La mano visible del mercado

Estos días circula por internet un texto donde se compara el preámbulo de la Ley Orgánica de Educación (LOE), aprobada en 2006, y el del borrador del Anteproyecto de Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), recientemente presentado por el ministro Wert.

Del primero destacan lo siguiente:

Las sociedades actuales conceden gran importancia a la educación que reciben sus jóvenes, en la convicción de que de ella dependen tanto el bienestar individual como el colectivo. La educación es el medio más adecuado para construir su personalidad, desarrollar al máximo sus capacidades, conformar su propia identidad personal y configurar su comprensión de la realidad, integrando la dimensión cognoscitiva, la afectiva y la axiológica. Para la sociedad, la educación es el medio de transmitir y, al mismo tiempo, de renovar la cultura y el acervo de conocimientos y valores que la sustentan, de extraer las máximas posibilidades de sus fuentes de riqueza, de fomentar la convivencia democrática y el respeto a las diferencias individuales, de promover la solidaridad y evitar la discriminación, con el objetivo fundamental de lograr la necesaria cohesión social. Además, la educación es el medio más adecuado para garantizar el ejercicio de la ciudadanía democrática, responsable, libre y crítica, que resulta indispensable para la constitución de sociedades avanzadas, dinámicas y justas. Por ese motivo, una buena educación es la mayor riqueza y el principal recurso de un país y de sus ciudadanos.

Mientras que del anteproyecto de ley reproducen el siguiente párrafo (que no es el primero):

La educación es el motor que promueve la competitividad de la economía y las cotas de prosperidad de un país; su nivel educativo determina su capacidad de competir con éxito en la arena internacional y de afrontar los desafíos que se planteen en el futuro. Mejorar el nivel de los ciudadanos en el ámbito educativo supone abrirles las puertas a puestos de trabajo de alta cualificación, lo que representa una apuesta por el crecimiento económico y por conseguir ventajas competitivas en el mercado global.

Muchos andan indignados porque dicen que la nueva ley pretende mercantilizar la educación. Y puede que sea cierto, aunque la estrategia del escrito es algo torticera porque digo yo que, puestos a comparar, deberían haber copiado el comienzo del preámbulo del anteproyecto, que es el siguiente:

Los alumnos son el centro y la razón de ser de la educación. El aprendizaje en la escuela debe ir dirigido a formar personas autónomas, criticas, con pensamiento propio. Todos los alumnos tienen un sueño, todas las personas jóvenes tienen talento. Nuestras personas y sus talentos son lo más valioso que tenemos como país.

Unas afirmaciones que me parecen razonables y que yo podría suscribir perfectamente. Sin embargo, es cierto que en los actuales debates sobre educación aparecen, cada vez más, términos como competitividad, mercado, emprendedor, crecimiento económico… El párrafo en cuestión es un ejemplo. Y me parece muy triste. En primer lugar, no creo que haya que promover la competitividad. O al menos no que haya que hacerlo a toda costa. Quiero decir, que se puede llegar a ser más competitivo bajando los salarios, suprimiendo las vacaciones y aumentando la jornada laboral a diez o doce horas diarias, por ejemplo. O con el despido gratis, como dijo un empresario chino en esta entrevista. Sin embargo, imagino que no es eso lo que queremos. Lo que queremos, supongo, es a vivir bien, entendiendo ‘vivir bien’ como dignamente y con cierto grado de bienestar. Claro que para conseguir este objetivo necesitamos bienes materiales y servicios que son más fáciles de conseguir con algo llamado dinero. Pero el dinero, el crecimiento económico, debería ser el medio, no el fin.Verdad de perogrullo número uno, que con frecuencia se olvida. Cierto es que el anteproyecto de ley habla de promover la competitividad económica mediante la educación, o sea, formando a los ciudadanos para que sean capaces de generar conocimiento y ponerlo al servicio de la sociedad y conseguir ese bienestar del que hablamos. De acuerdo, pero esto ya está inventado, se llama investigación y capacitación profesional, y no hace falta usar la palabra competitividad, que engloba muchas cosas, no todas positivas. En segundo lugar, y ya poniéndome quisquillosa y sacando mi vena hippy, tampoco creo que se deba aspirar al crecimiento económico per se, más que nada porque con un único planeta que explotar, el crecimiento ilimitado es completamente inviable.  Por eso deberíamos buscar el modo de que el conocimiento nos permita lograr un cierto nivel de bienestar con un número limitado de recursos. Yo diría que es el momento de empezar a pensar en el decrecimiento, incluso con la que está cayendo… o precisamente por eso.

Anuncio de Lego. (Imagen extraída de widelec.org)

Builders of tomorrow. Anuncio de Lego. (Imagen extraída de widelec.org)

Volviendo al tema de la educación, creo que es urgente un cambio de paradigma. Con las clases magistrales de profesores de apuntes amarillentos, repetidos año tras año, no vamos a ningún lado. Tampoco con el buen rollo y los talleres de educación emocional. Es necesaria, creo, una educación más orientada a la práctica, de pensar más y repetir menos. Pero, ¡ay! una cosa es esto, y otra supeditar la escuela, o la universidad, al mercado. Los nuevos planes de estudio del grado de Física, e imagino que los de otras titulaciones, incluyen este año prácticas en empresas. Conmigo está trabajando un chico con el que he estado escribiendo software para automatizar cierto proceso. Me ha dicho que ahora, además de estas prácticas, tienen un montón de asignaturas para aprender a manejar distintas herramientas informáticas, e incluso una sobre gestión de proyectos científicos.  Yo estoy encantada con el estudiante, que ha resultado ser brillante y voluntarioso, pero me pregunto en qué le enriquece a él la experiencia. Quiero decir, que si uno se matricula en Física, espera aprender física, que es algo para lo que se necesita tiempo y dedicación. Convertir el grado en una especie de formación profesional es estafar al estudiante, que lo que quería era aprender física, y a la sociedad, que está formando técnicos a precio de titulados superiores. Y sobre todo, es equivocar el camino. Todo avance tecnológico lleva detrás un descubrimiento científico. Por ejemplo, la tecnología actualmente usada en discos duros y memorias está basada en un efecto físico puramente cuántico, la magnetorresistencia gigante, que alguien que sabía física tuvo que descubrir y caracterizar. Supongo que es a este tipo de cosas a las que se refieren los que hablan de competitividad en la economía: vender tecnología electrónica es más ventajoso que vender ropa porque todos pueden coser pero sólo unos pocos inventar. Esto no significa que no hagan falta técnicos cualificados, ni que todos los graduados en Física sean capaces de impulsar avances tecnológicos pero, desde luego, convirtiendo la carrera en una FP no habrá ni uno solo que haga. Digo yo que, consideraciones éticas y filosóficas aparte, la idea es que el conocimiento entre en la empresa, no al revés.

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53 Respuestas a “La mano visible del mercado

  1. Que en la enseñanza se contemplen los aspectos de la misma relacionados con la economía me parece bien, máxime en un momento como el actual en que sobrepasamos la cifra de cinco millones de parados y muchos de los empleos destruidos no volverán nunca más, ni cuando la economía recupere la senda del crecimiento.
    Que por parte de nuestras instituciones no se haya hecho nada para explicar a los ciudadanos esto me parece una irresponsabilidad y de hecho estamos pasando por una crisis gravísima sin ser capaces de extraer lecciones de la misma que nos sirvan para nuestro futuro.
    Por motivos que me resulta difícil entender es como si todavía en pleno siglo XXI siguiese vivo aquel espíritu del hidalgo castellano que despreciaba las tareas mercantiles por considerarlas indignas y prefiriese pasar hambre y vestir con harapos antes que mancharse con cosas tan poco “nobles”.
    Por lo demás contraponer una orientación de ese estilo con calidad educativa tampoco me parece acertado. Los países donde antes apareció la educación pública y donde más y mejor raigambre tiene son todos países donde nunca ha existido ese desprecio por el trabajo y el emprendimiento.
    Es verdad que Rubalcaba se refirió en su momento a que nuestra educación para lo que mejor formaba era para funcionario, no como emprendedor, aunque eso era lo que necesitábamos, pero de eso “hace ya mucho tiempo” y de nuevo esto se ha convertido en una pelea cainita en la que unos parecen querer vengarse y los otros se olvidan que nuestra educación vivía ya una situación muy lamentable antes de que gobernase el PP.
    Lo económico es una dimensión más de lo humano y una dimensión ineludible máxime si se pretende un estado del bienestar donde multitud de servicios estén garantizados para todos, lo que exige una base económica que los sustente pues de otro es imposible. Captar esta idea sin prejuicios nos vendría muy bien a todos.

  2. Emilio, no creo que lo que digo deje ver ese espíritu de hidalgo castellano del que hablas. Yo no defiendo una educación academicista, alejada de la realidad y desconectada de lo práctico sino todo lo contrario. Defiendo una educación de calidad, entendida – a grandes rasgos – como aquella que permita a cada uno llegar hasta donde su capacidad y esfuerzo le permitan y con la que pueda llevar una vida autónoma y responsable. Para que esto ocurra, efectivamente, es necesario que esté conectada con lo práctico. Pero ‘lo práctico’ no es necesariamente la empresa. No todo el mundo puede ser ‘emprendedor’. Y por lo que oigo y leo, parece que todos los problemas de España se arreglarían si a todos nos diera por montar una empresa de lo que fuera. Sin embargo, la realidad es más compleja. Para cambiar el modelo productivo , para que las empresas sean competitivas en el buen sentido, sería necesario, por ejemplo, elevar el nivel de la educación científica y técnica. Hay una clara correlación entre el desarrollo económico y la calidad y cantidad de investigación que se hace en un país. Aquí la educación científica ha sido siempre muy academicista (por no decir penosa), pero si lo que se propone es olvidar sus fundamentos para cambiarlos por tareas mecánicas ajenas a ellos, va a ser peor el remedio que la enfermedad. Es el caso del grado de Física que conté: te aseguro que nadie que haya pasado sus años de formación dándole vueltas mecánicamente a un software va a ser capaz de ‘innovar’, como se dice ahora. Esto no significa que no sea necesario que haya profesionales que le den vueltas mecánicamente a un software, y será tan honroso como cualquier otra cosa, pero no nos podemos olvidar de formar otros profesionales que sean capaces de tener ‘ideas’. Sin ideas se podrán montar muchas empresas, pero no pidas que vayan más allá del típico bar, la tienda o la peluquería. O del ladrillo.

  3. Parece que no tengo mucha suerte o no me expreso bien, porque me parece que desenfocas bastante el contenido de mi comentario. Lo del espíritu de hidalgo no va por la entrada sino por quienes contraponen los dos preámbulos destacando que en el de la LOMCE se habla de competitividad y economía.

    En lo demás yo hablo de lo económico como una dimensión de lo humano si tú interpretas que eso quiere decir que todo el mundo ha de ser emprendedor es tu versión, no la mía. Desde luego sería tanto como decir que como todos somos un poco filósofos, o científicos o artistas haya de reducir todas las opciones a cada una de esas cosas.

    Tampoco entiendo porque desvinculas al personaje del emprendedor del desarrollo científico y técnico cuando son sus elementos constitutivos. En fin, creo que no hablamos de lo mismo.

  4. Hombre, Emilio, pues puede que yo no me haya hecho entender, pero también existe una posibilidad, aunque remota, de que no te hayas explicado bien tú 😉

    Bueno, ahora en serio, el preámbulo de la LOE rebosa el típico “buen rollo” que tanto he criticado, pero el de la LOMCE, al menos el primer párrafo citado, tampoco parece muy tranquilizador, por las razones expuestas en la entrada. Lo de la ‘arena internacional’, además de ser una cursilada, indica cierta visión de la realidad – el mundo como campo de batalla – que me parece incompatible con el espíritu que debería tener una ley de educación.

    Y es cierto que nuestra educación era lamentable ya antes de que llegara el PP, pero si habíamos tocado fondo, puede que ahora nos toque excavar.

    Por otro lado, no es que yo desvincule al emprendedor del desarrollo científico y técnico, es que el espíritu de la ley parece que lo desvincula porque en ningún momento habla de eso, sino de ‘competitividad’ y ‘mercado global’. A propósito, ¿qué es exactamente un emprendedor? ¿no es lo mismo que un empresario?

    Conste, para finalizar, que ser emprendedor me parece estupendo. Ojalá la Administración pusiera menos trabas a todo aquel que quiera empezar un negocio. No da mucha confianza que los que más hablan de emprender han vivido siempre del dinero público. Esto último lo añado yo, no como respuesta a tu comentario.

  5. Lo de la posibilidad de que no me hubiera expresado bien está en el inicio de la contestación. Mi comentario ni tan siquiera pretendía ligarlo a los contenidos estrictos de la ley, tenía un carácter más general aprovechando que el título de la entrada era la mano visible del mercado. Tengo la impresión de que demonizas en exceso la competitividad cuando todos vivimos consciente o inconscientemente inmersos en ella y no todos sus resultados son negativos. El sistema económico en que vivimos se basa en ella y no siempre con malos resultados, sobretodo si observamos qué ha sucedido con los experimentos alternativos

  6. Es que la competitividad no tiene por qué ser buena. Los chinos son la mar de competitivos y lo último que yo querría es copiar su modelo de sociedad. Para hablar de la necesidad de que el conocimiento sea el motor del cambio de modelo productivo, no hacía falta hablar de competitividad… así que no sé si realmente se están refiriendo a eso, o a otro asunto menos bucólico.

    • La competitividad no es sistemáticamente mala. En nombre de la solidaridad, la paz o el internacionalismo también se han cometido excesos, como Einstein reconoció en su momento. También Emilio menciona estos excesos, en un análisis que por otra parte encuentro bastante ecuánime en una persona que se ha proclamado de izquierdas en otros foros. Los grandes logros del estado del bienestar socialdemócrata nórdico no hubieran sido posibles sin economías competitivas ni innovadoras. La financiación de la educación finlandesa hubiera sido imposible sin sus “nokias”, que a su vez fueron producto de un cambio en el paradigma educativo de aquel país. Finlandia, que nunca falta últimamente en este tipo de debates educativos. Me parece haber leído en un titular que Rubalcaba insta a imitar ese modelo educativo, cuándo algunos evaluadores progresistas españoles han calificado su sistema educativo como de “elitista”.

      Llevo ya un tiempo fuera de España, en uno de esos países que vistos desde fuera parecen el zenit de la competitividad brutal, Japón. Sin embargo, soy testigo que entre si se tratan con mayor respeto y consideración que en España lo hacemos entre nosotros. En el entorno de la máquina del café de una empresa española se descuartizan sin rubor compañeros y compañeras. Hay matices en lo que digo, tanto sobre Japón como sobre España. En cualquier caso, más de treinta años de educación buenrrollista en España no han conseguido moderar nuestros hábitos y costumbres cainitas.

      Me alegra constatar en cualquier caso que este blog ha recuperado su actividad habitual.
      ..

  7. parece que todos los problemas de España se arreglarían si a todos nos diera por montar una empresa de lo que fuera.
    Lo que sí es verdad es que mejorarían mucho si a todos los miembros de la clase gobernante les diera por montar una empresa fuera (de España).

    Desgraciadamente los demás no somos capaces de obligarles a hacerlo.

  8. Plutarco, si yo creo que básicamente estamos de acuerdo. El bienestar no es posible sin una economía competitiva e innovadora. Lo que pasa es que me parece muy preocupante que ya el espíritu de la ley hable de competitividad y no de bienestar, por ejemplo. Sobre todo al confrontarlo con la realidad y ver el tipo de competitividad que se espera de nosotros. Por lo demás, te doy la razón en que España la convivencia no es idílica, por decirlo suavemente. La prueba es la corrupción y la picaresca, actitudes ambas tremendamente egoístas e insolidarias.

    Tiene gracia, Aloe. Pero me temo que no sólo serían incapaces de irse fuera, sino de montar empresa alguna. Hay cosas que sólo pasan en España, como que los adalides de la política liberal jamás hayan trabajado fuera del sector público (ni tengan ganas de dejar de hacerlo).

  9. En España no hay muchos liberales, y en el poder, ninguno.
    Que utilicen algunos mantras liberales para vestir menos miserablemente su vieja ideología castiza, caciquil, clerical, autoritaria, estamental, cortijera y de economías privilegiadas y de extracción de rentas… (o estatalista, paternalista, populista y corporativista, en el caso de los otros) es cosa distinta.
    Cuando vea unas leyes de Transparencia, de Contratos públicos, de Defensa de la Competencia y de otras cosas del estilo que no den ganas de vomitar, entonces me empezaré a creer un poco lo de los liberales.
    Con la competitividad, lo mismo: es un decir para quedar bien y parecer serios, pero no se lo toman en serio ni se lo creen. Otra cosa es lo raro de que piensen que quedan bien diciendo esas cosas en precisamente esos preámbulos de precisamente esas leyes.
    El subtexto que liga las dos cosas me parece que es: “Como somos tan serios, y como la educación tiene que ser cosa de sufrir y competir -no de que todos la consigan-, de esfuerzo y de pasarlo mal, pues decimos estas cosas para que se vea que somos el Padre Prefecto con el ceño fruncido y la vara preparada, no unos cantamañanas diciendo cosas bonitas como los anteriores”
    Juegan a representar otra obra distinta en el escenario, simplemente.

    • Totalmente de acuerdo con la primera frase que encabeza este comentario. Vivimos en un permanente “vivan las caenas”. Todavía me acuerdo del famoso “bajar impuestos es de izquierdas” del inefable ZP y del “no subiré impuestos”del confundido Rajoy.

  10. Hola Cristina, suelo leer tu blog aunque nunca antes he escrito nada en él. También leo ocasionalmente a Emilio, a Plutarco y a Aloe ya que al parecer visitamos las mismas páginas. Y aunque no siempre coincido con vosotros me gusta encontraros por ahí y leer vuestras opiniones. Para mí sois ya viejos conocidos aunque no sepa quienes sois en realidad. Os presupongo bastante más preparados que yo así que casi me da un poco de miedo opinar pero no quisiera dejar pasar la ocasión para agradeceros vuestras aportaciones y decir algo al respecto de las leyes educativas.
    Es ya un lugar común decir que las leyes educativas se suceden con la misma frecuencia con que lo hacen los partidos políticos. Y es que como dijo Nelson Mandela la educación es el arma más poderosa que se puede usar para cambiar el mundo. Los políticos se lo han aprendido bien, así que no es de extrañar que con cada cambio político lo primero que hacen los gobiernos es cambiar la ley educativa. Y así queda reflejada la ideología en el preámbulo de ambas leyes. La LOE habla de ciudadanía tal y como corresponde a un ideal socialista en el que el individuo pierde protagonismo a favor de lo común. La LOMCE en cambio pone el acento en el individuo fiel a una idea más liberal. La LOE nos habla de cohesión social y la LOMCE de competitividad. Pero la realidad es que a ninguno de ellos les interesa ni les importa una higa toda esa palabrería de buenos propósitos que despliegan en sus preámbulos porque de ser así, de formar efectivamente individuos críticos, responsables y libres lo primero que se plantearían es qué coño hacen unos seres tan acríticos e irresponsables en el poder esclavizando al personal a base de infinidad de decretos, decretos leyes, decretos legislativos e infinidad de normas y normativas que encorsetan nuestra libertad y nos dejan en una total indefensión.
    No es de extrañar pues, que a fin de anular toda buena intención expuesta en el prólogo se dediquen a dinamitarla en el consiguiente desarrollo legislativo con sencillas acciones como permitir que un alumno que ha suspendido las materias instrumentales como son matemáticas y lengua pueda pasar al curso siguiente, o abogar por la productividad del profesorado entendiendo la productividad como número de aprobados. Seremos todos infinidad de productivos.
    No hace falta tanta palabrería para justificar un sistema educativo, yo me quedo con las palabras de Nelson Mandela, un hombre que dio un nuevo significado a la palabra libertad ya que fue libre incluso estando en presidio “ es a través de la educación que la hija de un campesino puede llegar a ser médico, que el hijo de un minero puede llegar a ser cabeza de la mina, que el descendiente de unos labriegos puede llegar a ser el presidente de una gran nación. No es lo que nos viene dado, sino la capacidad de valorar lo mejor que tenemos lo que distingue a una persona de otra.” Es así de simple. Esa es la verdadera igualdad de oportunidades que tanto le llena la boca a la izquierda y que resume ese espíritu liberal de la derecha.
    Un saludo.

  11. Elena, ceo que entiendo el sentido general de tu entrada, pero algunas cosas no.
    Por ejemplo, esto: “abogar por la productividad del profesorado entendiendo la productividad como número de aprobados.“.
    El problema con eso es exclusivamente lo que en economía se llama “problema de agencia” y que el resto de los mortales entendemos como “tener intereses propios en el asunto diferentes de los que tiene tu empleador o cliente”. Si pagas a alguien en función de los aprobados y los aprobados los decide él mismo, tenemos un problema.
    En cambio, si los aprobados (u otra evaluación separada hecha aparte) los estiman personas distintas… ¿dónde está el problema? Por el contrario, sería un incentivo enormemente eficaz.
    Igualmente … permitir que un alumno que ha suspendido las materias instrumentales como son matemáticas y lengua pueda pasar al curso siguiente… es un perjuicio para ese alumno porque no se hace nada por éĺ y se le engaña, pero ¿es ese el perjuicio más habitual que se le causa, cuando España tiene una tasa de repetidores que nos deja en cabeza de la OCDE? (en algo teníamos que destacar).
    Para mi el perjuicio es que no aprenda lo que debería aprender. Y que nadie, ni en su centro ni en su Administracion correspondiente, se tome la menor molestia para conseguir que aprenda y recupere. Que luego apruebe o no eso que no se sabe, que quieres que te diga… lo empeora o lo mejora un poco, depende del caso, pero no deberiamos empecinarnos en que todavía se repita más, sino en por qué no aprenden lo importante (y no lo están aprendiendo tampoco los que aprueban aunque saquen notable) y en cambio les examinan de muchísimas soplapolleces y les suspenden por ellas.

    Me disculpo por llevarte un poquito la contraria, pero es que yo creo que deberíamos dejar ya el rasgado de vestiduras y el lamento genérico y ponernos realistas y concretos.

  12. Gracias Aloe, tu lo explicas mejor que yo, lo que tenemos pues es un “problema de agencia” ya que los distintos partidos políticos tienen intereses propios en el asunto educativo diferentes de los que podamos tener el resto de los mortales. A nosotros nos interesa que nuestros hijos sean personas libres, responsables y críticas y el coste político de una ciudadanía de esas características sería muy alto. ¿Cómo entender sino que pese a la falta de confianza de la población en sus líderes políticos, pese a los casos de corrupción que se denuncian, pese al despilfarro de los dineros públicos, pese a la mediocridad de sus gobiernos, y todos los peses que se te ocurran, que hay donde elegir, sigan alternándose en el poder una y otra vez? Pues porque son igualito de mediocres, despilfarradores, irresponsables y egoístas que nosotros y claro, los perdonamos. Si, Aloe, tenemos un problema. Y es más grande que debatir si ha de haber una evaluación externa o no porque esa evaluación lo que pretende es evaluar al profesor, no al alumno. Y con ello mato dos pájaros de un tiro.

    1. Traslado la responsabilidad del fracaso a los profesores a los que ya previamente he despojado de cualquier tipo de autoridad.

    2. Sigo teniendo la sartén por el mango en el asunto educativo, porque es el gobierno quien dice qué se debe o no se debe aprender. De ahí las largas disquisiciones acerca de si ha de aprender “educación para la ciudadanía” o “educación cívica” pero ni se plantean que haya que impartir más matemáticas, historia o filosofía. Por lo visto eso es algo secundario en la formación de nuestros jóvenes. Primero el credo, y si no lo recitas bien no pasarás de curso, con el resto de las áreas, menos importantes, ya veremos si te permitimos suspender dos o tres.

  13. Yo tengo la sensación de que el objetivo final de estas leyes es defender los intereses de unos y otros. Y al final el resultado no es tan distinto. Y no es tan distinto por eso mismo, porque en el fondo las élites sociales y económicas no quieren perder sus privilegios. Para esto no hace falta imaginar al Dr. No contra la escuela ni ninguna conspiración mafiosa: basta con sumar los intereses de la élites a la desidia y a los pequeños intereses corporativos de algunos agentes de dentro del sistema. Hay diferentes estrategias pero lo sustancial se mantiene. Para unos la escuela tiene que entretener a los pobres pero no espera de ella que sea un motor de movilidad social; los otros se ponen serios hablando de competir, cuando en realidad la competición no es tal porque solo unos pocos pueden participar. La situación la ha resumido muy bien Aloe y también Elena con lo de que ‘les importa una higa’ 🙂

    Elena, debo confesar que yo no pinto nada en el asunto de la educación y que por tanto mis opiniones tienen el valor que tienen. Ni estudio nada relacionado, ni trabajo en esto, ni tengo hijos. Con todo, sigo opinando, ya ves que atrevimiento 🙂

    Respecto a las repeticiones de curso, confieso que estoy de acuerdo en que se limiten, más que nada porque ya se ha demostrado que no sirven para nada. Yo más bien creo que habría que pensar en programas e itinerarios diferentes. El objetivo es aprender y no todos pueden aprender de la misma manera.

  14. La lectura que yo hago del comentario de Elena es diferente y coincido bastante con lo que dice, por no decir en casi todo. Antes de nada decir que para nada nos presupongas más preparados, aquí cada uno hace lo que puede y, seguramente, lo que más nos distingue es que dimos este paso antes que tú.

    Coincido contigo en que juzgar una ley por su preámbulo, incluso por sus intenciones puede resultar completamente equivocado. Ahí está la LOGSE llena de las mejores intenciones del mundo pero cuyos resultados para desgracia de todos están a la vista. No solo ha sido un fiasco académico también desde la perspectiva de los valores.

    Como coincido en la relevancia de la lengua y las matemáticas, materias instrumentales sin el dominio de las cuales cualquier pretensión de educación se ve abocada al fracaso y que a mi modo de ver explican en buena medida la falta de éxito de nuestro sistema educativo.

    Corrígeme si me equivoco pero entiendo que cuando hablas de que cuando se mide la productividad como número de aprobados no es para apoyarlo sino justamente para criticarlo. En fin, animarte a que continúes opinando porque mi impresión es que tienes muy buenas cosas que decir.

  15. Siento intervenir sin leer los comentarios, pero si los leo no me da tiempo de escribir nada.
    También yo había recibido esa comparación de las dos introducciones y la verdad es que produce mucho cante esa alusión directa a la economía.
    Sin embargo lo que yo quería señalar (quizá se salga un poco del tema o mucho no lo sé) es que hoy en día la teoría está separada de la práctica. En el preámbulo de una ley puede poner lo que quiera si luego eso no se sustancia en algo concreto. Es verdad que las asignaturas que se potencian o los programas que elaboren pueden responder a lo que expliquen en el preámbulo pero mucha veces la práctica no tiene que ver con ello.
    Por ejemplo esa introducción de “crear alumnos críticos y con pensamiento propio”.
    Son músicas celestiales y luego en la práctica los profesores hacen un poco lo que les da la gana.
    Hace poco me enteré por ti que el sistema educativo actual se supone que usa (creo) el método constructivista. Ya lo había visto eso en una encuesta que nos pasaron. Otra música celestial. Ni sé bien qué es eso (aunque os he oído hablar en contra a vosotros) ni sé si lo aplico o no. Me temo que no, aunque lo mande la ley. Llevo ya ventitantos años de docente, quizás soy demasiado viejo para saberlo pero no creo que mis compañeros lo sepan bien tampoco. ¿No es absurdo que en la ley ponga cosas que los que las aplicamos ni siquiera sabemos qué es?
    Me parece como esos criterios para valorar a los alumnos que ponemos en la programaciones. Están copiados tal cual de la ley correspondiente pero, que yo sepa, no hacemos caso de ellos más que muy lejanamente. Y desde luego cuando la ley cambia no cambiamos nuestro modo de seguir enseñando.
    Es como si la teoría se hubiera convertido en algo autónomo y separado de la práctica real. La programación o las consideraciones que se hacen al comienzo de una ley son algo que tiene que parecer bonito y ambicioso y muy presentable y a la última pero absolutamente desvinculado de la práctica diaria.
    Es verdad que las consideraciones que se hagan al comienzo de una ley hablan de quien la hace. Pero de lo que no creo que hablen es de lo que los profesores terminen haciendo con la ley.

    En la programación de la maestra puede decir “se favorecerá la creatividad del niño” y luego en la clase diaria lo pone a “colorear dibujos” (por aludir a uno de tus temas predilectos) Y no pasa absolutamente nada.

  16. Y también quería decir algo sobre la competitividad. Quizás no sea tan mala como a veces se la pinta. Mi cuñada es maestra y la ve fatal.
    Quería traer aquí dos pequeños textos (dos “textículos” si se me perdona la bobada, que no se me ha ocurrido a mí) del gran filósofo Kant (la bobada no, los textos).
    Están sacados de una obra sobre filosofía de la historia.
    Aunque se expresa de aquella manera a Kant le parece que la competencia de unos con otros hace que salgamos beneficiados. O eso es lo que yo entiendo.

    “¡Dense gracias a la naturaleza por la incompatibilidad, por la vanidad envidiosamente porfiadora, por el ansia insatisfactoria de poseer o de dominar! Sin esto, todas las excelentes disposiciones naturales de la humanidad dormirían eternamente impedidas.”

    “Sólo en un coto tal, como la asociación civil, obran las mismas propensiones el mejor resultado: como árboles en un bosque, donde uno trata de quitar al otro aire y sol, forzándose mutuamente a buscar por encima de ellos, hasta alzarse hermosos y erguidos; mientras que aquellos que brotan en libertad y separados unos de otros, con sus ramas a placer, crecen raquíticos, corvos y torcidos.”

    Ya sé que el argumento de autoridad es débil pero también hace pensar que a alguien como él le pareciera que es una de las cosas que favorece el progreso y hace que se desarrollen las disposiciones naturales.

  17. Es asombroso, pero estoy bastante de acuerdo con Loiayirga: yo llevo años pensando que tanto cacareo con las reformas educativas (que si son muchas, que si hacen falta contrarreformas, que si tal y cual) es pura farfolla y que la educación en la práctica no ha cambiado en lo fundamental desde 1880 (por decir una fecha).
    Y, Emilio ¿me querrías explicar que tiene que ver la lengua como “instrumental” con las cosas de las que se examina a los desgraciados alumnos en la asignatura así llamada, sin cuyo apobado les mandan a la cuneta? ¿De verdad de la buena que hace falta memorizar jerga abstrusa por arrobas y hacer análisis morfosintáctico durante doce años escolares para manejar la lengua como se debe? ¿O que siquiera resulta útil para tal fin?

    Por otra parte, a mi me parece de perlas la idea de evaluar a los profesores, lo mismo que me parece de perlas evaluar a todos los demás servidores públicos, de cualquier nivel. No veo qué inconvenientes tiene eso. ¿Que les van a echar la culpa de algo? No veo por qué se la iban a echar más que ahora, pero en cambio, como la experiencia demuestra continuamente en todos los ámbitos profesionales, establecer un esquema de incentivos sensato, ligado a que los alumnos consigan los objetivos, haria maravillas y sacaría lustre a lo que saben los profesores (y lo mejoraría de paso). Igualmente, en lugar de despotricar por aquí y por allá contra la palabrería pedagógica, por fin sabriamos que elementos pedagógicos funcionan de verdad. La verdad, todo son ventajas, excepto el inconveniente, desde luego, que hacerlo bien costaría dinero.
    Mejor gastado que en ordenadores al buen tun-tún, de todas formas.

  18. Bueno, estoy más de acuerdo con el primer comentario de Loiayirga que con el segundo.
    La competencia está bien… hasta cierto punto.
    Claro que el punto justo no sabemos si más bien lo pasamos, no llegamos o ambas cosas a la vez.
    (Me refiero a poner a los niños a competir unos con otros. Lo de competir unas empresas con otras me parece bien sin reservas, y ojalá tuvierámos de eso mucho más en este santo país)

  19. Coincido con Emilio en que no se debe juzgar una ley por su preámbulo… aunque éste puede ser muy esclarecedor en cuanto que en él se recoge el espíritu de la ley y nos puede dar la clave de lo que de verdad se esconde detrás de ella. Algo así como “lo que realmente pretendemos hacer pero no nos atrevemos a decir claramente”. Pensando sobre lo que comenta Loiayirga de que la ley no tiene absolutamente nada que ver con la práctica del día a día, algo de eso hay, pero es indudable que las reformas tienen consecuencias perfectamente constatables (por eso se hacen, digo yo). Por ejemplo en lo que respecta al número de asignaturas, a si se estudia o no religión, o al idioma en aquellas comunidades con lengua propia (un tema que a mí me aburre mucho, pero que tiene su importancia). En cuanto a la forma de trabajar o a los objetivos, estoy de acuerdo con Aloe de que en lo sustancial no ha cambiado mucho. Lo que si creo es que las ‘modas pedagógicas’ se han usado para justificar y dar brillo a ciertas mañas que – es cierto – se vienen arrastrando desde hace tiempo. Por ejemplo: la formación de los maestros, que era y es muy mala. Si no interesa que la escuela sirva como motor para la movilidad social, conviene que siga siendo mala, pero como decir esto así queda muy feo, se inventaron aquello de que lo importante era formar en valores y ser feliz (que es importante, pero no es lo único). A estas cosas me refiero. Por otro lado, mi impresión como ex-estudiante de Magisterio es que se adoctrina a los alumnos de tal manera que acaban haciendo suyos esos mantras de que memorizar es malo y tal, e imagino que en el nuevo master para ser profesor de secundaria se hará algo parecido porque lo imparten los mismos. Quiero decir que quizás las nuevas generaciones sí llevan consigo esa manera de trabajar de ‘constructivismo y buen rollo’. Y no creo que los que gobiernan ahora hagan nada para cambiarlo porque en el fondo les viene bien para su fin de degradar (más) la educación pública. Es mi opinión.

    Respecto a la competitividad, yo creo que uno de los mayores problemas de España es la mala gestión de sus recursos humanos, por usar este vocabulario empresarial que se ha puesto ahora de moda. Es decir, el sistema no puede reconocer el talento de las personas que tiene que formar. Pero esto no se cambia poniendo a competir a unos niños con otros sino reconociendo sin complejos los talentos y las individualidades de cada uno. Digo, para poder dar atención individual – de verdad – a cada uno, algo que creo que no se ha hecho nunca. Vamos, que lo que yo trato de decir (en realidad tengo la impresión de que me repito todo el rato) es lo que dijo mucho mejor Nelson Mandela, como nos ha recordado Elena: “ es a través de la educación que la hija de un campesino puede llegar a ser médico, que el hijo de un minero puede llegar a ser cabeza de la mina, que el descendiente de unos labriegos puede llegar a ser el presidente de una gran nación. No es lo que nos viene dado, sino la capacidad de valorar lo mejor que tenemos lo que distingue a una persona de otra.”

    • Amén (o como dirían por aquí, suwarashi). Muy de acuerdo con bastantes de tus precisiones. No es la primera vez que te leo reivindicando lo que algunos consideran “inteligencia de los tontos” (la memoria) (….”haciendo suyos esos mantras de que memorizar es malo y tal,…”). Un sistema que equilibre la memoria junto al entendimiento y la voluntad de querer seguir aprendiendo produciría alumnos bastante competentes (y competitivos en el sentido que precisa Emilio en su último post). No creo que fomentar estas facultades pueda ser considerado maltrato educativo.

  20. Aloe, empecinarse en defender un modelo que se ha demostrado fracasado no es una posición muy inteligente, pero hacerlo con motivo de que sus intenciones son “progresistas” cuando se demostró profundamente clasista y sexista todavía me lo parece menos.

    Con el modelo actualmente vigente hemos batido cuantos récords negativos había y de nada ha servido que sus intenciones fueran buenas para que se muestre incapaz de promover la movilidad social vertical y el acceso de los menos pudientes no ya a la Universidad sino al título de ESO.

    La competitividad a que se refiere el preámbulo no está referida al hecho de poner a los niños a competir unos con otros, sino que habla de la competitividad de la economía. Una economía es más competitiva cuanto mayor y mejor es la formación de sus ciudadanos, y ni tan siquiera se refiere exclusivamente a estudios técnicos sino de todo tipo.

    Otra cosa importante que creo habría que decir es que son la sociedades que valoran el mérito -sin que eso signifique despreocuparse de los que más dificultades tienen- las que finalmente tienen unos sistemas sociales más justos, donde las instituciones son menos corruptas y aquellas en que mejor funciona el estado del bienestar. Mi propuesta va en esa linea.

  21. Emilio, no creo haber defendido el modelo imperante, ni por el forro.
    Quizá no has leído la opinión que me merecen la asignatura de lengua, o la ausencia de auto-evaluación del sistema (profesores incluidos), o las supuestas reformas que padecemos cada poco, sin que ninguna cambie nada más que la cáscara administrativa (que, estoy de acuerdo con Cristina, también tiene consecuencias, pero no en cómo se enseña y se aprende).
    Aunque no lo he dicho en este post, además, y tampoco tienes por qué saberlo, hace mucho que tengo claro que el nivel de las escuelas de Magisterio es paupérrimo, el curriculum de secundaria bastante absurdo… etc.
    Es decir, que mi defensa del modelo imperante es infinitesimal. O menos.

    Lo que no estoy dispuesta a creerme sin pruebas es que antes, en alguna legendaria Edad de Oro, las cosas fueran mejores: no, han sido siempre más o menos igual de lamentables, porque el nivel lamentable no se improvisa y asi como el BOE no hace milagros, tampoco improvisa los desastres. De los polvos de antaño vienen los lodos de ahora.
    La pena es seguir chapoteando en ellos mientras las generaciones pasan y el conocimiento formal es cada vez más imprescindible para todos: y por ahí sí que es importante lo de la “competitividad”, aunque a los señores del Preámbulo tal cosa se la trae floja, en realidad.

  22. Aloe, celebro que alguna vez coincidamos en algo. Al menos ahora sé que el modelo LOGSE tampoco es de tu agrado. En relación con lo de la Lengua como instrumental que me preguntabas y se me olvidó comentarte, se refiere a que la Lengua no es una asignatura más aunque también, la lengua es un instrumento imprescindible para el conjunto de las materias, como también lo son las matemáticas. Antes de resolver un problema de matemáticas has de interpretar bien el enunciado y en ese sentido necesitas la lengua como instrumento. Entre buena parte de los alumnos españoles el nivel es paupérrimo lo que los hace fracasar no solo en Lengua sino en todo lo demás. Los buenos sistemas educativos conscientes de esta realidad conceden gran importancia a esta materia. Un alumno que lee rápido y comprensivamente, puede avanzar a un ritmo que para quien no lo hace resulta imposible.

  23. Emilio, lee de nuevo, por favor. Ya sé lo que es una materia instrumental. Lo que no es cierto es que Lengua lo sea, tal como se concibe y se enseña aquí (ahora y antes): es, en más de la mitad, jerga sobre sintaxis y otros hierbajos gramaticales para memorizar, y anaĺisis morfosintáctico a chorro. Y eso, ni es instrumental, ni hace maldita falta para comprender otras materias, ni en realidad hace falta para aprender ninguna otra cosa, ni para vivir, ni para nada.
    Y como eso, dos tercios de lo demás.
    La idea de que no se debiera pasar de curso sin un dominio adecuado del lenguaje al nivel exigido para esa edad, es una idea en sí misma lógia y excelente: pero como eso no tiene nada que ver con el hecho de suspender o aprobar “Lengua” en un centro español, con el curriculo español, se convierte en una idea mostrenca que solo sirve para amargarnos la existencia y absolutamente para nada más.

    Por otra parte, no defiendo el modelo imperante, pero no le llamo “modelo Logse” porque no creo que eso exista al nivel que estamos diciendo (más allá de los curriculos nominales y las reglas burocráticas sobre organización y requisitos para titular), es decir, al nivel de enseñar y aprender: a ese nivel lo que existe es el modelo castizo-escolástico, o no sé bien como llamarlo, que viene existiendo desde tiempos inmemoriales.

    FInalmente: el nivel de los alumnos españoles le preocupa, de verdad, a muy poquita gente: si nos preocupara de verdad eso a la mayoría, tendríamos bastante claro que es en eso en lo que hay que centrarse con todas nuestras fuerzas: en que aprendan materias instrumentales que de verdad sean instrumentales, en aprender además algo de ciencia natural y social, entendiéndola, y en aprender a comprender, hablar y leer en inglés. Y lo demás, las infinitas estupideces que agobian los horarios y los boletines de notas, los dejaríamos para cuando eso lo tengamos dominado y estemos sobrados.

  24. Aloe, si la Lengua es instrumental pero aquí no, si aunque el modelo educativo de los últimos 20 años corresponde básicamente a lo recogido en una ley llamada LOGSE, pero tú crees que no es logse, si en realidad estamos discutiendo – y es la enésima vez que lo hacemos- pero la educación de verdad no le interesa a nadie sería bueno que dijeras de qué va este hilo para ti.

  25. Para mi en este hilo Cristina quiere señalar un detalle peculiar que ha sido antes señalado y circula por internet: el énfasis en la distincion entre educar para ser competitivo en el mercado y educar para los (supuestos) fines tradicionales de la educación, humanistas y tal.
    Para mi el punto es que tal distinción es casi totalmente ilusoria, y lo es desde varios criterios:
    – Los Preámbulos están llenos de brindis al sol,y de presuntas buenas intenciones (por lo menos, buenas desde el punto de vista de quien los redacta). Pero en realidad, esas intenciones ni informan seriamente el texto legal ni son más que apariencia y representación teatral. Cada partido en el gobierno representa en el Preámbulo la obrilla que se espera de su ideología nominal.
    – Sin embargo, lo que de verdad hacen es muy diferente de lo que dicen, y a la vez bastante parecido entre sí… al menos en el sentido último de no hacer nada en lo más importante. Aunque si marean la perdiz y abusan un poquito más con una vueltecita de tuerca cada vez que les toca: en el católogo de asignaturas, el clericalismo, el estatalismo, el clasismo, el corporativismo, el autoritarismo… y en general los peores vicios de cada uno aplicados a las leyes escolares (que son solo una parte de eso que llamas “sistema educativo”).
    – Para encontrar un punto de bifurcación entre “el mercado y la competitividad” como fin y “la formación humanística, científica e integral” como fin, hay que recorrer primero una gran trecho del camino, en cuyo trecho dichos fines no entran en colisión: porque la competencia lectora y anaĺitica, la comprensión del método cientifico, un nivelillo decente en matemáticas, un inglés B1, y un entorno en el que se aliente la iniciativa y el espíritu independiente (en lugar de ser anatemas) son absolutamente comunes a ambos tipos de fines. Y ojalá hubieramos recorrido ese camino y tuviéramos que hacer esa elección: pero no es así.
    Así que la diferencia de “valores” de los Preámbulos me parece simulación, creencia en la magia de los nombres, o esa peculiar mezcla de ambas que caracteríza a nuestros políticos.

    Y no, aprender vocabulario jergal de Lingüística y hacer miles de análisis sintácticos no es útil para adquirir más fluidez, vocabulario y recursos en el manejo del nivel culto de la lengua, ni es útil para comprender los puntos principales de un texto y saber resumirlos con lógica y coherencia, ni ayuda a redactar con soltura segun esos principios. Y como estos son los fines del entrenamiento escolar en Lengua como instrumental, pues lo que se hace en Lengua no es “Lengua como instrumental”. Engañarnos a nosotros mismos a gran escala: eso es lo que hacemos colectivamente al respecto.

  26. Cristina, me sorprendes. Por lo que te he leído creí que estudiabas magisterio e incluso estabas haciendo prácticas en un colegio. Supongo que tendrás un criterio del asunto educativo bastante más formado que muchos otros que andan pontificando sin haber pisado un aula en su vida. Respecto a las repeticiones de curso dime, si un niño no ha aprendido a sumar y restar ¿cómo le vamos a enseñar a multiplicar y dividir? A las matemáticas les pasa lo que a Super Mario Bross, que ha de alcanzar un nivel para pasar al siguiente. ¿Qué itinerarios conoces para pasar al nivel 3 sin haber superado el 1 y 2? Y aun suponiendo que se pueda ¿con qué habilidades llegarás al tercer nivel si te saltas los anteriores?

    • Elena, es que ya he terminado la carrera y las prácticas, que eran parte de la carrera, por eso he escrito que (ya) no estoy en el mundillo.

      Respecto a las repeticiones, tienes toda la razón en que para avanzar es necesario haber adquirido previamente ciertas competencias. Lo que pasa es que esto no tiene por qué lograrse haciendo, un año más, exactamente lo mismo y de la misma manera. Si un método no funcionó con un niño un año, no sé por qué va a funcionar el siguiente. Bueno, hay casos de falta de madurez, o de problemas puntuales, en que las repeticiones pueden ser efectivas, pero lo cierto es que España es uno de los países de la OCDE donde más se repite y sigue teniendo un fracaso escolar brutal. Vamos, que propongo flexibilidad en los métodos antes que repeticiones.

  27. Emilio, dudo que coincidas conmigo porque lo que yo he hecho, sin demasiado éxito por lo visto, ha sido justamente eso, juzgar la ley por sus preámbulos y sus intenciones. Unos preámbulos totalmente politizados y unas intenciones sibilinas. La LOGSE y la LOE están llenas de buenas intenciones, pero sólo es en apariencia, igual que la LOMCE. Es en la comparación de unas y otras donde se aprecia con claridad los tintes ideológicos e ideologizantes con que pretenden llenarnos el morral para que rumiemos. Pero eso es igual porque lo sustancial, aquello que permitirá que el hijo de un obrero les llegue a hacer sombra, lo mantienen. Tal y como dice Cristina.
    Te voy a plantear un ejemplo de lo que quiero decir. Imagina dos niños. El niño de Rajoy y el niño de la señora que le limpia el retrete todos los días. A Rajoy el niño le ha salido un poco apabilado y apenas siente interés por los estudios. En cambio el niño de la señora de la limpieza es brillante. Un niño despierto y aplicado. Cuando acaben sus estudios al cabo de 20 años ¿qué pesará más? ¿ la cartera de papá o el esfuerzo y el valor del hijo de la limpiadora? Si pesa más la cartera de papá es que el sistema educativo está parido para mantener el status quo, esto es, el hijo del rico y poderoso tendrá los mejores puestos en la sociedad, y los hijos de los pobres se comerán los mocos. Si por el contrario es el esfuerzo y el valor el que prevalece, entonces el hijo de la limpiadora podría llegar a ser el próximo presidente del gobierno y el hijo de Rajoy quien le limpie el retrete. Y eso Cristina es justamente el papel que desempeñan los itinerarios, permiten saltarse niveles a fin de igualarnos a todos felizmente con un titulito debajo del brazo. No importa cuántos niveles nos hayamos saltado, ni las habilidades que hayamos o no hayamos adquirido, ni el esfuerzo y el valor que hayamos puesto en ello porque finalmente seremos iguales. Bueno, iguales de todo no porque uno seguirá siendo rico y el otro seguirá siendo pobre. Eso forma parte de lo sustancial. Un sistema más selectivo, menos igualitario, favorecería al hijo de la limpiadora. Y eso es algo que no plantea una ley socialista. Pero al mismo tiempo ha de poder garantizar que todos tengan acceso a la misma calidad de una forma gratuíta y eso es algo que no se plantea desde los círculos más liberales que hablan de competitividad.
    Y sí, efectivamente estoy en contra de incentivar al profesor en función del número de aprobados de sus alumnos.

    • Elena, el otro día hice el esfuerzo mental de averiguar cuántos de los políticos en el gobierno, o de las personas con cargos de responsabilidad (de los que pintan algo, vaya), provenían de la clase media o media-baja y me salieron muy, muy poquitos. De los primeros, ninguno. La conclusión es obvia: no están los mejores. Además de que aprender-enseñar me parece muy divertido, el tema de la educación me interesa tanto por un asunto puramente egoísta: yo quiero que el que gestione mi dinero, el que decida el tratamiento si me enfermo, el que tenga que juzgarme si llega el día… sean personas realmente buenas en esas labores, y no ‘hijos de’. Para esto hace falta, como has dicho, un sistema exigente y selectivo. Sin embargo, nos han hecho creer que un sistema así no es igualitario, cuando es todo lo contrario. Este es el gran fallo de la – vamos a decir – ‘filosofía LOGSE’. Antes la gente era consciente de que el sistema era profundamente clasista. Ahora sigue siéndolo pero creemos que no… aunque estamos despertando a golpes, eso es verdad.

  28. Loiasinirga, dices que llevas veintitantos años de docente. No hace tanto que la opinión del maestro se valoraba más que la de cualquier otro porque se le supone conocedor de la materia objeto de su trabajo. Los alumnos. Si, como dices, hay muchos aspectos de las leyes que no comprendéis, entonces es que los criterios de los profesores no han sido tenidos en cuenta para hacer las leyes. Hacéis bien en hacer un poco lo que os da la gana.¿no? Tú sabes qué te funciona y qué no con tus estudiantes, qué es lo importante y qué lo secundario en tu materia, quién necesita más ayuda y quién avanza más rápido. Pero un poco de reflexión sobre esta práctica no es estaría mal. Eso es teorizar. Eso es hacer pegagogía. Y eso es lo que yo entiendo como constructivismo. Teorizar en base a la experiencia propia. Contarle a otros el resultado de tus experiencias y reflexiones es instruir. Y pienso que ambas cosas no han de estar reñidas. Uno aprende con la propia experiencia y puede aprender también de la experiencia de los otros.

    Con la competitividad pasa algo parecido, hay demasiados prejuicios sobre ese tema. Si yo digo de una persona que es competitiva estoy destacando una cualidad de esa persona. Ni buena, ni mala. De hecho a la mayoría nos gusta el deporte y hay pocas cosas más competitivas que eso. Pero no se trata sólo de competir, también hace falta cooperar. Por ejemplo el futbol. Los equipos compiten en la liga por ganar la copa, pero si los miembros de un equipo no cooperasen entre ellos, lo más seguro es que no se comiesen un colín. Así que si tu cuñada ve mal la competición, quizás debería dar alguna razón porque la competición en si misma no es ni buena ni mala. Lo es en función de las circunstancias. Es bueno que los equipos compitan entre sí porque hacen el partido más interesante pero es malo que compitan los jugadores de un mismo equipo entre sí porque entonces no podrían ganar al equipo contrario. Lo que creo que Kant quiere decir en el texto que nos muestras es que la competitividad forma parte de la naturaleza, también de la naturaleza humana, pero si dejamos al niño crecer en libertad dando rienda suelta a sus instintos entonces crecerá raquítico, corvo y torcido. Es en la asociación con otros con las mismas propensiones donde se puede alcanzar el mejor resultado.

  29. Aloe, te leo y no acabo de entenderte, dices que la educación no ha cambiado en lo fundamental desde 1880. ¿y? Tampoco lo ha hecho la rueda y sigue siendo un gran invento. Hoy se hacen más perfectas, se les aplica a más usos y le incorporamos nuevos materiales pero sigue siendo una circunferencia que sirve fundamentalmente para transportar cosas de un lugar a otro con menor esfuerzo. Con la educación pasa igual, perfeccionamos la forma de enseñar, le incorporamos nuevos materiales y hay una mayor especialización pero en esencia sigue siendo lo mismo que era en 1880 e incluso mucho antes o ¿acaso Sócrates era un mal maestro? ¿no tenemos nada que aprender de ellos?

    Por otra parte hablas de evaluar. No tengo nada en contra. Evaluar periódicamente nos da una idea de cómo estamos progresando. Nos dice qué hacemos bien y qué podemos mejorar o corregir. Pero si de la evaluación depende el sueldo o el puesto de trabajo y esa evaluación pretende medir cuántos de los alumnos pasan un examen, entonces lo más normal es que la labor del profesor se centre en prepararles para ese examen sin importar realmente lo que l
    os estudiantes aprenden ¿no es eso un problema de agencia?

  30. Lamento no haber podido contestaros antes pero estoy días he estado muy ocupada. Veo que el debate ha ido más lejos pero no quería no ello dejar de responder a las alusiones.

    Un saludo.

  31. Elena, la rueda sigue siendo igual de útil que en 1880 porque en 1880 ya era útil. A la educacion escolar no le pasa lo mismo, y en España, menos.

    En 1880 no formaba científicos, intelectuales excelentes ni ciudadanos(*). No alcanzaba a enseñar a leer y escribir más que a un tercio (hablo de memoria, pero por ahí) de la población. NI por el forro aumentaba la igualdad de oportunidades o era meritocrática. No alentaba sino todo lo contrario la originalidad, autonomía, iniciativa o libre pensamiento o juicio.
    Es decir, que ni formaba élites de gran nivel (intelectual, científico o del tipo que queramos valorar), ni formaba al grueso de alumnos en un nivel aceptable desde esos mismos criterios, ni compensaba la desigualdad social de partida (de hecho la reforzaba).

    Por otra parte, incluso si admitiéramos que en 1880 el sistema escolar era bueno para aquellos tiempos (que no es el caso) eso no significa que fuera a ser igual de bueno para estos. Ni en los curriculos ni en la forma de enseñarlos.
    En los curriculos, es bastante evidente. Entonces todavía el latín se consideraba por ejemplo parte indispensable de la educacíón formal de un bachiller, y en cambio, el inglés no lo era. Entonces las ciencias de la biología no habían alcanzado (y otras tampoco) el gran desarrollo e importancia que ahora tienen. Entonces manejar un tabla de logaritmos era indispensable; hoy no lo es, pero manejar un ordenador sí. Entonces el ejercicio físico era cosa de pobres y el deporte se valoraba menos. Etcétera.
    En los modos y herramientas pasa lo mismo. Entonces la tiza y los apuntes, en clase magistral, eran la tecnología punta en vista a transmitir conocimiento a un grupo de personas. Hoy no.
    Aunque sea un orden de cosas más discutible, también los valores han cambiado. Entonces, las mujeres rara vez recibían más que catecismo, labores, moralidad y las cuatro reglas. Entonces, la sumisión y la jerarquia eran valores indiscutibles en lo más alto, la autoridad absoluta era lo normal (incluso los golpes se consideraban adecuados e imprescindibles), la disciplina se entendía en estilo muy autoritario. Da igual que esas cosas nos gusten o disgusten (yo para mis hijos las detesto, como las detesté para mi): no van a volver, porque la sociedad ha cambiado. No puedes contar con ellas. No vamos a volver a tratar a nuestros padres de usted, da igual lo útil que resultara eso a los adultos.

    (*) Con eso no quiero negar que, de higos a brevas, algún tipo excepcional sobresaliera un tanto, pero no gracias al sistema escolar o con su refuerzo.

  32. Y, Elena, no deja de hacerme gracia la pega que le pones a la evaluación por objetivos a los profesores mediante evaluación de los alumnos: resulta que lo malo de eso seria que los profesores se esforzarían en que sus alumnos aprobasen. Huuuuuy, qué problema más gordo.
    … Hombre, pues claro que se esforzarían. De eso se trata. Todas las evaluaciones son imperfectas, pero la peor es no hacer ninguna. De todos los comportamientos tramposos y perversos que les adjudicas a los profesores como tendencia innata, ninguno me parece peor que no esforzarse en absoluto porque el incentivo está precisamente en no esforzarse, ya que no importa.

    Entiendo por donde va tu objeción: si los profesores se esfuerzan únicamente en preparar un examen de un tipo determinado, lo harán en detrimento de enseñar otras cosas.
    Pero eso no pasa cuando las evaluaciones están bien diseñadas y se tiene claro qué es lo que se quiere evaluar y cuales son los objetivos prioritarios. Si se evalúa el nivel de comprensión lectora ¿me quieres explicar como se “prepara” ese examen, salvo entrenando la comprensión lectora? Si se evalúa el nivel de comprensión oral de inglés ¿cómo lo vas a preparar, salvo enseñando inglés? Si se evalúa la capacidad de resolver tareas matemáticas realistas ¿cómo vas a hacer que aprendan con antelación esas tareas, salvo enseñando bien?
    Claro, si los exámenes preguntan las tonterías habituales (esas que se recopilan en las “antologías del disparate” con las que los adultos nos sentimos ufanos y superiores), y además son siempre las mismas, pasa lo que tú dices. Un año los rayos catódicos, otro año la electrolisis, y vuelta a empezar. Un año los determinantes (o como se llamen este año), otro año las subordinadas de relativo (o como se llamen este quinquenio) y vuelta a empezar. Un año el verbo to get, otro año el verbo to take y… Etcetera.
    Si la clase de evaluaciones que te parece normal es la clase de evaluaciones que se pueden “preparar” trampeando, eso ya lo dice todo respecto a la tradición escolar que hemos heredado.
    Sí, esa rueda de 1880 oblonga, maciza y con un agujero para el eje que ni siquiera está en el medio.

  33. Elena dices que no coincides conmigo en lo de los preámbulos pero releyendo tu comentario encuentro muchas más cosas que vacían de contenido los preámbulos y los contraponen a lo que efectivamente luego se hace, que lo contrario.

    Por ejemplo, cuando dices: “Pero la realidad es que a ninguno de ellos les interesa ni les importa una higa toda esa palabrería de buenos propósitos que despliegan en sus preámbulos…” y también “No es de extrañar pues, que a fin de anular toda buena intención expuesta en el prólogo se dediquen a dinamitarla…” como me parecía coincidir en lo de la lengua y las matemáticas, y lo de la productividad del profesorado, pero, en fin admito que tú puedas verlo de otra manera.

    Iba a decir que a mí como a ti también me resulta difícil de entender la postura de Aloe, pero retiro lo de “como a ti” no sea que vuelva a equivocarme.

  34. Aprovecho este interesante debate que se ha formado para preguntaros qué opináis de esto, que aparece citado en VIÑAO Frago, Antonio, Del Bachillerato de élite a la Educación Secundaria para todos (España, Siglo XX)
    “En resumen: de cada 100 alumnos que iniciaron la Enseñanza Primaria
    en 1951, llegaron a ingresar 27 en Enseñanza Media; aprobaron la reválida de Bachillerato Elemental 18 y 10 el Bachillerato Superior; aprobaron el
    Preuniversitario cinco y culminaron estudios universitarios tres alumnos en
    1967.
    La educación en España. Bases para una política educativa, 1970”
    Ahora no encuentro el apunte que tengo por ahí guardado sobre el altísimo porcentaje de suspensos tradicional en España, para el cual no he visto nunca una explicación. Tampoco para el academicismo de los programas y la sensación que dejan los autores de libros de texto y los redactores de planes de estudios de que escriben para sus colegas de departamento y no para los destinatarios de libros y planes (nota cómica: hace años había un libro de Matemáticas I de COU que introducía la integral Lebesgue…)
    En fin, en estos días de asueto tengo previsto escudriñar en los curricula de la LGE, LOGSE, LOE… Es una lástima que aún no podamos saber cómo carallo (excuse me) van a distinguir la LOMCE en 3º de ESO entre las matemáticas dirigidas a las enseñanzas académicas y las dirigidas a las enseñanzas aplicadas.
    Perdonadme por la divagación, estoy empezando a volver a la normalidad después de la evaluación en 3º de E.S.O.

  35. Coquejj, a mi también me intriga el misterio. Mi hipótesis es que el prestigio está en suspender mucho, (el prestigio de cada profesor en su claustro, de cada centro en su reputacion de “bueno”, de cada AAPP en su regulación del sistema, de cada Gobierno en su legislación…)
    Pero eso solo hace retroceder el misterio un escalón. ¿Por què suspender mucho es lo prestigioso?
    ¿Porque aprobar mucho se identifica con regalar los aprobados, en lugar de significar que se enseña mejor? ¿Porque se identifica con independencia e integridad moral respecto a la presión de caciques, directores y autoridades?
    Yo creo que la cosa va por ahí, pero revelaría que, en el fondo, la clase enseñante tiene una idea de sí misma, de nuestros compatriotas y de cualquier gobierno, pésima.
    Los profesores parecen tener una idea de sí mismos pésima porque ni se les ocurre que lo bien o mal que ellos enseñen influye en el número de aprobados.
    Del resto de los españoles, pésima porque consideran que lo normal en España es que la mayoria de las personas suspendan (no damos para más).
    Y del gobierno y autoridades pésima, porque de antemano suponen que la autoridad se va a ejercer en forma caciquil, exigiendo o presionando para que se apruebe “demasiado”, por electoralismo o por enchufe.
    Lo que no se me ocurre es la razón de que eso pase tanto en España y menos en otros países. ¿Cuál es nuestra especialidad histórica, para comportarnos como tales botarates?

  36. Coquejj, creo que los tiros van por donde ha dicho Aloe: suspender mucho siempre ha dado prestigio. Ahí tenemos la clásica figura del profesor ‘hueso’, odiado pero siempre respetado. En mis tiempos era escandaloso lo que pasaba en las ingenierías o en carreras como física y matemáticas. Después la cosa se moderó cuando vieron que se estaban quedando sin alumnos, sobre todo en las dos últimas, y les iban los garbanzos en conservarlos.

    En lo que no coincido es en que estos profesores tengan una imagen pésima de sí mismos. Yo diría que la tienen buenísima. Hay que estar muy seguro de uno mismo para pensar que sólo el 5% de los alumnos tiene capacidad para alcanzar las ‘altas cotas de excelencia’ exigidas (o sea, para reproducir sus trucos y mañas en su mínimo campo de conocimiento).

  37. Aloe, creo que debes patentar la idea no vaya ser que te la copien y ni tan siquiera mencionen la fuente. Una frase como ésta: “la clase enseñante tiene una idea de sí misma, de nuestros compatriotas y de cualquier gobierno, pésima.” merece ser grabada en letras de bronce por su profundidad, su rigor y su ecuanimidad.

    Tanta gente dando vueltas a las claves que permitan entender los problemas de nuestro sistema educativo y resulta que tú tenías la explicación: los profesores suspenden mucho para darse prestigio. Y eso, a pesar de que la gente pensaba que en este país durante décadas ha funcionado la promoción automática y los alumnos pasaban a la ESO sin saber leer y escribir. O que comunidades autónomas como la andaluza durante un tiempo habían pagado hasta 6.000 euros anuales más a los profesores para elevar el número de aprobados. Por cierto medida que a ti parece gustarte pero que ha sido suprimida por vergüenza y dignidad.

    Claro que, a pesar de la importante criba que se produce en ese nivel: por cierto la única del sistema y la que por sí sola consigue expulsar del sistema educativo a un 30 % de los alumnos: en doble proporción de varones que de mujeres y todos ellos básicamente hijos de gente con pocos recursos, conseguimos sin embargo cimas como que solo en la provincia de Madrid haya más estudiantes de Derecho que en todo el Reino Unido o que en 20 años nos hayamos situado por encima de países como Francia o Alemania en porcentaje de población con estudios superiores, que nuestra población universitaria alcance para el presente curso la modesta cifra de 1.700.000 estudiantes, muy superior en porcentaje a la de la mayoría de países europeos y, en fin, sin que por ello consigamos colocar a nuestras universidades, ni a nuestros alumnos de cualquier nivel, en una posición digna a nivel internacional.

    Había leído despropósitos en relación con el tema educativo pero de este nivel he de confesar que ninguno.

  38. Emilio, yo creo que este tema estamos todos más de acuerdo de lo que crees.

    Parece que te ha hecho gracia eso de que los profesores suspenden para darse prestigio. Bueno, pues yo en eso estoy de acuerdo, al menos tradicionalmente en la universidad ha sido así. En mi facultad, Física, a finales de los 90, empezamos unos 200 y acabamos 20 (más un goteo de rezagados de los que imagino que algunos fueron acabando con el tiempo). Yo no vi a ningún profesor preocupado por el tema. Al revés, cuanto menos estudiantes aprobaban más ufanos estaban ellos, creyéndose – imagino – unas eminencias de sapiencia inalcanzable. Mientras tanto los alumnos – que no éramos demasiado críticos, las cosas como son – hablábamos con miedo y admiración de los más duros, como de uno que no te corregía el examen si cometías un mínimo error en unos ejercicios introductorios de cálculo vectorial. Ahora creo que lo hacía para trabajar menos pero él lo justificaba hablando de rigor y dándose mucha pompa. A propósito, este elemento dijo unas cuantas veces en clase – recogido por mis propias orejas – que una mujer sólo se podía acercar a la física casándose con un físico. Él, desde luego, lo más cerca que estuvo de la física fue de unos apuntes ya amarillos que repetía año tras año: nunca fue capaz de responder una pregunta con coherencia. Tú mismo has escrito que en la provincia de Madrid hay más estudiantes de Derecho que en todo el Reino Unido. No conocía el dato pero no me extraña. De hecho, encaja perfectamente en el modelo de universidad que yo viví que no se aleja mucho, desgraciadamente, de lo que contaba Baroja en ‘El árbol de la ciencia’. O sea, un sistema concebido para dar lustre a una casta profesoral preocupada de mantener su estatus y poco más. Creen que la universidad existe para darles a ellos un trabajo y un estatus. Los alumnos serían el incordio necesario. Y esos del buen rollo y de la educación emocional, que tanto he criticado aquí, son bastante parecidos. Si van con la cantinela de que todos somos iguales es porque saben que ellos son menos iguales y tienen asegurados sus privilegios. Aunque de todo hay en la viña del señor, y también hay profesores muy válidos y maravillosos, claro, pero no es lo más habitual. Al menos, no son la ‘marca’ del sistema.

    Después dices que en Andalucía pagaban hasta 6.000 euros anuales más a los profesores que daban más aprobados. Bueno, si se evaluaban ellos mismos la medida es una ridiculez, pero no sé qué problema hay en que los profesores sean evaluados por algún organismo externo. Digo, ¿qué tiene de malo un incentivo por hacer las cosas bien? A mí (en un centro de investigación) se me evalúa cada año y cada tres tengo que volver a ‘competir’ por mi puesto con cualquier candidato que quiera presentarse, como si empezara de cero. Tampoco es el sistema ideal, pero bueno, me puedo sentir estresada, agobiada, y hasta indignada por como funcionan algunas cosas, pero vergüenza no siento ninguna, como tampoco siento que se me falte a la dignidad. Lo malo es que sólo se nos evalúe a algunos, pero bueno. En cualquier caso, esta es una de las recomendaciones de PISA (en un documento que a propósito me enviaste tú -, se refiere a Canarias pero es extrapolable). Copio: “Debería desarrollarse una cultura de evaluación en Canarias. Los autores de los programas deberían explicar detalladamente qué se pretende lograr con los mismos. Posteriormente, debería evaluarse rigurosamente si se ha alcanzado el objetivo. Sea cual sea el resultado de la evaluación, debería compartirse con las partes interesadas.” Creo que no es ni risible, ni vergonzoso ni indigno. Otra cosa es ver quién evalúa y cómo, que dados los antecedentes de este país, siempre hay que temer que el remedio sea peor que la enfermedad.

  39. La medida de los 6.000 euros ha sido suprimida por sus propios promotores, Cualquier pretensión de comparar eso con una evaluación externa homologable por PISA es un sarcasmo. Los resultados de la escuela andaluza en PISA tampoco dejan lugar a dudas.

  40. Mira, esto es interesante: la distribución territorial de la calidad de los profesores es igual que la de los alumnos en PISA, en Italia.

    Y estas son las cosas que pasan/pasaban en la universidad en España y que dudo que ocurran en los países civilizados. Quizás lo que habría que hacer es una selectividad más selectiva y cortar lo del café para todos en secundaria.

  41. No se me ocurre qué relación pueda haber entre la información de La República con que el método de evaluación del profesorado deba consistir en pagar más a quien más aprueba.

    Como creía que la opinión sobre el sistema educativo no podía sustentarse en anécdotas, que ni tan siquiera están en linea con los datos que se desprenden de las evaluaciones del sistema educativo y que no repetiré porque los escribí un poco más arriba.

    Si hacemos de la anécdota categoría y nos negamos a reconocer lo que verdaderamente pasa en nuestra escuela y el resto del sistema educativo nos engañamos a nosotros mismos y corremos el riesgo de engañar a los demás. Entonces seremos peor que autocomplacientes.

    Llegado este punto sugeriría una relectura del artículo de Rafael Argullol.

  42. No hablo de pagar más a quién más aprueba, si acaso a quien lo hace mejor, que no es lo mismo. ¿La razón? La clave de un buen sistema educativo está sobre todo en la calidad de su profesorado, dato este creo que demostrado por la correlación entre la mejor formación de los profesores y el éxito del sistema escolar (por ejemplo en Finlandia y en la variación entre regiones de Italia que hemos visto ahora). ¿Cómo se consiguen profesores mejores? Pues con una mejor formación, con un mecanismo de selección eficaz y con evaluaciones sobre su rendimiento. No digo nada nuevo, y además pensé que estábamos de acuerdo con esto.

    Respecto a las anécdotas, pues creo que la experiencia de alguien, servidora, que ha pasado por tres niveles del sistema educativo – primaria, secundaria y universidad, – tanto como alumna como profesora (como alumna universitaria en dos épocas distintas aunque como profesora muy fugazmente en todos los niveles) tiene cierto valor. Pero bueno, tienes razón, dejémonos de anécdotas. Te invito a que busques estadísticas de fracaso en la universidad. Yo he encontrado por ejemplo este artículo donde entre otros se da este dato: “En algunas carreras y en ciertas instituciones universitarias el fracaso escolar llega a convertirse en un sistema de funcionamiento, en un modo de vivir, llegando en algunos casos al nivel patológico. Por ejemplo, si analizamos la carrera de Ingeniería Naval en el año 2000, en la totalidad de centros que imparten estos estudios en España, obtenemos unos resultados cuando menos sorprendentes: el 70% de los matriculados abandona los estudios y los que siguen estudiando pasan una media de 9 años en la escuela, en números concretos son 1200 los alumnos matriculados en España y sólo 60 salen cada año con el título bajo el brazo.” Que el profesor suspende para darse prestigio ya es más difícil de demostrar porque interviene cierto grado de subjetividad, y acepto que una afirmación así es matizable, pero podríamos afirmar que el profesor universitario tiene más prestigio que el de secundaria e infinitamente más que el de primaria. Correlación no significa causalidad pero sería interesante ver por qué ocurre esto.

    Imagino que lo de “nos negamos a reconocer lo que pasa en nuestra escuela” no va por mí. Emilio, yo tengo tan claro como tú que el sistema no funciona bien, llevo un año escribiendo sobre el tema y me he implicado, en la medida de mis posibilidades, en cambiarlo. Y si lo he hecho ha sido entre otras cosas porque no me gusta la sociedad en la que vivo y porque tengo el convencimiento de que sólo desde la educación se puede cambiar. Precisamente lo que yo no hago es caer en la autocomplaciencia, en eso de “si en Francia o en Alemania no hablaban de las cosas de España, o hablaban de ellas en broma, era porque nos odiaban; todo lo español era lo mejor“, como escribió Baroja. Resulta que el que en este país pasen cosas como “que un presidente del Tribunal Supremo sea acusado de corrupción, que un exdirector del Fondo Monetario Internacional sea imputado o que un expresidente de la Confederación de Empresarios sea encarcelado” (citando el artículo ese que dices que no he leído bien) parece no impedir que sigamos diciendo que en España como en ningún sitio. Aclaro: no digo que esto lo digas tú, explico de qué trataba esa entrada sobre la autocomplacencia que parece que te ha molestado tanto. ¿Has visto el anuncio de Campofrío que enlacé allí? Te aconsejo que lo veas porque es muy ilustrativo. A los creadores del anuncio les parece motivo de orgullo expulsar del país a toda una generación de jóvenes (“la más preparada de la historia”, dicen) porque aquí no hay futuro. Eso sí que es sarcasmo del bueno. Otra vuelta de tuerca trágica al mito del chiringuito.

    En definitiva, que no sé de dónde te has sacado que no reconozco lo que pasa en nuestra escuela. Lo que sí es verdad que una vez hecho el diagnóstico hay que pensar en el tratamiento. Parece que la evaluación al profesorado te parece mal. Vale. ¿Y tú que propones, Emilio? Te hago esta pregunta con ánimo dialogante.

  43. Pongo el enlace al anuncio, que en parte motivó aquella entrada. También recomiendo leer el capítulo de “El árbol de la ciencia” dedicado a la universidad. Digo, por aquello de que no todo tiempo pasado fue mejor.

    ¡Feliz Navidad!

  44. Aloe, creo que debes patentar la idea no vaya ser que te la copien y ni tan siquiera mencionen la fuente. Una frase como ésta: “la clase enseñante tiene una idea de sí misma, de nuestros compatriotas y de cualquier gobierno, pésima.” merece ser grabada en letras de bronce por su profundidad, su rigor y su ecuanimidad.
    Vaya, creo que ha escocido…
    No creo en ese exceso al que ha llegado lo de la Propiedad Intelectual, así que dejo el registro legal de tontás para esos profes de universidad que siguen obligando a sus alumnos comprar sus apuntes pringosillos en forma de libro de 50 euros. Afortunadamente, cada vez menos.

    Pero si tú tienes una explicación alternativa para la aberración de que suspender sea la fuente de prestigio sobreentendido, en lugar de aprobar, como sería lo lógico, estaré encantada de leerla.
    Por mi parte, estoy de acuerdo con Cristina en todo lo que te ha contestado. Puedo dar fe de que en la Escuela Técnica donde estudié (hace mucho, ay, pero no sé si han cambiado demasiado las cosas) pasaba lo mismo que dice ella. Profesor había que presumía de no aprobar nunca a más de 30% por año (y también los que nos decían, a las escasas chicas, que solo estábamos allí para buscar novio, y que no era carrera para nosotras 🙂 )

    Bueno, rectifico: no estoy de acuerdo con Cristina en que los profesores estén orgullosos de suspender por demasiado subiditos: si creyeran en su propia utilidad, pensarían que enseñan algo, y si pensaran que enseñan algo, pensarían que cuantos más aprobados, mejores son como profesores porque mejor enseñan. Además no pensarían de sus compañeros que todos por defecto son unos tramposos y si se les paga más aprobarán a quien no deben. Tampoco pensarían lo de la promoción automática, que nunca fue cierto, no estuvo en ninguna ley: solo funcionaba así en la medida en que los profesores pasaban millas de su tarea de evaluar uno por uno quien pasaba de curso. ¿Asi era la cosa en tu centro, quizá?

    Yo siento mucho que se haya quitado lo de los 6000 euros por aprobar: estaba mal hecho porque los aprobados no se evaluaban externamente, pero solo faltaba completar ese detalle para que fuera una idea estupenda, en lugar de dejarla a medias y luego quitarla: como siempre, el corporativismo gana, las reformas son tímidas y a medias, y nosotros, como españoles, padres y alumnos, perdemos.

    ¿Y sabes por qué tenemos tantos universitarios? Porque 1) la secundaria no es bastante, 2) la enseñanza profesional posobligatoria es mala, y 3) el clasismo tradicional se basa en las castas de toda la vida y la titulitis.

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