Viejas tecnologías (IV)

Las cartas que copio a continuación se recogen en el libro ¡Ojalá lo supiera!, una recopilación de correspondencia mantenida por el premio Nobel de Física, Richard Feynman, y seleccionada por su hija Michelle. Además de por ser un grandísimo físico y una persona muy singular, Feynman es conocido por su contribución a la enseñanza de las ciencias. Se dice que estaba particularmente orgulloso de la Medalla Oersted a la Enseñanza que ganó en 1972. Entre otras curiosidades, en el libro se puede leer el análisis que hizo de una serie de libros de texto para enseñanza primaria a petición de la Junta de Educación del Estado de California. Las cartas que copio aquí me han hecho gracia, en primer lugar, por el entusiasmo de Feynman, y en segundo lugar, por lo primitivo que nos parece ahora el teléfono.

Carta enviada por un profesor de Física a Richard Feynman en 1966:

Estimado doctor Feynman:
Soy profesor de física en Northwestern Wisconsin, y doy cuatro clases de Física PSSC al día. Debido a nuestra situación geográfica, es extraordinariamente difícil para mis alumnos poder hablar o visitar fácilmente a científicos y personas que investigan.
He pensado que, con su cooperación, sería posible que tuvieran una experiencia que, estoy seguro, recordarán durante mucho tiempo. Me preguntaba si usted consideraría alguna vez en el futuro dar una charla a mis alumnos mediante una conexión telefónica a larga distancia a una hora convenida. Me daría una gran alegría si esa llamada encajara en su agenda y yo pudiera reunir a todos mis alumnos en nuestro auditorio de modo que pudieran escucharle y posiblemente hacerle algunas preguntas. Yo podría hacer todos los arreglos a través de nuestra compañía telefónica local. He pensado que, si usted quisiera, podría hablar a los estudiantes durante 20 o 25 minutos y darles luego la oportunidad de hacerle algunas preguntas. El tiempo total empleado sería de 35 a 40 minutos.
Esto es un experimento total por nuestra parte, pero pienso que sería muy estimulante para mis 130 alumnos de física, que representan la mitad de nuestra clase junior.
Si usted cree que podría robar tiempo a su apretada agenda para un experimento como éste, tendría mucho gusto en comunicarme con usted con más detalle cuando más le convenga. Agradeciendo su amable consideración, quedo atentamente,
Thomas J. Ritzinger

Y esta fue a contestación de Feynman:

Estimado señor Ritzinger:
¡Qué maravillosa idea! Suena terriblemente cara, pero si usted lo dice estoy de acuerdo.
En cualquier caso, intentemos esa gran llamada telefónica. Creo que funcionaría mejor si yo no hago otra cosa que responder a preguntas durante los 35 o 40 minutos. Probablemente me volveré loco tratando de explicar las cosas sin una pizarra. Pero suena divertido y me gustaría intentarlo.
Miércoles y jueves por la tarde y martes por la mañana son malos para mí. Otros momentos están bien, excepto 2 de abril y 22-27 de abril, en que voy a ir a Nueva York.
¡Una idea grande y original que nunca he oído antes! (¿cuánto cuesta?).
Afectuosamente,
Richard P. Feynman

El 25 de abril de 1966, Tom Ritzinger escribió para darles las gracias a Feynman. Decía que “los más jóvenes estaban muy emocionados y los comentarios tras nuestra conversación me demuestran que sacaron mucho provecho de sus respuestas y comentarios”.

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