Metálogos

Gregory Bateson y Margaret Mead tuvieron una hija, Mary Catherine, nacida en 1939. Un poco al modo de Piaget, los Bateson hicieron de la educación de su hija un verdadero proyecto de investigación, asesorados por Benjamin Spock, la autoridad pediátrica del momento. A partir de las charlas con la niña, y con la idea de estudiar los mecanismos del pensamiento en su estado ingenuo, Bateson escribió una serie de diálogos imaginarios entre un padre y una hija a los que llamó “metálogos”, o meta diálogos, dando a entender así que su misma estructura reflejaba al mismo tiempo el problema que está en discusión. Bateson decía que la historia de la teoría evolutiva es inevitablemente un metálogo entre el hombre y la naturaleza, en el que la creación e interacción de las ideas tienen que ejemplificar necesariamente un proceso evolutivo.

A continuación copio un fragmento del que llamó “¿Qué es un instinto?”. Es un poco largo, pero creo que es interesante.

HIJA:             Papá, ¿qué es un instinto?
PADRE:        Un instinto, querida, es un principio explicativo.
H.:                   ¿Pero qué explica?
P.:                   Todo… casi absolutamente todo. Cualquier cosa que quieras explicar.
H.:                   No seas tonto: no explica la gravedad.
P.:                   No, pero eso es porque nadie quiere que el “instinto” explique la gravedad. Si lo quisieran, lo explicaría. Podríamos decir que la luna tiene un instinto cuya fuerza varía inversamente al cuadrado de la distancia…
H.:                   Pero eso no tiene sentido; papá.
P.:                   Claro que no, pero fuiste tú la que mencionó el instinto, no yo.
H.:                   Está bien… ¿pero qué es lo que explica la gravedad?
P.:                   Nada, querida, porque la gravedad es un principio explicativo.
H.:                   ¡Oh!
H.:                   ¿Quieres decir que no se puede usar un principio explicativo para explicar otro? ¿Nunca?
P.:                   Humm… casi nunca. Eso es lo que Newton quería decir cuando dijo: “Hypothesis non fingo”.
H.:                   ¿Y qué significa eso, por favor?
P.:                   Bueno, tú ya sabes qué son las hipótesis. Cualquier aserción que conecta una con otras dos aserciones descriptivas es una hipótesis. Si tú dices que hubo luna llena el 1º de febrero y nuevamente el 1º de marzo y luego conectas esas dos observaciones de alguna manera, es una hipótesis.
H.:                   Sí, y también sé qué quiere decir non, ¿pero qué es fingo?
P.:                   Bueno, fingo es una palabra que en latín tardío significa “hago”. Forma un sustantivo verbal “fictio”, del que procede nuestra palabra “ficción”.
H.:                   Papá, ¿quieres decir que Sir Isaac Newton pensaba que todas las hipótesis están compuestas como los cuentos?
P.:                   Si, precisamente.
H.:                   ¿Pero no descubrió la gravedad? ¿Con la manzana?
P.:                   No, querida. La inventó.
H.:                   ¡Oh! ¿Y quién inventó el instinto, papá?
P.:                   No lo sé. Probablemente sea bíblico.
H.:                   Pero si la idea de la gravedad conecta dos aserciones descriptivas, tiene que ser una hipótesis.
P.:                   Efectivamente.
H.:                   Entonces, Newton “fingó” una hipótesis, después de todo.
P.:                   Sí, vaya si lo hizo. Era un científico muy grande.
H.:                   Oh.
H.:                   Papá, ¿un principio explicativo es lo mismo que una hipótesis?
P.:                   Casi, pero no del todo. Verás: una hipótesis trata de explicar algo particular, pero un principio explicativo —como la gravedad o el instinto— no explica realmente nada. Es una especie de acuerdo convencional entre los científicos para no pasar más allá de cierto punto en su intento de explicar las cosas.
H.:                   ¿A eso se refería Newton? Si “gravedad” no explica nada sino es una especie de punto y aparte al final de una línea de explicación, entonces el inventar la gravedad no fue lo mismo que inventar una hipótesis, y podía decir que él no “fingó” ninguna hipótesis.
P.:                   Exacto. No hay explicación de un principio explicativo. Es como una “caja negra”.
H.:                   Oh.
H.:                   Papá, ¿qué es una caja negra?
P.:                   Una caja negra es un acuerdo convencional entre los científicos para detenerse en el intento de explicar las cosas en cierto punto. Sospecho que por lo común es un acuerdo temporal.
H.:                   Pero esto no suena a caja negra.
P.:                   No… pero así es como se lo llama. Las cosas muchas veces no suenan como sus nombres.
H.:                   No.
P.:                   Es una palabra que proviene de los ingenieros. Cuando dibujan el diagrama de una maquina complicada, emplean una especie de taquigrafía. En vez de dibujar todos los detalles, colocan una caja que representa todo un conjunto de partes y a esa caja le ponen un rótulo que indica lo que ese conjunto de partes se supone que hace.
H.:                   Entonces, “caja negra” es un rótulo de lo que un conjunto de cosas se supone que tiene que hacer…
P.:                   Así es. Pero no es una explicación de cómo funciona ese conjunto.
H.:                   ¿Y la gravedad?
P.:                   Es un rótulo para lo que se supone que la gravedad hace. No es una explicación de cómo lo hace.
H.:                   Oh.
P.:                   Papá, ¿qué es un instinto?
P.:                   Es un rótulo para lo que se supone que hace cierta caja negra.
H.:                   ¿Pero qué se supone que hace?
P.:                   Humm. Esa es una pregunta muy difícil.
H.:                   Sigue.
P.:                   Bueno. Se supone que controla –controla parcialmente– lo que hace el organismo.
H.:                   ¿Tienen instinto las plantas?
P.:                   No. Si un botánico empleara la palabra “instinto” al hablar de las plantas sería acusado de zoomorfismo.
H.:                   ¿Es algo malo?
P.:                   Sí. Muy malo para los botánicos. Para un botánico, ser culpable de zoomorfismo es lo mismo que para un zoólogo ser culpable de antropomorfismo. Muy malo, por cierto.
H.:                   ¡Ah, ya entiendo!
H.:                   ¿Qué quisiste decir al hablar de “control parcial”?
P.:                   Bueno, si un animal cae por una pendiente su caída es controlada por la gravedad. Pero si culebrea al caer, eso puede deberse al instinto.
H.:                   ¿Instinto de conservarse a sí mismo? (self-preservative)
P.:                   Supongo que sí.
U.:                   ¿Qué es un sí-mismo (self)? ¿Sabe un perro que tiene un sí-mismo?
P.:                   No lo sé. Pero si el perro sabe que tiene un sí-mismo y culebrea para preservar ese sí-mismo, entonces su culebreo es racional y no instintivo.
H.:                   ¡Oh, entonces un “instinto de preservación de sí-mismo” es una contradicción!
P.:                   Bueno, es una especie de paradero a la mitad del camino que lleva al antropomorfismo.
H.:                   Oh. Eso es malo.
P.:                   Pero el perro podría saber que tiene un sí-mismo y no saber que este sí-mismo tiene que ser preservado. Entonces sería racional no culebrear. Si, a pesar de ello, el perro culebrea, eso sería instintivo. Pero si aprendiera a culebrear, entonces no sería instintivo.
H.:                   Oh.
H.:                   ¿Qué es lo que no sería instintivo, papá? ¿El aprender o el culebrear?
P.:                   No… sólo el culebrear.
H.:                   ¿Y el aprender sería instintivo?
P.:                   Bueno… sí. A menos que el perro tuviera que aprender a aprender.
H.:                   Oh.

(…)

H.:                   Papá, ¿es eso un instinto?
P.:                   ¿El qué un instinto?
H.:                   Suponer que las cosas son simples.
P.:                   Por supuesto que no. Los científicos tienen que ser enseñados para hacer eso.
H.:                   Pero creí que ningún organismo podía ser enseñado a equivocarse todas las veces.
P.:                   Jovencita, te estás poniendo irrespetuosa y equivocada. En primer lugar, los científicos no se equivocan cada vez que suponen que las cosas son simples. Con mucha frecuencia aciertan o aciertan parcialmente, y con mayor frecuencia aún creen estar acertados y así se lo dicen unos a otras. Y esto es un refuerzo suficiente. Y, de todas maneras, estás equivocada al decir que ningún organismo puede ser enseñado a equivocarse todas las veces.
H.:                   Cuando la gente dice que algo es instintivo, ¿Intenta entonces de simplificar las cosas?
P.:                   Sí, así es.
H.:                   ¿Y están equivocados?
P.:                   No lo sé. Depende de lo que quieran decir.
H.:                   Oh.
H.:                   Y ¿cuándo lo hacen?
P.:                   Sí; ése es un modo mejor de hacer la pregunta. Lo hacen cuando ven que un ser viviente está haciendo algo y están seguros de que: primero, ese ser no aprendió cómo hacer ese algo y, segundo, que ese ser es demasiado estúpido para comprender por qué debe hacerlo.
H.:                   ¿Y en alguna otra oportunidad?
P.:                   Sí. Cuando ven que todos los miembros de la especie hacen las mismas cosas en las mismas circunstancias; y cuando ven que el animal repite la misma acción aún cuando las circunstancias hayan cambiado y la acción no tenga resultado.
H.:                   ¿Entonces existen cuatro maneras de saber que algo es instintivo?
P.:                   No. Cuatro condiciones. Si ellas se dan, los científicos hablan de instinto.
H.:                   ¿Pero qué pasa si una condición no está presente? Un instinto suena más bien a hábito o costumbre.
P.:                   Pero los hábitos son aprendidos.
H.:                   Sí.
H.:                   ¿Los hábitos se aprenden siempre dos veces?
P.:                   ¿Qué quieres decir?
H.:                   Quiero decir… cuando aprendo una combinación de cuerdas en la guitarra primero las aprendo o las encuentro; y luego, cuando practico, formo el hábito de tocarlas de esa manera. Y a veces formo hábitos malos.
P.:                   ¿Aprendiendo a equivocarte todas las veces?
H.:                   Este… sí, de acuerdo. ¿Pero qué pasa con ese asunto de aprender en dos etapas? ¿No estarían presentes ambas partes del aprendizaje si el tocar la guitarra fuera instintivo?
P.:                   Sí. Si ambas partes del aprendizaje no estuvieran claramente presentes los científicos podrían decir que el tocar la guitarra es instintivo.
H.:                   ¿Y si faltara sólo una parte del aprendizaje?
P.:                   Entonces, lógicamente la parte faltante podría explicarse por el “instinto”.
H.:                   ¿Podría faltar cualquiera de las dos partes?
P.:                   No lo sé. No pienso que alguien lo sepa.
H.:                   Oh.
H.:                   ¿Los pájaros practican sus cantos?
P.:                   Si. Se dice que algunos pájaros los practican.
H.:                   Supongo que el instinto les da la primera parte del canto, pero tienen que trabajar para lograr la segunda parte.
P.:                   Quizá.
H.:                   ¿Podría ser instintivo ese practicar?
P.:                   Supongo que podría serlo.., pero no estoy seguro de qué sentido puede llegar a tomar la palabra “instinto” en esta conversación.
H.:                   Es un principio explicativo, papá, tal como dijiste… Hay algo que no entiendo.
P.:                   ¿Sí?
H.:                   ¿Hay sólo un gran montón de instintos? ¿O hay montones de instintos?
P.:                   Sí. Esa es una buena pregunta, y los científicos han hablado mucho sobre ella, haciendo listas de instintos separados y apilándolos luego otra vez.
H.:                   ¿Pero cuál es la respuesta?
P.:                   Bueno. No es muy clara. Pero hay una cosa cierta: que los principios explicativos no deben multiplicarse sin necesidad.
H.:                   ¿Qué significa eso, por favor?
P.:                   Es la idea que está detrás del monoteísmo.., que la idea de un solo Dios grande debe preferirse a la idea de dos dioses pequeños.
H.:                   ¿Dios es un principio explicativo?
P.:                   Oh, sí… muy grande. No hay que emplear dos cajas negras —o dos instintos— para explicar lo que una sola caja negra puede explicar.
H.:                   Si es lo suficientemente grande.
P.:                   No. Quiere decir…
H.:                   ¿Hay instintos grandes e instintos pequeños?
P.:                   Bueno, de hecho, los científicos hablan efectivamente como si los hubiera. Pero a los instintos pequeños los llaman con otros nombres: “reflejos”, “mecanismos innatos de descarga”, “patrones fijos de acción”, etcétera.
H.:                   Ya veo.., es como tener un gran Dios para explicar el universo y cantidades de “trasgos” o “duendes” para explicar las cosas menudas que suceden.
P.:                   Bueno, sí. Algo así.
H.:                   Pero, papá, ¿cómo apilan las cosas para formar los grandes instintos?
P.:                   Bueno, por ejemplo, no dicen que el perro tiene un instinto que lo hace culebrear cuando cae por la pendiente y otro que lo hace huir del fuego.
H.:                   ¿Quieres decir que ambas cosas se explicarían mediante un instinto de preservación de sí mismo?
P.:                   Algo parecido. Sí.
H.:                   Pero si reúnes estos actos diferentes bajo un mismo instinto, entonces no puedes dejar de decir que el perro tiene el uso de la noción de “sí-mismo”.
P.:                   No, tal vez no.
H.:                   ¿Qué harías con el instinto de cantar y con el instinto de practicar el canto?
P.:                   Bueno.., según para qué se use el canto. Tanto el canto como la práctica podrían caer bajo un instinto territorial o bajo un instinto sexual.
H.:                   Yo no los pondría juntos.
P.:                   ¿No?
H.:                   Porque ¿qué sucedería si el pájaro practicara también recoger semillas o algo semejante? Tendrías que multiplicar los instintos —¿cómo era?— “más allá de lo necesario”.
P.:                   ¿Qué quieres decir?
H.:                   Me refiero a un instinto de “conseguir-alimento” para explicar la recolección de semillas, y un “instinto-territorial” para la práctica del canto. ¿Por qué no recurrir a un instinto de practicar para ambas cosas? Eso ahorra una caja negra.
P.:                   Pero entonces tendrías que dejar de lado la idea de apilar juntas bajo un mismo instinto, acciones que tienen el mismo propósito.
H.:                   Sí… porque si la práctica es para un propósito —quiero decir si el pájaro tiene un propósito— entonces el practicar es racional y no instintivo. ¿No era algo así lo que dijiste?
P.:                   Sí, algo así.
H.:                   ¿Podríamos arreglárnoslas sin la idea de “instinto”?
P.:                   ¿Cómo explicarías entonces las cosas?
H.:                   Bueno, me limitaría a tomar en cuenta las cosas pequeñas. Cuando alguna cosa estalla, el perro salta. Cuando le falta la tierra debajo de los pies, culebrea. Y así todo lo demás.
P.:                   Quieres decir… ¿todos los trasgos pero ningún dios?
H.:                   Sí, algo así.
P.:                   Bueno. Hay científicos que tratan de hablar así, y se está convirtiendo en algo de buen tono. Dicen que es más objetivo.
H.:                   ¿Y lo es?
P.:                   ¡Oh, sí!
H.:                   Papá, ¿qué significa “objetivo”?
P.:                   Bueno. Significa que uno mira con mucho cuidado las cosas que uno eligió mirar.
H.:                   Suena bien. ¿Pero cómo hacen las personas objetivas para elegir las cosas respecto de las cuales quieren ser objetivas?
P.:                   Bueno. Eligen aquellas cosas sobre las cuales es fácil ser objetivo.
H.:                   ¿Quieres decir, fácil para, ellos?
P.:                   Sí.
H.:                   Pero ¿cómo saben que esas casas son fáciles?
P.:                   Supongo que prueban varias cosas y lo descubren mediante la experiencia.
H.:                   Entonces, ¿es una elección subjetiva?
P.:                   ¡Oh, Sí! Toda experiencia es subjetiva.
H.:                   Pero es humana y subjetiva. Ellos deciden sobre qué pedacito de la conducta animal ser objetivos, tomando en cuenta la experiencia humana subjetiva. ¿No dijiste que el antropomorfismo es algo malo?
P.:                   Sí… pero es que ellos tratan de no ser humanos.
H.:                   ¿Qué cosas dejan fuera?
P.:                   ¿Qué quieres decir?
H.:                   Quiero decir… la experiencia subjetiva les muestra cuáles son las cosas sobre las cuales es fácil ser objetivos. Entonces, van y estudian esas cosas. ¿Pero cuáles son las cosas que su experiencia les muestra que son difíciles? Como para evitarlas. ¿Cuáles son las cosas que evitan?
P.:                   Bueno, tú mencionaste antes algo llamado “práctica”. Esa es una cosa sobre la que es difícil ser objetivo. Y hay otras cosas que son difíciles en el mismo sentido. El juego, por ejemplo. Y la exploración. Es difícil ser objetivo acerca de si una rata está explorando realmente o está realmente jugando. Por eso no investigan esas cosas. Y además, está el amor. Y, por supuesto, el odio.
H.:                   Ya veo. Esa es la clase de cosas para as cuales yo quería inventar instintos separados.
P.:                   Sí… cosas como ésas. Y no te olvides del humor.
H.:                   Papá, ¿los animales son objetivos?
P.:                   No lo sé… probablemente no. Tampoco creo que sean subjetivos. No pienso que estén escondidos de esa manera.
H.:                   ¿No es cierto que a la gente le resulta especialmente difícil ser objetiva respecto de las partes más animales de su naturaleza?
P.:                   Supongo que sí. De todas maneras, así lo dijo Freud, y pienso que estaba acertado. ¿Por qué lo preguntas?
H.:                   Porque, ¡caramba, pobre gente! Tratan de estudiar los animales. Y se especializan en aquellas cosas que pueden estudiar objetivamente. Y luego sólo pueden ser objetivos acerca de aquellas cosas en las que ellos mismos son menos semejantes a los animales. Les tiene que resultar difícil.
P.:                   No, eso no se sigue necesariamente. Pese a todo, es posible a la gente ser objetiva acerca de algunas cosas de la naturaleza animal. No has mostrado que la totalidad de la conducta animal se encuentra entre el conjunto de cosas sobre las que la gente no puede ser objetiva.
H.:                   ¿No?
H.:                   ¿Cuáles son las diferencias realmente grandes entre la gente y los animales?
P.:                   Bueno… el intelecto, el lenguaje, los utensilios. Cosas como ésas.
H.:                   ¿Y es fácil para la gente ser objetiva en el lenguaje y acerca de los utensilios
P.:                   Así es.
H.:                   Pero eso debe querer decir que en la gente hay todo un conjunto de ideas o lo que sea que están todas enlazadas entre sí. Una especie de segundo ser viviente dentro de la totalidad de la persona, y este segundo ser viviente debe tener una manera muy distinta de pensar sobre cualquier cosa. Una manera objetiva.
P.:                   Sí. El camino real hacia la conciencia y la objetividad pasa por el lenguaje y los utensilios.
H.:                   ¿Pero qué pasa cuando ese ser viviente mira a todas esas partes de la persona sobre las cuales es difícil para la gente ser objetiva? ¿Se limita a mirar o se entromete?
P.:                   Se entromete.
H.:                   ¿Y qué sucede?
P.:                   Es una pregunta muy terrible.
H.:                   Sigue. Si queremos estudiar los animales, tenemos que afrontar esa pregunta.
P.:                   Bueno… los poetas y los artistas conocen la respuesta mejor que los científicos. Déjame leerte un trozo:
El pensamiento transformó el infinito en una serpiente, y aquello que le dio compasión
En una llama devoradora; y el hombre huyó de su faz y se ocultó
En selvas de noches: entonces todas las selvas eternas se dividieron
En tierras que ruedan en círculos de espacio, que como un océano se lanzaron
Y sumergieron todo, excepto esta finita muralla de carne.
Entonces se formó el templo de la serpiente; y el hombre se convirtió en un ángel,
El cielo en un poderoso círculo que gira, Dios en un tirano coronado.
H.:                   No lo entiendo. Suena tremendo, ¿pero qué significa?
P.:                   Bueno, no es una aserción objetiva, porque está hablando del efecto de la objetividad —lo que el poeta llama aquí pensamiento— sobre la totalidad de la persona o la totalidad de la vida. El “pensamiento” debería seguir siendo una parte del todo, pero en vez de ello, se esparce y se entre mete en el resto.
H.:                   Sigue.
P.:                   Bueno Escinde todo en pedazos.
H.:                   No entiendo.
P.:                   Bueno, la primera escisión es entre la cosa objetiva y el resto. Y luego, en el interior de lo creado a imagen del intelecto, del lenguaje y los utensilios, es natural que se desarrolle el propósito. Los utensilios son para propósitos y todo lo que bloquea un propósito es un obstáculo. El mundo de lo creado objetivo se escinde en cosas “ayudadoras” y cosas “obstaculizantes”
H.:                   Sí. Ya lo veo.
P.:                   De acuerdo. Entonces lo creado aplica esta escisión a la totalidad de la persona, y “ayudador” y “obstaculizador” se convierten en el Bien y el Mal, y el mundo se escinde luego entre Dios y la Serpiente. Y después de ésta se siguen más y más escisiones, porque el intelecto clasifica y divide constantemente las cosas.
H.:                   ¿Multiplicando los principios explicativos más allá de lo necesario?
P.:                   Así es.
H.:                   Por lo tanto, inevitablemente, cuando la criatura objetiva mira a los animales, escinde las cosas y hace que los animales parezcan seres humanos después de que sus intelectos han invadido sus almas.
P.:                   Exactamente. Es una especie de antropomorfismo inhumano.
H.:                   ¿Y ésa es la razón de que la gente objetiva estudie todos los trasguitos en vez de estudiar las cosas más grandes?
P.:                   Sí. Se la llama la psicología del E-R (Estímulo – Respuesta). Es fácil ser objetivo respecto del sexo, pero no respecto del amor.
H.:                   Papá, hemos hablado de dos maneras de estudiar a los animales —la manera del instinto amplio y la manera S-R—, y ninguna de las dos me pareció muy sólida. ¿Qué hacemos ahora?
P.:                   No sé.
H.:                   ¿No dijiste que el camino real hacia la objetividad y la con ciencia son el lenguaje y los utensilios? ¿Cuál es el camino hacia la otra mitad?
P.:                   Freud dijo que los sueños.
H.:                   Oh.

Todos los metálogos aparecen en “Espíritu y naturaleza”. El libro completo se puede leer en español aquí y en inglés aquí.

Entradas relacionadas:

Anuncios

2 Respuestas a “Metálogos

  1. Creo que me he perdido, no se si quieres llamar la atención sobre el método que usa, o sobre el contenido: el instinto.

  2. Loiayirga, pues el método lo inventó Sócrates, ¿no? Bueno, al menos algo parecido. Me pareció interesante como análisis sobre las ideas ingenuas que tenemos sobre cómo funciona la ciencia y sobre cómo se plantean las hipótesis y se construyen los modelos.
    Un saludo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s