Provincianismo pedagógico

Una de las cosas que escucho habitualmente a los pedagogos que me rodean, en obra o presencia, es que la escuela ha de tratar siempre temas cercanos a la realidad de los niños. Y digo yo que relacionar los conceptos nuevos con hechos que éstos ya conocen es pedagógico – y hasta necesario-, como también es deseable que los niños conozcan su cultura y su entorno más próximo. Nada que objetar. Sin embargo, me da la impresión de que la cosa se está llevando al extremo – creo que fundamentalmente por razones políticas – hasta el punto de confundir el legítimo deseo de dar valor a la cultura local con el provincianismo más estrecho. Por ejemplo, en el seminario del otro día (las clases son un filón de temas para el blog – si lo sé voy antes) se habló de que no tiene sentido tratar en las aulas la historia de Grecia y Roma sin enseñar primero la historia del barrio. ¿De verdad? ¿Y no puede ser que para entender la historia del barrio sea necesario tener cierto sentido de la historia de occidente? Dicen los pedagogos que los niños encuentran más motivación si en el colegio se tiene en cuenta su día a día. Sin embargo a mí, que me crié en un barrio obrero de escasa personalidad e inexistente vida cultural, no me hubiera motivado en absoluto estudiar las características de mi vecindario, fundamentalmente porque ya las conocía y no eran particularmente interesantes. Lo paradójico es que el objetivo de acercar la escuela a la experiencia de los niños difícilmente se puede cumplir porque no es su realidad la que se incorpora a los currículum escolares, sino una suerte de costumbrismo más próximo a la vida de los campesinos del siglo XIX que a la realidad de hoy: los niños que yo conozco no ayudan a sus padres con las plataneras y las cabras sino que los acompañan al Carrefour, etcétera. Así que ya puestos a hablar de experiencias ajenas a los niños, y dado que no tenemos tres vidas, mejor sería centrarse en lo fundamental; y lo fundamental, creo, es abrir la mente infantil a otras realidades para ampliar horizontes. ¿Tiene sentido leer en la escuela libros de autores locales bastante regulines habiendo todo un mundo de clásicos por descubrir? Me cuesta entender que en la carrera haya sido obligatoria una asignatura cariñosamente bautizada por mí como ‘folclorismo’ (en realidad tenía un nombre mucho más pomposo) mientras que por ejemplo literatura y física eran optativas y biología o historia ni siquiera se ofertaron.

Indestructible aldea gala según Goscinny y Uderzo. Incluso los galos conocían a los romanos, lo que pasa es que no les gustaban (imagen extraída de enfinyetcetera.blogspot.com)

Lo anterior no quiere decir que me avergüence de mis raíces y que reniegue de ellas (tampoco estoy orgullosa – estas cosas dependen del azar, sin más). Lo que ocurre es que me escama que las loas a la vida del barrio y a los referentes culturales más cercanos suelan venir de gente de entornos culturalmente ricos (al menos más  ricos que los de los niños a los que pretenden educar), con acceso a todo tipo de libros y buen cine, con la posibilidad de ir a conciertos, de viajar, de conocer gente interesante… Hay niños que solo conocen el mundo a través de la televisión y me parecería muy injusto no ofrecerles estímulos para acercarlos a la cultura, con mayúsculas. Esto por un lado. Por otro lado, es evidente que la exaltación institucional del folclorismo responde a los intereses de los caciques políticos locales que pretenden seguir manteniendo su influencia apelando al sentimentalismo nacionalista (regionalista o insularista – da igual) del pueblo. Y al menos en estas latitudes subtropicales lo consiguen. Vaya si lo consiguen.

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3 Respuestas a “Provincianismo pedagógico

  1. Adjunto un ejemplo de mestizaje cultural. El Instituto Mendoza promociona las bondades de su enfoque pedagógico a ritmo de rap. Los profes son guays, no hace falta aprobar, las clases de pintura y música son las más divertidas. Para nada se menciona el nivel que sus alumnos alcanzan en comprensión lectora y razonamiento matemático. Quizás algunos de tus ilustres profesores, Cristina, sería una estrella educativa en este instituto:

  2. Uf, Plutarco, confieso que al principio pensé que el vídeo era una parodia de estos “lipdub” que se han puesto de moda ahora en los centros educativos pero… ¡es real! Al menos podrían haber trabajado un poco las letras (“Entramos a las ocho y media y salimos a las tres…”). Tristérrimo.

  3. Efectivamente…lo dramático es que es real y que los directores de ese instituto mantienen el vídeo colgado en Internet.

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