Cuitas laborales

En un país como España, con tantísimo paro, la competencia para encontrar trabajo es feroz. Según las leyes de la economía, cuanta más competencia haya, mejores serán los resultados, en este caso, más cualificación tendrán las personas que consigan ocupar esos puestos de trabajo que tan disputados están. No creo que sea así. De hecho, creo que la escasez de empleos acaba siendo contraproducente en lo que se refiere a la adecuación del trabajador al puesto. La situación me recuerda al juego de las sillas, solo que con muchísimas más personas que sillas: cuando para la música, los que tienen la suerte de sentarse no se moverán, aunque no estén cómodos en la silla que les ha tocado, porque nadie les asegura que vayan a encontrar un nuevo acomodo. Yo he tenido la suerte de encontrar silla, eso sí, siempre han sido asientos temporales aunque relativamente confortables. Pero desde hace tiempo tengo la sensación de que podría ser más feliz y – sobre todo –  más útil a la sociedad haciendo otra cosa. Puede que me equivoque, claro. Además a estas alturas sé que una persona no necesita ser feliz (sea lo que sea eso) ni estar motivada para hacer bien su trabajo. Pero ayuda, supongo. Algo parecido me decía el otro día una amiga, profesora de matemáticas de secundaria. Me comentaba que está hasta el gorro de la docencia y que, si por ella fuera, habría cambiado de trabajo hace años. El problema, claro, es que el panorama laboral es tan sombrío que las posibilidades de encontrar algo decente tienden a cero. Ignoro si mi amiga es buena profesora. Yo creo que sí, que es lo suficientemente profesional como para sacar lo mejor de ella pese a hacerlo con desgana. Lo que no sabremos – probablemente nunca – es si hubiera hecho algo más valioso en otro ámbito. Después he leído que los másters (¿o es másteres?) de formación del profesorado están saturados porque pese a los recortes la enseñanza sigue siendo una de las pocas opciones que tienen los licenciados de conseguir un trabajo con condiciones razonables. Pero, por una cuestión de números, es harto probable que la mayoría de los aspirantes a profesores no tengan ningún interés en la enseñanza, más allá del evidente – y comprensible – interés en ganarse la vida honradamente. No me cabe duda que, con ganas o sin ellas, entre estos chicos habrá excelentes profesionales… pero también los habrá pésimos. El drama es que aunque acaben descubriendo que la carrera docente no es para ellos, no tendrán otras alternativas. Y así las cosas, nos vamos dejando llevar por la inercia porque las bifurcaciones nos llevan por caminos demasiado resbaladizos.

Creo que la precariedad laboral, y quizás la tradición, hacen que en España los cambios de actividad profesional sean extremadamente difíciles. En Estados Unidos (que es un país con cosas muy buenas pese a sus evidentes defectos) conocí a un empresario que comenzó ilusionadísimo una nueva etapa como profesor a los cincuenta años, y a un empleado de banco que a esa misma edad dejó su empleo para comenzar un doctorado en biología. No sé de casos parecidos en España. Aquí nos hemos acostumbrado a usar el término ‘movilidad laboral’ como eufemismo de trabajo precario y despido libre. Pero no es eso. La movilidad es realmente enriquecedora siempre que aporte ideas frescas, un punto de vista diferente e ilusión. Claro, que aquí cualquiera se mueve, con la que está cayendo.

Yo no sé que voy a hacer en el futuro. Puede que estudiar magisterio no me lleve a ningún sitio. Creo que mi experiencia es valiosa y que tengo cosas que aportar pero por ahora no he encontrado ningún refuerzo positivo en la carrera, más bien todo lo contrario. Pero lo cierto es que yo me veo mejor en esto que en el trabajo con el que me gano la vida (y que socialmente está mejor valorado que el de maestra – aunque no debería ser así). Sin embargo, el feedback que recibo del entorno va en sentido opuesto y esto me desconcierta. Hace poco, en un debate en la página de Deseducativos, me llamaron inconstante (¡y resentida!). Puede que tengan razón y que esto que he escrito no sea más que un ejercicio ocioso de egocentrismo. Al fin y al cabo el asunto es muy simple: hay poco trabajo y muchos desempleados así que buscar la realización por el trabajo es ingenuo, cuando no frívolo.

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2 Respuestas a “Cuitas laborales

  1. Solo quería decirte que tu blog me parece muy interesante, me ha causado una magnífica impresión. Si todos los estudiantes se expresaran con tu corrección, claridad y elegancia, otro gallo nos cantaría en Canarias y en España.

  2. Muchas gracias, Nicolás. Tus palabras me llegan en un momento de desánimo (académico, que no vital).

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