Encajar en el sistema

Ana es una niña de diez años que sufre una ligera discapacidad que la hace caminar con alguna dificultad. Markus es el hijo de seis años de unos hippies alemanes. Ana y Markus no juegan en el patio a la hora del recreo. Prefieren ir a la biblioteca. Allí Markus se acurruca en una esquina sobre la alfombra y se queda abstraído con un libro mientras se chupa el dedo. Ana se ha convertido en una bibliotecaria tremendamente eficiente y solícita. Ella sola gestiona los préstamos de libros, ordena los anaqueles y escribe todo tipo de carteles con normas, avisos y explicaciones para los pequeños usuarios. Ambos son enternecedores, cada uno en su papel. Sin embargo, es inevitable preguntarse si sufren. Se supone que deberían preferir estar con los otros niños, jugando a lo que sea. Esto es lo que pensé yo cuando los empecé a ver todos los días. Después me di cuenta que yo misma voy también a la biblioteca a la hora del recreo porque me gusta más estar allí que de charleta en la sala de profesores y eso que en general son todos bastante amables. En cualquier caso, no creo ser una persona asocial: simplemente estoy más a gusto en la biblioteca, con o sin niños.

Hay una especie de obsesión en que los niños – y adultos – encajen en su entorno, a toda costa. Hace poco hice un curso a distancia sobre atención a niños de altas capacidades (muy malo, por cierto – más tarde descubrí lo que todo el mundo ya sabía: el objetivo de estos cursos no es aprender sino conseguir puntos para la promoción profesional). En el curso, decía, se hacía muchísimo hincapié en que lo importante era conseguir que los niños se integraran en sus escuelas y en sus barrios. Parecía que todo el problema se limitaba a las dificultades de adaptación de los que por una razón u otra son diferentes. Y efectivamente, nadie puede estar solo y es fundamental que el niño aprenda a socializar. Ahora bien, la escuela no tiene por qué ser el único espacio para la socialización – sería preocupante que fuera así – y tampoco sé hasta que punto se debe forzar a una persona a confraternizar con otras con las que no se siente a gusto. ¿Con qué autoridad un profesor que no estaría cómodo con un grupo de hooligans hablando de fútbol y bebiendo cerveza – por decir algo – puede imponer a un niño la compañía de unos colegas que no ha elegido? ¿No sería mejor dejarlo en paz o, llegado el caso, proporcionarle un entorno más afín a sus intereses? Pregunto, porque no tengo muy clara la respuesta. Lo que sí siento es que la adaptación social se ha convertido en el objetivo prioritario de la escolarización al mismo tiempo que noto – paradójicamente – que hay cada vez menos solidaridad entre iguales. Creo que en cierto modo el aborregamiento (bienintencionado) se ha institucionalizado en las escuelas. ¿Por qué pensar que Ana y Markus están marginados cuando quizás solo están haciendo uso de su libertad?

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3 Respuestas a “Encajar en el sistema

  1. No tiene nada que ver con el post pero no me resisto a dejar sin colgar la nueva iniciativa educativa de la progresista Administración andaluza

    http://www.elmundo.es/elmundo/2012/04/06/andalucia/1333707562.html

  2. Interesante la reflexión. Si eso lo aplicas a los profes… los que trabajamos en centros tenemos también que encajar en el sistema: ir a las comidas, tomarte la caña obligatoria, hacerle le regalo de la 1ª comunión a la hija de una compañera que no has visto (y que tampoco te ha invitado a la comunión, por fortuna…) Si no pasas por el aro… “es que ese chico es muy raro”.

  3. Emilio, la verdad es que me parece absurda esa iniciativa de la administración andaluza… pero hay que reconocer que es la consecuencia natural de mantener la religión católica en los currículum escolares.

    Cierto, Familia y Cole, eso nos pasa a todos en mayor o menor medida. Para mi gusto hay cierta confusión entre lo que es ser sociable y relacionarse con los semejantes de manera sana e ir con la masa. Cuántas veces habré escuchado también eso de ‘qué rara’… y cuántas cosas habré hecho por no escucharlo. Eso sí, a lo del regalo de comunión no he tenido que llegar 🙂

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