Verde que te quiero verde

Esta entrada no tiene nada que ver con García Lorca. “Verde que te quiero verde” es el título de un documental del realizador David Benavente en el que se muestra el día a día de un colegio chileno. Casi tan interesante como la película son los comentarios que se hacen al final, entre ellos, los de Inger Enkvist.

En particular, Inger Enkvist habla de la película en este interesante documento:

La imagen que entrega el documental es seductora a primera vista. Casi parece idílica: un profesor de buena voluntad y con mucho corazón, niños tranquilos y contentos y madres entusiastas. El profesor merece un elogio por haber logrado un clima de estudio y de participación. Sin embargo, también se advierte que el profesor está influido por las modas pedagógicas porque afirma que el conocimiento lo construyen los alumnos, a pesar de que se oye decir en el video que los datos sobre el león los han sacado Roberto y su mamá del internet. Pero los espectadores no sabemos si la presentación de Roberto pertenece o no a un estudio sistemático de los animales y si va a haber repaso de los datos. Es decir, a partir de lo que vemos es imposible saber si se trata de un método eficaz de usar el tiempo de los alumnos. Como suelen hacer los profesores que han recibido una formación durante los últimos decenios, el profesor privilegia que los niños elijan sus enfoques y que practiquen el arte de hacer presentaciones. Posiblemente piensa que así los alumnos aprenden mejor. Sin embargo, esto no está probado. También despiertan dudas la variedad y poca profundidad de los temas que se trabajan en los posters. Da la impresión de una falta de cohesión en el planteamiento de la tarea. Podría pensarse que la actividad se hace porque es divertida más que como la conclusión de un trabajo serio. También hay que volver a subrayar que los datos entregados por el video no nos permiten pronunciarnos sobre el efecto a largo plazo de lo que vemos. Lo que el espectador puede ver es un ambiente y unas actividades, no los conocimientos a largo plazo de los alumnos.

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2 Respuestas a “Verde que te quiero verde

  1. Un loro tiene la posibilidad de repetir palabras y esto no le da la capacidad para poder comprender lo que dice. Ver a ese niño hablando del león me ha recordado a una grabadora. Parecía un ser autómata y sistemático: ortopédico y metódico, enjaulado en una celda de datos que le amenazaban desde su mente. Un niño es un ser sensible, creativo, vivo e ilusionado: un ser que…¡estrena la vida! La vida no puede estrenarse con algo tan aburrido y limitado como una exposición que se limita a repetir datos sacados de una fuente que ya los contiene. Cierto es que la memoria desarrolla el cerebro, como cualquier otra actividad mental, pero mucho me temo que no es precisamente la memoria lo que más ayuda a las capacidades cognitivas de un niño.
    En cualquier caso, hay cosas que se pueden comprender y cosas que no. La duración de la vida de un león no es algo más o menos comprensible, es algo experimental: un dato sin más. Puedes comprender un razonamiento, una idea, un hilo argumental, un proceso lógico… Pero no puedes comprender un dato. En todo caso puedes cuestionar el porqué, pero dudo que ese niño se haya cuestionado cualquiera de los datos que ha soltado a modo de recital como si del Padre Nuestro se tratara.

    Desde mi punto de vista, esa exposición es una pérdida de tiempo. Sólo sirve para que el niño desarrolle un poco su memoria, y ni eso: llega a decir que la cabeza del león mide metros. No hay comprensión ni creatividad. Ese niño ni ha usado su imaginación, ni ha utilizado su sensibilidad, ni ha desarrollado su capacidad para cuestionarlo todo. Si a un niño que es el ser más sensible, imaginativo y curioso no se le invita a ser lo que es… ¡Apaga y vámonos!
    “Verde que te quiero verde” es un documental que más allá de la ignorancia de las madres (¿dónde están los padres?) y de la “buena” (que no acertada) intención del profesor… sólo tiene mucho color verde. Sólo refleja lo verde que está la educación en Chile. Tan verde como los uniformes de esos chiquillos y tan verde como las chavolas en que viven. Todo guarda relación: lo veo todo muy verde.

    Gracias por compartirlo, Cristina

    Saludos,

  2. Bienvenida al blog, A. La verdad es que es enternecedor ver a ese niño con su mamá hablando tan serio. Pero tampoco sé es si la actividad es educativa y si el niño ha aprendido algo. Me ha llamado la atención que cuando le preguntan cuánto mide el león – algo que ya había contado en su charla – da el dato con las mismas palabras que la primera vez. Dice que el león mide tres metros incluida la cola y que la cola mide un metro, pero no parece capaz de darse cuenta de que entonces el cuerpo del león mide dos metros. Además, creo que tiene razón uno de los comentaristas que habla al final. Venía a decir algo así como que si se delega demasiado en los padres, los resultados van a depender del nivel cultural que éstos tengan. Es maravilloso que la familia se implique en la educación y no hay duda de que la madre de este niño tiene muchísimas cosas valiosas que enseñarle, pero sin duda lo que aprendió sobre el león hubiera sido diferente de haber crecido en otro entorno (quizás mejor, quizás peor).

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