Universos isla y viceversa

Hasta principios del siglo XX los astrónomos pensaban que nuestra galaxia era todo el Universo, o sea, que todos los cuerpos celestes estaban contenidos en ella. A medida que los telescopios se fueron haciendo cada vez mejores, se fueron descubriendo nuevos objetos, como ciertas nebulosas de forma espiral, que se creía eran también parte de la Vía Láctea. Sin embargo, hubo quien tuvo la intuición de que quizás las nebulosas espirales estaban fuera, siendo ellas mismas galaxias distantes. Era lo que pensaba el mismísimo Immanuel Kant, quien las llamó “universos isla”. En cualquier caso, a principios del siglo pasado aún no se tenía ninguna evidencia concluyente a favor de una u otra hipótesis, fundamentalmente porque medir distancias en el Universo no es tarea fácil.

Imagen de la galaxia Andrómeda obtenida por Hubble en 1923. Con la letra 'N' señaló las novas. Al darse cuenta de que una de ellas era en realidad una variable, tachó la N y escribió 'Var!' (foto extraída de spaceinfo.com.au).

En 1920 tuvo lugar un interesante debate entre los astrónomos Heber Curtis y Harlow Shapley, en la Academia de Ciencias Norteamericana, acerca de este tema. Shapley pensaba que la Vía Láctea contenía a las nebulosas espirales mientras que Curtis sostenía que éstas eran universos isla, o galaxias alejadas de la nuestra. Curtis tenía razón aunque hay que reconocer que en aquel momento sus argumentos no fueron determinantes. La clave definitiva la dio tres años más tarde Edwin Hubble, quien pudo observar cierta estrella variable en Andrómeda, una de esas nebulosas espirales que traían de cabeza a los astrónomos. Este descubrimiento fue crucial porque a su vez, unos años antes, Henrietta Leavitt se había dado cuenta de que las estrellas variables del mismo tipo que la descubierta por Hubble en Andrómeda podían usarse para medir distancias. Estas variables, llamadas cefeidas, pulsan con períodos regulares, más largos cuanto más intrínsecamente brillante sea la estrella. Como nosotros vemos más débiles las estrellas más lejanas, midiendo el período de pulsación de la variable podemos saber a qué distancia se encuentra. Así quedó demostrado que Andrómeda estaba tan lejos que era imposible que estuviera en el interior de nuestra galaxia: tenía que tratarse entonces de una galaxia diferente, situada a una distancia considerable de la Vía Láctea, que resulta ser en realidad solo una entre las millones de galaxias que pueblan el Universo.

Esta historia viene al caso porque el otro día los niños de primero – y de camino también los de sexto, por cuestiones organizativas – vieron una pequeña película que les preparé con fotos sobre todo del telescopio Hubble (bautizado así en honor a Edwin Hubble) con la que trataba de explicarles qué era una galaxia. Es una pena pero no la puedo colgar en el blog porque hice un uso indiscriminado de imágenes y música ajena – contraviniendo todos los derechos de autor habidos y por haber. El caso es que es increíble como condensamos siglos de dudas, de preguntas, de observaciones, de pensamientos y hasta de miedos, en píldoras de conocimiento que  vamos proporcionando a los niños en pequeñas dosis antes del recreo, y que a la larga van a configurar su forma de ver y de entender el mundo. Aunque en realidad, no sé hasta que punto la mente de un niño – o la mente humana, en general – está preparada para entender ciertas cosas. ¿Cómo puede alguien imaginarse un Universo isla cuando su universo es – en este caso literalmente – una isla? Y es que quizás no nos cueste entender los conceptos, pero lo que implican, ¡ay!, eso nos puede hacer perder la cabeza si pensamos demasiado en ello. Como astrónoma profesional (todavía), me identifico con lo que escribió Giovanni Papini en “Gog” (ese libro que en su día debió de ser un bestseller porque mucha gente de la generación de mis padres lo tenía en casa):

No comprendo a los astrónomos. ¿Cómo ninguno de ellos se vuelve loco o se suicida? Imagino que son hombres sin fantasías y sin dignidad, incapaces de sentir el insulto permanente de las constelaciones refugiadas en el fondo de los desiertos del espacio. Midiendo y calculando se ilusionan tal vez, pensando que dominan el cielo o al menos que son admitidos como huéspedes.

Pues eso. Creo que para bien o para mal, yo nunca he tenido la fantasía suficiente, ni quizás la inteligencia, para que  las maravillas del Universo me llegaran a quitar el sueño – figuradamente, se entiende. Sin embargo, ahora me preocupa la posibilidad de haber sembrado el desasosiego en las mentes infantiles.

Post post: Hay una entrada muy buena sobre Hubble y Andrómeda en el blog de Frikosal.

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2 Respuestas a “Universos isla y viceversa

  1. Soy profesor de Filosofía pero no sabía que Kant había hablado de los universos isla. El tío ca… sabía de todo. Sabía que conocía la física de Newton pero no que él por su cuenta se dedicara a hacer descubrimientos.

  2. Una mente brillante donde las haya… aunque imagino que su idea de los universos isla era una hipótesis basada en su intuición que no pudo ser contrastada hasta mucho más tarde.

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