La saturación de los sentidos

Una tarde cualquiera en una cuidad cualquiera de España: un niño de cinco años ve unos dibujos animados en un ordenador portátil mientras su padre, a su lado, atiende a un partido de fútbol en la tele del salón; la madre charla animadamente con una visita al mismo tiempo que intenta que su hijo se coma un yogur acercándole pacientemente una cucharada tras otra; sobre el sofá hay un cuadernillo con figuras para colorear con unas indicaciones en inglés – blue, red, green -; el niño sujeta un lápiz en cada mano y de cuando en cuando pinta un par de trazos sobre el cuaderno; por el suelo, y esparcidas por todo el salón, hay bolas de plastilina semiaplastadas,  un cuento de Bob Esponja con pegatinas, varias figuritas de acción, un par de calcetines, los componentes de un taller mecánico de juguete, un montón de cromos de fútbol y un triciclo.

La mañana siguiente en una escuela cualquiera: el mismo niño de cinco años juega a tirar los rotuladores al suelo en lugar de colorear unas figuras como se le ha pedido. La maestra le dice  algo pero el niño parece no escuchar. Ni siquiera gira su cabeza en dirección a la voz.

¿A alguien le extraña?

Sin ser psicóloga, yo diría que la supuesta falta de atención y concentración de los niños no es sino un mecanismo de adaptación: si llegan estímulos simultáneos por canales diferentes y ante la imposibilidad física de atenderlos todos adecuadamente, el cerebro opta, bien por dejar abierto un solo canal, bien por proporcionar picos cortos de atención variable. Es un problema de “ancho de banda” mental (una idea que creo que leí en el blog de Pseudópodo pero  ahora no encuentro dónde).

Esto me lleva a pensar en el grave problema del Trastorno por déficit de atención con (o sin) hiperactividad (TDAH). Es muy interesante lo que al respecto dice Ken Robinson en el vídeo que incluyo a continuación (sobre el vídeo: yo lo he encontrado gracias a un comentario en Libro de Notas; se pueden activar unos subtítulos en inglés pinchando sobre el icono en forma de bocadillo; la conferencia completa doblada al español se puede escuchar aquí, donde lo referente al TDAH se trata entre los minutos 3:36 y 6:42):

Como Sir Ken, yo no estoy cualificada para decir que el TDAH no existe. Quizás debería saber algo sobre este tema, ya que me acaban de dar un título de Magisterio, pero lo cierto es que tengo muy poca idea al respecto. Lo que sí puedo decir es que me extraña que tantísimos niños tengan que ser medicados. Que los niños no actúen como los adultos esperamos no significa que su comportamiento sea enfermizo o anormal: al contrario, lo raro sería que muchos se comportaran de otra manera dadas sus circunstancias. Se supone que los trastornos psiquiátricos infantiles deben de ser muy infrecuentes y por tanto los tratamientos con fármacos también deberían de serlo. Si por el contrario han pasado a ser habituales, es que algo muy grave está ocurriendo. Muy pero que muy grave. Por último, algo que yo creo que es una obviedad aunque a veces parece que se olvida: los niños necesitan rutinas, orden y tranquilidad. Creo que no proporcionárselo es una forma de maltrato.

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10 Respuestas a “La saturación de los sentidos

  1. Muy interesante apunte, Cristina. A veces pienso que, si los psicólogos continúan diagnosticando tantos casos de TDAH (y aquí no valoro su pertinencia, estoy menos capacitado que tú,pues solo sé lo que he leído del tema) llegará un día que el standard habrá basculado hacia una situación en la que, de 31 alumnos de 3º de E.S.O., tendremos uno con superávit de atención. En ese momento tendremos que atender a la diversidad justo del modo contrario que ahora.

  2. También se podría señalar que a lo mejor se medica tanto en los casos en que antiguamente se administraban habitualmente palizas. Ya no se puede pegar a los niños como antes (legalmente) y quizá se buscan sustitutos mejor vistos.

    Quizá debamos examinar qué debería ser una infancia normal y si responde a ella el estar todo el día repartidos entre el pupitre y la casa, bajo vigilancia estrecha y continua de adultos en ambos casos. Adultos que siempre quieren algo de los niños (que no hagan ruido ni se muevan demasiado, lo primero, y que aprendan alguna cosa de tipo escolar, lo segundo)

    ¿Tienen problemas los niños con presunto TDAH cuando hacen deporte o juegan libremente al aire libre? Los que sigan teniendo problemas (agresividad, incapacidad de seguir las reglas del juego, insociabiidad) igual sí que tienen un problema serio inherente, pero muchos no creo.
    Quiza la vida urbana, aislada, reglada, cerrada, sentada… no sienta bien a todo el mundo, y quizá cierto número de niños no se adaptan bien a ella. Quizá no sea culpa de nadie.

  3. Aloe, pues fíjate que yo creo que culpa de alguien debe ser, porque no es normal que haya tantos niños medicados. Quizás se esté diagnosticando como síndrome lo que es el comportamiento normal de un niño, o quizás la vida urbana, aislada, reglada… que dices, no es buena para los niños. ¡Pues habrá que cambiar de vida! Como dice Coquejj, dentro de poco lo raro será ver críos con grados de atención normales. Con estos temas es fácil caer en la conspiranoia… pero yo creo que ahora la preocupación está justificada.

  4. No sé qué decir, y no sé si sabemos lo bastante para llevar la vida que nos conviene, o para saber qué es lo que nos conviene.

    ¿A cuantos niños se golpeaba habitualmente antes? (A muchos, porque era una parte normal de la educación, y sobre todo de la educación de niños discolos) ¿Eso sí era normal? Porque vuelvo a decir que creo que se medica excesivamente o innecesariamente donde en otros tiempos se administraba una mano de bofetadas fecuente (o cintarazos, palos, o lo que fuera). Ahora eso no se considera bien, pero se ha encontrado un sucedáneo menos visible e igual o más expeditivo.

    ¿Y si no se puede pegar ni se puede medicar, dirán algunos, entonces que hay que hacer?
    Y como yo no lo sé, ni sé si es natural hacer vivir a los niños como lo hacemos, ni que alternativa sería practicable… pues por eso digo que quizá no es culpa de nadie. ¿A quien se la vas a echar? ¿A los padres que a lo mejor no pueden más? ¿Al médico o psicólogo que a lo mejor no sabe otra cosa ni puede recomendar otra cosa? ¿A las exigencias de la institucion escolar? ¿A la sociedad posindustrial? ¿Al empedrado?

  5. Aloe, con esta entrada también pensaba en voz alta (con las manos en el teclado, en realidad) porque no es un tema sencillo. Si me dices que no todo tiempo pasado fue mejor, tengo lógicamente que darte la razón. Ahora bien, no creo que la medicación esté sustituyendo a los malos tratos del pasado: son problemas distintos, creo yo. De los posibles responsables que has citado, veo indicios de culpabilidad en todos menos en el empedrado 🙂

    ¿Qué soluciones hay? Pues lo mismo que hay consenso (al menos en estos lares) de que los castigos físicos no son admisibles, deberíamos empezar a pensar que la medicación en determinados casos (probablemente en muchos) tampoco es admisible. Como dicen los libros de autoayuda, hay que empezar reconociendo que tenemos un problema. Todavía no sólo no hemos llegado a ese punto sino que aún hay muchos que piensan que con la medicación lo que tenemos es la solución. Después habría que pensar que el progreso económico sólo es progreso si nos permite dedicar tiempo y energía a los niños. Pero bueno, tendría que escribir aquí todo un tratado socio-económico y no es plan. Y por último, habría que intentar que el sistema escolar fuera lo suficientemente flexible para adaptarse a los niños. Quizás deberíamos de dejar de agruparlos por edades y hacerlo por capacidades e intereses, por ejemplo. No sé, es complicado. Gracias por pasarte por aquí y comentar.

  6. Quizá una cosa algo más facilita que cambiar la sociedad de arriba a abajo sería empezar por apreciar más y fomentar más la actividad física, especialmente al aire libre.
    No un ratito y siempre en deporte reglado y supervisado, sino regularmente, bastante tiempo, y en gran parte juego libre.

    No sé si eso cambiaria mucho las cosas, o poco, pero igual nos sorprendíamos. Y beneficioso sería seguro.

  7. Hola Cris, me parece muy interesante tu punto de vista. Yo tampoco soy psicóloga,ni maestra,ni tengo niños pero “una vez fuí una” (Como dijo el personaje de C.S. Lewis) y el sentido común me lleva a pensar que no en todos los casos está justificada la medicación,una medicación que se toman los niños pero que más bien parece para los padres o maestros. Me parece que nos acostumbramos a lo malo hasta que parece algo normal y creo que a veces esos niños pueden estar deprimidos,estresados y parece que les damos una pastilla para no afrontar el problema real. Yo también creo que la educación nos hace mejores y que nos ayuda a conocernos a nosotros y a los otros,y para mí ese es el único cambio posible 😉

  8. Miriam, es verdad que nos acostumbramos a lo malo. Y bastante rápido, además. Por eso siempre hay que intentar verlo todo desde distintos puntos de vista. Gracias por pasarte por aquí.

  9. Hola. Yo vivo con desasosiego el número creciente de niños medicados con los que comparto cada día. Y el “dime qué tal se porta Miguelín, si se duerme a media mañana o aún da mal, que le tienen que ajustar la dosis”.

    Creo que el problema exige diversos ángulos de enfoque:

    – Vivimos en una sociedad química: pastilla para dormir, pastilla para estar activo, alcohol para cerrar un trato, alcohol para celebrar una juerga, pastillas varias para aumentar el rendimiento en situaciones diversas, … los niños son una manifestación más de esta realidad.

    – La vida moderna es antiniños. Los que tienen un perro, o aquellos que vean al encantador de perros, César Millán, saben bien que un perro que hace ejercicio a diario está satisfaciendo una necesidad intrínseca a su naturaleza. Luego la disciplina, el cariño, etc. Mis queridos niños, de mi escuela y de cualquiera, me refiero: les hacemos estar cinco o más horas sentados escuchando palabras y palabras (sensatas en no demasiados casos). Luego les llevamos a casa en coche o autobús y les sentamos a jugar a la maquineta o a ver la tele. Los afortunados bajarán un rato a un exiguo parque lleno de cagadas de perro (perro también con TDAH pues su dueño siempre le pasea por el mismo sitio; dueño, por otra parte, típicamente español, amante de la guarrería y que lógicamente no recoge las cacas), o estarán apuntados a 30 extraescolares que les marcarán una agenda propia de un ejecutivo des Nasdaq y que no les permitirá ni un minuto del tiempo de juego libre que necesita casi cualquier cachorro mamífero, perro, humano, o ardilla.

    Los niños están muy cuerdos. Sólo un niño insano no acabaría desquiciado en un entorno similar. ¿Exagero?

    Un saludo.

  10. Hola Kikiricabra. Si como maestro ves que el número de casos de niños medicados está en aumento, es que el problema es más grave de lo que pensaba. Yo también creo que la vida moderna es antiniños. También es anti-gran número de adultos, cada vez más marginalizados. Lo malo es que, como decía por ahí arriba, cambiarlo supondría dar la vuelta a todo un sistema socio-económico. Y no es fácil. Pero es cierto que nadie puede extrañarse de que los niños se comporten como lo hacen. No exageras nada.

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