Sobre la ortografía: una postura iconoclasta

La ortografía es el conjunto de normas que regulan la escritura de una lengua.  Estas normas son necesarias pero no conviene olvidar que se han establecido por convenio. Y tampoco que tienen una finalidad fundamentalmente práctica: en primer lugar facilitar la lectura de un texto y en segundo, como efecto secundario, señalar el estatus del que escribe.  Escribo esto a propósito de un debate – que empezó aquí y siguió aquí – donde se hablaba de la supuesta finalidad ética de la ortografía, en cuanto relación de amor con el lenguaje. Decían quienes defendían esta postura que escribir bien es un deber del que escribe y un derecho del que lee, que lo que importa en la ortografía es la atención al detalle, el respeto por la tradición cultural y la cortesía hacia el lector.  Yo creo que debemos escribir bien no sólo para hacernos entender sino por una cuestión estética y de respeto al lector, además de que la atención al detalle es importante  así que,  definitivamente, creo que la corrección ortográfica debería ser un objetivo básico de la educación escolar.  Pero no termino de estar de acuerdo con la idea de que la ortografía tenga una finalidad ética.

Esta tienda estaba en la calle principal de una ciudad mexicana donde viví un tiempo.

Tienda situada en la calle principal de una ciudad mexicana donde viví un tiempo. Esta es una buena “ocación” para poner la foto en el blog.

Primero por lo que respecta a las tradiciones. Las tradiciones  son buenas para actuar en ‘piloto automático’ porque dan una respuesta inmediata al trasmitir la experiencia de los que vivieron antes que nosotros. Nos ayudan a andar con cautela, como si alguien nos dijera ‘oye, piensa esto un poco que si la humanidad lleva siglos haciendo lo mismo, será por algo’. Y por supuesto tienen la ventaja de ser un saber compartido. Pero las tradiciones tienen el alcance que tienen y no está claro cuándo empieza una tradición y cuándo termina algo que simplemente se ha hecho repetidamente por alguna razón o sin ella. Es más, las normas ortográficas se deben a la tradición hasta cierto punto. No olvidemos que en última instancia las fija – y da esplendor – una comisión de supuestos expertos, de manera creo que bastante arbitraria. Aquí se recogen los cambios más importante de la última reforma, que yo ahora no sigo, aunque reconozco que me tendría que regir por las nuevas normas si me tocara enseñar.

Las dos posturas sobre la ortografía me han recordado a las diferencias entre los iconódulos y los iconoclastas. Los primeros veneran imágenes por considerarlas un recordatorio de realidades espirituales verdaderas que creen que éstas representan. Los iconoclastas, sin embargo, no atribuyen ningún valor sagrado a las imágenes y no le rinden culto o veneración. Yo soy iconoclasta de la palabra.  Conozco el maravilloso poder que tiene – la palabra es un poderoso soberano, que con un pequeñísimo e invisible cuerpo realiza empresas absolutamente divinas. En efecto, puede eliminar el temor, suprimir la tristeza, infundir alegría, aumentar la compasión, dijo Gorgias – pero no venero su forma, su ortografía. Un iconódulo de la palabra, por el contrario, ve virtud en la imagen. Igual que un sacerdote bendice una talla de madera que será venerada por los fieles, un académico “bendice” una norma a la que habría igualmente que rendir culto. Esta sacralización tiene el  peligro de hacernos confundir lo accesorio con lo importante,  el rito con la realidad, de dejarnos aplastar por la carga de la palabra. Cortazar en “Rayuela” usaba la hache, a través del personaje de Oliveira, a modo de penicilina contra la rigidez mental sobrevenida al atribuir cierto carácter sagrado al lenguaje:

En esos casos Oliveira agarraba una hoja de papel y escribía las grandes palabras por las que iba resbalando su rumia. Escribía, por ejemplo: “El gran hasunto” o “la hencrucijada”. Era suficiente para ponerse a reír y cebar mate con más ganas. “La hunidad”, hescribía Holiveira. “El hego y el hotro”. Usaba las haches como otros la penicilina. Después volvía más despacio al asunto, se sentía mejor. “Lo himportante es no hinflarse”, se decía Holiveira. A partir de esos momentos se sentía capaz de pensar sin que las palabras jugaran sucio.

Andrés Bello propuso una simplificación de la ortografía que fue seguida entre otros por Juan Ramón Jiménez aunque no tuvo apoyo académico. También Gabriel García Márquez dijo en este discurso: “Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?” ¿Amaban menos el lenguaje que los académicos? Lo dudo. De hecho, podrían seguirse estas recomendaciones como ahora seguimos otras. Es un convenio, ni más ni menos, ni menos ni más.

Respecto a la enseñanza de la ortografía, siempre me ha llamado la atención que haya personas cultas y buenos lectores que siguen teniendo problemas con ella. Imagino que será una cuestión de memoria visual. A este respecto, comparto la opinión del autor de este maravilloso blog en el que a veces consulto algunas dudas:

Estoy convencido de que el problema de la mayor parte de las explicaciones ortográficas que manejamos es que son sencillamente irrelevantes. Durante miles de años los seres humanos se han servido de trucos mnemotécnicos que eran efectivos. La enseñanza tradicional incluía todo tipo de imágenes visuales, metáforas, rimas, canciones…, pero en las últimas décadas parece que hemos ido dejando arrumbadas estas formas sencillas, prácticas e incluso divertidas de aprender las cosas. Quizás vaya siendo el momento de desempolvar algunas y de ir inventando otras.

Editado (29/1/2013): he puesto una entrada en mi otro blog sobre un método para mejorar la ortografía: el dictado dibujado (Método Poz).

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23 Respuestas a “Sobre la ortografía: una postura iconoclasta

  1. Tan bien escrita la entrada que casi da vergúenza haber abundado en lo mismo con tanta menos habilidad…

    Una cita recogida por Unamuno en el comienzo de su artículo “Acerca de la reforma de la ortografía castellana” que demuestra qué viejas son estas polémicas y qué poco cambian las cosas del status, como las del querer (este artículo lo leí hace muuucho y me hizo cambiar mis opiniones sobre el asunto casi del todo):

    VALDÉS… de manera que pues la pronunciación es con h, yo no sé por qué ha de ser la escritura con f, siendo fuera de propósito que en una lengua vulgar se pronuncie de una manera y se escriba de otra. Yo siempre he visto que usan de la h los que se precian de escribir pura y castellanamente. Los que ponen la f, son los que no siendo muy latinos van trabajando de parecerlo.
    TORRES No sé yo si osariedes dezir esso en la Chancillería de Valladolid…
    VALDÉS ¿Por qué no?
    TORRES Porque os apedrearían aquellos notarios y escribanos que piensan levantarse diez varas de medir sobre el vulgo, porque con saber tres maravedís de latín, hazen lo que vos reprehendéis.

    (Valdés. Diálogo de las lenguas)

    Más gracioso todavía es que con el tiempo la h dejó de aspirarse y ahora está de adorno, o, con suerte, para que Cortázar se desintoxique. Y los de la Chancillería de Valladolid ahora piensan en la h como en un arquetipo platónico, naturalmente.

  2. Aloe, gracias por el comentario y por la cita de Unamuno que no conocía. No sé si será el caso, pero a veces en eso de empecinarse en seguir con las normas antiguas puede que haya más de desobediencia civil que ganas de destacarse de la masa. Pienso en la nueva reforma… y me da rabia tener que escribir ‘solo’, adverbio, sin tilde, o ‘setiembre’. O llamar ‘ye’ a la ‘y griega’. No sé qué necesidad había de todo esto.

  3. Paradójicamente,algunos correctores ortográficos provocan faltas de ortografía. Lo que está claramente en vías de extinción es la marca de interrogación al inicio de la pregunta, por lo que cuesta encontrarla en los nuevos teclados virtuales como el que estoy usando ahora. No es así?. Por lo demás, una buena entrada.

  4. Es verdad, Plutarco, los signos de interrogación y exclamación iniciales están perdiendo la batalla. Pero fíjate que he leído (en wikipedia) que en español sólo se usaban los signos finales, como en inglés, hasta la segunda edición de la Ortografía de la Real Academia en el siglo XVIII. No tenía ni idea. Gracias por tu comentario.

  5. Tienes que contarnos algo más sobre esa vida (desconocida para nosotros) en México.
    Desde mi punto de vista la mayor importancia de la ortografía es facilitar la lectura a quien lee. La palabra debe ser vehículo de ideas y para serlo lo importante es que pase desapercibida. En el momento que reparamos en las palabras estamos tropezando en lugar de caminar suavemente.
    DeL mIsMo Que cUEstA LeEr EsTo………Cuesta tanvien leer hesto. La ortografía es una convención para que todos nos atengamos a las mismas reglas y sea mucho más fácil reconocer e interpretar lo escrito. Ese creo que es su valor. Si no hubiera ningún tipo de norma la escritura terminaría siendo un caos y sucedería como en tu foto mejicana. ¿Te puedes imaginar cómo escribirían los andaluces o los extremeños? (los niños de estas comunidades, por cierto, tienen una gran desventaja para aprender a escribir)
    Yo soy bastante chapuza cuidando el detalle, y entiendo que tiene importancia, pero… Luego me muero de rabia cuando releo una entrada del blog y reparo que falta una palabra, un “de”, o un “que” o cosas así. Todo por correr y por no repasar con cuidado. Eso cuando el disparate no es mayor por olvidar que el corrector ortográfico es nuestro amigo . Y entiendo que el detalle tiene importancia porque son como “tropiezos” en la lectura, que no ayudan a “entrar” en la comprensión del texto (aunque el texto se entienda a pesar de esos errores). Esos detalles molestan al lector y en lugar de hacerle llano el camino se lo hacen abrupto. Pero yo voy tan atropellado a por el contenido cuando escribo que olvido la forma.
    Yo no sé si sería partidario de simplificar la ortografía. Por un lado facilitaría las cosas a los niños (y a algunos zoquetes como yo) pero por otro lado para las generaciones ya educadas sería una tortura ver con B o con V cosas que se pusieron siempre con la contraria.
    Chateando con mi hijo por SKYPE me espanto de la ortografía que usa, (hija del SMS y el “whatsap”) con OLA y AORA sin hache. Por cierto, con el paso del tiempo quizás esa escritura abreviada se imponga también en otros ámbitos. No quiero ni pensar el esfuerzo que tendrán que hacer los niños del futuro si ese modo de escribir “abreviado” por las nuevas tendencias del SMS se generaliza.
    Prometo que he repasado este texto pero no aseguro nada. El detalle me cuesta una barbaridad. Soy más de disparar con trabuco en lugar de hacerlo con rifle de mira telescópica. Qué le vamos a hacer.

  6. Lo de la “ye” parece que era por unificar a todos los países hispanos. Por lo visto ellos ceden en unas cosas y nosotros en otras.
    En todo caso es interesante reparar en que este problema existe porque hay que ENSEÑAR A LOS NIÑOS. Es posible que muchos se mueran acentuando “solo” pero las nuevas generaciones ya no lo harán. En realidad en Internet y en la vida cada uno escribe como sabe o como puede y del mismo modo al hablar (la mayoría no obedece en algunas cosas a las academias) pero la disputa nace porque al tener que enseñar hay que ponerse de acuerdo en qué es a partir de ahora la correcto, aunque yo ya me muera llamando “y griega” a la ye.
    Por cierto, lo de setiembre no lo sabía.

  7. Cristina, que yo sepa los últimos cambios ortogŕaficos se supone que son recomendaciones, y que el modo de antes sigue siendo correcto. No sé si hay alguna excepción a ello.
    Con los siglos y la conciencia de las veces que han metido la pata (como cuando se empeñaron en una inexistente v fricativa) la Academia se va haciendo más prudente.
    Yo considero mi gurú de cabecera en este asunto a Miguel A. Román, que escribe cada mes una maravillosa entrada en LIbro de Notas.
    Por ejemplo, esta:
    http://librodenotas.com/romanpaladino/23410/con-tildes-a-porfia

  8. Por cierto, entre Román y Unamuno una se entera de cosas como que las tildes que ahora desaparecen o la p de septiembre fueron innovaciones de la RAE muy discutidas en su momento, y contrarias a la forma tradicional de escribir. Y no tan antiguas.
    Pa que veas tú donde nos llevan si los tomamos en serio.

  9. Aloe, los académicos pueden acertar más o menos. Pero son inevitables para coordinar un poco. En realidad ellos no se inventan la lengua, tienen que recoger tarde o temprano la lengua real. Pero son inevitables y necesarios sobre todo porque de alguna manera hay que enseñar a escribir a los niños. Alguien tiene que marcar “lo que las cosas son”. Y más si no queremos que el español se parta en mil españoles distintos. Ahora las academias de español se coordinan de algún modo para mantener una cierta unidad. La lengua está viva y cambia como “dios le da a entender” pero hay cientos de maestros enseñando a millones de niños qué cosas deben escribir y qué cosas no. Y como deben hablar y como no. Por eso es necesaria algún tipo de “autoridad”.

  10. Loiayirga, es verdad que cuesta mucho más leer algo con faltas, como si al andar tropezáramos en obstáculos. Una vez leí que se ha demostrado que la gente se concentra mucho menos al leer un hipertexto porque el mero hecho de que haya enlaces, aunque no tengamos intención de pinchar en ellos, distrae. Es posible que con las faltas pase algo así.

    Y también es cierto que los seseantes (te olvidas de los niños canarios y de tooooodos los niños hispano hablantes de América) tenemos más dificultades con la “s”, la “z” y la “c”. Uno de Valladolid jamás hubiera escrito “ocación”, pero bueno, peor lo tienen los ingleses con su propia lengua.

    Y reconozco que decir “ye” no es tan terrible. También he dramatizado un poco con lo de “setiembre”. Tiene razón Aloe, que se admita “setiembre” no quiere decir que no se pueda seguir diciendo “septiembre”. También se ha admitido “almóndiga” como “albóndiga” (una vez gané una apuesta gracias a este intrascendente dato). No dejan de ser curiosas las decisiones que toman los señores académicos. ¡Ah!, y gracias por el enlace del artículo de Miguel A. Román. ¿Sabes? me ha hecho replantearme las cosas y creo que me voy a bajar del burro y a empezar a adoptar las nuevas normas. En realidad tiene razón Loiayirga, hace falta un poco de coordinación, aunque los académicos no nos caigan muy bien. A propósito, me hace gracia que Pérez Reverte reniegue de la reforma cuando él mismo es miembro de la RAE.

  11. ¡Anda!, me he dado cuenta de que siendo coherente debería haber escrito “Ésta es una buena…”, con tilde en la “E”, en el pie de foto. Me ha pasado como a Pérez Reverte 😦

  12. La forma “correcta”, si nos ponemos tontos, es setiembre, no septiembre. Eso es lo qe quería decir.

    Loiayirga, hoy no tengo ganas de discutir sobre la RAE, que ya cansa, pero la verdad es que ni la necesidad de estándares ortográficos (que síiii) ni el supeusto peligro de desmembramiento del español (que no existe creo yo) hacen necesario que nos gastemos una millonada y soportemos a la RAE: Una comisioncita ISO, y ya íbamos servidos.
    Las comisiones ISO no llevan chaqué, ahí te doy la razón.

  13. Saludos, Cristina.

    Según las últimas normas NO deberías haber puesto tilde en “Ésta es una buena”, por mucho que hablantes cultos de éste y el otro lado del Atlántico percibamos en el demostrativo un acento fónicamente distinto según funcione como determinante o como pronombre.

    Como Pérez Reverte, estoy en desacuerdo con las últimas normas de la RAE. Por los foros de lingüística hay gente atónita, sublevada, desencantada… En uno de ellos llegué a leer que las normas nuevas servían para el blanqueo de faltas de ortografía; esa persona estaba muy enfadada porque le parecía que se estaban dando alas a las personas que nunca se han preocupado por la ortografía y se estaba menospreciando a quien realmente intentaba cuidarla día tras día. La RAE está perdiendo autoridad ante la gente que gusta de cuidar su lengua y se preocupa un poco por estar al tanto de estas cosas. Añadamos, además, la gente del gremio de la edición que acata porque no le queda más remedio, pero que no está de acuerdo con las decisiones de los académicos. Por cierto, la RAE está metiendo la pata no sólo con la ortografía: dan miedo algunas palabras que han incluido en el diccionario o cómo han reformado algunas entradas. Lo de “Limpia, fija y da esplendor” ha pasado a mejor vida; ya se hacen chistas con el lema transformándolo en lo contrario.

    Como dice Loyajirga, ha de haber alguien que ponga un poco de orden y dicte unas normas para que el español no acabe desmembrado por una parte y, por otra, para que los maestros y profesores puedan enseñar.

    Las academias de la lengua española de todo el mundo tienen que ponerse de acuerdo y hacer concesiones (o no). Si mal no recuerdo, la de México estaba disconforme con las últimas normas ortográficas y envió un informe en el que optaba por una postura conservadora y dejar como estaban varias cosas que se han cambiado. El problema principal que veo en estas normas es la imposición de una sola forma cuando se pueden mantener dos sin mayor problema. Así, por ejemplo, desde el 57 por lo menos ya no había obligación de acentuar el adverbio SOLO y la persona que escribía podía escoger; actualmente ya no “se recomienda” sino que “se debe” escribir sin tilde. En cuanto al nombre de la letra Y, ¿qué mal hay en que convivan “ye” con “y griega”? El español es una lengua con un enorme número de hablantes y una gran extensión geográfica: ¿tan difícil es dar por buenas dos o tres opciones que cubran la mayor parte del dominio español? La reforma que se ha hecho me parece, en ese sentido, bastante dictatorial.

    En catalán no hay problema para dar por válidas como primera persona de indicativo del verbo cantar las formas CANTO (Cataluña; pronunciación distinta según el hablante provenga de la mitad occidental o de la mitad oriental); CANTE (Valencia) y CANT (Baleares). Tan correcto se considera conjugar un verbo incoativo añadiéndole el incremento -IX- como el incremento -ESC-: todo depende de la zona de procedencia del hablante.

    En italiano tampoco es raro que se admitan dos o tres posibilidades para una misma forma verbal o dos variantes de una misma palabra. Un escritor como Sciascia (maestro de profesión) hacía de la ortografía bandera y, además de escribir un relato policíaco en el que un elemento importante para la investigación resulta ser un signo de puntuación, se empeñaba en continuar distinguiendo entre vocales cerradas y abiertas a la hora de poner tildes. Esto, por ejemplo, ya no se enseña ni tiene especial relevancia en el italiano escrito, pero no está prohibido.

    En lo referente al francés, me han llegado noticias de que – cartesianos ellos – al realizar su última reforma ortográfica dijeron que durante un tiempo convivirían dos normas: quien ya no esté en la escuela, usará la antigua sin que por ello le puedan decir que comete faltas; quien esté aprendiendo ahora, usará la nueva. Por lo menos ahí no les dicen: “No pasa nada si no aprendiste a escribir bien; con la nueva ortografía vas a tener muchos menos problemas.” A los que sí aprendimos a escribir correctamente en español se nos queda cara de tontos (el sentir no es solo mío, sino de más gente).

    En definitiva, nuestra academia tiene que aprender a ser más flexible – que se puede y probablemente sea conveniente – y, sobre todo, no dictaminar en contra de los que amamos la lengua, porque es como tirarse piedras a su propio tejado, dada la desidia en general de la población española (no sé en el resto de países de habla hispana) a la hora de aprender a escribir: sólo hace falta ver los comentarios a una noticia en el periódico o los mensajes de un foro sobre deportes o series de televisión.

    No estoy de acuerdo con mi admirado García Márquez en su postura sobre la ortografía. Ya la conocía, pues suele salir a colación en estos casos, y es replicable.

    En cuanto al diálogo de Valdés citado vía Unamuno, lo tuve que leer entero y analizar para una asignatura. El pasaje que se cita es muy conocido y comentado, pues viene a ilustrar un hecho de la historia de nuestra lengua: en esa época se está produciendo la última gran reestructuración del sistema fonológico del castellano y es normal que haya gente más conservadora que se aferre al viejo paradigma y gente que ya quiera dar un paso adelante. Actualmente, no estamos asistiendo a un cambio tan grande en la estructura fónica y fonológica de la lengua como para proponer según qué cambios. Esa obra de Valdés es muy interesante, pero toda ella, no sólo ese pasaje.

  14. En el último párrafo no me he explicado bien. El pasaje de Valdés que se ha traído a colación es el testimonio de un aspecto concreto de la revolución fonológica que se está produciendo en ese momento en el castellano: la pérdida de F- inicial. También hay que tener en cuenta que, si mal no recuerdo, a lo largo del tratado Valdés propone como modelo el habla cortesana de Toledo, que es más innovadora que la de Castilla la Vieja y empieza antes a aspirar la F-.

    Con esto quiero decir que este pasaje ha de ser entendido desde un punto de vista estrictamente filológico antes de meternos en disquisiciones acerca de si defiende o no lo mismo que ahora, porque se puede perder mucho el norte y dar una interpretación errónea a sus palabras.

    Cristina, disculpa el mamotreto que he escrito antes, es que has reflexionado sobre un tema que me afecta. Siempre he sido muy obediente con las normas dictadas por la RAE, pero últimamente estoy muy descontenta con esta institución.

  15. Por los foros de lingüística hay gente atónita, sublevada, desencantada…
    Qué suerte tienen algunos. Poner o no poner alguna tilde (y además, aparentemente, habiendo entendido al revés el asunto) es lo más fuerte que afrontan en el mundo donde habitan.
    Que vayan pasando eso que se fuman… 🙂

  16. Encantada de leerte otra vez por aquí, Aurora. Como dices, según la última reforma, está bien no haber puesto la tilde en “esta es una buena…” pero es que dije que me negaba a seguir los cambios, así que he incurrido en fragante contradicción… o en penoso despiste 🙂

    Me ha hecho gracia pensar en la reforma como en una especie de amnistía. Estoy de acuerdo con Aloe en que no se justifica la existencia de una academia como la RAE cuando valdría formar comisiones puntuales para decidir sobre reformas concretas. Y veo que tú también eres crítica con la Academia. Tengo entendido que los países de habla alemana formaron un grupo de trabajo ad hoc para su gran reforma ortográfica de 1996. Y después está el asunto que comentas, de que es posible que haya gente, fuera del mundillo académico, que no se haya enterado de los últimos cambios (¿estas cosas salen en el Telediario?). Por eso me parece muy razonable la opción francesa de dejar convivir en paz los dos sistemas. Pero bueno, sigo firme en mi decisión de atenerme a las nuevas normas a partir de ahora, por aquello de la vocación educativa del blog y de servidora 🙂

    Y, Aloe, imagina lo que ocurre en los foros de fútbol cuando se habla de tal entrenador o cual jugador. Al menos el lenguaje es imprescindible, lo que no se puede decir de muchas cosas 🙂

  17. Sin ánimo de polémica, leo que la pérdida de la f inicial se dio como tarde en los siglos VIII-X (aunque he encontrado un artículo académico que defiende que ya debía estar en el latín vulgar peninsular, al menos el del norte, donde se documenta más temprano el cambio) y Juan de Valdés escribió en cambio en el siglo XVI.
    Así que, así y sin saber más, da la impresión de que empeñarse en la ortografía con f era más una ultracorrección cultista (latinista) que el reflejo de una ambigúedad de pronunciación, que Valdés habría conocido además (si fuera extendida), ya que hacía como setecientos años al menos que lo normal era no pronunciar la f inicial salvo algún reducto dialectal fuera de Castilla.

    Si la cosa tiene otra explicación, me encantaría saberla.

  18. ¿Quienes os oponéis a la existencia de la RAE estáis seguras de que en vuestra opinión lo que más pese no sea la acusación de institución machista?

  19. Emilio, eres incansable 😉
    En mi caso simplemente no le veo demasiado sentido a la existencia de la institución, independientemente de que esté formada por muchos más hombres que mujeres… aunque tampoco se entiende que haya tan pocas mujeres.

    Aloe, es interesante lo que comentas, pero yo no puedo responder. ¿Quizás Aurora?

  20. En mi caso lo que más pesa es que la considero un residuo de los tiempos en que que una élite autonombrada (o nombrada por el gobierno si así fuera, me da igual) se consideraba la propietaria de la lengua, la guardiana del bien decir y con derecho a “limpiar, fijar y dar esplendor”. En aquellos tiempos la protolingüística creía que había una lengua prístina, noble y pura, que el vulgo y la decadencia de los tiempos ensuciaba y que era cosa de una élite educada velar por ella y “mantenerla fija”. Se ve en le doctor Johnson la misma convicción respecto al inglés.
    La lingüïstica ha cambiado radicalmente sus puntos de vista al respecto, pero no todo el mundo lo ha hecho al mismo tiempo, porque las supersticiones tardan mucho en morir, sobre todo cuando complacen el ego de grupos sociales influyentes.
    Se suele decir que la RAE ayuda a mantener el español unido. Yo creo que afortunadamente la RAE ha sido absolutamente inane al respecto, para bien y para mal, y afortunadamente, hay que añadir.
    Los romanos tenían la misma clase de supersticion respecto al latín culto y demás. ¿La consecuencia fue que contribuyeron a mantener el latín unido y clásico? No, la consecuencia fue que ya en la Roma floreciente del siglo I el latín clásico no lo hablaba nadie, y en realidad ya había dos lenguas.
    Donde la lengua escrita ha tenido más peso y ha habido más alfabetización temprana, paradójicamente su ortografía es mucho menos fonética, porque se ha quedado anclada en las normas cultas fetén, las del siglo XVI o así…

    Menos mal que la RAE no ha tenido prácticamente influencia desde su fundación hasta hace poco. Gracias a eso, todos hablamos lo mismo, todavía…
    Lo malo es que la escuela se ha hecho universal, y ahora corremos el peligro de que mucha gente se tome en serio a la RAE, novedad de la que no podemos esperar nada bueno.

  21. Aun así, que los contribuyentes mantengamos a cuerpo de rey una institucion de alto valor simbólico (y ningún otro, pero ese tiene su importancia) que se pasa por el forro las reglas del mérito y coopta a coleguitas y gente con infuencia y poder, todos hombres menos alguna señora para que no digan… sería de por sí motivo suficiente para rechazar que se mantenga con dinero público.
    Los clubs privados que pongan las reglas que quieran y que se mantengan son sus cuotas. Los públicos deben seguir reglas meritocráticas e imparciales.

    Otra razón suficiente es que la RAE plagia a manos llenas en su gramática y sus publicaciones, sin citar autor, ni seguir las reglas de la comunidad científica. Luego, con todo el morro, pone copyright a eso que copia y cuya publicación pagamos todos. Ejemplar, vamos.

  22. Aunque el comentario no era inocente, no pretendía molestar. Es que me parece excesivo como se cargan las tintas contra la academia. En relación con el tema de la ética y la ortografía, en mi opinión el argumento vale en cualquier caso porque se trata de respeto hacia lo que es común. Nadie duda de que se trata de una convención, los ingleses pasan mucho de academia porque convienen en otra cosa. Pero el argumento valdría igual allí.

  23. La fijación de una convenciòn ortográfica es la única cosa útil que hace la RAE.
    Pero tampoco es necesario tener tanto oropel y ringorrango y gastarnos una pasta en semejante trivialidad.
    Ni soportar las malas consecuencias de conceder autoridad sobre la lengua (autoridad que no les corresponde) a unas docenas de señores autonombrados, lo cual convierte la lengua común en otro ámbito (uno más, por si no hay bastantes) en el que unos parásitos arrogantes nos convierten en súbditos acojonaos y en extraños sin autoridad en nuestra propia casa. Nuestra lengua nativa es nuestra propia casa, y en casa somos dueños y señores, no parientes pobres.

    Por eso decía lo de una comisión ISO. Anda que no hay fijados estándares mucho más difíciles de fijar que la ortografía, en cientos de asuntos, sin la centésima parte de alharaca.

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