La escuela contra el pensamiento crítico

Que la escuela es una institución contradictoria, es algo que todo escolar sabe. Al escuchar a alguien decir a voces que no se debe gritar, intuye que algo no va bien. Tan pronto como aprende a leer y a escribir, el escolar empieza a sospechar que, en cierto modo, la escuela es una farsa donde hay que interpretar un papel. En condiciones normales, se adapta y recorre las distintas etapas educativas consciente de que para desenvolverse en un microcosmos como el educativo – coherente dentro de su contradicción – guardar las apariencia no solo es necesario sino también suficiente. Pero si espera algo más de esta institución, el escolar sufre.

Crédito: Amy Stein (http://amysteinphoto.com), fotografía de la serie "Domesticated".

Junto las pequeñas paradojas del día a día, el escolar debe enfrentar una de las grandes mentiras del sistema educativo. A saber: la escuela alienta y valora el sentido crítico (otra gran mentira es la de que también promueve la creatividad, pero el tema es complejo y da para otro post). Fomento del sentido crítico: noble propósito que prestamente han recogido los pedagogos en sus manuales y los maestros – o las editoriales – en las listas de objetivos de programaciones y documentos varios. Pero la realidad es que, no solo no se promueve, sino que probablemente ni si quiera se desea. En primer lugar, porque las nuevas pedagogías ponen el énfasis en la información y no en el conocimiento. Así, se dicen cosas como que “el profesor ha de ser un mediador y no un instructor que domine los conocimientos”, o que “lo que se requiere no es memorizar aquello que pueda ser necesario sino saber encontrarlo”. Todo esto suena muy moderno y progresista, pero lo cierto es que sin conocimientos no hay pensamiento crítico posible. Porque para ser crítico hace falta primero entender qué ocurre y hacer un análisis racional de la realidad, algo que precisa de una formación sólida en contenidos y en estrategias de razonamiento y de expresión. Hoy la información es muchísimo más accesible de lo que nunca ha sido y, sin embargo, quizás ahora hay más  apatía, conformismo e ignorancia política que nunca – por lo menos no se puede decir que el sentido crítico haya aumentado al mismo ritmo al que lo han hecho las tecnologías de la  información. Siempre ha habido motivos para ser críticos, antes y ahora, pero sin sentido de la historia y de la lengua, la inquietud que nos provocan las situaciones adversas se queda en simple malestar, en desasosiego vacío, y no en rebeldía constructiva. En segundo lugar, es obvio que el sistema educativo ejerce también un fuerte control social. Simple y llanamente, los que están arriba quieren seguir manteniendo sus privilegios. En cualquier caso, aunque creo que reales y reconocibles, ni siquiera hace falta apelar a teorías conspirativas ni imaginar a los ideólogos del sistema conjurados para mantener al pueblo en la ignorancia: la indolencia hace el resto. No hay más que ver cómo la escuela va seleccionando más en función de la docilidad que de las capacidades, y todo por una cuestión de comodidad: es más fácil trabajar con alumnos tranquilos y sumisos. El otro día en mi clase de Primero de Primaria ocurrió una cosa que me hizo pensar. Los niños tenían que colorear un paisaje y la maestra les decía exactamente de qué color tenían que pintar cada piedra y cada árbol. Las nubes tenían que ser azules. Los niños estaban tensos y atentos para no equivocarse de color y sufrir las iras de la maestra. Todos menos uno, que me dijo que las nubes eran blancas o grises y que él iba a pintar de gris las suyas. Y eso hizo, pero a costa de señalarse como alumno desaplicado porque ya todos en la clase sabían que las nubes de los buenos alumnos eran azules. No quiero decir con esto que un niño que decide no seguir ciertas normas esté siendo crítico y los que sí las siguen sean sumisos. Ser crítico obviamente implica mucho más. En principio, tanto los niños de las nubes azules como el de la nube gris tienen el mismo potencial y capacidad de razonamiento. Sin embargo, algo cambia en sus cabecitas desde el momento en que comienzan a relacionar el éxito, al menos el éxito académico, con la aceptación acrítica de postulados arbitrarios. En general, la educación escolar tiende a premiar a los más dóciles, simplemente porque es más cómodo. Esta es la razón – quizás me equivoco – por la que el fracaso escolar es mayor entre los niños varones: tanto el carácter de las niñas como la tradición (la docilidad y la fragilidad se ven como virtudes en las chicas y defectos en los chicos) hacen que aquellas se adapten mucho mejor al sistema educativo en general. Creo que la escuela – hablando así en general – se guía más por cuestiones emocionales que racionales. Al escolar se le pide que se posicione en el lado correcto, con los buenos. Por eso no se enseña a debatir, porque traspasar el umbral de lo que se considera adecuado por consenso, es visto como  afrenta personal y no tanto como ejercicio intelectual. Después hay alumnos que no se adaptan, claro. No se pude decir que las escuelas de hoy sean remansos de paz precisamente. Pero la indisciplina en las aulas nada tiene que ver con pensar diferente – ni siquiera con pensar, a secas.

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11 Respuestas a “La escuela contra el pensamiento crítico

  1. Mis felicitaciones más efusivas por este post. Cabría recordar aquello de que las tres facultades del alma son memoria, entendimiento y voluntad… pero probablemente les suene a reaccionario a los gurús que ta han enseñado a ser educadora, Cristina.

  2. Gracias, Plutarco. La verdad es que de los gurús he aprendido poco pero, oye, han sido una gran fuente de inspiración para el blog 🙂

  3. Cristina me temo que este Plutarco es un farsante. En Internet hay mucha gente que se hace pasar otra. No te dejes engañar.
    Con el prestigio que tiene Plutarco no creo que se pasee por los blog de alumnas de magisterio -por inteligentes que estas sean- para dejar un comentario. Casi con seguridad que es un impostor.
    Además Plutarco debe estar ya muy mayor. 🙂

  4. Me eduqué en un colegio de curas, y me pasé mi primera juventud abominando de la hipocresía de los curas. Pero nada más empezar a trabajar de ‘profe’, o, mejor dicho, desde las primerísimas prácticas del CAP (al que Dios maldiga), me percaté que la hipocresía de los curas era bastante menor que la de nuestros bienintencionados pedagogos laicos, “profes progres”, etcétera. Y la cosa, en los veintipico años que llevo en el oficio, ha ido a más.

    Como el humor es el único alivio para lo que no tiene remedio, recuerdo una y otra vez aquel pasaje de la ‘Vida de Bryan”:

    Bryan: “Tenéis que pensar por vuestra cuenta. Cada uno es un individuo.”
    Todos (a coro): “Sí, cada uno es un individuo”.
    Bryan: “Todos sois diferentes”.
    Todos (a coro): “Sí, todos somos diferentes”.
    Uno: “Yo no”.

    (Athini Glaucopis)

  5. No es el primer comentario positivo que dejo en este blog. Además, hace tiempo sugerí a su autora un cambio de nombre para que alcanzara mayor difusión. Por lo demás, no respondo a “trolls”.

  6. Plutarco, creo que no has entendido que mi comentario era una broma. Obviamente “Plutarco” es un nick, tu nick. Ser un impostor del auténtico Plutarco es imposible porque murió hace un montón de siglos. Lamento que te haya molestado. No era mi intención. Creí que la broma se entendería.

  7. Por otro lado lo de “decir a gritos no chilleis” o algo parecido es de risa si no fuera para llorar. Y el texto que transcribe Glaucopis de la Vida de Brian también es muy divertido.

    A veces he pensado que podía empezar mi primera clase del curso de la siguiente manera.

    Yo: “Lo primero que teneis que saber es que no repito las cosas”
    La clase: Silencio. (el primer día todo el mundo está muy callado)
    Yo: No repito las cosas.

    Nunca lo he hecho, pero me parecía una manera muy divertida de comenzar. Después podía seguir una explicación sobre los textos autoreferentes y la paradoja del mentiroso y todo eso.

  8. Por si aún no lo has visto, la última entrada de “El café de Ocata” trata, precisamente, de este mismo tema:

    http://elcafedeocata.blogspot.com/2012/02/el-pensamiento-critico.html

    (Athini Glaucopis)

  9. Voy a estar una días con poco acceso a internet pero he leído todos vuestros comentarios. Athini, yo estudié con las monjas y la verdad es que también tengo la impresión de que eran más coherentes. No mejores – de hecho siempre he pensado que no debería haber escuelas religiosas – pero sí menos hipócritas. Y también hice el CAP en su día… pero Magisterio supera los despropósitos del infausto curso, que ya es decir. Por otro lado, me ha encantado el vídeo de la vida de Brian. Vi la película hace años pero nunca pierde gracia. Loiayirga, lo de decir a gritos ‘no gritéis’ es como lo de que trate de convencerte de lo maravillosa que es la lectura alguien cuya lectura más profunda es el ‘Hola’. La escuela funciona así, como un mundo paralelo… y después nos quejamos de que no se le de valor a ciertas cosas. Y Plutarco, no importa que el ‘verdadero’ Plutarco haya muerto hace dos mil años, que sabes que siempre serás bienvenido en este blog que sigues desde el principio 🙂

    Un saludo a los tres.

  10. me ha hecho gracia el inicio del post porque es algo que les digo siempre a los profesores: si dices a un alumno gritando: “tranquilo”, ¿qué piensas que va a entender, el grito o tranquilo?… Y sobre todo estoy de acuerdo en lo del pensamiento crítico y me gustaría contarte algo que le sucedió a mi hija superdotada cuando tenía 13 años (ahora tiene 16). El profesor hablaba de valores y pregunto: ¿por qué es mala la violencia? La respuesta de mi hija fue: porque es eficaz. El profesor se quedó cortado y no hubo respuesta. En mi percepción, hablando en general y por tanto salvando muy honrosas excepciones, la escuela es muy conservadora y quieren alumnos obedientes y sumisos y no están preparados para lo contrario…

  11. Estoy totalmente de acuerdo contigo, Antonio. La escuela fomenta la docilidad por encima de todo. Lo que ha cambiado, creo, es que ahora se reivindica – de boquilla – el sentido crítico y antes se asumía la obediencia. Por su incoherencia la escuela acaba desactivando ciertos valores, como el de la no violencia (verbal). Ahí hay que reconocer que tu hija estuvo brillante. Gracias por comentar.

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