que les gusta a ambos es que la gente obedezca y no haga olas en el estanque).

    Y a lo que iba: ¿por que iban a proponerse los estúpidos deliberadamente que la educación sea mala? No tiene sentido, ni propósito. Y aunque lo tuviera, no son tan listos. Ni tan persistentes.
    Por otra parte, estar dentro de la cosa como está usted da mucha información sobre el día a día y el intríngulis de enseñar, pero no creo que dé más sobre las intenciones de los que gobiernan.

  48. A ver entonces si consigo explicarme mejor, aunque no tengo nada claro que lo consiga.

    No es un tema sencillo, eso está claro. Para entender los motivos de la insistencia en el hundimiento de la enseñanza pública habría que analizar primero qué ha querido tradicionalmente hacer “la derecha” con la educación y qué “la izquierda”. En este sentido, creo que “la derecha” es mucho más coherente, mientras “la izquierda” ha pasado de defender una cosa a la contraria. El soberbio artículo de Muñoz Molina publicado recientemente en El País (“Memoria crítica”) va en este sentido. Comentando la cuestión con un amigo y compañero en mi blog, citaba a Umberto Eco, quien decía que “disimular era extender un velo compuesto de tinieblas honestas, del cual no se forma lo falso sino que se da un cierto descanso a lo verdadero”. Algo parecido ha sucedido con “la izquierda”. No dirá nunca con claridad que está en contra de los conocimientos pero extenderá su velo psicopedagógico hasta que aquellos queden tan ocultos que ni siquiera se puedan intuir. ¿Los motivos? Los desconozco, y bien que me gustaría saberlo. La realidad es que de un tiempo a esta parte conceptos como conocimiento, saber, disciplina, esfuerzo…han sido desterrados del lenguaje y sustituidos por eufemismos ridículos tras los que subyace una filosofía del igualitarismo en la mediocridad y renuncia a la excelencia.

    Sin embargo, sí hay un motivo razonable (razonable en el sentido de observable) que puede tener la clase política para que la educación sea un fracaso (fracaso en el sentido académico e intelectual, no en el estadístico): una sociedad imbécil es una sociedad aborregada y, por lo tanto, dócil y sumisa. Esto es compatible con tus razonamientos: comodidad, ignorancia, paternalismo,

    En esto discrepo en parte: dices que “el ideal ilustrado de la educación universal se ha convertido más bien en algo parecido a las levas obligatorias, marcar el paso y pasar inspecciones de uniformidad. Y eso les gusta tanto a los socialdemócratas presuntamente igualitarios como a los conservadores presuntamente meritocráticos (las dos cosas son mentira, lo que les gusta a ambos es que la gente obedezca y no haga olas en el estanque)”. Por supuesto que ambos, conservadores y socioaldemócratas (si es que el psoe de hoy se puede llamar así) quieren ciudadanos obedientes (¿me das, entonces, la razón?) pero no el paso marcado en la actual enseñanza por ningún sitio. Más bien, el ideal ilustrado se ha convertido en el ideal anti-ilustrado.

  49. Muy bien, Profesor Atticus. Ahora ya podemos estar de acuerdo en lo que estamos en desacuerdo.
    Yo no estoy de acuertdo en que la enseñanza pública se haya hundido, sencillamente porque pienso que siemrpe fue mala y escasa.
    Y tampoco estoy de acuerdo con el punto de vista de Muñoz Molina ni el artículo suyo mencionado.
    Por señalar con el dedo alguna cosa que ejemplifique ambos desacuerdos, aunque sea un poco de mala educación, diré que las pretensiones elitistas de los que consideran que ellos mismos recibieron una buena educación y por eso están por encima de lla quie se da ahora, me parecen en sí mismas un síntoma de la mala, escasa, provinciana y temerosa educación que recibieron (y recibí, por supuesto). Porque no hay absolutamente ningún dato objetivo que avale que esa educación fue buena, todo lo contrario, y el creerse que lo fue no es más que un síntoma más de ignorancia, provincianismo, tradicionalismo decadente y, en definitiva, deficiente educación recibida.

    En cuanto a los demás puntos, me temo que tampoco puede haber acuerdo: ¿no hay cuartelerismo y exigencia de marcar el paso? Pero resulta que ha desaparecido la posibilidad de la matrícula libre, que el Reglamento Interior de los IES de Madrid (lo digo porque los conozco) no se hubiera soportado ni cuando Franco (y es muchísmo más draconiano que los que tuve yo), que la optatividad de los curriculos es mínima, que ni las familias ni lso alumnos eligen nada, menos aun que los afortunados que podían estudiar en 1930…

    ¿Quieren ahora, y no antes, los gobiernos, que la población sea aborregada y para eso procuran que no aprenda? ¿Se puede mantener eso en serio? Por un lado, los gobiernos siempre han querido súbditos obedientes, y la única diferencia es que de un siglo a esta parte los necesitan, además de aborregados, alfabetos y cualificados. Así que no me sirve.
    ¿Y es incompatible el aborregamiento con el bachillerato de sobresaliente? ¿De cuando acá? ¿No era la Iglesia la especialista en proporcionar educación a las élites, y no ponìa el más exquisito cuidado en extirparles a vez todo espíritu crítico y cualquier atisbo de librepensamiento? Según su peculiar (pero extendida) creencia, los que han opositado con éxito a notarios, registradores y abogados del estado deberían destacar por su espíritu crítico e ilustrado, su negativa al aborregamiento, etc. Da la risa solo pensarlo…

    En fin, que ya hemos llegado al menos a aclarar nuestras diferencias. Importantes, por más que lo sean también los acuerdos. Me temo que si pasáramos del diagnóstico al tratamiento, las diferencias resaltarían más que las coincidencias…
    Un saludo cordial para usted.

  50. ¿Ve? No es lo mismo vivirlo desde dentro que verlo desde fuera. La enseñanza pública está hecha unos zorros. Esto lo sabe cualquiera que se dedica a este oficio de enseñar. Francamente, sí está siendo usted un poco mal educada, así que obviaré los (des)calificativos y me centraré, aunque brevemente, en el concepto “pretensión elitista”.
    Yo mismo tengo ese tipo de pretensión, la quiero para mí y para toda la sociedad: la de favorecer que los mejores lleguen más lejos y poner todos los medios para que ese grupo selecto de “los mejores” sea lo más amplio posible. No veo ahí clasismo sino todo lo contrario, la intención de que se pueda llegar muy lejos sin que la situación socioeconómica de cada cual limite esta posibilidad. No voy a entrar a valorar la educación franquista porque no la recibí, pero déjeme decirle que me parece lamentable que siempre que se critique el sistema educativo actual se tache a quien lo hace de ser una especie de retrógado. Por cierto, yo pertenezco a la EGB, ¿me exime esto de ser “ignorante”, “provinciano”, “tradicionalista decadente” o asigna usted todos estos honores a todo aquel que entienda que la educación ha ido a peor?
    “Cuartelerismo” puede haberlo en el establecimiento de un cuerpo de inspectores que parece más bien el brazo armado de la administración, en la fiscalización de quien suspende a muchos alumnos, en la supresión del poder de decisión de los claustros y en muchas otras cosas. Si se refería usted a esto, entonces estamos de acuerdo. Si se refiere a la propia enseñanza (es decir, a cómo se enseña), esto no es así ni por asomo (en la poca optatividad o en la ausencia de itinerarios tempranos, en eso, también estaríamos de acuerdo). Pero no entendí de esta manera su alusión al “cuartelerismo”, sinceramente.
    Estimada Aloe, leyendo su “da la risa solo pensarlo…”, creo que es mejor, al menos de momento, que dejemos la discusión aquí, no sea que yo pase a emplear un tono que querría. En cualquier caso, le diré muy brevemente que, en efecto, no creo que los gobernantes de hoy quieran aborregar al ciudadano más que los ayer, pero sí que “ayer” se tenía, al menos, un cierto respeto hacia los eruditos (acúseme si quiera de “franquista” pero cuando murió el dictador yo tenía 2 años). Por mucho que la Iglesia adoctrinara (faltaría más que no lo hiciera, es como pedir que fuera favorable al aborto), que lo hacía, también quería gente formada intelectualmente. Y ni qué decir tiene que eso mismo quería, con más razón, la izquierda, precisamente para combatir el hecho de que solo las clases pudientes pudieran acceder a esa formación. Lo que Muñoz Molina denuncia, a mi juicio, de manera brillante, es este hecho: la renuncia de la izquierda a defender la instrucción como un valor social fundamental. Me pregunta usted por qué. Si lo supiera, habría escrito un libro. No lo sé, pero creo que es un dilema más que interesante. Por lo demás, su inclinación a caricaturizar mis argumentos me resulta molesta, así que le envío otro cordial saludo y aquí lo dejamos por ahora.

  51. No tengo mucho tiempo para escribir pero quería apuntar una cosilla. Creo que hay puntos de coincidencia entre lo que han dicho Profesor Atticus y Aloe, o al menos pienso que ambos puntos de vista no se contradicen del todo. En educación no se puede hablar de una Arcadia a la que haya que volver. No creo que ahora esté mucho peor que antes. Sin embargo, sí coincido con P. Atticus en lo que respecta a la renuncia de la izquierda a defender la instrucción como un valor social fundamental. Aquí de lo que se ha tratado siempre es de defender los intereses de cada cual. En los debates de educación se habla siempre de que el poder X quiere un pueblo aborregado y que por eso pretenden cargarse la educación. Fachada. Las intenciones de las políticas educativas suelen ser más pedestres. De uno y otro lado. Me pregunto si la defensa de una ‘escuela pública de calidad’ pretende en realidad eso o si se trata simplemente de la defensa de unos puestos de trabajo (defensa legítima, por otro lado). El éxito de las consignas pedagógicos happy-flower es que le han dado un barniz elevado y trascendente a algo tan simple como es la defensa de los intereses de ciertos grupos. Anécdota: el otro día asistí a una de esas manifestaciones de defensa de la escuela pública. Casualmente, detrás de mí iba un grupo de profesores de los que tuve en Magisterio, muy rojillos ellos. Unos completos inútiles (no tengo tiempo para andarme con rodeos en la descripción). Y pensé que ellos sí podían hacer algo para conseguir una escuela de calidad: ir a sus departamentos, recoger sus cosas e irse (‘si me queréis, irse’, que diría Lola Flores). Obviamente, no lo van a hacer.

  52. Porfesor Atticus, creo que Cristina ha explicado bien algunas cosas que podrían ser malentendidos entre usted y yo, y estoy de acuerdo con todos los puntos de su comentario.
    Pero creo que sigue habiendo diferencias entre nosotros. La educación está hecha unos zorros, seguramente eso es cierto, pero no solo la pública, porque las diferencias en PISA al respecto se explican total o casi totalmente (según los estudios al efecto) por la diferencia socioeconómica entre los perfiles de ambos grupos. Resulta que, descontado eso, la enseñanza privada no es, en general, mejor en sus resultados. Y al país y a los españoles nos importan los resultados.
    Los que “estamos fuera” no estamos tan fuera, porque hemos sido alumnos y somos ahora padres, y en mi caso, de varios centros en ambos casos. La estructura jerárquica entre los funcionarios es una cosa perfectamente lógica y de la que no cabe queja (yo también estoy encuadrada en ella y si no me gusta, solo tengo que irme y montar una empresa propia, lo mismo que cualquier profesor). Que esa jerarquía sea arbitraria, cuartelera y mal organizada es otra cosa, y con ello solo me da la razón: mala organización. inutilidad burocrática, ignorancia y pasotismo de parte de la dirección de la cosa educativa.
    En lo otro no tiene razón. Ahora mismo, en un IES de Madrid te expulsan quince días al nene por levantar la voz a un profesor (sin insultos, solo elevar la voz), pegarse dos catorceañeros en un pasillo, poner un cartel sin permiso o cubrirse la cabeza. Las expulsiones son continuas y por todo. Esto es así, y cuando yo iba al insti la única expulsión que conoci fue por destrozar un baño entero y hacer una hoguera con la puerta, que ya está bien. Estas sanciones además, no tienen ya garantias, porque las pone la direccion sin acuerdo colegiado y sin control efectivo de nadie. Pero además, la diferencia es que el alumno está ahí porque le obliga el Estado, no porque haya elegido ese trabajo: no puede irse y poner una empresa en el sector “alumnos autónomos”.
    El cuartelerismo se manifiesta además en muchas otras cosas (en todas): no hay flexibilidad alguna en el sistema en curriculos, procedimientos y puertas para titular. Y no es meritocracia, porque si lo fuera, habría vías flexibles para que cada uno demostrara sus méritos sin tener que pasar por todos los aros burocráticos y por una sola forma admitida de hacer las cosas. El sistema británico, por ejemplo, es desigualitario y clasista, pero sí es, al menos, flexible y meritocŕatico y protege la excelencia y la idiosincrasia del talento, aunque desgracidamente solo de los de arriba. El nuestro, ni eso.
    …Porque: No, a la Iglesia nunca le ha preocupado la excelencia intelectual si era a costa de favorecer o permitir la libertad de pensamiento y la originalidad. Y esa es la “Historia Intelectual de España”: un secarral agostado y provinciano, con élites de ínfima categoría desde la Contrarreforma hasta ayer mismo. Esa ha sido la buena educación tradicional, y no hay maś que abrir una Historia de la Ciencia para comprobarlo: no hay nombres españoles.
    O, dígame usted: ¿Acabó su BUP con un nivel de inglés de B2? (seguro que ni A2). ¿Le enseñaron Historia con ese bendito espìritu crítico que encomia? ¿Aprendió de verdad Física y Mates al nivel que supuestamente exigía el programa? Si debo juzgar por mi, por mis conocidos y por los adultos españoles en general, la respuesta es “No” a las tres preguntas.
    Y eso que nosotros no teníamos doce o trece asiganturas por año, sino seis o siete de estudiar (y alguna maría). Y teníamos las clases repartidas entre mañana y tarde. Y eran de una hora.
    Estas tres últimas características, sumado al comentario de Cristina sobre sus izquierdistas e inútiles profesoras, pueden darnos pistas valiosas sobre la razón de lo que se pregunta (esa dimisión de la izquierda de su ideal educativo): toma, pues porque la prioridad corporativista está más arriba que los ideales y la igualdad, y se concilian ambas cosas, en el dscurso político y la conciencia, a base de mucho autoengaño y retórica grandiosa.

  53. Por cierto, me disculpo si he dado a entender que mis observaciones señalando la ignorancia, provincianismo, tradicionalismo decadente y, en definitiva, deficiente educación recibida, que me parece que ha sido la nuestra, se referían a usted. No, hablaba en general (incluyéndome) y en caso de señalar a alguien, más bien estaba señalando a Muñoz Molina, que hace años que me irrita bastante con su frecuente argumentario con el subtexto “yo soy la hostia y vosotros, los de ahí abajo, la purria”.
    Y eso que no es ningún cientifico ni ningún erudito, es un novelista y articulista, lo cual no coloca a nadie en la lista de benefactores de la Humanidad a los que debemos algo. Esa superstición de que cualquiera que tenga cierto éxito en cuaquier profesión que consista en escribir se coloca automáticamente en una élite de maîtres â penser es una de las manifestaciones de nuestros males intelectuales tradicionales.

  54. Estimada Cristina: “la defensa de una ‘escuela pública de calidad’”, desde el punto de vista del sindicalismo tradicional, consiste, en efecto, en “la defensa de unos puestos de trabajo” pero también, de un determinado estilo de sistema educativo que ha causado estragos. Lo primero es admisible, aunque da pena que sea prioritario; lo segundo, no. Si es estupidez o por maldad, en realidad es lo de menos.

    Estimada Aloe: Nadie ha dicho (matizo; yo no he dicho) que la concertada o la privada-concertada sea mejor; de hecho, no lo pienso. Y a mí no me interesan las estadísticas, sino que mis alumnos tengan un nivel mínimo que, a día de hoy, no tienen. Que sea madre y haya sido alumna no le incluye dentro de nada, Aloe, sigue usted estando fuera. Por supuesto, tiene todo el derecho del mundo a opinar, pero insistir en que su opinión es tan autorizada como la del docente resulta un poco aventurado. Yo soy cliente de un banco (qué remedio) y no entiendo mucho de economía…

    Dices usted que en Madrid se ha implantado una especie de dictadura y te expulsan quince días por “levantar la voz” o poner un cartel. Me extraña mucho, pero no se lo voy a rebatir, pues desconozco la situación. Preguntaré por ahí a ver qué información encuentro. Le aseguro que en otros lugares, esto no ocurre.

    No tengo tiempo para más por hoy. Le envidio: que tenga usted tan clara la razón por la que izquierda ha renunciado a sus convicciones sobre la importancia de la educación dice mucho de su capacidad y poco de la mía, que todavía no lo tengo nada claro. Pero me esforzaré.

    Un saludo

  55. Subtexto muy subjetivo el que adjudica usted a Muñoz Molina y que no comparto.

    Disculpas aceptadas.

  56. Gracias por responder, Profesor Atticus. Yo creo que es por estupidez, aunque no exenta de maldad o, mejor, de mezquindad. Hay mezquindad en muchos pedagogos que actualmente copan cargos de responsabilidad, porque si abogasen por un sistema que premiase el talento y la inteligencia, abrirían la puerta a elementos más capaces y acabarían poniéndose en evidencia y perdiendo poder en última instancia. Pero también hay estupidez porque no tienen capacidad para hacerlo mejor (y les falta cabeza y generosidad para reconocerlo, claro). Fíjate que, en cualquier caso, fue el sistema pre-LOGSE el que avaló a estos elementos y por eso digo que antes tampoco teníamos de qué presumir.
    Al final tenemos un gremio que viene bien tanto a la derecha como a la izquierda, aunque en teoría las moderneces pedagógicas (que tampoco son tan modernas) se identifiquen con políticas de izquierda (que está también hecha unos zorros).

  57. ¡Pues si que ha dado juego el post!
    Un saludo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s