Ser y parecer

Hace unos años, cuando estudiaba Física, seguíamos un programa aparentemente exigente. Recuerdo que los estudiantes extranjeros con los que trataba se asombraban del alto nivel del libro de Mecánica Cuántica que teníamos como referencia. Pero en realidad no se nos pedía entender algo de aquel manual sino hacer unos problemas tipo – de forma repetitiva y mecánica – en el menor tiempo posible. Parecía que éramos estudiantes avanzados, que realmente dominábamos aquello, pero nuestra única habilidad era la de completar una suerte de sudokus cuyo significado y utilidad ignorábamos completamente. Es un lugar común decir que la enseñanza universitaria se ha degradado pero creo que antes tampoco podíamos presumir de nada. A mí me exigían hacer a mano problemas de forma mecánica y ahora quizás se hace más hincapié en usar determinado software. Pero ni antes ni ahora, creo, se exigía al estudiante que supiera: con que lo pareciera era suficiente.

Cuando empecé a estudiar Magisterio, se hizo habitual que me bajaran las calificaciones por no asistir a clase. “Es que hay que premiar a los que demuestran interés”, decían. Yo siempre he pensado que si el estudiante llega a los mismos resultados sin ayuda pues mejor para él, pero esta no parece ser una opinión muy popular. En un memorable debate por internet, los que eran mis compañeros consideraban que quien copiaba en un examen merecía más indulgencia que quien no asistía a clase por la razón que fuera. De nuevo, parece aceptado que lo importante es parecer y no ser.

Hay quien colecciona cursos de formación continua para promocionar en el trabajo. Todos necesitamos seguir formándonos a lo largo de nuestra vida: no hay duda de que intentar mejorar es digo de elogio. Sin embargo, siempre he tenido la impresión de que a nadie importa si esos cursos son realmente formativos. Desde el momento en el que lo que se evalúa es tener un título acreditativo y no la mejora real que tal curso posibilita, más que una impresión es un hecho. Pero, al final, las partes implicadas parecen estar conformes con el arreglo: unos ganan dinero ofreciendo un producto y otros ganan puntos para el currículum. No se aprende, pero ese no parece ser el objetivo. Yo he caído en el error de hacer algunos cursos sobre temas que me interesaban y lo único que he aprendido es que para tirar el dinero lo más práctico es apuntarse a un gimnasio, como se ha hecho de toda la vida de Dios. En el país de la apariencia, se da la paradoja de que es fundamental tener títulos, aunque se valoran de forma desigual: ¿es normal que en la fase de concurso de unas oposiciones – un concepto que hoy se me figura tan obsoleto como los videocasettes – un doctorado puntúe igual que un puñado de cursos de la entrañable Radio Ecca?

No sé dónde leí que las críticas negativas hacían parecer a una persona mucho más inteligente de lo que es. A juzgar por mi blog, yo debo de parecer una lumbrera. Pero no lo soy.

Post post: No es oficial, pero parece que ya he completado todos los créditos de la carrera. Que he terminado, vaya.

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5 Respuestas a “Ser y parecer

  1. Hace tiempo reflexioné sobre la “titulitis” española y llegué a una conclusión parecida. Muchos de los títulos que mencionas se parecen a las famosas migas que el hidalgo empobrecido se esparcía por la ropa para simular, cuando salía a la calle, que había terminado una opípara comida. Felicidades por tu graduación. Espero que este blog se vaya enriqueciendo poco a poco con tus experiencias laborales.

  2. “Belicoso, agitado y falto de modestia”??? Imagino que tu profesor sería un admirador de lo políticamente correcto. Esa posición que sólo acepta la opinión de la mayoría o de lo aparentemente correcto, y que mata la crítica y el debate. Me gusta como escribes, y este de acuerdo o no, te animo a que no lo dejes.

  3. Me gustaría poder entender por qué una física se pone a estudiar magisterio. En otros tiempos las cosas eran al revés: la gente si muchos medios económicos o de zonas rurales comenzaban estudiando magisterio (que era lo que se podía estudiar en todas las capitales de provincias y lo que permitía acceder en un plazo relativamente breve de tiempo a una profesión [mal] pagada), y luego, si había suerte, continuaban estudios.

    De todas las bobadas que se están haciendo con la excusa de ‘Bolonia’ (e insisto en que sólo es una excusa, porque el acuerdo realmente firmado por el Estado Español en Bolonia no tiene realmente nada que ver con lo que luego se ha hecho bajo su nombre), de todas estas bobadas, digo, una de ellas es la insistencia en que se asista a clases. En una de las facultades en las que doy clase nos obligan a todos los profesores a incluir en la programación (bueno, ahora se llaman “guías docentes”) que al menos un punto de la nota final se concederá por la asistencia a clases. Y lo peor es que a todos los otros profesores les parece muy bien que sea así.

    (athini_glaucopis@hotmail.com)

  4. Respecto a lo de los cursos de formación continua, en realidad lo que sucede es que nadie sabe muy bien cómo deberían funcionar. Ni qué cosas se deberían tratar, ni en qué formato. Algo parecido a lo que ocurre en el (extinto) CAP y en las prácticas consiguientes: nadie tiene ni idea de cómo llevar una clase mientras trabajas los contenidos y las competencias (the last best idea ever), como para andar pontificando sobre el particular. Y la gente simplemente se adapta a lo que hay.
    Y por cierto, enhorabuena por haber sobrevivido al grado y sus obstáculos.

  5. Gracias, Plutarco. Me ha gustado el símil del hidalgo empobrecido. Me lo guardo 🙂

    Gorkanov, lo políticamente correcto ha hecho mucho daño. En realidad, la misma expresión es también “políticamente correcta”, ¿no? Es un enfrentamiento del que se quiere salir ileso… y hay que asumir que a veces no se puede. Muchas gracias por tus palabras.

    Athini, en mis tiempo se decía que quien estudiaba Magisterio lo hacía porque no servía para otra cosa. No sería verdad pero supongo que entonces mi autoestima necesitaba otros estímulos. Yo reconozco que he tenido suerte y siempre he disfrutado con lo que he hecho. Además he vivido experiencias muy enriquecedoras gracias al trabajo, así que no puedo quejarme. Lo que pasa es que hace un tiempo empecé a pensar que necesitaba hacer algo más conectado con la gente y además trabajar con niños me divierte mucho. Sin más. Una carrera laboral con bifurcaciones puede ser enriquecedora para el trabajador y para la sociedad pero en España el sistema no lo fomenta (bueno, a decir verdad en España no se fomenta nada ‘laboral’, pero este es otro tema).
    Me alegra escuchar que hay un prfesor universitario que encuentra que premiar la asistencia a clase es un sinsentido (el premio deberían ser las propias clases que se supone que ayudan al estudiante, ¿no?)

    Coquejj, yo más bien me refiero a esos cursos que se hacen porque se necesitan x puntos para unas oposiciones, un concurso de traslados y cosas así. Jamás he oído a nadie decir que le hayan servido para algo más que para obtener los tales puntos. ¿No es absurdo? Gracias por la enhorabuena. En realidad no he acabado un grado sino una diplomatura: me pilló el último año del plan antiguo con lo que supongo que me he ahorrado un curso.

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