El hábito de lectura (II): ¿TIC? No, gracias.

No cabe duda de que las llamadas tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) son herramientas fantásticas. Yo escribo aquí sin tener que preocuparme de que mis lectores puedan no entender mi letra y además el programa corrige automáticamente las faltas de ortografía erratas. Usted, que quizás esté en Pernambuco, o incluso en Albacete, lee mi texto y si quiere hacerme saber que solamente digo tonterías no tiene más que darle al botoncito de comentarios y desahogarse con total libertad. A lo mejor después un estudiante al que han encargado un trabajo sobre animación a la lectura o así,  llega a este escrito tecleando en google las keywords “Lectura Animación Lady Gaga”, hace un corta-pega, y saca una nota estupenda. Maravilloso. Ahora bien, el procesador no va a decirme qué ni cómo escribir del mismo modo que no hay ninguna tecnología capaz de estimular la comprensión lectora de un niño (ni de un adulto, vaya). Lo anterior parece una obviedad pero conviene recordarlo en estos tiempos en que las autoridades educativas hacen mucho hincapié en el uso de las TIC en la enseñanza.

Para llegar a ser un buen lector, un niño necesita: 1) libros (o textos en otro formato pero vamos a decir libros para simplificar), 2) ciertas habilidades intelectuales y 3) motivación.

Respecto al primer punto, está claro que ahora gracias a Internet – a través de librerías online – podemos conseguir casi cualquier libro y  además encontrarlo en multitud de idiomas y formatos, algo que era impensable hace unos años (a menos que uno tuviera una red de libreros bien conectados y bastante tiempo y dinero). Pero si bien hay que reconocer que la red ha sido una bendición para los que vivimos en regiones alejadas de los grandes centros culturales, un niño de primaria puede encontrar suficientes estímulos para calmar sus ansias lectoras en su escuela, en la biblioteca de su pueblo o en su casa, siempre que los adultos de su entorno muestren cierto interés. Vamos, que en la mayoría de los casos un niño no necesita mandar a pedir a Alemania una versión bilingüe comentada del “Tractatus logico-philosophicus”. También es cierto que hay una amplia oferta de páginas de Internet con cuentos y poesía para niños (algunas muy buenas). Sin embargo, la forma en la que se dispone la información en la red, fomenta que la atención se disperse entre las múltiples opciones que se ofrecen. Por eso este en un recurso que  creo es bueno para el uso del profesor pero no de los niños. En realidad, desde el punto de vista del lector, ver los textos en una pantalla no ofrece ninguna ventaja a hacerlo en un papel. Esto se aplica también a los libros electrónicos. Si en el futuro llegan a ser más baratos pues adelante con ellos. Lo que no podemos decir es que los niños se interesarían más por la lectura si tuvieran libros electrónicos y PCs portátiles porque no es verdad. Opino.

En segundo lugar, el niño tiene que tener la destreza necesaria para leer con soltura y comprender  un texto, lo que se consigue leyendo, sin más, y quizás reforzando la lectura con preguntas o debates para discutir sobre lo leído,  ejercicios de vocabulario, y así. Pero francamente, no se me ocurre cómo pueden las TIC ayudar a que se adquiera tal destreza: el que el texto se presente en una pantalla o en papel es irrelevante a efectos de habilidades y comprensión lectora, aunque quizás con una pantalla cueste más fijar la atención (a mí al menos me cuesta más y por eso suelo imprimir para leer).

Por último está el tema de la motivación. Un niño que no disfruta leyendo jamás será un buen lector aunque tenga la destreza necesaria para comprender un texto. En algunos manuales y páginas de Internet, se recomienda el uso de las nuevas tecnologías para animar a los más pequeños a acercarse a la lectura. Por ejemplo, algunos aconsejan ver vídeos o escuchar podcasts para interesarlos por los cuentos y la literatura (por ejemplo aquí). Puede que estas sean actividades enriquecedoras y sin duda hay producciones de gran calidad que merecería la pena mostrar a los niños. Lo que ocurre, es que  el cine y la literatura  tienen ritmos y lenguajes distintos: los libros, además de apelar a la imaginación del lector, tienen el encanto de permitir entrar poco a poco en una historia. Otros entusiastas de las TIC, por ejemplo aquí, proponen el uso de ordenadores para gestionar una biblioteca escolar, por ejemplo, enseñando a usar una hoja excel para clasificar los libros o un procesador para hacer fichas con resúmenes. En principio no hay nada que objetar a estas actividades siempre que se disponga del tiempo para llevarlas a cabo. Eso sí, pretender fomentar el gusto por la lectura de esta manera es como pretender hacerlo enseñando carpintería para construir unas estanterías para la biblioteca. También hay muchas páginas con actividades (por ejemplo ésta) o con juegos interactivos, unos más sofisticados que otros (por ejemplo ésta), para trabajar con vocabulario, rellenar cuestionarios, leer o escribir reseñas y cosas así. De nuevo, no dudo que estas actividades tengan valor didáctico pero no me parece que rodear la lectura de tareas más o menos tediosas (que haya que mirar una pantalla y apretar botoncitos no significa que sean divertidas) ayude a motivar a un niño. A mí, desde luego, se me quitarían las ganas de coger un libro. O sea, que al final, llego a la conclusión de que para motivar a leer hay que… leer. Quizás reservar una o varias horas de lectura libre a la semana sea una buena idea.

Y regresamos ahora al primer punto: ¿qué leer? Pues depende. Yo en principio creo que no se deben marcar libros o cuentos de lectura obligatoria (no, al menos, si se pretende motivar). El aburrimiento, ya sea por considerar que lo que se lee es trivial o demasiado complejo, es el peor enemigo del lector curioso. Por las mismas razones, hay que tener en cuenta que los libros infantiles pueden no responder a las expectativas de los niños de mayor capacidad intelectual y/o madurez. Además, hay que tener en cuenta que idealmente la escuela debe suplir la falta de estímulos intelectuales que puedan tener los niños en casa y por eso  yo primaría los autores de reconocida calidad literaria, frente a las novedades de las colecciones infantiles de las editoriales, de donde es más difícil separar el trigo de la paja. Pero vamos, que tampoco sería muy rígida al respecto: un chiquillo que empiece a entusiasmarse con cualquier chorrada de, digamos, marcianos, es muy posible que acabe cogiéndole el gusto a leer otras cosas.

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