Un cuento triste

El otro día la maestra leyó a los niños de primero un cuento con el sugerente título de “Un culete independiente”. Trata de un niño al que cada vez que se porta mal su mamá le pega en el ‘culete regordete’. Como el niño es muy travieso, el culo recibe mucho. Tanto, que un día se harta de tanto sufrir y decide independizarse. El niño cambia de actitud cuando se da cuenta de que vivir sin culo es complicado. Al final el culo regresa y colorín, colorado. El libro completo se puede leer por ejemplo aquí.

Portada de "Un culete independiente", un libro de José Luis Cortés, editado por SM (la imagen está extraída de tallerdecuentosjuandeherrera.blogspot.com)

Hay que reconocer que a los chiquillos les encantó la historia. Ya se sabe que todo lo que tenga la palabra ‘culo’ es un éxito asegurado (¿subirán las visitas al blog?). Sin embargo, no puedo dejar de pensar en lo desafortunado de un cuento que muestra como natural, bueno y gracioso que una madre le pegue a su hijo. No me considero una persona muy tiquismiquis. El exceso de corrección política, de hecho, me suele parecer una cursilada. Pero creo que este es un tema más serio. Me parece muy lamentable que el castigo físico, aunque sea en ‘el culete regordete’, se vea como algo normal y no como una manifestación momentánea de ira irracional, que es lo que debería ser, en caso de ser algo. Ya solo el dibujo de la portada me parece ofensivo por lo que tiene de humillante para un niño. No me gusta este cuento y el que se haya leído en la clase es una muestra más de incoherencia educativa. A ver con qué autoridad moral dices después que los conflictos hay que resolverlos hablando y no sé qué.

Últimamente todo me parece mal. Estoy empezando a preocuparme.

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13 Respuestas a “Un cuento triste

  1. Si no fuera porque en el mundo de la educación he visto defender puntos de vista completamente opuestos por personas con el mismo cargo y el resto a callar y a decir amén, porque para eso eran coordinadores pedagógicos y eran el camino, la verdad y la vida, me sentiría perpleja.
    Yo tampoco creo que fuera una lectura apropiada. Si a uno no se le ocurre nada mejor, está requetearchidemostrado que Caperucita, Blancanieves, Los tres cerditos y demás siempre funcionan y que nadie ha sufrido un trauma porque se los contaran de niño (¿o sí? A ver si hay algún pedagogo traumatizado por ahí…).

  2. Pues sí, Aurora, para cosas así, mejor los cuentos clásicos. Aunque algunos son terribles, al menos hay más distancia con el lector, creo. Un saludo.

  3. Yo no veo tan grave que un niño reciba azotes en el culo. Míralo por el lado bueno. No se trata de una paliza indiscriminada. No se trata de la ira desatada. Cuando se pega en el culo es porque no se quiere hacer daño, me explico se quiere hacer daño pero sin dañar al niño.
    Creo que los azotes deben ser algo excepcional y cuando no hay otra manera de hacer entrar al niño en razón. Una prima mía nunca pegaba a su hija pero la castigaba sin dirigirle la palabra durante unas horas por más que su hija insistiera. Me parece un castigo mucho más cruel.
    Y sobre todo una cosa. Creo que España se ha hecho mucho más daño a la educación de los hijos no dando alguna bofetada cuando se necesitaba que dando alguna de más.
    En todo caso entiendo que una mujer joven como tú desee un mundo donde los padres conozcan otros métodos para no tener que pegar a los hijos.

  4. En todo casi si queres leer algo muy interesante sobre “cuentos” para niños puedes leer esta entrada de nuestro común admirado pseudópodo. El post entero y los comentarios no tienen desperdicio. Quizás ya la conozcas pero es posible que hace dos años no leyeras ese blog.

    http://pseudopodo.wordpress.com/2009/03/15/caperucitas-de-ayer-y-de-hoy/

  5. Loiayirga, aunque no se quiera hacer daño (lo que sería terrible) hay una filosofía detrás de la nalgada que no me gusta: las cosas hay que hacerlas por miedo (o porque el adulto es más fuerte), no porque haya que hacerlas. No soy ingenua y sé que un niño tiene una capacidad de razonamiento limitada, pero la tiene. Llámame hippy. En cualquier caso, hay otros métodos. En cuanto a lo de la bofetada a tiempo, el problema no está en no darla, sino en no hacer nada. Si no hay coherencia en la vida y en la educación, las bofetadas tampoco sirven de nada.

  6. No te pierdas la caperucita isométrica que está enlazada en los comentarios de pseudópodo y que creo que el enlace se ha roto. Aquí lo tienes.

    http://www.microsiervos.com/archivo/arte-y-diseno/caperucita-roja-isometrica.html

  7. Tú te lo has buscado.

    ¡¡hippy!!
    :)

  8. Gracias por el enlace, Loiayirga, cuando tenga más tiempo lo leeré con calma. De todas maneras, quiero señalar que el cuento que nos ocupa tenía una clara intención humorística (un culo que toma vida) y educativa (no hay que portarse mal porque cosas terribles te pueden suceder). Y las nalgadas no son ni una cosa ni la otra. Creo.

  9. Cristina, creo que hay cuatro motivos por los que uno puede hacer las cosas bien.
    1. Por amor al bien. Esto es lo deseable. Ojalá todo el mundo actuara todo el tiempo por amor al bien.
    2. Por no sentirnos culpables. La culpa, Ese sentimiento molesto e íntimo que tenemos tras haber hecho algo que consideramos que esta mal.
    3. Por huir de la vergüenza. Ese sentimiento molesto de que los demás sepan que hemos actuado mal.
    4. Por temor al castigo. Hay muchas personas y muchos de nosotros que hacemos a veces las cosas por ese motivo. Hay gente que no va a 200 por la carretera, o no conduce borracho o no roba o no mata o no comete otros delitos únicamente por este último motivo. Mientras se comporten como deben a mi me vale. Aunque es cierto que desearía que actuaran mejor por amor al bien el miedo al castigo muchas veces es muy eficaz y para algunas cosas a mi me vale.

    Debemos desear que todos hagamos lo bueno por amor al bien, pero siendo conscientes que también existen esos otros motivos y a veces no queda más remedio que acudir a ellos.

    Quiero recordarte que tú misma nos contaste cómo convenciste a una alumna de que debía obedecer tus órdenes. Le escondiste la mochila, es decir, le mostraste que ignorar tus ordenes le acarreaba muy malas consecuencias.
    Es verdad que no le pegaste y apruebo que no lo hicieras. Pero según tú has explicado el procedimiento que tú usaste se sustenta en la misma filosofía que hay detrás de la nalgada. Le demostraste “que como adulta tú eres más fuerte”.
    Es ese el procedimiento que el Estado usa en los casos extremos con todos nosotros: La policía y los jueces. Claro que se deben buscar motivaciones mejores pero creo que, en al menos algunos casos, no hay otra manera de conseguir que alguien obedezca.

  10. Loiayirga, tengo que darte la razón en que no siempre se actúa por amor al bien sino por miedo al castigo, por culpa o por vergüenza (y mover a ambos sentimientos forma con frecuencia parte del castigo). De hecho, educar, por definición, es totalmente incompatible con el respeto a la libertad ajena. Educar es imponer. Tú eres profesor de filosofía y seguro que has pensado estas cosas mucho más que yo. Volviendo al tema, es verdad que cualquier castigo conlleva una demostración de fuerza, eso es impepinable, pero… hay castigos y castigos. En el tema de la mochila, tenía que dejar claro que le pedía que la recogiera por alguna razón, en este caso, porque el orden y la limpieza son importantes para estar a gusto, porque alguien se podría haber tropezado con ella o haberla pisado, porque tenemos que ser cuidadosos con nuestras cosas porque nos hacen la vida más fácil… Después, claro, una vez hecha la propuesta de recoger la mochila, yo tenía que mantenerme firme y dejar claro que había que hacerme caso a mí. Pero lo importante era demostrar que lo que podía tener consecuencias desagradables era la acción (dejar la mochila tirada) , y no haberme desobedecido a mí. Un castigo que se centre en lo primero ayudará a la niña a ser independiente y responsable pero un castigo centrado en lo segundo, la hará solo obediente. Ser obediente es en general útil (y cómodo) si se obedece a gente que quiere el bien de uno… pero no siempre es el caso. Por eso le cogí la mochila y se la guardé en el armario: un objeto descuidado tiene muchas probabilidades de acabar perdido o roto. Para terminar, me gustaría decir que ahora la niña siempre tiene la mochila bien colgada en el respaldo de la silla y que cuando me ve me dice que su mochila no está tirada :-)
    Este es un tema apasionante… lástima que me tenga que poner a trabajar.

  11. El otro día por televisión hablaban de una lesión muy peligrosa que se puede producir si un adulto harto y enfadado zarandea a un niño pequeño (tres años, cuatro, no recuerdo exactamente). El caso es que decían que puede producir la muerte porque la cabeza va a delante y atrás y puede dañar el cerebro o la nuca o qué se yo. No recuerdo si lo contaban porque un niño había muerto por esta causa o por otro motivo. No debe ser frecuente pero alguna vez ha sucedido.
    El caso es que me acordé de ti y de la nalgada. Mi padre me decía que a los niños había que pegarles en el culo porque únicamente se les hace daño, pero nunca nada más. Dar un bofetón, un capón, una colleja, los golpes en otros sitios no le gustaban. Podían ser peligrosos.
    En el culo nunca hay peligro.
    Y me puedes decir: mejor es no pegarles en ningún sitio.
    Pero entonces es cuando se puede producir el zarandeo. Es decir, hay un momento en que un niño harta a su padre o a su madre. Esto se produce siempre en algún momento de la vida. Hay un momento “hartura” y en ese momento es mucho mejor que el padre reaccione con unos azotes en el culo que no con otras “violencias” más o menos camufladas como es el zarandeo que te contaba.

  12. En todo caso, mucho mejor el sistema por el que conseguiste que la niña recordara siempre colocar la mochila y no dejarla tirada en el suelo.

  13. Loiayirga, yo supe de la existencia del llamado síndrome del bebé agitado por el caso del alpinista suizo Erhard Loretan. Una historia tristísima que se cuenta aquí. De todas maneras, si lo dicho es aplicable para los padres, para los maestros muchísimo más. Vamos, que Dios me libre de zarandear siquiera a ningún niño.

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