Diversión atómica

El otro día, trasteando en Internet, di con este curioso juguete: “El laboratorio de energía atómica”. Es uno de esos juegos educativos que reúnen materiales e instrumentos para que los niños realicen sencillas experiencias de laboratorio, como el mítico Quimicefa, solo que en este caso  la idea es experimentar… ¡con materiales radiactivos! Nada más y nada menos. Estuvo a la venta en Estados Unidos entre 1951 y 1952 al precio de 50 dólares. La verdad es que el estuche es precioso pero da un poco de miedo meterlo en casa. ¿Sería realmente seguro? Y, lo que es más importante, ¿sería realmente divertido?

El contenido de la caja es asombroso: cuatro tipos de mineral de uranio, una muestra de Plomo-210, una de Rutenio-106, otra de Zinc-65 y una última de  Polonio-210: isótopos del Plomo, Rutenio, Zinc y Polonio, respectivamente, es decir, estos mismos elementos pero con diferente número de neutrones en sus núcleos. Además, el juguete incluye un espintaroscopio, una cámara de niebla, un contador Geiger, un manual, un libro de historietas y un informe del gobierno sobre la prospección de uranio.

El 'laboratorio de energía atómica' (imagen extraída de http://www.orau.org)

Lo que tienen en común los elementos del juego es que todos son radiactivos. La radiactividad es la desintegración del núcleo, el minúsculo centro del átomo donde se concentra casi toda su masa y energía. Esta desintegración se produce de forma súbita y aleatoria y libera muchísima energía. Los pequeños fragmentos que salen despedidos en la desintegración conforman lo que conocemos como radiación. Es como si el núcleo atómico explotara y la radiación fuera la metralla que sale despedida. Cuando estos pequeñísimos fragmentos chocan con otros materiales, pueden arrancarles electrones a sus átomos – es decir, ionizarlos – produciendo curiosos efectos como impresiones en placas fotográficas o fluorescencias; además pueden atravesar cuerpos opacos a la luz ordinaria. Las radiaciones también pueden penetrar en nuestro cuerpo y destruir células. Pueden ser de tres tipos: las partículas alfa compuestas por dos neutrones y dos protones (o sea, núcleos de helio) que son poco penetrantes, aunque muy ionizantes y muy energéticas; los rayos beta, que son flujos de electrones con un poder de ionización no tan elevado como el de las partículas alfa pero más penetrantes que éstas; y la radiación gamma, que es en realidad radiación electromagnética (o sea, un tipo de luz), con un increíble poder de penetración  por lo que se necesitan capas muy gruesas de plomo u hormigón para detenerlas.

El núcleo de un átomo solo puede desintegrarse una vez, y después desaparece, así que todos los materiales radiactivos dejarán de serlo algún día. El tiempo que tarda su radiactividad en llegar a la mitad de su nivel original es la llamada  semivida. En realidad, la radiactividad es un fenómeno con el que podemos convivir tan campantes, todo depende de la dosis y de la semivida del isótopo en cuestión. Por ejemplo, en el cuerpo humano tenemos una fuente de radiactividad que es el Carbono-14, que obtenemos de los alimentos que ingerimos, y que tiene una semivida de miles de años. Cada desintegración de un átomo de este isótopo emite un rayo beta que daña las células circundantes. Cuando morimos y dejamos de ingerir alimentos, el Carbono-14 se desintegra sin que nada lo sustituya así que cuanto más tiempo pase, menos de este isótopo habrá. Midiendo la cantidad de Carbono-14 de un resto arqueológico podemos determinar su antigüedad: ésta es la famosa prueba del Carbono-14.

Volviendo al juego, hay otra una fuente de rayos beta, el Rutenio-106, cuya semivida es de solo 373 días, mucho menor que la del Carbono-14, lo cual no es muy tranquilizador para los niños porque al desintegrarse rápido puede emitir una dosis elevada de radiación en poco tiempo. El kit también contiene una fuente de rayos gamma, el Zinc 65, con una semivida de 244 días, y una de partículas alfa, el Polonio-210. Este último isótopo se ha hecho famoso porque con él se envenenó al ex-agente secreto ruso Alexander Litvinenko. La semivida del Polonio-210 es de solo 100 días, característica que lo convierte en el veneno ideal: es tiempo suficiente para que después de adquirido siga siendo potente a la hora de administrarlo, pero no tanto como para no llegar a ver sus efectos. Vamos, que en este caso sí podríamos decir aquello de “juegos de Polonio… juegos de villanos”.

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3 Respuestas a “Diversión atómica

  1. Aunque soy de letras, he encontrado muy interesante esta entrada de carácter lúdico/científico…
    Gracias a la prueba del Carbono-14 se pudo demostrar que las momias de los Amantes de Teruel (mi patria chica) pertenecen a la época en que la leyenda sitúa a esta historia o leyenda 70 años más o menos en torno al siglo XIII. Sirvió para deshacer las habladurías llenas de sorna de si se trataban de una pareja de la guardia civil o de una pareja de mendigos, etc….
    Saludos, Cristina

  2. He repetido la palabra leyenda sin fundamento. Las prisas provocan estas cosas… Perdón

  3. Me alegro de que te haya resultado interesante, Luis Antonio. Fíjate que yo pensaba que la de los amantes de Teruel era una leyenda-leyenda, quiero decir, que no sabía que estuviera basada en la existencia de unas momias. A ver si leo algo al respecto.

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