El plagio, la copia y los valores éticos

Si algo me llama la atención de las películas americanas de estudiantes, además de las referencias al béisbol y los bailes de graduación con sus ramitos de flores asidos a la muñeca, es el drama que se monta cuando descubren que un alumno ha plagiado un trabajo académico o ha copiado en un examen. Recuerdo en una serie de adolescentes que vi hace poco, y cuyo nombre me da vergüenza escribir, que a una de las protagonistas le impedían graduarse, y de camino entrar en una universidad de prestigio en donde había conseguido plaza, porque se descubrió que había entregado una redacción copiada (al final se supo que no fue ella, sino su novio que había dado el cambiazo al quedarse dormida y bla, bla). El caso es que en los países anglosajones parecen ser increíblemente rigurosos con estos temas. De hecho, he encontrado publicados en internet códigos de conducta de distintas universidades estadounidenses y británicas y en todas se recogen procedimientos muy estrictos, que prevén la expulsión definitiva del estudiante en algunos casos, para lidiar con los plagios académicos. Confieso que me dan envidia.

No hace falta decir que en España la situación es bien distinta. Claro que los buenos profesores hacen hincapié en que los trabajos de los alumnos tienen que ser originales, aunque quizás más por intentar que la actividad sea pedagógica que por cuestionar la falta de ética que supone dar por propio el trabajo ajeno. De cualquier modo, esta es una batalla perdida y la situación de mi serie de adolescentes americanos es totalmente inimaginable en España (sin mucho esfuerzo puedo visualizar al padre de la chica amenazando al profesor, a los compañeros del claustro presionándolo, etcétera). Plagiar un trabajo académico es tan habitual en todos los niveles educativos —y más ahora que con google sólo hay que copiar y pegar un texto— que hasta me atrevería a decir que muchos alumnos ni siquiera saben que hacerlo no está bien. Un estudio con una muestra de casi 40000 estudiantes universitarios arroja el (nada sorprendente) dato de que un 60% admite haber copiado sus trabajos académicos de  páginas de internet tipo “El rincón del vago”  (¿hay portales equivalentes en otros idiomas?). Es más, está tan aceptado, que hasta hay casos en la universidad española (esa pintoresca institución) de profesores que han sido promocionados a catedráticos aun habiéndose probado que el proyecto docente que presentaron al concurso había sido plagiado.

En cuanto a la copia en los exámenes, pues otra que tal baila. Es una práctica tan ‘nuestra’ que hay miles de ejemplos en la cultura popular de historias sobre como pasar chuletas, o ingenios similares, sin que se cuestione jamás la integridad del estudiante pícaro. En un debate por internet con algunos de mis compañeros de clase, me llamó la atención que justificaran la copia en los exámenes como una opción válida. Si no te pillan, comentaban, es que has tenido suerte y no hay nada malo en eso. Incluso llegaron a decir que era más justo que se le restara nota a un alumno que no va a clase que a uno que hubiera sido sorprendido copiando.

¿Y por qué me dan envidia los sistemas que amenazan con expulsar a los alumnos tramposos? Pues porque de aquellos barros, estos lodos, y no hace falta ser un lince para comprender que la falta de ética en los asuntos académicos deviene fácilmente en falta de ética y corrupción generalizada. Los valores humanos se trasmiten con el ejemplo, desde que somos niños, y no basta con poner un PowerPoint de diez a once explicando lo bonita que es la honestidad: entre todos tenemos que intentar que el sistema sea coherente y aprecie la honestidad y la integridad como valores a los que aspirar. Al revés que la mujer del César, el sistema no sólo tiene que parecer honrado, sino serlo. Paradójicamente, los amigos del PowerPoint con moralina son los que repiten como un mantra aquello de “es más importante la formación humana que el conocimiento”, afirmación que, dicho sea de paso, supone implícitamente que ambos conceptos están enfrentados, vaya usted a saber por qué. En resumen, creo que el sistema debe dejar claro que ciertas práctica son graves y no meros ‘pecadillos de estudiante’. Obviamente no hablo de expulsar del centro a un niño de primaria que haya copiado de la wikipedia su redacción sobre la fotosíntesis (algo que además de absurdo es ilegal) pero sí de hacer ver muy claramente, mucho más de lo que es habitual, la importancia de la ética en el trabajo.

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